- Lee en exclusiva los dos primeros capítulos de 'Sunrise. El último amanecer', el nuevo libro de Anna Todd que promete convertirse en un éxito de ventas
- Lee en exclusiva los primeros capítulos de 'Un amigo gratis', la reedición (con nuevo contenido) de la novela con la que Inma Rubiales se dio a conocer
- Lee en exclusiva los primeros capítulos de 'Todas las historias llevan tu nombre', el libro con el que Andrea Longarela promete volver a enamorarnos
La llegada del buen tiempo es sinónimo de pausa: las revoluciones de la rutina parecen ralentizarse, los días se alargan y, por fin, encontramos ese momento perfecto para desconectar con una buena lectura. Entrar en una librería siempre es como una brisa de aire fresco, pero hacerlo en esta temporada se siente diferente. Y ahí, entre novedades irresistibles y lecturas que prometen acompañarnos estas vacaciones, hay títulos que se cuelan ante nuestros ojos.
Uno de ellos es ‘Ríete de las bodas’ (ed. Espasa), la nueva novela de Megan Maxwell, una de las escritoras más leídas y queridas de la novela romántica en español. Con una trayectoria imparable y millones de ejemplares vendidos, ha conseguido construir un universo literario único en el que el amor, las risas y las emociones intensas conviven con protagonistas femeninas valientes y con mucha personalidad. Romance, pasión y frescura son los ingredientes perfectos para conquistar a cualquier lectora.
Es precisamente esta combinación la que vuelve a estar presente en ‘Ríete de las bodas’. Aterrizará en todas las librerías de nuestro país el próximo 3 de junio, pero tenemos una sorpresa para ti: no esperes más y empieza a leer en el primer capítulo en exclusiva para COSMOPOLITAN. Para ello, sólo tienes que registrarte en nuestra web a través del formulario que podrás encontrar en esta misma página.
En este primer capítulo, conocerás a Alma y Natalia, sus protagonistas; madre e hija y dos mujeres con maneras muy distintas de entender el amor. Mientras Alma disfruta de su independencia y de una vida sin ataduras, convencida de que ya no cree en lo marcado por la norma, Natalia sigue dejándose llevar por esos romances intensos y soñando con encontrar a la persona adecuada. Pero todo cambiará cuando ambas se enfrenten a sentimientos inesperados y situaciones capaces de poner su mundo patas arriba. Porque si de algo no entiende el amor es de edad.
Si tú también estás buscando esa novela capaz de hacerte reír, emocionarte y engancharte desde la primera página, 'Ríete de las bodas' será tu próxima obsesión literaria, no tenemos ninguna duda. Ahora sólo queda una cosa: ponerte cómoda, comenzar a leer y dejarte llevar por una historia que promete acompañarte este verano.
Capítulo 1
Madrid, abril de 2026
En un precioso restaurante del centro de Madrid, Alma con su hija Natalia y su grupo de amigas de toda la vida cenan para celebrar la inminente boda de Virginia, una de las gemelas de Romina. Allí estaban las lobas. Alma. Nuria. Estíbaliz y Romina. Nombre que ellas se otorgaron hacía años al ser fieles seguidoras de la loba madre, que era la cantante Shakira. Y, por tanto, sus hijas eran las lobeznas.
–Por Virginia, la primera de nuestras lobeznas que se nos casa –levantó la copa Alma.
–Y por nosotras, ¡las lobas!
–Auuuuuu –aullaron divertidas mientras brindaban.
–Y por mi piso nuevo –dijo Nuria, que se acababa de mudar de casa.
Romina, emocionada, miró a su otra hija Carolina y comenzó a llorar. Todas la miraron, pero sonrieron. Romina era la más llorona de todas. La más sentimental. Y cuando segundos después se recompuso:
–Lo sé. Soy de lágrima fácil –afirmó, al ver cómo todas se centraban en ella.
–Mamá... deja de llorar –rio Virginia.
–Es que estoy muy emocionada.
Carolina, su otra hija, sonrió.
–Pues te vas a deshidratar –cuchicheó–. Últimamente no paras de llorar.
Romina asintió con cariño. Reconoció que llevaba razón.
–¿Cómo van los vestidos para la boda, tía Alma? — preguntó Estíbaliz.
Antes de que pudiera responder, se adelantó Carolina:
–Irán bien. Tía Alma en su precioso atelier estará haciendo maravillas con ellos.
–Yo dudo todavía sobre el velo. No sé si largo, corto, mantilla ¿o qué? –intervino Leyre.
–Pregúntale a la IA –indicó Virginia.
Las más maduras la miraron. ¿Hablaba de la Inteligencia Artificial? Natalia, captando por dónde iba Virginia, apostilló:
–No la miréis así. La IA ayuda muchísimo.
–Por favorrr –musitó Nuria–. ¿En serio creéis que la inteligencia artificial sabe aconsejar mejor que Alma o yo, que nos dedicamos al mundo de las novias?
Las chicas sonrieron.
–A ver, tía Nuria –replicó Natalia–. La IA seguro que le da una buena opción.
–¿Más que tu madre o yo?
Natalia negó con la cabeza. Su madre era una excelente diseñadora de vestidos de novia.
–Más que vosotras ¡noooooo! –afirmó con seguridad.
De nuevo el grupo volvió a chocar sus copas. Estaban felices. Muy felices.
–Bueno, lobas, ¿ya habéis encontrado vuestros disfraces para la fiesta que tenéis por el aniversario del que fue vuestro colegio? –preguntó Virginia.
Alma, Estíbaliz, Nuria y Romina sonrieron.
Se celebraba el cincuenta aniversario del colegio en donde habían estudiado de niñas y habían invitado a todos los antiguos alumnos. En cada graduación lo típico era organizar una fiesta de disfraces. Y para esa ocasión tan señalada no podía faltar algo semejante, por lo que la organización les había pedido que asistieran con un disfraz lo más parecido posible al que habían llevado en su graduación.
–Roberto y yo iremos de caballero y dama medieval, como fuimos en su momento.
–Yo fui de 'hippie' –se rio Alma.
–Y yo de diosa griega –dijo Estíbaliz guiñándole el ojo a su hija Leyre.
–Y yo de Pitufina –se mofó Nuria.
Las jóvenes asintieron divertidas. A ellas les encantaba divertirse.
–Me muero por ver cómo está hoy en día Marcos Luengo –señaló Romina–. Recuerdo que eran tannnn guapoooo.
–Y tan alto.
–Y tannnn unicornioooo –afirmó Nuria.
–Yo estoy deseando ver a Micaela y Genoveva y ver cómo han sufrido el paso de los años –afirmó Estíbaliz–. Recuerdo que fueron vestidas como la prota de la película 'Grease' y todo el colegio babeó por ellas.
–¿Seguirán tan guapas? –preguntó Alma.
Durante un rato hablaron de aquella fiesta que tenían el viernes de la siguiente semana.
–No es por jorobar el momento –dijo Carolina, tras dar un trago a su bebida–, pero Pablo y yo no estamos en nuestro mejor momento, y como siga así, al final no me caso. ¡Anulo la boda! ¡Que le den! Por idiota.
–Aire y fuego, ¿qué queréis? –musitó Estíbaliz, a la que le encantaba todo lo relativo a los horóscopos.
El grupo la miró. La relación de Pablo y Carolina estaba llena de altibajos cuando Romina, mirando a su hija, indicó:
–Carolina, ¿quieres que me dé un parraque?
–Mamáááá.
–Por Dios, hija. Te he dicho mil veces que vuestra boda es algo precipitada y que creo que...
–Mamá –la interrumpió Carolina–. Yo decido mi vida, ¿entendido?
Alma, por debajo de la mesa, tomó la mano de su amiga Romina. Al igual que Virginia tenía una relación idílica con el que iba a ser su marido, Carolina no. Pablo y ella no podían ser más diferentes.
–Ufff, por Dios, ¡qué calor! –intervino Alma, para cortar aquel tenso momento. Rápidamente se dio aire con la mano y mirando a sus amigas indicó–: La puñetera menopausia y sus calores tropicales.
–Calla –afirmó Nuria–. Seis años me duró. Y tan pronto me sentía en el Polo Norte como en el Caribe.
–No me lo recuerdes –cuchicheó Estíbaliz–, que estoy como Alma. Y encima, el otro día fui a la ginecóloga y me ha mandado unas pastillitas para la vitamina D. Al parecer la tengo baja.
–Yo he comenzado a tomar las de la osteoporosis — soltó Romina.
–Para la meno, yo tomo unas pastillas naturales muy buenas que me compró mi exsuegra Emilia –indicó Alma.
Las jóvenes, al escucharlas, sonrieron.
–Reíros, que todo llega en esta vida –dijo Alma, señalándolas con el dedo–. Y cuando os llegue la menopausia, o cualquier otra cosa, que os llegará, os acordaréis de lo que estamos diciendo en estos momentos, y espero que os lo toméis tan bien como nos lo tomamos ¡las lobas!
–Auuuuuu –aullaron las cuatro amigas.
Divertidas, todas sonrieron.
–Qué bueno Barry White –dijo Nuria, refiriéndose a la música ambiental.
–¿Quién es ese? –quiso saber Carolina.
–¿Tu hija no sabe quién es Barry White? –Nuria miró a Romina sorprendida.
–Pues, por lo que veo, no.
–Por favorrrrr, Romina –resopló Nuria–. Qué pobre cultura musical les habéis dado a las niñas. –Y mirando a Carolina, explicó–: Barry White, también conocido como el Maestro, fue un compositor, arreglista y cantante ¡increíble! –Carolina miró a su hermana Virginia. Nuria preguntó–: Nombres como David Bowie, Etta James, Bryan Adams, Annie Lennox, Tina Turner o las Spice Girls, ¿os suenan de algo?
Las jóvenes se miraron entre sí.
–Alguno sí –musitó Leyre.
Estíbaliz, al escuchar a su hija, sonrió.
–A mí me suenan todos –afirmó Natalia–. Incluso te podría mencionar a cantantes como Tino Casal, Janet Jackson, Stevie Wonder y Phil Collins o grupos como A-ha, Spandau Ballet o Police. –Alma sonrió, orgullosa de su hija. La música era algo que siempre le había acompañado en su vida y, por consiguiente, a su hija también; Natalia, tomando su mano, afirmó–: Tengo la gran suerte de tener una madre a la que le encanta la música, por lo que he crecido con ella, y reconozco que tengo una buena cultura musical. Aunque, hoy por hoy, para mi madre y para vosotras tres, "la loba jefa" sea la mejor.
Las cuatro amigas se miraron y sonrieron. Adoraban a la cantante Shakira. ¡Diosa suprema y mujer empoderada!
–Siempre me ha encantado este cantante –afirmó Nuria, moviendo los hombros al ritmo de Barry White–, y lo mejor es que tengo un vecino al que le debe de gustar también, porque lo pone mucho.
–¡Mira qué bien! –afirmó Estíbaliz.
Divertidas, hablaban sobre música cuando comenzó a sonar la canción 'Risk It All', de Bruno Mars.
–Diosssss, estoy enamorada de esta canción — murmuró Alma.
–Es una pasada de bonita –se mostró de acuerdo Carolina, que conocía a aquel cantante.
–Cada vez que la escucho –prosiguió Alma–, el vello de todo el cuerpo se me eriza y me hace creer que el amor puede existir.
–Cree antes en los marcianos... es más sano –se mofó Nuria.
Alma tarareó la canción.
–Pero ¿tú has escuchado las cosas tan bonitas que dice la canción? –dijo, mirando a Nuria.
Nuria asintió. Al igual que Alma, entendía muy bien el inglés.
–¿Os imagináis que alguien os diga que por daros la luna aprendería a volar? –preguntó Alma, al ver que Carolina se la traducía a su madre Romina.
–Por favorrrrrr, ¿qué te han puesto a ti en la bebida? –se rio Nuria.
–Cianuro, como poco –se mofó Alma, consciente de lo que había dicho.
Todas estallaron en carcajadas. Tanto Nuria como Alma eran dos grandes escépticas en el amor. Sus pasados en aquella materia no habían sido los mejores. De pronto, a Natalia le sonó el móvil.
–Tengo dos noticias que dar –dijo.
–¡Cuenta! –gritó Estíbaliz.
–La primera. Papá ya llegó a Badajoz.
Todas resoplaron. Aquello para ellas era irrelevante. Carlos no era objeto de su devoción.
–Por mí, como si se desintegra en el camino –murmuró Nuria.
–¡Tía Nuriaaaaa! –protestó Natalia.
–Mucho viaja a Badajoz –indicó Romina–. Este tiene algo allí.
Alma sonrió. La vida de su exmarido, con el que apenas tenía relación, le importaba cero.
–¿Y la segunda noticia cuál es? –pidió Estíbaliz.
Natalia sonrió y tomó aire.
–¡Se casa Susanita! –soltó. Todas se quedaron paradas, y ella aclaró–: Susana es mi prima. La nieta de Clara. La hermana de la yaya Emilia. Y mamá, tú y yo estamos invitadas. –Alma, sorprendida, parpadeó por aquella noticia. Natalia añadió en bajito–: Me lo acaba de decir papá en su mensaje. Pero me pide que nos hagamos las sorprendidas cuando nos lo cuente la yaya Emilia, ¿vale, mamá?
–Por supuesto, corazón.
–¡Esto de las bodas es una epidemia! –exclamó Romina.
–¡Mañana mismo me pongo mascarilla! –se burló Nuria.
Estíbaliz, con gesto tosco, le dio un golpe a su amiga en el brazo.
–Aunque nos faltan los riquísimos manolitos para acompañar el momento –dijo Romina al tiempo que levantaba su copa–, esto va para mis preciosas gemelas. Virginia y Carolina. Teneros, cuidaros y criaros ha sido lo más bonito que me ha pasado en la vida. Aún recuerdo cuando llegasteis, todo fue un caos para vuestro padre y para mí, pero lo repetiríamos mil veces. –Virginia y Carolina no pudieron evitar emocionarse por las palabras de su madre, que se apresuró a agregar–: Brindo porque seáis muy felices y porque me deis preciosos nietecitos.
–Mamáááá.
–Por Dios, Romina, déjalas que follen sin presión.
–¡Nuria! –gruñó Romina.
–Eso mismo iba a decir yo, ¡déjalas follar! –intervino Alma tocándose su rubio cabello.
–¿Por qué tenéis que llamarlo así y no cuchi cuchi? –masculló Romina.
Nuria y Alma se miraron. Para ellas el tema sexo no era nada tabú.
–Porque se llama así –replicó Nuria.
–Se dice hacer el amor o hacer cuchi cuchi –matizó Romina.
–Por favorrrr, Romina... –se mofó Nuria ante las risas de las jovencitas.
–¡¿Qué?!
–¡No seas cursi y antigua! ¡¿Cuchi cuchi?!
–Mira ¡las modernassss! –rio Estíbaliz.
–A ver, Romina –insistió Alma–. Con los tíos con los que tengo sexo, follo. No hay miradas cómplices, ni cariñito. Por lo que no hago el amor y mucho menos cuchi cuchi.
–Mamááááá.
–Pues como yo, ¡follo hasta saciarme! –matizó Nuria, que sonriendo añadió–: Podéis llamadme comilona.
–Tíaaaaa –rio Virginia.
–Al infierno derechitas que vais a ir –pronosticó Romina.
–Si en el infierno hay hombres sexis... ¡firmo! –rio Alma.
–Y yo. Que, oye, no todo será dolor y fuego –apostilló Nuria.
–Pero ¿os estáis escuchando? –gruñó Romina.
–A ver, que no cunda el pánico. Según la IA –Natalia, rubia como su madre miró la pantalla de su teléfono—, "follar", para los españoles, significa tener relaciones sexuales.
–Prefiero oír ¡hacer el amor! –insistió Estíbaliz.
–O cuchi cuchi –insistió Romina.
–Pero vamos a ver –rio Nuria–. ¿Cuál es vuestro problema por utilizar la palabra follar?
–¡Y dale con la palabrita! –refunfuñó Romina.
Finalmente, todas sonrieron. Aunque les encantaba soltarse pullas, se respetaban. Sus personalidades eran muy diferentes en su forma de ver la vida.
–Sois de lo que no hay –concluyó Romina–. Acabáis de romper un momento mágico con mis niñas, utilizando esa palabra tan malsonante.
–A cualquier cosa le llamas momento mágico –bromeó Alma.
Virginia sonrió. Entendía a su madre y entendía a sus tías. Por supuesto que quería tener hijos, pero de momento, con veintinueve años, aún era pronto para ello.
–A ver, lobezna –añadió Nuria–. Tú vive y disfruta, que el resto llegará.
–Como la menopausia –se mofó Leyre.
–Y tanto que llegará, ¡pero a todas! –afirmó Alma–. ¡Igual que a los tíos la pitopausia!
Minutos después, Virginia, Leyre, Carolina y Natalia se fueron al baño.
–Nuestras niñas se han hecho mayores –murmuró Estíbaliz, observando a su hija–. Este fin de semana se casa Virginia. El mes que viene Leyre y a la semana siguiente Carolina. Madre mía, ¡cómo pasa el tiempo!
Alma, Romina, Nuria y Estíbaliz se miraron con complicidad.
¿Cómo habían pasado tan rápidos los años?
Eran amigas desde el colegio. Primero se conocieron Nuria y Alma, que eran íntimas, y años después llegaron a sus vidas Estíbaliz y Romina. Juntas vivieron la adolescencia. Los primeros amores. Sus primeros besos, sus primeros roces. Con los años, llegaron los novios, los trabajos formales, las muertes de familiares y las bodas, a excepción de Nuria, que permanecía soltera. Después tuvieron a los hijos, y se sucedieron los divorcios de Alma y Estíbaliz, el emprendimiento de Alma y Nuria en su proyecto de la tienda de novias, la nueva boda de Estíbaliz y la consolidación de la perfumería de Romina y Roberto. Y, por supuesto, ya en la madurez, hizo su aparición la dichosa menopausia.
–Lo de Carolina nos preocupa a Roberto y a mí. ¿En qué piensa esta hija nuestra casándose por un impulso? –murmuró Romina.
–Os lo he dicho mil veces –apostillo Estíbaliz–. Signos de fuego y agua, aunque se quieran, no suelen ser muy compatibles.
–Tan pronto se adoran, como se matan, ¿qué tienen en la cabeza? –insistió Romina.
Todas se miraron.
–Es su decisión y ante eso no puedes hacer nada –indicó Alma.
–Pero se está equivocando –recalcó.
–De los errores se aprende –matizó Nuria.
–Eso dice Roberto –admitió la desesperada madre.
Romina suspiró. Sus amigas tenían razón. Seguir pensando una y otra vez en algo a lo que ya le había dado cientos de vueltas era una tontería.
–El enganche que tengo con la serie coreana que estoy viendo es tremendo –cambió de tema.
–Lo que te gustan los culebrones. –Nuria esbozó una sonrisa.
–Deberíais verla –insistió Romina–. ¡Es tannnnn románticaaaaaa y bonitaaaaa!
Todas sonrieron. Romina era una loca del romanticismo, del amor y de las series.
–¿Otra serie turca? –preguntó Alma.
–No. Coreana.
–Por favorrr. –Nuria puso los ojos en blanco.
–Son fantásticas. Creedme.
Divertidas, las amigas se miraron.
–Venezolanas. Colombianas. Mexicanas. Turcas. Coreanas... –enumeró Nuria.
–Calla y escucha –la interrumpió Romina, emocionada–. La serie que estoy viendo es una preciosa historia de amor entre una persona de Corea del Norte y otra del Corea del Sur. Y ¡oh, por Dios! El capitán Ri me tiene enamorada. Teníais que ver cómo mira a la muchacha. ¡Es que me lo comoooooo! ¡Qué miradaaaaaa!
–¿Te lo comes antes que a Roberto?
Romina sonrió. Todas querían a Roberto. Un buenazo que idolatraba a su mujer y adoraba a sus amigas.
–A ver, ¿cómo se llama esa serie? –preguntó Nuria, antes de que ella pudiera contestar–. Quiero conocer el capitán Ri.
–'Crash Landing on You', y la ponen en Netflix –indicó Romina, y añadió–: Y, por cierto, los hombres coreanos son caballerosos, protectores y detallistas.
–¡Cómo tu Roberto! –se mofó Alma.
–Pero follarán, ¿no?
–Nuria, por favorrrrrr. La vida es algo más que hacer cuchi cuchi –gruñó Romina.
–Cuchi... cuchi... –se burló Alma.
–¡Serás hortera! –rio Nuria.
–Y vosotras ¡mal habladas!
Nuria y Alma, al oír aquel término tan de Romina, se rieron a carcajadas.
–Venga, Romina, por Dios, no seas tan tiquismiquis –se quejó Estíbaliz–. Que lo que ves es en la televisión es ficción. ¡Es una serie! Y tienen que hacerlos parecer así.
–No me mates el sueño –musitó Romina.
Nuria, que observaba su teléfono móvil, murmuró:
–Por favorrrr. Espero que alguno de mis nuevos vecinos esté como el capitán Ri. ¡Menudo unicorniooooo!
–Te lo dije. ¿Es o no es impresionante? –dijo Romina.
–Es... es... ¡Me lo pido para Reyes! –afirmó Nuria.
–¿Qué horóscopo es?
–Y yo qué sé, Estíbaliz –indicó Romina.
–Uisss, ¡pero si mide 1,85! Qué coreano tan alto y sexi, ¿no? –insistió Nuria.
El teléfono fue pasando de mano en mano. Todas querían ver a aquel actor surcoreano.
–Tiene su puntito –admitió Alma.
–Puntazo, loba, ¡puntazo! –la corrigió Nuria.
–Dudo que todos los coreanos sean así de guaperas –se rio Alma–. Los habrá feos y bajitos también.
–Pues claro –indicó Estíbaliz–. Guapos, feos, altos y bajos hay en todos lados.
–Este es de los guapos –afirmó Romina.
–Nunca he tenido un rollito con un asiático. –Alma juntó las manos con gracia y mirando al techo, dijo–: Mis queridos Masters del Universo, siempre he creído en vosotros, por lo que os voy a pedir un deseo: quiero tener un rollito con un sexi y guapo asiático.
–Pues no es por nada, loba, pero siempre oí que son sosos y la tienen chiquitita...
–¡Nuria, por favorrrrr! –se quejó Romina.
Las cuatro rieron a carcajadas.
–A eso que dicen, ¡ni caso! –remató Estíbaliz. Todas la miraron. Ella bajó la voz y prosiguió–: ¿Os acordáis el verano que me divorcié, que mi madre se quedó con la niña y yo me fui con mi hermana y sus amigas a hacer un crucerito por los Fiordos? –El grupo asintió–. ¿No recordáis que os dije que coincidimos con un grupo de hombres de negocios americanos y que yo conocí a un tipo llamado Yan?
–¡Es verdaddddd! Estabas desatada en tu época de loba de los bosques –afirmó Nuria riendo.
–Yan, por cierto, sagitario, era chino, aunque había nacido en los Estados Unidos. Y la verdad, lo pasamos muy bien. Y de soso y chiquitita, nada de nada. ¡Menudo era Yan!
–Pero míralaaaaa –se mofó Alma–. Abriste fronteras.
–Y lo que no son fronteras –murmuró Romina.
Divertidas, se rieron. Romina, que veía cómo Alma observaba a su hija, dijo.
–Cuando menos lo esperemos se nos casa Natalia. Además, ya sabéis el dicho: ¡de una boda sale otra! Y más si coges el ramo de la novia. Y de momento, va a asistir a tres y a la de su prima Susanita.
Al oír aquello, Alma, olvidándose de lo que hablaban, sonrió. Su hija Natalia era una enamoradiza empedernida. Cuando conocía a alguien, lo daba todo. Pero igual que lo daba lo quitaba en el momento en el que comenzaban a atosigarla. Ella era una mujer de relaciones abiertas, y que alguien le cerrara su espacio la agobiaba.
–Si es lo que ella decide, ¡adelante! Aunque lo dudo. Natalia no es de casarse, peroooooo, si algún día pasa por su cabeza, que se lo piense muy bien, porque casarse es una lotería.
–Loba, no digas eso.
–Que encontraras un unicornio en Roberto ¡es maravilloso! –replicó Alma, dándose aire con la mano ante un nuevo ataque de calor tropical–. Pero permite que a las que encontramos caballornios, pensemos lo que nos dé la gana.
–La secundo –afirmó Estíbaliz, pensando en su primer matrimonio.
–Lo mejor es no casarse. ¡Miradme a mí qué feliz estoy, aunque folle y no haga el amor! – soltó Nuria.
–¡Y daleeeee! –siseó Romina, y como le encantaban los buenos dramas, murmuró–: Alma, no sabes la de veces que me arrepiento de haberte presentado al idiota de Carlos. Por mi insistencia te enamoraste de él.
En silencio se miraron. Lo que Romina decía era cierto.
–Por Dios, Romina, deja de martirizarte por eso –respondió Alma–. Aunque con Carlos todo fuera un desastre, gracias a él, tengo lo mejor que la vida me ha podido dar. Natalia es mi mayor regalo y por ella repetiría todo mil veces. Por lo tanto, ¡déjate de dramitas! Que yo el tema de mi excaballornio ya lo tengo más que superado. Y sólo espero que, si mi hija el día de mañana decide casarse, sepa elegir mejor que yo.
–¿Qué me tengo que pensar bien? –preguntó Natalia, que acababa de regresar.
–Romina dice que la siguiente en casarte serás tú –le explica Alma a su hija–, porque de una boda sale otra, y más si coges el ramo de la novia, y tú vas a asistir a tres más la de tu prima Susanita.
Natalia ocupó su sitió sin mirar a sus amigas. Desde hacía un tiempo se veía con alguien que le gustaba mucho. Lo llevaba tan en secreto que todavía no les había hablado de él a su madre ni a sus amigas.
–Siento decirte esto, tía Romina –contestó la joven–, pero las bodas no son lo mío, por muy enamoradiza que sea. En todo caso, viviré en pecado junto a una pareja abierta, porque me parece mucho más emocionante.
–¡Oh, por diossss! –protestó Romina, que nunca había entendido su mundo liberal.
–Lobezna. Qué orgullosa estoy de ti –afirmó Nuria.
Alma se rio y chocó con complicidad la mano con su hija. Conocía muy bien a Natalia. Era independiente, resuelta en la vida y respetaba su manera de ver y disfrutar el sexo.
–Reíros de las bodas –insistió Romina, que era la más tradicional del grupo–. Pero de la mía salió la de Estíbaliz, y de la de ella, la de Alma.
–Y ahí se cortó la tontería –se mofó Nuria, haciendo sonreír a las jóvenes.
–Eran otros tiempos, Romina –matiza Alma–. Y, sobre todo, nosotras éramos muy ingenuas e inexpertas.
–Por no decir unas tontas que creíamos que los unicornios existían.
–¡Nuria, no te pases! –la reprendió Estíbaliz.
–¡Que no me pase! Mira... cada vez que recuerdo lo tonta que fui con el caballornio de la Perla. Os juro que...
–Respira... respira... que te estás poniendo azul –musitó Alma.
Nuria asintió. Hablar del que había sido su ex hacía ya algunos años siempre la alteraba.
–¿Escuchasteis ya la canción de 'La perla', de Rosalía? –preguntó, y al ver que sus amigas asentían, prosiguió–: ¿Está o no está escrita esa canción para él?
Todas asintieron. La canción no podía definir mejor a aquel sinvergüenza.
Nuria, por norma, era una mujer con buen humor, excepto cuando mencionaba al que fue su novio durante diez años. La Perla, como llamaban al tal Mario Alfonso, fue alguien a quien Nuria quiso mucho y se fio de él, hasta que, de la noche a la mañana, desapareció con cien mil euros que Nuria había pedido al banco para comprarse un piso. Un piso que Nuria nunca se compró, pero cuyo préstamo pagó con mucho esfuerzo.
–Mira, lobezna –prosiguió Romina sin quitar ojo a Natalia–. Que tu madre con cincuenta y cinco años se haya cerrado al amor y sólo busque rollitos de una noche, aunque no me guste, puedo llegar a entenderlo. Pero que tú, con treinta y cuatro años, pienses igual y abogues por las parejas abiertas para tener cuchi cuchi con quien quieras, ¡me horripila!
Se abrió el debate y todas opinaron sobre las relaciones y el amor. Como era costumbre, cada una tenía una visión diferente. La vida las había llevado por distintos caminos para poder opinar sobre ello. Al poco rato, las cuatro jóvenes se miraron. Tenían planes.
–Queridas, lobas –dijo Virginia, levantándose, al tiempo que lo hacían Leyre, Carolina y Natalia–, si no os importa, nosotras hemos quedado con las amigas para seguir celebrando mi despedida.
–Pero ¿no vamos a ir a un local de 'striptease'? Yo que me había hecho ilusiones de meterle eurillos en el paquete a algún chulazo –preguntó Nuria.
–Por Dios, Nuria, ¡qué ordinariez! –se quejó Romina.
–¡Qué ideal! –afirmó Leyre.
Las jóvenes se despidieron entre risas.
–¿Qué tal si ahora que se han marchado las lobeznas, las lobas nos vamos a tomar unas copitas? –propuso Alma, mirando a sus amigas–. Han abierto un sitio nuevo de copas cerca de plaza de España.
–Mírala, ¡qué puesta está! –se mofó Estíbaliz.
–Lo sé, porque Ricardo, mi vecino –explicó Alma, con una sonrisa–, trabaja para una empresa sueca. Y estuve hace dos días con él y me dio unas invitaciones porque hoy tienen una fiesta allí.
–Uisss, ¡Caramelito! –soltó Nuria.
Alma se rio. Ricardo la llamaba de aquella absurda manera, Caramelito, porque decía que sus besos eran dulces como los caramelos. Todas sabían que Alma y Ricardo, cuando les convenía, tenían sexo. Era con el único hombre que repetía por comodidad. Ambos estaban divorciados. Sólo querían divertirse sin compromiso y cuando les apetecía disfrutaban del momento. Nada más.
–No sé... –dudó Estíbaliz.
–El local se llama ¡DeLokos! Venga, ¡vayamos! –insistió, sacando las invitaciones de su bolso.
–¡Me apunto! –afirmó Nuria.
Romina miró el reloj. Eran las doce y diez de la noche.
–Me desmarco –dijo–. La boda de mi niña es el domingo, y quiero estar fresca como una lechuga. ¡Que soy la madre de la novia! ¡Y quiero estar espectacular!
–Pero si es viernes.
–Que noooo voy. ¡Quiero estar perfecta!
–¡Pero si ya lo eres! Y...
–No insistáis, ¡no voy a ir! –cortó ella con su habitual dramatismo–. Me voy a casita con mi unicornio, y no se hable más.
Ellas no insistieron. La conocían y sabían que, cuando Romina decía aquello de "no se hable más", no había nada que hacer.
–Venga. Te acerco en el coche –dijo Estíbaliz.
–¿Tampoco te vienes tú? –preguntó Nuria.
–¿Sola con vosotras dos? ¡Ni loca, que soy una mujer felizmente casada!
Cinco minutos después salieron del restaurante y se despidieron.
–¿Dónde está ese nuevo local? –preguntó Nuria, cuando vio alejarse a Romina y a Estíbaliz.
COSMOPOLITAN es la revista para mujeres jóvenes más leída del mundo. Fue en década de 1960, cuando la legendaria editora Helen Gurley Brown transformó la marca, convirtiéndola en lo que es hoy, un símbolo de liberación y empoderamiento femenino.
Como medio de referencia para los ‘millennial’ y la Generación Z en el ámbito de la moda, la belleza, el entretenimiento y el estilo de vida, nuestro equipo de periodistas produce, cada día, la información más actualizada sobre ‘celebrities’ nacionales e internacionales, detecta las últimas tendencias para que las adaptes a tu vida, selecciona el mejor ‘shopping’, y escribe acerca de las últimas novedades en cuestión de películas, series, libros y música. Además, ofrece entrevistas a personajes de interés de todos estos ámbitos, al igual que reportajes en profundidad que puedan inspirarte y ayudarte en tu día a día. Tratar contenido que aborde la sexualidad, las relaciones y el amor, también forma parte del ADN de la revista. Y psss… Como amantes de la astrología, un equipo especialista cuenta lo mejor de tu horóscopo diario, semanal y mensual.
Por último, COSMOPOLITAN también es un lugar para hablar de las cosas que de verdad importan a las jóvenes de hoy. Temas sobre salud mental, feminismo, diversidad, empoderamiento, sostenibilidad o dinero y trabajo llenan nuestros artículos de información contrastada con expertos, que convive con nuestro tono cercano, práctico y divertido.
Todo esto es posible gracias al equipo de redactores y colaboradores expertos y cualificados en las diferentes áreas de las que escribimos para entretenerte e informarte. El equipo de redacción de COSMOPOLITAN está ubicado en Madrid, España, y está compuesto por:
Directora: Cecilia Múzquiz (cmuzquiz@hearst.es)
Directora digital: Amaya Lacarra (alacarra@hearst.es)
Redactora jefe: Ana M. Jiménez (ajimenez@hearst.es)
Redactora jefe web: Paula Miranda (pmiranda@hearst.es)
Directora de arte: Belén García-Duarte (bgarciaduarte@hearst.es)
Directora de belleza: Mariana Portocarrero (mportocarrero@hearst.es)
Directora de moda: Carmen Martínez Pita (cmpita@hearst.es)
Editora gráfica: Beatriz Barrionuevo (bbarrionuevo@hearst.es)
Editora web: Sandra Guerra (ssanchez@hearst.es)
Editora web: Silvia Lorente (slorente@hearst.es)
Redactora de actualidad: Marieta Taibo (taibo@hearst.es)
Community manager: Nerea Alhajas (nalhajas@hearst.es)
Colaboradores digitales:
- Nerea Panicello, colaboradora de Entretenimiento
- Berta de Miguel, colaboradora de Moda
- Inés de la Fuente, colaboradora de Actualidad, Moda y Celebrities
- Gema López, colaboradora de Actualidad, Moda y Celebrities
- Virginia de los Ríos, colaboradora de Belleza
- Cristina Cañedo, colaboradora de Belleza y Entretenimiento
- Álvaro Alonso de la Fuente, colaborador de Actualidad y Celebrities
- Margarita Moon, colaboradora de Horóscopo













