La escritora María Oruña nos acaba de confesar que no le agrada que se refieran a ella como la reina del thriller o la novela negra. Por supuesto, nos sorprendemos al escucharle decir eso porque, cada vez que publica una nueva obra, entra directa a la lista de los libros de misterio más comprados de las librerías. Es el motivo, además, por el que estamos sentados con ella: su nuevo título, ‘La Cámara de las Maravillas’ (ed. Plaza & Janés, 2026), donde nos introduce en la investigación del robo de unas joyas relacionadas con el mundo del arte y una muerte inexplicable de por medio.

No obstante, según va transcurriendo la conversación, entendemos su aversión con esta denominación porque, la primera vez que vio publicado uno de sus libros, ‘‘me dio un soponcio al ver en la franja que era la nueva reina de la novela negra. Porque, claro, ¿cómo que yo escribo novela negra? ¿pero qué me estáis contando?’’, expresa. Y es que las historias de Oruña van mucho más allá de un caso policiaco, una trama de suspense o la investigación de un asesinato (porque sí, en sus narraciones siempre muere alguien); son ficciones contemporáneas o históricas ampliamente documentadas en las que la escritora se deja la piel. Lo hizo con su saga ‘Puerto Escondido’, también con su anterior publicación, ‘El albatros negro’, y lo ha vuelto a conseguir con su último lanzamiento.

ed. PLAZA & JANES ‘La Cámara de las Maravillas’

‘La Cámara de las Maravillas’

ed. PLAZA & JANES ‘La Cámara de las Maravillas’

¿Cómo surge tu nueva novela, ‘La Cámara de las Maravillas’?

Me había picado el gusanillo cuando, investigando para otras novelas, descubrí la existencia de la Brigada de Patrimonio Histórico, que está en Madrid y es la única que existe en España. Ya la saqué en ‘El albatros negro’, mi anterior libro, y pensé en hacer algo porque me interesó mucho que los casos que llevan no tienen delitos de sangre, en principio. Además, el mundo del arte, de los marchantes y de las subastas parece que es como muy lejano a las personas de a pie, para los que no compramos arte ni estamos en la élite. También pensé en el juego que me podían dar los antiguos gabinetes de curiosidades, que son el origen de los actuales museos, y se me ocurrió que tuviera algo de romántico y elegante en vez de tantas cosas escatológicas y desagradables.

¿Qué crees que es lo que más les va a gustar a los lectores cuando se enfrenten al libro?

Yo creo que el personaje de Dimas Chevalier, que es como el canalla simpático. Es el delincuente que nos cae bien, a pesar de que es un delincuente y no sabemos si se ha reformado o no. Creo también que les pueden gustar las curiosidades tanto médicas y forenses, y que todo lo que se dice en el libro, aunque suena un poco raro, es real y contrastado con casos reales.

¿Por qué decidiste que el mundo del arte fuera el escenario de tu nueva novela?

Me he encontrado con mucha gente a la que los museos de cuadros les aburre. Sin embargo, hice un experimento. Visité museos de toda Europa, y me he fijado en que todo el mundo se para siempre, conozcan o no el mundo del arte, en los mismos cuadros. Hay algo que tiene determinadas obras que te deja como: ‘‘Wow’’. Te transmite una emoción, una curiosidad, un sentimiento, y da igual que sepas o no sepas sobre arte. Eso me parece increíble, porque se traslada a lo largo de los siglos con prismas culturales absolutamente distintos y formas de ver la vida que es el día y la noche. Entonces, tenía la necesidad de acercar más y quitar un poco ese velo elitista al arte, porque creo que todos tenemos derecho a disfrutar, no solo de las maravillas innegables de la naturaleza, sino de las que son más sorprendentes: las creadas por el hombre.

Por lo que estás diciendo, a ti también te ha cambiado la visión que tenías del arte.

Me ha hecho codiciar la belleza, porque en un mundo tan esperpéntico como el que habitamos, en el que yo ya empiezo a ser más vieja, voy a cumplir 50 años este año y estoy de vuelta de todo, resulta que con cada noticia nueva no estoy de vuelta de nada. Y sí que ambiciono estar en lugares agradables y bellos. No me refiero a lujosos, sino estéticamente agradables, con naturaleza, que sean bonitos de ver. Y he comprobado que el arte también calma. El arte es catártico y sí que me ha hecho ambicionar estar en lugares donde exista mi concepto de belleza.

Todo lo que se dice en ‘La Cámara de las Maravillas’, aunque suene un poco raro, es real y contrastado con casos reales

Los escenarios que salen en tu novela son reales, están en Madrid. ¿Por qué los elegiste?

Me interesaba mucho, precisamente para atraer a tierra firme ese mundo que parece tan lejano y tan elitista de marchantes y de millonarios. El Palacio Dorado es tal cual el Palacio de Linares, es decir, la Casa de América de Madrid. Hay una reunión clandestina en el Jardín Botánico de Madrid, otra más en la Iglesia de los Alemanes, que está en el barrio de Malasaña y no entiendo cómo no hay colas de gente entrando para ver eso. También la Plaza de Santa Ana... Pequeñas localizaciones que, no era lo turístico ni castizo, pero hacían un recorrido por ubicaciones claves donde yo considero que puede haber belleza, arte o naturaleza.

¿Qué vínculo suele haber entre los lugares que muestras en tus obras y la propia historia?

En el caso de ‘La Cámara de las Maravillas’, reconozco que Madrid, al principio, yo que vengo de provincias y vivo en Vigo, me parecía muy grande. Me abrumaba mucho y, sin embargo, a base de ir por trabajo la fui encontrando cada vez más encantadora. Cuando buscaba los enclaves de esta novela, primero pensé en un París: es un punto neurálgico europeo del mundo del arte. No obstante, si quería hacerlo aquí, el único lugar que yo veía que me podía valer era Barcelona o Madrid, sobre todo Madrid. Me puse a buscar más de forma deliberada y fui seleccionando poco a poco hasta que se fue construyendo la historia en mi cabeza.

Vamos, que has hecho un montón de turismo madrileño para crear esta historia.

¡Eso lo hago siempre! En este caso fue más visitar localizaciones para ver qué sensación me daban al entrar, a qué olía y qué ambiente había. Cuando tengo que hacer una novela histórica, me lleva igual de tiempo, porque realmente también tengo que ir a muchísimos archivos y descartar muchísima información que, por muy interesante que sea, a lo mejor me lastraría la trama. Todo es un trabajo que conlleva tiempo.

Cuando escribo no es como si me inventara la historia, es como que cuento lo que ya veo en mi cabeza. Suena raro, pero traslado lo que veo como si fuera una voyeur y estuviera dentro de la escena

¿Cuál es tu proceso, entonces, desde que tienes la idea de la historia hasta que terminas de escribirla?

Por lo general, cada libro se lleva un par de años de mi vida. Más de un año puede ser la documentación. ¿Por qué? Porque tengo que ambientarlo en mi cabeza. Yo cuando me pongo a escribir no es como si me inventara la historia, es como que cuento lo que ya veo en mi cabeza. Sé que suena raro. Traslado lo que ya veo, como si fuera una voyeur y estuviese dentro de la escena. Solo tengo que contarla. Entonces, desde que tengo la idea primitiva, que simplemente es: quiero hacer un misterio elegante, nada escatológico, con un ladrón de guante blanco en el mundo del arte y que sea un thriller psicológico, sé que me va a llevar más tiempo. Es agotador el pensar todo el rato cómo engañar al lector sin hacerle trampas. Hago la escaleta de intenciones –que es lo más difícil cuando tienes una página en blanco– con su inicio, nudo y desenlace, y luego a lo mejor escribo el borrador en cinco meses. Pero el trabajo grueso lo tengo que hacer antes, y sobre todo ambientar en mi cabeza en ese mundo en el que estoy. Me pasa mucho también que muchos lectores casi siempre me asocian al personaje femenino de la trama. Supongo que porque soy una mujer, pero la gracia está en que yo soy todos. Soy el anciano, el gordito que está ahí, soy el niño pequeño, soy el tarado, soy todos.

Han dicho sobre ti que eres ‘‘la reina del thriller’’. ¿Cómo te sienta eso?

Claro, es que aquí hay un debate complicado. Mira, la primera vez que recibí un libro mío, que fue el primero de la serie de ‘Puerto Escondido’, me dio un soponcio cuando veo en la franja que era la nueva reina de la novela negra. Porque, claro, ¿cómo que yo escribo novela negra? ¿pero qué me estáis contando? Para mí, sí, se moría gente, había un hacha de por medio, pero no lo entendía. Ahora es cierto que hay una cosa que se llama ‘blended genre’ (géneros mezclados), aunque lo mío es la narrativa convencional. A veces sí que hay algún crimen, pero nunca escatológico. Lo que yo hago, en la propia editorial me lo decían, es difícil de etiquetar. Sí que es verdad que yo no escribo con criterios comerciales y tampoco lo hago pensando en etiquetas concretas. Es cierto que a mí me apasiona el misterio, y siempre está ahí y muere alguien, pero realmente no es el ‘leitmotiv’. Me molesta un poco identificarme con eso, pero si tengo que coger alguna etiqueta, sería narrativa de misterio. Es inevitable. Yo sé que voy a estar siempre en la estantería de la novela negra y no me importa, me parece bien. No pasa nada, necesitan establecerte en algún sitio.

¿Esta libertad de etiquetas te hace plantearte escribir otros géneros que no hayas tocado antes?

¿Me planteo escribir romántica? No, pero porque no van mis manos en el teclado por ahí. Pero hay amor en mis obras. Hay sexo y hay amor, si lo veo necesario. Si no, no. Siempre hay historia y siempre hay ciencia en mis novelas. Va así en mí. Aunque no sé si mañana haré, no sé, un ensayo novelado o una novela puramente histórica sin más. Pero bueno, es que una novela histórica, si no muere alguien, qué gracia, ¿no? [ríe].

Tus novelas NECESITAN una muerte.

Sí, hombre, sí es así. Me gusta llevar a la gente al límite para ver qué hace. Estamos muy domesticados, creo yo, a día de hoy. No tienes más que ver un 'reality', estos de supervivencia que van a una isla. En cuanto les quitas la comida una semana, ya se acabó toda la domesticación social. De pronto, da igual que sepan que les estás grabando, puedes ver ese puntito salvaje, aún controlado, de cómo somos de verdad, y eso es lo que yo quiero sacar de mis personajes. Por eso les llevo a una posición límite: un contexto de guerra como hice en ‘Puerto Escondido’ o ha pasado algo grave en ‘La Cámara de las Maravillas’, que comienza con un robo imposible, una muerte inexplicable y un niño que parece ‘Poltergeist’.

Yo no escribo con criterios comerciales y tampoco lo hago pensando en etiquetas concretas

¿Estás preparando tu próximo proyecto?

Sí. Cuando presentamos un libro, sucede como con los actores, que a lo mejor rodaron un año atrás. Yo entregué ‘La Cámara de las Maravillas’ a finales del año pasado. Entretanto, yo que me dedico a esto, soy escritora profesional, sólo escribo. Una vez que entrego, esa misma semana me pongo con otro proyecto. Sólo necesito unos días para crear esa ambientación en mi cabeza, meterme en el nuevo mundo y empezar a investigarlo. Empiezo ya, inmediatamente. Soy muy pragmática y me tomo el trabajo muy, muy en serio. Para todo lo demás, ¡tomadme cero en serio! Pero el trabajo y el respeto a los lectores y la editorial están ahí. Yo me pongo plazos muy amplios de entrega y tengo temática libre: a mí nadie me pregunta ni me direcciona el qué tengo que escribir; saben lo que he escrito únicamente cuando les mando el texto completo. Saben que voy a cumplir con la fecha, pero para poder hacerlo tengo que dedicarme a ello. Al final, si las personas que tienen trabajos normales tienen vacaciones en agosto, también yo intentaré tener 15 días en agosto. El resto del tiempo tienes que ser profesional. No me voy a tomar un mes de descanso porque es que he trabajado mucho. El vecino también lo ha hecho. También diré que no somos factorías de libros; la creatividad cuesta. No es tan fácil tener ideas todo el tiempo que sean brillantísimas y que luego funcionen; no siempre va a ser así y vas a pinchar en alguna ocasión. Entonces, creo que hay que trabajar duro, tomárselo muy en serio, con todo el humor que quieras, pero muy en serio y dar caña. Esto es lo que hay.

¿Dónde sigues buscando esas historias que luego nutren tus novelas?

Yo busco todo el rato historias. Viajo mucho, y viajar no me refiero a irme a Tailandia. Me refiero a buscar historias de sitios interesantes y hablar con la gente, porque es la que tiene las mejores historias para mí. Casi siempre me estoy documentando. Voy a muchos museos y compro muchos libros, de ciencia tengo un montón. Y es que creo que hay que seguir buscando historias todo el rato. Yo tengo una carpeta de potenciales nuevas historias de cosas que voy viendo.

Desde ‘Puerto Escondido’ no te has lanzado con otra saga. ¿Por qué?

Podría hacerlo, no lo descarto. ¿Qué ocurre? Que voy por pálpitos, no escribo con criterios comerciales. A mí ahora me dio el pálpito de que quería hacer esto, ¿por qué?, yo que sé, a mí me llamaba esta historia. ¿Podría hacer una serie de esta o de cualquiera de los otros libros anteriores? Sí. Aunque, en el caso de ‘Puerto Escondido’, son investigadores que tienen vida, que burbujean. Para mí son personas normales. Por tanto, no puedo hacer una serie de 20 títulos, como pide la gente, con misterios distintos. No soy Agatha Christie con Hércules Poirot o Conan Doyle con Sherlock Holmes. Si te fijas, ellos no tienen vida propia, no tienen pareja, no tienen mascota, no van al gimnasio. Son atemporales, da igual donde los pongas, puedes hacer 50 misterios con ellos. Pero, si hago las cosas como yo las quiero hacer, sería una trilogía o cinco como mucho.

Estoy en un momento de trabajo puro y duro. De tener que seguir demostrando que merezco estar aquí

¿Qué has aprendido tras escribir ‘La Cámara de las Maravillas’?

Cada una de mis novelas me muestra mi insignificancia, lo ignorante que soy, porque cuanto más investigo y más descubro, más material tengo para muchas más historias. Y me muestra cada vez más lo parcial que es toda la información que tenemos y que damos por sentada. Es decir, tú a día de hoy puedes creer que Isabel la Católica y Fernando el Católico hicieron tal cosa, pero quien te lo ha trasladado son los cronistas que ellos autorizaban, no los cronistas neutros de la biografía. Entonces, así como vas investigando distintas fuentes, te vas dando cuenta de cuántas cosas te han enseñado y has dado por hechas. Además, en cada libro siento una vocación al conocimiento que sé que nunca voy a alcanzar.

¿En qué momento de tu carrera como escritora sientes que te encuentras?

En el momento de trabajo puro y duro. De tener que seguir demostrando que merezco estar aquí y mostrando lo que se puede llegar a hacer creando artilugios literarios.

Headshot of Nerea Panicello

Nerea Panicello es experta en música, series y redes sociales. No hay canción pop que no haya pasado por los auriculares que siempre lleva puestos, entrega de premios Grammy o MTV VMA’s que no haya cubierto en directo o festival al que se haya quedado con ganas de ir. Tampoco ficción (serie o película) de Netflix o HBO Max de la que no se obsesione con el reparto y busque todas las teorías de los fans. Ni reel de Instagram o vídeo de TikTok viral que no haya recibido su ‘iike’. Su carpeta de guardados en IG está repleta de ideas para crear contenido.

Su momento favorito de la jornada laboral es cuando se sienta frente al artista o intérprete de turno para someterle a sus preguntas o a unos de los retos en vídeo de COSMOPOLITAN. Ha entrevistado a cantantes como Lola Índigo, Rauw Alejandro, Camilo o la banda Morat. También a actrices como Claudia Jessie (‘Bridgerton’), Kristen Stewart o Maisie Williams. Aunque siempre recordará sus cinco minutos de gloria con los Jonas Brothers.

Nerea se graduó en Periodismo por la Universidad Rey Juan Carlos en 2018. Antes de colocarse el birrete, realizó prácticas durante 2017 en la Revista de Ana Rosa Quintana. Lleva formando parte de Cosmopolitan desde 2018. Actualmente está terminando un Máster de Periodismo Digital y Nuevos Perfiles en la Universidad Rey Juan Carlos. En sus ratos libre, recibe clases de lengua musical y batería para seguir mostrando lo que no se ve las canciones.

Acumula seis años de experiencia, en los que ha elaborado temas para sus versiones ’print’, diariamente en digital y ejercido de Community Manager en cuantiosas ocasiones.