- Isabel Allende (83 años): "Una mujer tiene que hacer el doble de esfuerzo que cualquier hombre para obtener la mitad de reconocimiento"
- Inma Rubiales: “Somos más fuertes cuando aprendemos a abrazar la fragilidad”
- Lee en exclusiva el primer capítulo de ‘Ríete de las bodas’, la nueva novela de Megan Maxwell que te atrapará este verano
Irene Nortes habla de la intuición como quien recuerda un idioma aprendido en la infancia. Durante ocho años, su voz ha encontrado un refugio en esa inmediatez aparentemente luminosa de YouTube, donde reúne a una comunidad de 321 mil seguidores, e Instagram, con otros 136 mil. Entre referencias a ‘Mamma Mia!’, diarios emocionales y reflexiones sobre el miedo, la incertidumbre o el ‘slow life’, ha construido un universo reconocible para toda una generación de chicas que, como ella, buscan una manera más consciente –y menos acelerada– de habitar el mundo.
Sin embargo, la pantalla ya no es suficiente. Y es aquí donde aparece la escritura: un territorio mucho más libre, ambiguo e íntimo, donde poder decir, quizá por primera vez, todo aquello que las redes sociales no permiten pronunciar en voz alta. De este impulso, y de este sueño que la acompaña desde pequeña, nace su primera novela: ‘Hydra’.
Autopublicada en Amazon en marzo de 2026 y relanzada dos meses después por SUMA, Irene Nortes convierte la ansiedad generacional, el miedo a equivocarse y la obsesión por controlarlo todo en una novela bañada por el sol del Mediterráneo y atravesada por símbolos, gatos (muchos gatos) y señales. Helena, la protagonista, emprende un viaje hacia Hydra, una isla sin coches ni certezas, pero también hacia una versión de sí misma que había olvidado escuchar. Entre la estética de la vida lenta y las preguntas incómodas sobre qué significa realmente empezar de nuevo, esta escritora demuestra que, a veces, crecer consiste en aprender a ver quién eras antes del miedo.
Muchas personas te conocieron primero en YouTube, donde publicas tus vídeos desde 2018. ¿En qué momento sentiste que necesitabas algo más? Que necesitabas embarcarte en esta aventura literaria.
Fue hace dos años. La literatura siempre ha estado muy presente en mi casa por mis padres y a mí me ha encantado leer desde pequeña, pero no encontraba el momento perfecto para sentarme a escribir un libro. Ahora que sé que no quiero dedicarme toda la vida a las redes sociales, quise probar otros caminos y de repente he descubierto que quizá puede ir bien esto de ser escritora.
¿Escribir una novela te ha dado una libertad distinta a la de exponerte en redes?
Sí, ni te imaginas cuánto. En realidad, mi perfil es muy privado: ves mi vida, pero nunca enseño lo más personal. No expongo a mi familia, por ejemplo. En cambio, escribiendo he visto que eso me da igual porque puedo hacer lo que me dé la gana: puedo decir lo que quiera y crear personajes que sean enemigos de la sociedad sin que me representen. Puedo añadir una crítica que en redes no me atrevería a mencionar, pero en un libro sí. Siento que me he abierto a un nuevo mundo de posibilidades.
¿Qué parte de Irene no cabe en YouTube o Instagram, pero sí aparece en el libro?
Creo que esta novela es muy Irene de YouTube. De hecho, la escribí un poco aposta pensando en las chicas que me siguen y que entienden de qué va la vibra de la trama. Siempre estoy hablando de ‘Mamma Mia!’, de ‘Come, reza, ama’ y de todas esas cosas que me inspiran, y sabía que esto tenía que estar presente en mi primera historia de alguna manera. La he hecho por nosotras, por mi comunidad y por mí.
‘Hydra’, tu debut como escritora, llega ahora a las librerías con el respaldo de una editorial, pero el 23 de marzo vio la luz en Amazon. ¿Cómo has vivido el proceso de autopublicación?
Recuerdo que la semana antes de que se publicara en Amazon estaba disociada. Empecé a pensar en cosas que no debía, como subir dos tonos a la portada porque no era lo suficientemente amarilla y blanca. El 23 de marzo respiré tranquila, pero luego vinieron unos días de inflexión: al publicar un vídeo tienes ‘feedback’ instantáneo, pero aquí no.
No fue hasta que recibí los primeros mensajes de seguidoras que lo habían leído cuando empecé a ser consciente de lo que estaba sucediendo y a permitirme disfrutar de verdad de todo el proceso. Después de haber estado un año y medio sola, ahora parece que todo comienza a tener sentido: que ahora están ellas ahí, leyéndolo.
¿Hay algo especialmente bonito –o duro– en defender un libro sin el respaldo inicial de una editorial?
Lo más difícil, enfrentarme a toda la parte burocrática y legal, porque no soy una chica de números. También la falta de acompañamiento: he pasado un año y medio escribiendo sin saber realmente si lo estaba haciendo bien, y aunque luego trabajé con una editora, no fue un proceso compartido como el que imagino que se vive dentro de una editorial.
Y lo mejor ha sido, sin duda, esa libertad absoluta que he tenido para crear exactamente el libro que quería: elegí la historia, los personajes, el título y hasta la portada, que la hice yo misma a partir de un cuadro mío. Me siento muy orgullosa de haber sacado adelante un proyecto tan personal por mi cuenta.
¿Qué significa para ti que un sello como Penguin apueste ahora por esta historia?
Estoy muy agradecida por la oportunidad y, aunque pueda sonar un poco superficial, también me siento validada. Tener un equipo que te diga que quieren hacer de tu proyecto algo más grande es increíble. Ya nos conocíamos de antes y, de hecho, quisieron comprar ‘Hydra’ desde el principio, antes incluso de que saliera en Amazon, por lo que sabía que tenía que ser con ellos con quien relanzara la novela y empezara esta nueva aventura.
Hablamos del presente, del resultado, pero hay que dar un salto al pasado. ¿Cómo descubriste la historia de Helena, la protagonista de ‘Hydra’?
Siempre quise crear un libro que mezclara el romance contemporáneo y la estética tipo ‘Mamma Mia!’ con temas de crecimiento personal, aunque no sabía bien cómo introducir esas enseñanzas de forma natural, poco forzada. La idea terminó de encajar cuando, conduciendo un día, se me ocurrió que la protagonista llevara un diario: así podía mostrar su evolución emocional mientras la historia se narraba en tercera persona.
A partir de ahí, nació Helena: una chica de Madrid que viaja a una isla griega y va transformándose poco a poco. Después fui construyendo el resto de los personajes y símbolos –como el gato o la mujer sabia– para representar las señales y aprendizajes que quería transmitir. Aunque planifiqué una parte, la escritura terminó siendo muy fluida, hasta el punto de sentir que los personajes cobraban vida propia y que se guiaban ellos solos.
Helena tiene una vida perfecta, o al menos eso cree: todo un camino bien trazado, sin ningún aparente desvío. Hasta que todo cambia y las señales comienzan a aparecer. ¿Qué más esconde este personaje?
Precisamente, creo que es un personaje que nos define a nosotras. Todas tenemos una Helena dentro que se pregunta: “¿Y ahora qué? ¿Qué hago?”. Esta protagonista representa muy bien el conflicto de nuestra generación, especialmente de quienes tenemos entre 23 y 27 años: venimos de una educación en la que nos enseñaron que, si seguíamos el mismo camino –estudiar, trabajar, ahorrar y construir una vida estable–, todo acabaría encajando, como les pasó a nuestros padres. Pero hoy la realidad es distinta.
Tenemos muchísimas más posibilidades, expectativas y estímulos, en gran parte por las redes sociales, y eso hace que constantemente sintamos que podríamos estar viviendo otras mil vidas. Por eso Helena refleja esa sensación de querer hacerlo todo al mismo tiempo y, a la vez, sentirse perdida sobre qué dirección tomar. Es un conflicto que yo también tengo y que quise mostrar porque creo que mucha gente puede sentirse identificada con esa incertidumbre.
“¿Cómo puede una controladora compulsiva desprenderse del miedo?”, le pregunta Helena a su amiga Clara. Esta frase refleja esto que comentas, ¿no?
Cien por cien. Helena vive con esa necesidad de tenerlo todo bajo control porque hemos crecido pensando que, si hacemos las cosas “bien” y cumplimos con lo pautado, entonces todo saldrá bien. El problema es cómo desprenderse de esa idea cuando es lo único que conoces.
Yo misma he sido siempre muy controladora, desde pequeña necesitaba que todo estuviera en orden y aceptar la incertidumbre me aterraba. Aunque he trabajado mucho eso, todavía hoy detecto patrones en mí y tengo que frenarme cuando siento que vuelvo a querer controlarlo todo. Por eso conecto tanto con Helena: representa ese miedo constante a no saber cómo dejar de intentar tener todas las respuestas y simplemente vivir sin controlar cada paso.
¿Este miedo que la paraliza termina moldeando su personalidad?
Sí, y es un tema que me preocupa bastante porque recibo muchos mensajes de chicas que se sienten identificadas con esto. Mi contenido suele ir muy enfocado a animarlas a atreverse, a hacerlo todo sin miedo, pero muchas veces me preguntan cómo empezar o de dónde sacar esa valentía, y la verdad es que no tengo una receta. Creo que cada persona nace con una personalidad distinta y luego hay muchos factores que terminan moldeándonos.
Aun así, sí pienso que el miedo condiciona muchísimo a las personas y que hay gente que vive completamente limitada por él. También creo que siempre se puede cambiar, aunque sea un poco, pero no sé cuál es la fórmula para cada uno. Por eso muchas veces no respondo a esos mensajes que recibo sobre esto porque no dejo de ser una creadora de contenido, no una psicóloga.
El punto de partida de la transformación de Helena es una tienda cerrada, un gato que mira un cartel amarillo de “SE VENDE” y un collar con un sol. Todo esto la lleva a viajar hasta Hydra, una isla de Grecia. ¿Hacia qué evoluciona?
En su caso, la evolución no va tanto de convertirse en alguien nuevo, sino de volver a conectar con quien siempre fue. De pequeña ya era soñadora y muy intuitiva, pero algo que le ocurrió hizo que el miedo la alejase de esa esencia. Por eso conecta con personajes como Adhara o Marco, personas más abiertas y diferentes, porque le recuerdan a esa parte de sí misma que había olvidado. Al final, ‘Hydra’ habla un poco de eso: de redescubrir quién eres realmente y atreverte a escucharte otra vez.
¿Qué te atrae de las señales y casualidades? Del misticismo en general.
Para mí, seguir las señales y escuchar mi intuición es la forma en la que tomo decisiones en la vida. No creo que las señales sean algo mágico que aparece de la nada, sino una conexión con ese sexto sentido que todos tenemos, hombres incluidos, aunque muchas veces vivamos desconectados de él.
Todas las decisiones importantes de mi vida, como abrirme un canal de YouTube, escribir una novela, apostar por ciertos proyectos o volver a creer en el amor, las he tomado escuchando esa voz interior que te dice “ahora”. Desde pequeña sentí esa conexión y decidí no ignorarla, sino convertirla en mi forma de guiarme por el mundo. Al final, es casi como mi propia fe, aquello en lo que creo y desde donde entiendo la vida.
¿Por qué un gato?
Porque lo son todo. Son un símbolo muy importante porque representan esa inteligencia intuitiva y misteriosa que creo que la sociedad ha ido perdiendo con la tecnología. Siempre me han parecido animales muy sabios, muy conectados con su entorno, que se mueven con calma pero con una seguridad que me fascina. Por eso los asocio tanto a la intuición y a ese mundo más místico.
Además, también lo conecto con toda esa idea histórica de lo femenino, lo oculto y lo malinterpretado, como las brujas o los gatos negros, que han sido injustamente asociados a la mala suerte. Es justo lo contrario: son símbolos de esa parte intuitiva que creo que es valiosa y que hay que aprender a escuchar.
¿Y por qué Hydra? ¿Qué encontraste ahí que no en ningún otro lugar?
La idea de llevar a Helena a Grecia fue, una vez más, bastante intuitiva, pero con un enfoque más práctico: quería una isla con vida lenta, muchos gatos y sin coches. Venía de vivir esa experiencia en Bali, en unas islas donde sólo se usan bicis, y quería trasladar esa misma sensación al personaje.
Pedí a ChatGPT que me diera una lista de opciones y encontré Hydra, que encajaba perfectamente con lo que tenía en mente. Además, al descubrir detalles como la estatua del sol dorado que hay en realidad en la isla y su significado, sentí que todo encajaba más todavía, como si estuviera hecho para esta historia.
Los personajes secundarios también son esenciales para el desarrollo de esta historia: Clara, la familia de Helena, Adhara, Marco… Hay muchos tipos de amor, también el propio. ¿Cuál ha sido el más bonito de explorar a lo largo de la novela?
He disfrutado mucho con la relación de Helena y Clara, esa amistad con energías tan distintas y esa dinámica de conversaciones que se podrían haber alargado muchísimo más. Este vínculo me ha encantado especialmente, aunque también me ha gustado el componente romántico con Marco. De hecho, puede que me anime a seguir explorando el amor en siguientes libros.
¿A través de Clara querías reivindicar entonces esas amistades femeninas que muchas veces terminan sosteniéndonos?
Sí. Su relación es clave para el desarrollo de la trama: Helena no habría hecho nada de lo que hace sin Clara; ni Clara tendría sentido sin Helena. Son dos personajes que se sostienen mutuamente. Quería reflejar la idea de la amistad como un vínculo que te impulsa y te sostiene. Es un tema que atraviesa todo el libro y que también refleja una forma de entender las relaciones en general, donde las amigas tienen un peso fundamental en quiénes somos y en cómo nos movemos por la vida.
Más allá del amor y de la amistad, hablas de la ansiedad, del insomnio, de los miedos e inseguridades… ¿Todavía nos cuesta verbalizar cómo nos sentimos de verdad?
Lo bueno de nuestra generación es que somos bastante valientes a la hora de hablar de lo que sentimos y de poner sobre la mesa cosas que nos generan malestar. Valoro mucho que ahora se hable más de la salud mental, aunque a veces creo que términos como “ansiedad” se usan demasiado a la ligera y eso puede desvirtuar lo que realmente significa vivir una situación así. Para mí, es importante poder nombrar lo que sentimos, pero siendo conscientes de cuándo debemos usar cada palabra.
En redes sociales muchas veces todo parece perfecto, bonito y en calma. ¿Te preocupa que se romantice demasiado esa idea de la vida lenta?
No. Yo defiendo mucho el equilibrio: vivir más lento, desconectar un poco del móvil, centrarme en mi vida, pero sin irme a una fantasía idealizada, porque también vivo en Madrid y uso redes sociales. Es más una cuestión de encontrar un ritmo más consciente dentro de la realidad. Creo que hoy vamos demasiado rápido y hemos perdido gestos muy básicos del día a día, así que a mí me sienta bien frenar un poco, hacer las cosas con más calma y cuidar esos momentos, aunque cada uno tiene que encontrar su propio equilibrio y no forzarlo si no le funciona.
Después de este recorrido por ‘Hydra’, ¿qué te gustaría que tus lectoras sintieran al cerrar sus páginas?
Los libros son algo muy subjetivo y cada persona los vive desde su propia experiencia, así que no busco tanto que todo el mundo entienda la historia de una única manera o que la vea como “un gran viaje” cerrado. Más bien, me gustaría que ‘Hydra’ removiera algo en quien lo lea, que conecte emocionalmente y que cada persona se lo lleve a su terreno. Ojalá se sienta como una historia a la que quieras volver en ciertos momentos, cuando te apetezca algo más tranquilo y romántico.
Y tú, ¿con qué te quedas de haberla escrito?
Evidentemente, con que ha sido el inicio de un camino que ojalá continúe mucho tiempo. Los personajes son muy míos, reflejan ideas y aprendizajes que ya llevaba dentro, así que no siento que me hayan enseñado cosas nuevas, sino más bien que me han permitido darles forma. Ahora los siento casi como amigos a los que les he abierto una ventana para que existan en el mundo, y me quedo con eso: con las ganas de seguir creando y con la sensación de haber demostrado que sí soy capaz de escribir un libro.
Para terminar, y haciendo alusión al propio camino de Helena, ¿cuál sería tu viaje soñado para descubrir que nunca es tarde para empezar de nuevo?
Si me encontrase en ese punto de “lo tengo todo, pero siento que no tengo nada”, como ella, creo que lo más útil es moverse, cambiar de entorno y salir de lo conocido. A veces no hace falta más que una mochila con dos bragas y una camiseta e irse a otro lugar, sin tanta carga material, para darte cuenta de que muchas de las cosas que creías necesarias no lo son. Al final, cuando te enfrentas a mundos distintos al tuyo, entiendes que puedes vivir de formas mucho más simples y que la sensación de vacío no viene de lo que tienes, sino de cómo estás viviendo. Así que, como posibles destinos, diría el Mediterráneo, Australia o Nueva Zelanda.
Lucía Núñez ha estudiado el doble grado de Periodismo y Comunicación Audiovisual en la Universidad Carlos III de Madrid, aunque probablemente su verdadera especialidad sea vivir con una banda sonora de fondo y un libro en la mano mientras va de camino al cine.
Madrileña de nacimiento y periodista en construcción, ve la vida a través de las letras. Devora libros, escribe sin parar y, cuando tiene un rato libre, se dedica a recomendar lecturas en su perfil de Instagram como si fuera una crítica literaria profesional. Aún no sabe si puede adueñarse de ese título, pero lo que sí tiene claro es que le encanta hablar de sus novelas favoritas sin parar.
Entre páginas subrayadas, listas infinitas de “libros pendientes” y visitas demasiado frecuentes a las librerías, también ha encontrado hueco para otra de sus grandes pasiones: la música. Tiene una ‘playlist’ para cada momento de su vida y la firme creencia de que cualquier situación mejora con la canción adecuada de fondo. Por eso no es raro verla hablando igual de emocionada sobre un libro que sobre una canción o un concierto.
Casualidad o destino, estas aficiones le han llevado a trabajar desde el departamento de comunicación de la editorial Planeta, pasando por las teclas de COSMOPOLITAN o la redacción de LOS40.
















