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La década de los 20 puede ser una época muy complicada. Quien ya ha alcanzado la treintena lo sabe (y puede que todavía se le atragante la vida de vez en cuando), y quienes están viviéndola se refugian en creadoras de contenido como Laia Castel. Gracias a su podcast ‘Ático Primera’, que vio la luz en 2022, se ha creado una comunidad de decenas de miles de mujeres que escuchan semanalmente sus reflexiones, consejos y recomendaciones. Pero ella es periodista, y quizá por eso tuvo muy claro que, si en algún momento publicaba un libro, no iba a ser de autoayuda.
De ahí salió ‘Afterwork’ (ed. Espasa, 2026), su novela debut que ya está arrasando en librerías. La historia sigue a Alicia y a sus amigas durante su supervivencia en Londres. Acaban de entrar en el mercado laboral, se han dado cuenta de que nada es tan glamuroso como en ‘Sexo en Nueva York’, y se apoyan las unas a las otras como mínimo una vez a la semana en su bar de siempre para sobrevivir a la precariedad y al peso de parecer que todo va bien cuando no es así. Por supuesto, hablamos con ella para que nos cuente más detalles sobre su primera publicación, su exitoso podcast y curiosidades sobre ella.
¿Cómo surge escribir ‘Afterwork’?
Creo que un poco porque me empujaron, la verdad. Yo siempre sabía que había querido escribir. Estudié periodismo no tanto por la parte de la información, sino por la de las historias, y es algo que sabía que en algún momento saldría. Se me presentó la oportunidad y creo que fue el impulso que necesitaba. Después, la historia fue muy fácil de escribir.
¿Cuál es la historia que cuenta?
La premisa que me dieron cuando me propusieron escribirlo era, si me apetecía, como persona joven, hablar un poco de la incursión al mundo laboral, sobre todo desde el punto de vista de las mujeres. Fue como muy evidente que lo que me apetecía era hablar más acerca de no tanto el mundo corporativo, que creo que ya suficiente bombo le damos, sino de la parte de las mujeres que lo sostenían. Después, rápidamente derivó hacia la amistad. Por tanto, creo que el tema principal de ‘Afterwork’ es la amistad, lo que sostiene, lo que no, y cómo se crea ese tejido en el que todas compartimos el hacernos adultas e intentamos entender un poco cómo funciona todo, pese a que nadie tiene ni idea.
Es tu primera novela, suponemos que supuso todo un reto para ti todo el proceso de escritura.
Sí. Me ha paralizado totalmente la vida durante un año y medio. Ahora lo veo y digo: ‘‘Para bien’’, pero es verdad que yo sabía que, si lo hacía, no lo quería hacer a medias. Ha tenido como un efecto dominó; en el trabajo, también en mis relaciones, donde he acabado viendo ciertas cosas... Puedo decir que el proceso ha sido romántico, aunque no fácil, y dramático a veces. Ahora con la perspectiva del tiempo entiendo que tenía que pasar en este momento, y todo lo que ha podido derribar o poner en pausa es porque tenía que ser así. Muchísimo síndrome del impostor también.
¡Ya tardaba en salir! ¿Cómo es posible que las mujeres escritoras sigan sufriendo el síndrome del impostor cuando cada vez surgen más títulos con firmas femeninas?
Creo que ahí está el punto: creo que el síndrome del impostor es algo muy propio en las mujeres. A mí en el fondo me costaba confiar, y mira que sabía perfectamente qué cosas quería decir. Pero no era tanto el no confiar en mi capacidad para escribir o en mis ganas de hacerlo, sino el pensar cómo se me iba a tomar en serio. Pensaba que necesitaba muchísimas credenciales para poder, de algún modo, defenderlo. Al final estoy escribiendo una historia, no estoy presentándome a presidenta de ningún país. Es algo que a la gente le puede gustar, o no, pero es algo para disfrutar. No obstante, sentía que me faltaban credenciales. Recuerdo que me aferraba mucho al título de periodista para que nadie pudiera echarme en cara que era otro libro de ‘influencer’. Después también hice las paces con eso, con el hecho de pensar: ‘‘Lo de ‘influencer’ tampoco me ha caído del cielo y ha implicado un curro. Por tanto, ¿por qué lo desprestigió pensando que no?’’. De la misma manera, he reflexionado acerca de qué puedo contar yo con 25 años que tenga realmente un peso, credibilidad, o que alguien lo mire y simplemente antes de leerlo ya diga: ‘‘¿Qué vas a saber tú con 25 años?’’. Si hace falta ya escribiré otro con 80 años para contar lo que he aprendido [ríe].
¿Dirías que esta ha sido la parte más dura del proceso de crear tu libro?
Pues sí. La parte más complicada del proceso no ha sido tanto escribirlo, sino entender que es algo que la gente va a leer y que, por lo tanto, va a estar abierto a opiniones. Lo quería retener un poco, me daba mucho miedo el momento de que sea libre y vuele por si solo.
¿Y cuál ha sido la parte que más has disfrutado?
Me he enamorado totalmente del proceso de la construcción de los personajes, más allá del hecho de que cada una tenga un carácter o las historias generacionales de sus familias (que las creé para poder entender cómo son). Esto es lo que, de algún modo, me salvaba: lo muchísimo que disfrutaba escribiendo para animarme a acabarlo. Además, cuando se me propuso hacer un libro tenía claro que no iba a ser de autoayuda.
¿‘Afterwork’ ha sido una cosa exclusiva o tienes como objetivo seguir publicando?
Siendo como soy, creo que me tengo que forzar en disfrutar este momento y tomármelo con calma. Sin embargo, mi instinto sí que me dice que tiene que continuar. O sea yo este libro lo puedo alargar muchísimo. Creo que los personajes, para mí al menos, tienen suficientes cosas como para ello. Al final es un libro que no tiene como un inicio y un final apoteósico. Quería que fuera un reflejo del día a día de cuatro chicas, donde puedes cerrar una temporada mental en tu cabeza pero la mañana siguiente es exactamente igual.
¿Con qué mensaje te gustaría que se quedasen tus lectoras tras leerlo?
Como con una sensación de confort. A mí me encantan las películas con mucha cotidianidad, que por ejemplo pasan en solo una cena, y buscaba un poco esta idea. No hay un superconflicto, no hay un megafinal. Estás acompañando algo que es cotidiano, que es la vida adulta, donde encuentras momentos divertidos y te aferras a ellos. El mensaje es un poco ese: no tengo por qué descubrir un planeta, montar cuatro empresas y comprarme tres casas para ser feliz. Puedo simplemente celebrar. Y también quitar un poco el foco del amor romántico, porque mucha gente sufre más el no tener un tejido de amigas.
¿Y qué has aprendido tú de ‘Afterwork’?
No sé si es que me ha pillado en plena crisis de los 25, pero ha sido una bofetada directa en muchas cosas, un catalizador. Muchos ámbitos de mi vida se han parado y, al hacerlo, he podido revisarlos un poco más, y de repente ves que no tienen un puñetero sentido, o hay cosas que no las puedes priorizar y las pierdes, o te das cuenta de que tendrías que haber priorizado otras cosas antes. Ha sido como un castigo de estos que te pone tu madre que al principio no entiendes, pero con el tiempo te das cuenta de lo mucho que lo necesitabas para no volver a cagarla a la próxima.
Los consejos que das en tu podcast, ‘Ático Primera’, también suenan un poco así.
Yo creé este proyecto en enero de 2022. Fue porque en ese momento no tenía amigas. Tenía un trabajo de ocho horas de atención al cliente y estaba estudiando periodismo y diseño gráfico. Mi día era un puzzle de ir primero a unas clases, después a otras, después al trabajo, salir de casa a las siete de la mañana y llegar a las once de la noche cada día. No me permitía tener espacios ni para el ocio ni para cuidar bien las relaciones. Para mí los podcasts en ese momento era lo que me acompañaba todo el día en el coche de arriba a abajo y de un sitio a otro. Lo escuchaba como esa figura de alguien de mi edad con quien hablar, que ahora mismo no tengo, y me da confort. Recuerdo pensar que nadie lo estaba haciendo aquí en España, así que empecé con cero pretensiones ni una plataforma sólida. Ni lo pensé: yo los consumía todo el día, era mi ocio y mi confort en ese momento, y me puse a grabar. Explotó.
Has creado una comunidad muy grande con muchas mujeres. ¿Sientes esa responsabilidad de aconsejarlas bien?
Sí, aunque creo que ha ido evolucionando. Cuando digo que nació sin ningún tipo de pretensión ni era consciente del alcance que podía tener o del impacto que podía tener es cierto. Pero pasó de ser totalmente anónimo a ser algo que mucha gente incluyó en su rutina. Eso sí, siempre desde ese punto muy orgánico. En la comunidad nunca hemos tenido ningún problema y estamos todas de buen humor...
Definitivamente, hablar contigo es como escuchar un episodio de ‘Ático Primera’.
Me lo dicen mucho. Es realmente porque nunca he pensado en poner a alguien en medio o hablar de cierta manera o cambiar nada. Nunca ha tenido una marca detrás, ni una productora, ni un guion, ni una línea editorial. Entonces se hace muy fácil para mí. Sí es cierto que hubo un punto en el que, ya no tanto porque sintiera que desde fuera se me demandaba una responsabilidad o la gente tenía como esta sensación de reclamar, empecé a pensar que quizá tenía que profesionalizarlo muchísimo. Se ha hecho, porque si no te quedas atrás; aunque en el proceso de intentar no ahogarme y seguir un poco a flote, las medidas que yo pensé como anticrisis sí que eran un poco como quitarle esta autenticidad, hacer guiones y asegurarme de que todo lo que dijese fuera políticamente correcto al 100%. Como un molde de galletita que a todo el mundo le encaje y guste. Rápidamente vi que así no iba a ningún lado. Cada vez se hace más evidente que es mejor cuanto más natural, si se me escapa algo que no es políticamente correcto o si me contradigo a mí misma.
¿Cuál sientes que es el mayor problema que ahora mismo tienen las mujeres de 20 y 30 años?
Es complicado hacer de portavoz de todos los problemas que tenemos las mujeres jóvenes, sin embargo creo que hacer las paces con la ambición: creernos que podemos querer hacer cosas y querer poder ir a por más. A la hora de intentarlo nos encontramos, ya no solo las barreras que sabemos que existen, sino con las que nos ponemos a nosotras mismas. Creo que este equilibrio entre ‘‘tengo toda esta ambición y todas estas ganas y quiero hacer cosas’’, pero a la vez no tener conocimientos sobre cómo hacerle frente, es el mayor problema que tenemos. Y mira que tenemos muchos. Pero esto nos acaba mermando a nosotras mismas y me sabe muy mal.
¿Cuáles son tus próximos proyectos en el horizonte?
Por primera vez el único proyecto es realmente saborear ‘Afterwork’ y darle mucho mimo. Creo que todo es muy instantáneo, y por una vez me apetece que esto dure mucho. Lo voy a alargar lo máximo posible, voy a exprimirlo al máximo. Además, el título está también pensado para, en un futuro, crear estos espacios de reunión, ponerlos en marcha, hacer distintos eventos, ponernos cara y poner en común las problemáticas que compartimos.
Cada mes nos cuentas cuáles son tus favoritos. ¿Nos desvelas los de abril?
Mira, me estoy leyendo ‘Una historia sencilla’, de Leila Guerriero. Lo tengo para un club de lectura. Es muy breve, se hace muy ameno y me está encantando. Te diría también los anacardos con chile y lima. Los polos, que creo que es algo que, no sé si ha vuelto, no lo he oído en ningún lado, pero lo voy a intentar yo. Y las flores. Regalarlas y que me regalen.
Nerea Panicello es experta en música, series y redes sociales. No hay canción pop que no haya pasado por los auriculares que siempre lleva puestos, entrega de premios Grammy o MTV VMA’s que no haya cubierto en directo o festival al que se haya quedado con ganas de ir. Tampoco ficción (serie o película) de Netflix o HBO Max de la que no se obsesione con el reparto y busque todas las teorías de los fans. Ni reel de Instagram o vídeo de TikTok viral que no haya recibido su ‘iike’. Su carpeta de guardados en IG está repleta de ideas para crear contenido.
Su momento favorito de la jornada laboral es cuando se sienta frente al artista o intérprete de turno para someterle a sus preguntas o a unos de los retos en vídeo de COSMOPOLITAN. Ha entrevistado a cantantes como Lola Índigo, Rauw Alejandro, Camilo o la banda Morat. También a actrices como Claudia Jessie (‘Bridgerton’), Kristen Stewart o Maisie Williams. Aunque siempre recordará sus cinco minutos de gloria con los Jonas Brothers.
Nerea se graduó en Periodismo por la Universidad Rey Juan Carlos en 2018. Antes de colocarse el birrete, realizó prácticas durante 2017 en la Revista de Ana Rosa Quintana. Lleva formando parte de Cosmopolitan desde 2018. Actualmente está terminando un Máster de Periodismo Digital y Nuevos Perfiles en la Universidad Rey Juan Carlos. En sus ratos libre, recibe clases de lengua musical y batería para seguir mostrando lo que no se ve las canciones.
Acumula seis años de experiencia, en los que ha elaborado temas para sus versiones ’print’, diariamente en digital y ejercido de Community Manager en cuantiosas ocasiones.















