Entre Elísabet Benavent y COSMOPOLITAN hay una relación especial. No es que queramos fardar de ello, pero nos sentimos muy orgullosas de que una de las autoras nacionales de romántica más importantes del momento, con 5 millones de ejemplares vendidos, sea la ‘host’ de nuestro Club de lectura en Instagram y madrina en muchos otros encuentros. Probablemente sea esta la razón, junto con el hecho de que hablar con ella es como hacerlo como una amiga, por la que esta charla sobre su último lanzamiento, ‘Una niña buena’ (ed. SUMA, 2026), haya servido para desgranar cada detalle oculto sobre el libro (aunque tranquila, no hay ‘spoilers’), a la par que ha derivado en qué concepto tiene actualmente sobre el amor, cómo ha ido evolucionando como escritora y persona, la manera en la que gestiona las expectativas del éxito que se espera de cada publicación que lleva su firma y, por supuesto, los proyectos que están por salir a la luz.

    Así que ponte cómoda, coge tu bebida favorita (como hace Elísabet cada vez que se sienta a escribir) y atrévete a conocer más a la autora, sus obras (sobre todo su último libro), y cómo esta nueva historia de amor que nos ha regalado es, en el fondo, un aprendizaje para una misma.

    ed. SUMA ‘Una niña buena’

    ‘Una niña buena’

    ¿Cuándo y cómo empezó a crearse ‘Una niña buena’?

    Esta novela lleva gestándose en mi cabeza desde que yo piso Grecia por primera vez para hacer la preselección de los lugares de la grabación de ‘Un cuento perfecto’. Empiezan a hablar de cómo funciona un rodaje dentro y yo aún no había vivido lo que es un rodaje, un poco con ‘Valeria’, pero lo que es salir de casa, tener que vivir en otro sitio… Entonces, pensé: ‘‘Esto es un tema. Aquí hay mucho que sacar’’. Cuando estuve en Grecia en el rodaje de ‘Un cuento perfecto’ y ves cómo funciona (que se crea como una especie de pseudofamilia, una pseudociudad, es como que de repente la vida se traslada, absolutamente toda tu vida se traslada a ese rodaje), pensé que quería que esto fuese el telón de fondo de una novela, aunque no acababa de encontrar el tema. Y me lo dio mi editora en una conversación. Me mandó unas noticias donde aparecía el síndrome de la niña buena. Quedamos en el Café Comercial para tomar café, nos pusimos a hablar sobre el tema y, a partir de esa conversación, se creó toda la historia. Al final, el ‘late motiv’ de esta novela no es sólo cómo las mujeres hemos sido en muchos casos educadas para agradar siempre, también como muchas veces idealizamos lo que pensamos que es bueno porque los demás nos han dicho que es bueno.

    Esta novela no es sólo cómo las mujeres hemos sido educadas para agradar, también como muchas veces idealizamos lo que pensamos que es bueno porque los demás nos han dicho que lo es

    ¿Cuál es la historia que ha dado forma a estas temáticas?

    Es la historia de Júlia, que fue una actriz postadolescente que triunfó con una serie tipo alguna de las que ha tenido mucho éxito, pero tiene a su madre de representante. A partir de ese momento, su carrera cae en picado por unas malas decisiones de su madre que solo piensa en el lado más económico de la cuestión, y acaba sirviendo croquetas y cañas en un bar de Barcelona. Entonces, ella piensa de alguna manera que ese tren ya pasó y se acomoda, hasta que llega alguien a su cafetería con un libro y una propuesta. Ese alguien le dice que la necesita, y se plantea que a lo mejor ha llegado el momento de volver a retomar esa carrera de actriz aunque tomando ella sus propias decisiones.

    ¿Cómo fue crear a la protagonista de esta novela, Júlia?

    Pues me generó un poco de problema, no el crearla en sí, porque al final se alimenta de que es actriz y ha tenido una vida muy exitosa, sino porque se alimenta del imaginario común de un montón de ansiedades y miedos que creo que compartimos todas: una generación de mujeres que a veces no ve el 100% de la situación cuando está dentro. Júlia se empecina en muchas cosas y me daba miedo que cayera mal, pero también quería despertar ternura, que todas abrazásemos al personaje, a esa vulnerabilidad y a esos propios errores que cometemos nosotras cuando nos empecinamos en algo y no queremos verlo.

    ‘Una niña buena’ también es una novela de romance, esta vez a tres bandas. ¿Por qué te gustan tanto los triángulos amorosos?

    ¡Y mira que hace un montón que no escribía un triángulo amoroso! [ríe]. Pero es que llevaba muchos años pensando en el triángulo amoroso que supone enfrentarse al amor idealizado, lo que nosotros hemos pensado que es el amor, y la idea del amor real, el que pone los pies en el suelo. Esta historia es un triángulo amoroso no entre dos hombres y una mujer, sino entre la idea idealizada del amor – lo romántico, la magia, de eso que se nos vende en libros como este o películas románticas donde estamos siempre esperando la gran oportunidad, la gran explosión de sentimientos, que se alimenta mucho durante la post-adolescencia– y el amor real que, de alguna manera, pone en duda esas aspiraciones, si encaja con nosotras, si habla de nosotras, de nuestro mundo, si es lo que queremos. El que a lo mejor no es tan espectacular y te hace pensar: ‘‘Ay, a lo mejor me estoy conformando’’. El que te hace enfrentarte a perder el miedo a no corresponder a las expectativas de tu yo pasado.

    Esta historia es un triángulo amoroso no entre dos hombres y una mujer, sino entre la idea idealizada del amor y el real

    Muy buena reflexión sobre el amor.

    Sobre todo es porque nos meten mucho en la cabeza lo que debemos pensar que es el amor: grande, lo que en redes sociales ves ahora mismo. Nos están devolviendo un ejemplo de belleza única y hegemónica que es imposible de ver en el espejo, porque no te pareces absolutamente nada a todo lo que te están bombardeando en redes. Y por otro lado, estamos viendo a parejas ideales que no tienen ningún problema, que se prometen en Maldivas con anillacos del tamaño de un cojín, que se llenan la habitación de rosas por el aniversario, que van de viaje sorpresa a Nueva York… Es que eso no es lo normal, y estamos normalizando una romantización extrema y olvidándonos del romanticismo de verdad: que te escuchen atentamente, que se ilusione por tus cosas, que se acuerde todos los días de un mimo, un detalle y que tú lo hagas por la otra persona. Ese romanticismo de todos los días y cotidiano es el que sostiene de verdad una relación.

    Supongo que también has expresado en tu libro el buen momento personal que estás experimentando.

    Sí. De repente te das cuenta de que durante mucho tiempo buscaste en los sitios equivocados, porque estabas buscando llenar un vacío que sentías, pero que no tenía absolutamente nada que ver con el prójimo. Estabas buscando reafirmación en ciertos sitios donde lo que podías encontrar nuevo no era lo de que de verdad te hacía feliz. Y de repente abrazas tus contradicciones, entiendes el amor de otra manera y te das cuenta de que el amor es estar tranquilo y que se acuerden de comprarte leche de avena de la marca que te gusta. Mis amigas muchas veces me dicen: ‘‘Joder, te conformas con algunas cosas…’’. Y digo: “No. Me parece superromántico que no haya la que me gusta en un supermercado y se recorra los del barrio buscándola’’. Me parece romántico que una persona se esfuerce en detalles tan cotidianos como una nota en la nevera o un mensaje aun estando los dos en casa con un emoticono que sabes que es para ti. Eso son las relaciones de todos los días y a veces se nos olvida, y mucho con la ficción romántica. Por lo que quiero reivindicar este tipo de romanticismo también.

    Has escrito muchos romances y todos diferentes…

    Gracias por decirlo, porque una tiene mucho miedo a repetirse.

    ¿Cómo lo haces? ¿De dónde sale tanta inspiración?

    Escucho mucho en los bares las conversaciones ajenas [ríe]. Tiendo mucho a poner la oreja en todas partes, escucho mucho a mis amigas, miro hacia atrás y una misma historia que tú viviste de una manera bajo el cristal de los años parece otra –las emociones, tu concepto del amor, el concepto de ti misma, de lo que quieres ser, de lo que has sido–. Es tan cambiante todo que me es relativamente fácil ir modificando estas cosas. Ahora mismo yo tampoco creo en el mismo concepto del amor que con ‘Valeria’. Ahora no podría escribir un ’Valeria’ porque no me saldría. Por supuesto, el género tiene algunas particularidades que se repiten; detrás de todos esos libros estoy yo con mis manías, mis fobias y con un denominador común. Pero el hecho de que la persona que lo escribe haya cambiado también lo facilita.

    mujer retrato
    Ana Pizarro

    Es lo que sucede, por ejemplo, con los cantantes: van sacando canciones a lo largo de su carrera pero siempre tienen algo que les identifica.

    Sí, aunque hay cantantes y cantantes. Mira Harry Styles: lleva cuatro discos y cada disco es superdiferente. Pero hay algo que es él, hay un sonido Harry. Me encantaría ser así, me encantaría arriesgarme con cada nuevo proyecto, no digo sin miedo, porque el chico probablemente estará acojonado cada vez que lance algo, pero sí con ese atrevimiento, esa valentía de ahora me apetece hacer otra cosa, luego desde otro punto de vista, ahora esto… A mí me inspira un montón la gente que se atreve. Ojalá yo quisiese atreverme más.

    ¿Sientes que con este libro no te has atrevido?

    Creo que es una vuelta a origen, fíjate. Me he atrevido con ciertas cosas, pero con otras, al final, vuelve a tener una experiencia de escritura similar a ‘Un cuento perfecto’. Que no digo que se parezcan, pero la experiencia de escribirlo yo creo que se parece mucho más a la manera en la que disfruté ‘Un cuento perfecto’ que con los posteriores.

    Los amores del pasado es un tema muy presente en ‘Una niña buena’. ¿Por qué crees que nos siguen afectando de la manera que lo hacen?

    Porque idealizamos y volcamos en ellos muchas cosas. Si un amor es del pasado es porque no pudo ser, ¿no? Por tanto, caben todas las ensoñaciones del mundo. Caben muchísimas fantasías, mucha proyección, y entonces es muy difícil enfrentarse a eso desde el día a día y desde la cotidianidad.

    Creo que estamos muy obsesionados con que las grandes cosas pasan siempre en grandes ciudades, pero los pequeños sitios también son muy mágicos

    Normalmente tus historias suelen tener grandes ciudades como escenario, pero en esta ocasión has elegido León y el municipio de Villaquilambre. ¿Por qué has decidido volver al pueblo?

    Creo que estamos muy obsesionados con que las grandes cosas pasan siempre en grandes ciudades. Yo salgo a la calle en Madrid, a mí Madrid me gusta mucho, su vida, su gente; Barcelona también. Pero conforme voy cumpliendo años, le voy encontrando más peros a ciertas cosas, y más ventajas a una vida más tranquila. Si miras, por ejemplo, hacia España, tenemos un problema con la España vaciada. Evidentemente tenemos más oportunidades de trabajo en las grandes ciudades y demás, pero creo que institucionalmente también se está abandonando mucho el interior, los pequeños pueblos. Y me gustaría pensar que, desde el COVID, hemos dado una pensada a esto, que hemos visto otra vez las bonanzas de una vida más tranquila. Todos hemos pensado: ‘‘Si hubiera estado en el pueblo en la pandemia, hubiera estado mejor’’. Tenemos un país muy rico y no solamente tiene valor lo que sucede en la ciudad: los pequeños sitios también son muy mágicos. Y lo de León fue un flechazo. Yo fui y me enamoré. Tengo una amiga leonesa, por lo que fui muy bien guiada, y la gente de León es maravillosa. Allí te sientes como si hubieras estado siempre. Es una ciudad cómoda, bonita, limpia, divertida, y tienes a 15 minutos en coche el campo, la montaña, Villaquilambre.

    Otra trama de ‘Una niña buena’ es la de Judith y Arantxa. ¿Cómo enfrentaste escribir sobre maternidad?

    Pues con mucho respeto y mucho miedo, la verdad, porque el tema de la maternidad siempre da mucho miedo sobre todo siendo una mujer que no quiere ser madre. A mi alrededor he escuchado mucho a mujeres (con las que quizá no compartía dudas porque yo siempre lo he tenido muy claro) que se han encontrado con que en ese momento no han querido; por un lado a causa de la presión de que una parte de la pareja quiere y la otra no, por la otra, porque les gustaba muchísimo su trabajo y no sabían si ahora estaban preparadas para hacer el parón que supone –porque supone un parón y te cambia la vida–. Y sobre todo el hecho de la duda, el cómo se vive la duda desde dentro cuando sabes que quieres hacerlo con esa persona, pero el problema es que no quieres herir sus sentimientos y no sabes si es el momento. Me dio miedo hacerlo, pero también me hacía ilusión volcar todo esto que he estado escuchando de tanta gente a mi alrededor y darle espacio a la duda. La duda no es mala, es más, yo creo que todo lo que emprendemos después de habernos puesto en duda lo hacemos de una manera mucho más segura. Y creo que la historia de Judith y Arantxa es una historia de una pareja que encuentra la manera de comunicarse.

    No creo en el mismo concepto del amor que cuando escribí ‘Valeria’, por lo que ahora no podría hacer algo así, no me saldría

    Estamos en un momento en el que las historias sáficas están en auge. ¿Te planteas en algún momento hacer una historia con una pareja principal de esta sexualidad?

    No es una cosa con la que diga ni que sí ni que no. ¿Sabes lo que pasa? Que supongo que el hecho de que ahora estén como más de moda me hace, quizá, pensar que no me quiero subir al carro. Pero si me surge la idea, me aparecen los personajes en mi cabeza, aparece la historia, ¿por qué no? No tengo ningún problema.

    Si hay un aspecto que engancha mucho de tus libros es que, pese a que sean romances, tienen muchas más temáticas entre sus páginas. Pero, ¿cómo decides cuáles entran y cuáles no?

    Claro, por poder, puedes hablar de lo que quieras, ¿no? Y aquí tengo que reivindicar la figura del editor. Cuando tú tienes una muy buena relación y vas muy fluido con tu editor, es el editor quien te ayuda a situar los tótems de la historia. ¿Dónde van a estar? ¿Cuáles son los pilares? ¿De qué quieres hablar? Entonces, tengo la suerte de tener a Ana Lozano a mi lado desde el primer libro. Hemos crecido juntas en esto y yo sería incapaz de sacar un libro que no hubiera editado ella; me moriría de los nervios. Me da muchísima tranquilidad saber que ella le ha dado el visto bueno. Ella muchas veces insiste en que si metes demasiadas ideas, al final no queda ninguna. Mejor céntrate en qué es más importante de todo lo que quieres hablar. Y bueno, ahí tengo que agradecérselo a ella que me ordena mucho.

    ¿Qué crees que es lo que más va a gustar de ‘Una niña buena’?

    No tengo ni idea. Yo ahora mismo me quiero meter debajo de la cama y salir en junio [ríe]. Me da mucho miedo. Ahora pienso más en las cosas que pueden no gustar. Tengo un poco de nervios, se testó en algunas personas, y dijeron que se lo leyeron muy rápido. También que les ha gustado mucho Germán. Yo ahora mismo pienso que tendría que haberlo hecho menos perfecto, pero es que tiene mucho de lo que creo que es el amor sano. Es un personaje que nunca habla desde una masculinidad frágil ni tóxica. Es un tipo cariñoso que sabe muy bien las cosas que hace bien o que hace mal. A mí me gustan ese tipo de personajes masculinos a los que la protagonista femenina no tiene por qué cambiar, porque es que la experiencia vital es que no se puede cambiar a nadie si ese nadie no quiere cambiar. Y tampoco es esto una ONG que tenga que salvaguardar nada.

    Personajes como el de Germán dan esperanza a las mujeres heterosexuales y bisexuales solteras.

    Yo tengo un Germán en casa [ríe].

    Yo tengo a un Germán en casa

    ¿Y cuál dirías que fue la parte que más te costó escribir?

    La parte de la relación de Júlia con su madre, que es supertóxica y nada enriquecedora. Me ha costado porque quería hacerlo de manera responsable, no quería esbozar una mala malísima. Al final, la madre de Júlia es el personaje un poco antagonista, es la que está en medio de ella y lo que quiere conseguir, que es la independencia de hacer las cosas a su manera. Sin embargo, no quería caer en maniqueísmos. Tuve la suerte de estar muy bien orientada por una profesional de la salud mental, que me ayudó a que el personaje siempre fuera coherente y nunca hiciera cosas que no haría alguien de su perfil. Además, al final es una ficción y tiene algunas cosas que están un poco exageradas. Pero esto me costó un poco, sobre todo porque cuando escribes una comedia romántica quieres que el final sea feliz, y hay relaciones y personajes que te lo ponen muy difícil la verdad.

    ¿Tuviste alguna escena del libro que te salió sola?

    Hay un momento en el que ella se ve por primera vez en una escena, y Germán está allí. Los dos están sintiendo una cosa muy parecida: se están alegrando mucho por el otro a la vez que se alegran por ellos mismos. Ella se ve con otros ojos, no se está juzgando, no está diciéndose cosas feas, está viendo a una actriz haciendo un buen papel, un buen trabajo, y a la vez está viendo como un autor que un día esbozó una historia en el ordenador está viéndola cobrar vida. A él le pasa lo mismo pero a la inversa. Ese abrazo y esa emoción que comparten me salió sola porque yo lo he vivido con ‘Valeria’ en la última toma que grabaron las cuatro chicas. Ellas estaban grabando el final de una serie que les había acompañado durante seis años de su vida y yo estaba viendo el final de ‘Valeria’, y supongo que se alimentó mucho de eso. Me salió fácil porque al final hablaba de algo que he vivido, que es muy bonito como escritora.

    La duda no es mala, es más, yo creo que todo lo que emprendemos después de habernos puesto en duda lo hacemos de una manera mucho más segura

    Suponemos que en cada libro vas aprendiendo algo nuevo como escritora. ¿Qué has aplicado de estos aprendizajes en ‘Una niña buena’?

    Quiero pensar que sí [ríe]. Creo que técnicamente he conseguido... Todos tenemos manías a la hora de hacer nuestro trabajo y yo caigo en los monólogos eternos al hablar de sentimientos. Entonces, sí es cierto que, releyendo algunas partes por trabajo de otros libros, siempre he pensado que esto se podría solucionar con un diálogo o una escena que lo mostrase, y no que ella tuviera que explicar cómo y por qué está sintiendo. Quiero pensar que este libro está aligerado de esas partes. Aunque este aprendizaje no es lineal. A veces aprendes y desaprendes en el siguiente libro. Entonces ahora mismo, además, estoy en ese momento en el que no sé nada del libro, no sé qué es, no sé qué he hecho, no sé nada. Quiero pensar que no me he puesto demasiado intensa. Pero lo que he aprendido con la experiencia, por ejemplo, y lo que quiero que quede en ‘Una niña buena’, es el poner límites. Esto lo he aprendido yo ya a mis 40. Si a ti te lo puedo enseñar a los 25, ya llevas 15 años de ventaja.

    ¿Cómo te ha cambiado a ti personalmente?

    Me ha reafirmado el hecho de que (bueno, yo ya lo sabía porque la terapia es maravillosa) poner límites no es malo. Pero es que cuando he terminado el libro me he dado cuenta de que no sólo no es malo, sino que muchas veces es necesario y muy positivo. Arrastramos un montón de mochilas, de cicatrices, de relaciones fallidas, que siempre quieres mejorar, y hay veces que piensas que la manera de solucionar esas cosas que en el pasado no salieron bien es decir que sí, contentar a los demás, que todo el mundo esté feliz contigo… Y eso está muy bien, porque tenemos que hacer la vida fácil a las personas que nos rodean, pero no a costa de nosotras mismas. Cuando lo terminé de escribir tenía la seguridad dentro de mí de que lo contrario a una niña buena no es una niña mala, es alguien que pone límites.

    Hace nada estábamos celebrando tus 5 millones de ejemplares vendidos. ¿Cómo gestionas las expectativas alrededor de cada lanzamiento?


    Pues como puedo. Siempre tienes el miedo a defraudar a todos los demás cuando sacas un libro. Yo tengo la suerte de estar muy respaldada por mi editorial. Siento que tengo una familia en Penguin y nos tomamos las cosas muy pero que muy personales. Tú sacas un libro como este y la primera tirada es muy grande. Yo sueño que me caen libros encima, que no puedo abrir puertas. La nueva versión del sueño es que intento abrir la puerta de casa y no puedo porque está llena de cajas de libros que no se han vendido. Pero bueno, notas que todo el mundo está apoyándote, que te dan la seguridad, que te explican por qué las cifras no son aleatorias, que se ha decidido de una manera profesional… Pero tienes mucho miedo a decepcionar a todas estas personas que están poniendo un voto de confianza en ti. Y no es solamente la gente de la editorial, también la que está distribuyendo los libros, los comerciales que se patean librería a librería vendiendo las bonanzas de tu libro o los libreros que están poniendo esa superficie de su librería para ti. Y el tiempo del lector. Hace muchos años, mi hermana me dijo una frase que me ha traumatizado de por vida: ‘‘Tan poco tiempo para tantos libros’’. Entonces, de repente, conforme voy cumpliendo años, me doy cuenta de lo valioso que es el tiempo de un lector mientras lee, porque están leyendo tu libro y no está leyendo otro, con lo que me presiona el que el lector sienta cuando va terminando que ha perdido el tiempo. Me genera un vértigo brutal. Ahora estoy en la fase de ‘‘tendría que haber cambiado tal, tendría que haber hecho tal’’. Pero llega un momento en el que una tiene que dar un poco el salto al vacío y decir: ‘‘Pues mira, esto es lo que he hecho y lo he hecho de la mejor manera que he sabido’’. Me he esforzado mucho, me ha exigido mucho, y a partir de ahora los libros se completan con la lectura y no lo puedo controlar. Aparte, hay libros que no llegan en el momento en el que tú los tienes que leer. A mí me ha pasado con dos años de diferencia de coger el libro y decir: ‘‘¿¡Pero cómo no me bebí este libro en su momento?!’’. Yo lo que defiendo es que no hay malos lectores, hay lectores que no han encontrado su libro.

    Yo he aprendido a poner límites a mis 40. Si a ti te lo puedo enseñar a los 25, ya llevas 15 años de ventaja

    Tenemos que hablar de la adaptación que tienes por delante. Está ‘Valeria’, también ‘Un cuento perfecto’…

    La verdad es que nos salió muy bonita, ¿eh? Y qué bonicos ellos. Todo lo que rodeó a esa serie fue increíblemente maravilloso y buenísimo. Una experiencia laboral en la que yo he aprendido una barbaridad. Todo ‘Un cuento perfecto’ fue maravilloso.

    Y ahora estamos esperando ‘Toda la verdad de mis mentiras’. ¿Cómo va?

    Pues estamos esperando a que nos confirmen la fecha de estreno. Sí que sabemos seguro que será durante este año 2026 en Netflix. Y bueno, yo ya la he visto, un par de veces porque estoy aprendiendo sobre la marcha lo que es el ser productora ejecutiva, y una de las cosas que tengo que hacer es ver los cortes y decidir. Es muy bonita, muy divertida, respira mucho verano. Ves un capítulo y te apetece otro porque se bebe muy rápida. Es muy cortita, de las de maratón. Cuando la terminas sólo te apetece llamar a tus amigos y decir: ‘‘Vamos a hacer un plan’’.

    Si tuvieras el poder de adaptar cualquiera de tus libros, ¿cuál sería?

    La saga protagonizada por Martina. Estoy obsesionada con ella. Pero es una obsesión, además, como un poco insana porque no la he superado. Es como que siempre va a estar ahí. No quiero ni releerla ni nada, porque es que sé que no me va a gustar nada, pero la experiencia de escritura fue muy bonita y le tengo mucho cariño a los personajes. Me encantaría igualmente porque el mundo de la cocina tiene sus cositas y me parece muy interesante.

    Desde que lanzaste ‘Toda la verdad de mis mentiras’ no has retomado las sagas. ¿Por qué?

    He perdido capacidad. Creo que hay que ser muy organizado, y he ido desaprendiendo esa parte conforme he ido sacando libros. El primero que saqué autoconclusivo fue un poco por un reto, en plan, voy a probar si tengo capacidad de concisión. Y ahora lo que no me sale es la organización para hacer, por ejemplo, una bilogía o una trilogía. Tienes que tener muy claros los giros que quedan pendientes de un libro al otro, hay una línea muy delgada entre ahora te lo pongo en otro libro o alargo la trama para que haya otro libro… Y eso me asusta mucho. Porque sí, he tenido la sensación al terminar una bilogía de que quizá lo hubiera podido solucionar en un solo libro, y no me quiero quedar con esa sensación. Lo pienso y es que no sé cómo lo hacía, no soy capaz. Ahora planteo las historias y ya me vienen a la cabeza de manera que es un solo volumen. Quién sabe en el futuro.

    ¿Ya estás preparando tu próximo proyecto?

    Sí, Dios mío, sí, con fecha de entrega ya en el horizonte y todo. Además, estoy ya con ellos porque ahora tenemos por delante una gira que es un poquito más ambiciosa de lo que han sido en los últimos seis años. Pero bueno, haciendo un poco de ‘spoiler’, tengo dos fechas de entrega porque antes de la novela sacaré un no ficción. A mí lo que más me angustia es no tener nada entre manos, o sea, yo no sé estar sin hacer nada porque pienso que es porque me he quedado sin ideas. Así que estamos con lo siguiente, lo más inmediato es un no ficción, y lo siguiente es una ficción que ya está planteada, empezada, hablada y con el ‘briefing’ entregado y aprobado por la editorial y la fecha de publicación más o menos también planteada. Es que aquí en el mundo de editorial trabajamos con un año de antelación.

    De cara a próximos proyectos, tengo dos fechas de entrega porque antes de la novela sacaré un no ficción

    ¿Qué manía tienes como escritora?

    Tengo el teléfono lleno de notas absurdísimas, que luego digo: ‘‘¿Y esto qué era? ¿Por qué no apuntaré un poco de contexto?’’. Siempre que escribo tengo que estar bebiendo algo, bebo como un dromedario y luego me pregunto por qué lo habré hecho porque esto imposibilita el resto de mi vida. Bebo mucho café, mucho té, de la Coca-Cola me estoy quitando, ahora me concedo como dos o tres a la semana porque he llegado a tomar nueve al día. Imagínate las noches toledanas. Y ‘posits’. Tengo notitas por todas partes. Lo tengo que escribir todo a mano. Tengo un cuaderno donde voy anotando los avances de la novela. Y tengo unas pizarras enormes con las que, cuando tengo que entregar, me ducho. Pero no soy alguien extremadamente maniático a la hora de trabajar, puedo hacerlo en una cafetería y me gusta mucho el ruido ambiente. Puedo trabajar en casa, en el salón, en la cocina, desde el suelo, en la cama… No tengo manías.

    ¿Qué autoras dirías han marcado tu manera de escribir?

    Marian Keyes, o sea de una manera… Además es que, cuando la conocí (muchas veces se tiene miedo de conocer a las personas a las que admiras), es que es aún mejor. Es que es aún más divertida y más coqueta y más buena gente. Le dije: ‘‘Yo escribo porque un día leyendo un libro tuyo pensé que yo quería hacer sentir a alguien como tú me hacías sentir a mí’’. Luego hay un montón de voces femeninas que me inspiran, pero que por lo que yo escribo no creo que estén en mis libros, aunque aprendo todos los días. Mariana Enríquez me alucina. Rosa Montero, a la que admiro muchísimo, tiene un libro en el que habla del duelo (‘La ridícula idea de no volver a verte’) que me inspiró muchísimo. Ojalá yo algún día pueda volcar todo lo que me hizo sentir sobre el duelo en una ficción. Además, las voces femeninas de Latinoamérica vienen pisando con mucha fuerza. Y tengo compañeras de género muy ‘heavys’. Ahora mismo está Alice Kellen, que se está comiendo el mundo, está Joana Marcús, que no puede ser más crack, que llena salas de 600 personas, colas de seis horas… Me inspiran muchísimo también.

    mujer retrato
    Ana Pizarro

    ¿Cuál es el libro que siempre recomiendas?

    ‘La ridícula idea de no volver a verte’, de Rosa Montero. Es que me parece maravilloso. Lo he regalado cada vez que no sé qué comprar.

    ¿Tu lectura actual?

    Me estoy leyendo el nuevo de Isabel Allende, ‘La palabra mágica’, que es un no ficción sobre la escritura. Tengo adoración por Isabel Allende, y leerla hablando sobre escribir ya me parece lo más ‘top’ del mundo.

    ¿Cuál es la novela que lleva mucho tiempo en tu lista de pendientes?

    ‘La montaña mágica’, de Thomas Mann. Es el reto de todos los años. También ‘Tan poca vida’, de Hanya Yanagihara, que me mira desde la estantería. Y ‘El secreto’, de Donna Tartt: todo el mundo me habla maravillas.

    ¿Y cuál de tus historias sientes que más te representa ahora mismo como escritora?

    ¡Qué pregunta tan difícil! Yo creo que es una mezcla entre ‘Una niña buena’ y ‘Todas esas cosas que te diré mañana’, porque con las dos me he sentido profesional. ¿Sabes cuando tú estás haciendo algo y sufrimos mucho el síndrome del impostor y piensas: ‘‘He tenido mucha suerte, ahora van a descubrir que en realidad no sé hacerlo’’? Pues con estos dos casos, e incluiría ‘Un cuento perfecto’, me sentí escritora profesional. Luego se me olvida a los cinco minutos [ríe].

    Headshot of Nerea Panicello

    Nerea Panicello es experta en música, series y redes sociales. No hay canción pop que no haya pasado por los auriculares que siempre lleva puestos, entrega de premios Grammy o MTV VMA’s que no haya cubierto en directo o festival al que se haya quedado con ganas de ir. Tampoco ficción (serie o película) de Netflix o HBO Max de la que no se obsesione con el reparto y busque todas las teorías de los fans. Ni reel de Instagram o vídeo de TikTok viral que no haya recibido su ‘iike’. Su carpeta de guardados en IG está repleta de ideas para crear contenido.

    Su momento favorito de la jornada laboral es cuando se sienta frente al artista o intérprete de turno para someterle a sus preguntas o a unos de los retos en vídeo de COSMOPOLITAN. Ha entrevistado a cantantes como Lola Índigo, Rauw Alejandro, Camilo o la banda Morat. También a actrices como Claudia Jessie (‘Bridgerton’), Kristen Stewart o Maisie Williams. Aunque siempre recordará sus cinco minutos de gloria con los Jonas Brothers.

    Nerea se graduó en Periodismo por la Universidad Rey Juan Carlos en 2018. Antes de colocarse el birrete, realizó prácticas durante 2017 en la Revista de Ana Rosa Quintana. Lleva formando parte de Cosmopolitan desde 2018. Actualmente está terminando un Máster de Periodismo Digital y Nuevos Perfiles en la Universidad Rey Juan Carlos. En sus ratos libre, recibe clases de lengua musical y batería para seguir mostrando lo que no se ve las canciones.

    Acumula seis años de experiencia, en los que ha elaborado temas para sus versiones ’print’, diariamente en digital y ejercido de Community Manager en cuantiosas ocasiones.