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Vergüenza, tristeza, enfado… un puñado de granos pueden hacernos la vida muy complicada, sobre todo si, aunque nos apliquemos cremas y nos limpiemos bien la piel, no acaban de desaparecer, sino todo lo contrario.
Consultamos con algunos expertos para saberlo todo acerca de esta patología de la piel que puede amargarnos la adolescencia, la juventud y más allá. De hecho, según señala la doctora María José Crispín, de Clínica Menorca, “el acné juvenil es una patología que afecta en un 40% a mujeres entre los 14 y 17 años, y que desaparece generalmente a los 30 años, aunque hay personas que pueden presentar acné hasta los 40 años”.
Más allá de las estadísticas, seguro que te has preguntado un millón de veces por qué tú sigues teniendo granos si has pasado los 20 años y tus amigas nunca han tenido este problema y ni si siquiera le dan importancia a tener piel perfecta y sin ninguna imperfección. ¿Es sólo mala suerte? ¿Una lotería? El doctor Leo Cerrud lo explica: “Las causas del acné son múltiples y muy variadas. Tienen que ver no sólo con la edad, sino también con la genética, el tipo de piel, las hormonas, el estrés, el uso de medicamentos o cosméticos, ciertas enfermedades o algunas condiciones externas y hábitos poco saludables”.
El experto señala cuál es el proceso que sigue el acné, que aparece fundamentalmente en la pubertad y la adolescencia, pero que a veces tarda en desaparecer: “Se produce una hiperproliferación de queratina, grasa y células epiteliales muertas, lo que causa una obstrucción de los conductos de las glándulas sebáceas y sudoríparas, así como también de los folículos pilosos. Esto genera un caldo de cultivo ideal para la proliferación de bacterias oportunistas que habitan normalmente en la piel y que se acumulan en puntos específicos formando espinillas, granos y otro tipo de lesiones”.
¿Cuál es tu tipo de acné?
Cuando eres joven lo que más te preocupa es tener granos en la cara, pero dependiendo del tipo de acné también pueden aparecer en el pecho y la parte superior de la espalda. De acuerdo con la doctora Crispín, la forma más frecuente es el acné común, que puede ser leve, moderado o severo, y que según la clase de lesiones se clasifica en estos cinco tipos:
- Grado 0 o preacné: hiperqueratosis folicular.
- Grado I o acné comedogénico: comedones y pápulas.
- Grado II o acné papulo-pustulos: pápulas o pústulas superficiales.
- Grado III o acné pustuloso-nodular: pústulas profundas o nódulos.
- Grado IV o acné quístico: nódulo, quistes y cicatrices.
¿Qué tienes que hacer?
Los expertos indican que una correcta higiene es fundamental para avanzar en la curación del acné. “Es una parte importante del tratamiento. Se debe limpiar la piel a diario retirando toda la suciedad y/o el maquillaje una o dos veces al día con un jabón específico para pieles grasas pero suave y que no reseque ni irrite. Las cremas deben ser con base de agua, no comedogénicas y que no obstruyan los poros”, aconseja Crispín.
Y también es importante tener en cuenta la alimentación: “El acné está relacionado con un alto consumo de lácteos y dulces. Se debe evitar la ingesta de grasas malas, no abusar de los lácteos ni de los hidratos de carbono de cadena corta (azúcar y harinas blancas) y llevar una dieta sana”.
Pero aunque te limpies muy bien el rostro y comas lo que debes comer, eso no va a hacer que desaparezca el acné. En cuanto vea que es algo persistente, no lo dejes pasar y pide cita en el dermatólogo para detener el acné y evitar secuelas posteriores, porque para curar esta enfermedad hay que seguir un tratamiento personalizado, que dependerá del diagnóstico que haga el médico, de tu edad, sexo, fototipo de piel, etc. Ve haciéndote a la idea, sobre todo si tu acné no es leve, que tienes que seguir a rajatabla las pautas indicadas por el especialista y que será por períodos seguramente prolongados.
Tratamientos por vía tópica
Las cremas y otros productos para el acné no siempre funcionan. “Los tratamientos por vía tópica están indicados para controlar formas leves y moderadas de acné juvenil, pero el acné inflamatorio moderado o grave no suele responder bien a la terapia tópica y necesita de antibióticos u otros fármacos durante varios meses”, recalca la doctora de Clínica Menorca.
Esta especialista médica insiste en que el tratamiento cosmetológico debe prescribirlo un profesional, así que evita ir por al supermercado o a la farmacia y auto-recetarte una crema que no sabes si va a funcionar bien con el tipo de acné que tienes. Este tratamiento por vía tópica tiene tres etapas, según detalla Crispín:
‘Prepeeling’
Se realiza en casa durante dos semanas para preparar la piel y evitar efectos secundarios producidos por el ‘peeling’, como pudieran ser irritaciones. Consiste en aplicarse productos de higiene facial, cremas y protectores solares para pieles acneicas. Por la mañana se debe usar diariamente factor de protección solar total específico para pieles acneicas. Puede acompañarse de cremas de acción exfoliante suave a base de ácido salicílico o glicólico a baja concentración. Por la noche, una crema con ácido retinoico o con retinol para estimular la renovación cutánea
‘Peeling’
Este proceso se realiza en una clínica. Pueden usarse tres sustancias para llevarlo a cabo:
- Ácido retinoico (vitamina A). Se emplea con alta concentración para llegar a los niveles más profundos de la piel. Disminuye las marcas en la piel, estimula el recambio celular, la renovación de células muertas e incrementa el nivel de hidratación natural. Su efecto antiséptico previene el acné y otras infecciones, dejando la cara luminosa y con tono uniforme. La aplicación del ‘peeling’ de ácido retinoico debe realizarla siempre un profesional, porque puede irritar la piel y hay que controlar las dosis adecuadas para cada caso. No puede aplicarse en mujeres embarazadas o en período de lactancia y se debe tener mucha precaución con evitar la exposición solar.
- Ácido salicílico. Acelera el recambio epidérmico (acción exfoliante) y ayuda a eliminar espinillas y cicatrices del acné. Durante su aplicación produce una sensación de quemazón que dura dos o tres minutos. No se puede aplicar en zonas extensas ni sobre pieles alteradas. Al cabo de dos días produce descamación.
- Ácido glicólico. Tiene acción exfoliante y a nivel del conducto pilosebáceo facilita la eliminación de los comedones (espinillas). Se utiliza mucho si la paciente ya ha utilizado anteriormente cremas con ácido glicólico. En altas concentraciones puede irritar la piel. La elección de uno u otro ácido dependerá enteramente del diagnóstico del profesional médico. Y el número de sesiones irá en función del grado del acné y de la respuesta de cada caso. Generalmente son necesarias varias sesiones, que deben distanciarse como mínimo un mes.
‘Postpeeling’
Se lleva a cabo fuera de la consulta y consiste sencillamente en utilizar un factor de protección total para pieles acneicas y cremas con los mismos activos que se han utilizado en el ‘peeling’, pero en concentraciones menores y con una pauta de aplicación determinada.
Tratamientos por vía oral
Tendrás que armarte de mucha paciencia si ves que los granos no desaparecen en unas semanas. De hecho, cuando la limpieza, la alimentación y las cremas no son suficientes, hay que optar por las pastillas para que actúen desde el interior. Crispín detalla los tratamientos por vía oral más frecuentes cuando no es suficiente con la fitoterapia a base de suplementos específicos compuestos por zinc, aceite de onagra, levadura de cerveza y vitaminas A, B y E. De hecho, en los casos más graves hay que recurrir a los fármacos, en este orden, según la especialista:
- Antibióticos. A base de tetraciclinas o derivados para contrarrestar la infección.
- Anticonceptivos. Para regular problemas hormonales.
- Isotretinoina. Se utiliza en casos de acné rebelde que no responde a los anteriores tratamientos. Se prescribe junto con los anticonceptivos, pues está contraindicado en mujeres embarazadas, ya que tiene efectos contraproducentes teratogénicos (que afectan al feto). Puede producir efectos adversos a nivel hepático y a nivel cutáneo: reseca mucho la piel y aumenta la fotosensibilidad.
Los últimos tratamientos
Entre los tratamientos más novedosos para actuar sobre el acné activo se encuentran la terapia basada en la fluorescencia y la fototerapia. “Estos métodos consiguen eliminar la bacteria que provoca el acné (propinebacterium acnés), reducen la inflamación, estimulan la producción de colágeno y minimizan el tamaño de los poros. De esta manera, además de tratar el acné, tratan al mismo tiempo las posibles cicatrices que este haya producido. La principal diferencia entre ambos es que la luz de la fluorescencia no penetra en la piel (se utiliza un gel conductor), por lo que puede emplearse en cualquier época del año y en todo tipo de pacientes. También son efectivos otros láseres, como el de colorante pulsado, láseres amarillos, así como láseres fraccionales no ablativos”, apunta el doctor Miguel Sánchez Viera, coordinador del Gedet (Grupo Español de Dermatología Estética y Terapéutica de la AEDV).
Consecuencias: manchas o cicatrices
Después de haber pasado por un proceso largo de acné aún queda otro temor, el de que queden marcas, manchas o cicatrices. ¿Cómo evitarlo? “Conviene acudir al médico cuanto antes para que realice un buen diagnóstico y aplique el tratamiento adecuado cuanto antes, ya que no hay fórmulas mágicas ni reglas para todos los tipos de acné, y el tratamiento debe ser individualizado. Cuanto antes se inicie el tratamiento, menos secuelas cicatrizales quedarán”, señala la doctora Crispín.
La especialista recuerda que es fundamental no manipular o exprimir las lesiones para evitar manchas o cicatrices. Y también hay que tener cuidado con las cremas de vitamina C y los tratamientos de infiltración de vitaminas, porque pueden empeorar y disparar los brotes de acné. Además, hay que proteger la piel del sol para evitar pigmentaciones, usando factor específico para piel acnéica. Si, finalmente, hay secuelas, no está todo perdido, también se pueden minimizar: “Para tratar las manchas y cicatrices, cuando ya no queda acné activo, hay distintas clases de láser. Dependiendo del tipo de piel, de la marca y grado de lesión se elige una u otra técnica. Las marcas leves se tratan con láser Picosure y las más profundas con el láser de CO2”, concluye.
Virginia de los Ríos es experta en Belleza y Grooming, temas de los que escribe habitualmente en Cosmopolitan: cremas faciales, cosmética corporal, tratamientos capilares, protocolos en cabina, perfumes, nuevos activos… Desde Dior a Chanel, pasando por Loewe, Sephora, Augustinus Bader o Cantabria Labs, sigue al milímetro los lanzamientos de las marcas del sector beauty, desde las más prestigiosas a las firmas nicho o las marcas low cost.
A esta periodista especializada en belleza y tratamientos –y a la que muy pocas cosas le harían renunciar a un pintalabios rojo satinado– le sigue apasionando, después de 15 años escribiendo sobre belleza, colarse en los laboratorios cosméticos para conocer cómo se desarrollan los ingredientes más punteros, destapar el frasco de las nuevas esencias y meter los dedos en los tarros de crema. Antes de que Instagram fuera un embrión, creó la plataforma The New Millesime, con el formato de tablero, para dar a conocer y analizar lo último en cosmética de lujo y lifestyle.
Virginia de los Ríos se licenció en Filología Hispánica por la Universidad de Deusto, posteriormente se diplomó en Edición y Publicación de Libros por la misma universidad y tiene el Máster en Periodismo por la Universidad del País Vasco. Fue profesora de Lengua y Literatura españolas durante dos años en la Universidad de St. Andrews (Gran Bretaña) y cuenta con una experiencia de más de dos décadas como periodista en distintos medios de comunicación, entre los que destacan algunas de las cabeceras de HEARST, como Elle, Cosmopolitan, Harper’s Bazaar, Men’s Health o Esquire. Además, ha sido redactora jefe de Women’s Health y ha colaborado en numerosos grupos editoriales y publicaciones de relevancia, como Prisa, Unidad Editorial, El Semanal XL, MujerHoy, Yodona, Fuera de Serie, etc.












