Era jueves noche y estaba tumbada en mi cama viendo mi doceavo episodio consecutivo de "Gossip Girl" cuando me topé con una mano, bastante familiar, toqueteando mi teta izquierda. Resulta que era mi propia mano. Y sí, estaba en medio del clásico sobeteo de teta.
Lo comenté en mis 'stories' de Instagram (porque tengo cero vergüenza) y muchísima gente me dijo tendía a hacer lo mismo. Una persona incluso me llegó a confesar que cuando se manoseaba las tetas se sentía como un perrito patas arriba (qué monada). Y otra me dijo que se las cogía porque las sentía calentitas, blanditas y agradables.
Como quería saber más acerca de este asunto, llevé a cabo una encuesta en el Twitter de Cosmopolitan (porque claramente estaba a punto de descubrir algo) y el resultado fue positivo: la mayoría de las encuestadas reconocían que también se tocaban las tetas casi por inercia muy a menudo.
Vale, ¿entonces no es tan extraño que nos toquemos a menudo el pecho? Segun Blanca Cobb, experta en lenguaje corporal, es lo más norma del mundo. ¿Por qué? Primero porque el pecho es algo súper accesible a nuestra mano, y segundo porque nos relaja, así de simple. Y cuando nos relajamos nuestras manos adquieren de forma involuntaria una postura curvada, posición que encaja a las mil maravillas con nuestro seno. Asimismo, según Cobb, todo esto podría tener sentido porque nuestro pecho es una parte de nuestro cuerpo en el que se acumula el estrés generado. Vaya, que toquetearnos esta zona tan sensible nos tranquiliza y nos ayuda a olvidar todo lo negativo que nos rodea.
Conclusión: tocarse las tetas en el día a día es un magnífico ejercicio desestresante, así que no te cortes ni un pelo en hacerlo. Tócatelas lo que haga falta, sin importar quién te vaya a juzgar.













