Es un clásico: sales por ahí de fiesta el fin de semana y, antes de volver a casa, haces una pequeña 'parada técnica' para comer una hamburguesa, una pizza, un kebab... ¿Te suena? Es algo en que muchos/as caemos, y ahora, un estudio realizado en el Pennsylvania State University College nos da la explicación.

La clave está en el consumo de alcohol. La investigación, realizada con ratones, demostró que los circuitos del cerebro relacionados con la comida basura son los mismos que se activan cuando consumimos bebidas alcohólicas. "La obesidad y el alcohol, dos de las mayores enfermedades crónicas en Estados Unidos, podrían estar relacionadas a nivel neuronal", afirman. El mismo mecanismo que se activa al hora de consumir alcohol de manera compulsiva coincide con el que nos lleva a ingerir alimentos altos en grasas y calorías. Esta hipótesis coincide con otras investigaciones realizadas con anterioridad.

El estudio se llevó a cabo separando a los ratones en tres grupos de control: el primero tenía un acceso continuo a alimentos altos en grasa y acceso limitado a agua mezclada con alcohol. El segundo, llevaba una dieta normal y también acceso limitado al alcohol, mientras que el tercero tenía el acceso limitado tanto a las grasas como a las bebidas alcohólicas. Este último grupo fue el que más engordó, ya que aprovechaba las horas en las que tenía acceso al alcohol y las grasas para darse grandes 'atracones', lo que relaciona el consumo de alcohol con la necesidad de comer comida basura a continuación.

Este estudio en ratones no puede ser aún extrapolable a humanos, aunque eso explicaría por qué todos acabamos en el McDonald's 24 horas al salir de la discoteca...

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