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Las imágenes de Ariana Grande en su tour 'The Eternal Sunshine' han preocupado a sus fans. Cantidad de medios se han hecho eco de la extremadamente esbelta silueta de la cantante y, pese a que muchos comentarios comentan su peso con notable preocupación, un número llamativo de usuarias alaban su figura, por lo que comienza a ser normalizada. Demi Moore y Anna Faris son otras de las actrices cuyo peso ha llamado la atención de medios e internautas. Pese a que hablar de los cuerpos de las mujeres no es correcto, tampoco lo es ignorar lo que está ocurriendo ante nuestra atenta mirada.
Laura Alberola Osorio, Psicóloga Sanitaria con máster en EMDR y Trastornos de la Conducta Alimentaria, considera que en realidad, la diversidad corporal nunca estuvo plenamente abrazada ni aceptada. “Abrimos una brecha para cuestionar los ideales imposibles de belleza y señalar que el problema no eran nuestros cuerpos, sino los mandatos que los atravesaban. Ahora bien, la gordofobia seguía ahí, latente. Quizá lo único que conseguimos fue bajar el volumen del altavoz, porque la presión estética y el miedo a engordar nunca se fueron", explica.
"Lo que ha ocurrido es que han aparecido las famosas inyecciones. Y esto ha sido algo que se ha presentado como una solución rápida, aparentemente eficaz y legitimada desde el ámbito médico: los fármacos para la pérdida de peso. ¿Y qué ha sucedido? Que cuando juntas la obsesión histórica por la delgadez con el enorme poder de la industria farmacéutica, el resultado ha sido una tormenta perfecta”, dice.
Asegura que, en realidad, tales inyecciones han sido la respuesta que muchas mujeres esperaban. "¿Quién no ha fantaseado alguna vez con adelgazar con garantías? ¿Quién no se ha alegrado después de una gastroenteritis porque había perdido dos kilos? Cualquier cosa que nos hiciera perder peso de manera tangible era deseable. No es nuevo. La historia de la cultura de la dieta está llena de auténticas barbaridades. Y, sinceramente, dentro de treinta años, probablemente miraremos algunas prácticas actuales con la misma mezcla de horror e incredulidad”, asegura.
Comenta que la delgadez ha sido siempre un negocio extremadamente rentable y que la cultura de la dieta mueve miles de millones, siendo la diferencia que ahora lo hace desde el relato de la innovación médica. “Ya no nos venden una dieta, sino la promesa de que, esta vez sí, la solución definitiva ha llegado. Y te lo recetan desde 'la bata blanca', lo cual viene implícitamente verificado. El problema es que el relato está siendo incompleto y, como tantas veces ha ocurrido en este terreno, existe una importante publicidad engañosa. Se habla mucho de los kilos perdidos y muy poco de los efectos secundarios. Apenas se habla de la recuperación del peso que muestran muchos estudios tras la retirada del tratamiento. Tampoco del hecho de que, en muchos casos, ya se está planteando un consumo prácticamente de por vida”, dice.
Jorge Buenavida, psicólogo de Blua de Sanitas, comenta que, aunque en los últimos años se ha producido un avance significativo en la aceptación de distintos tipos de cuerpo, impulsado tanto por movimientos sociales como por una mayor visibilidad en medios y campañas, los ideales estéticos no son estáticos. “Responden a dinámicas cíclicas profundamente influenciadas por factores culturales, económicos y, especialmente, mediáticos. En este contexto, las redes sociales juegan un papel determinante, ya que no sólo reflejan tendencias, sino que las amplifican y aceleran a una velocidad sin precedentes”, asegura. Dice que la hiperexposición a determinados cuerpos, unida a fenómenos recientes —como la popularización de medicamentos asociados a la pérdida de peso— ha contribuido a que cuerpos extremadamente delgados vuelvan a ocupar un lugar central en el imaginario colectivo, especialmente a través de celebridades e 'influencers'.
Ana Morales, Psicóloga General Sanitaria especializada en obesidad, trastorno por atracón y bulimia, asegura que la era del positivismo corporal fue extremadamente breve y que del mismo modo que la moda avanza por ciclos, la presión sobre el cuerpo de las mujeres también lo hace. “Ahora vuelve lo de siempre, solo que con palabras nuevas. Antes era el 'heroin chic'. Ahora es el Ozempic, la estética 'clean girl', esa idea de 'naturalidad' y 'cuidado personal' que en realidad es control y perfección. El mensaje es el mismo y sólo cambia el envoltorio", asegura.
Advierte que, aunque desde fuera parece una tendencia más, en consulta se ve distinto. "Lo evidente lo cuestionas, pero lo que llega disfrazado de salud se te mete dentro sin darte cuenta. Y si miras las pasarelas, no hay misterio: la mayoría de looks siguen pensados para cuerpos muy pequeños. No es casualidad y nunca lo ha sido”, dice.
Hablando de pasarelas, no podemos dejar de señalar que el estudio de diversidad de tallaje de 'Vogue Business' desveló, al analizar los desfiles de las colecciones otoño-invierno 2025/2026, que únicamente el 0,3% de las modelos que desfilaron fueron de talla grande. Un 2% de los diseños fueron lucidos por cuerpos de tallas comprendidas entre la 38 y la 44 europeas y el 97,7%, por modelos con tallas entre la 32 y la 36.
Castigo al peso y falta de referentes 'curvy'
Las creadoras de contenido Laura Escanes y Sara Baceiredo han comentado recientemente en sus canales de YouTube que reciben cantidad de críticas por haber "subido" de peso. Aunque ambas tienen siluetas tonificadas y saludables fruto del deporte y de una alimentación equilibrada, sus palabras demuestran que las figuras públicas están siempre expuestas a las miradas más crueles. Hace dos años, cansada de los comentarios, Escanes respondió. "Sí, he engordado. De hecho, he engordado unos 7 kilos respecto al agosto del año pasado. Agosto el cual me pasé llorando, sin comer, completamente infeliz y llegué a pesar lo mismo que pesaba cuando tenía 18 años. No estaba en mi peso real. Pero los comentarios que recibía eran: ay, qué cuerpazo, qué delgadita, qué guapa...", dijo.
“Sí, he engordado. Pero estoy sana, mentalmente, tranquila, estable, con salud, sin ansiedad, sin sufrir, feliz. Así que antes de juzgar a alguien por su peso, sin saber sus circunstancias personales ni historia, mejor ahórratelo porque no sabes en qué momento está y el daño que podemos hacer", añadió.
Begoña García Castilla, socióloga y reportera, asegura que la ausencia de referentes con curvas provoca que el espejo se convierta en un enemigo. “Si lo único que ves en redes, en series o en pasarelas son cuerpos que no se parecen al tuyo, tu cabeza saca una conclusión muy injusta: 'el problema soy yo'. Y a partir de ahí todo se complica. Las mujeres llevamos años peleándonos con nuestro cuerpo. Años de dietas, ayunos, detox, retos, batidos, apps y promesas de lunes. Sabemos perfectamente lo que 'deberíamos' hacer. El problema no es la información, sino la relación que hemos construido con nuestro cuerpo. Y esa relación lleva años haciéndonos pupita”, asegura antes de añadir que ver cuerpos distintos ocupando espacio sin pedir perdón le dice a la cabeza de cada persona que también puede existir así. “Cuando eso desaparece, muchas mujeres sienten que su cuerpo es un problema que resolver. Y ahí empieza el lío”, advierte.
El peso como herramienta de control
Alberola Osorio añade que han aparecido nuevas herramientas terapéuticas que han vuelto a situar la pérdida de peso en el centro de muchas conversaciones. “También percibo que vivimos en una sociedad muy orientada al control. Controlar el cuerpo, la alimentación o la imagen. Y la delgadez sigue asociándose con frecuencia, aunque de forma simplista, a conceptos como disciplina, éxito o autocuidado. Desde mi experiencia, el problema nunca ha sido la delgadez en sí. Hay personas naturalmente delgadas y perfectamente sanas. El problema aparece cuando un único tipo de cuerpo vuelve a convertirse en el modelo al que todas las mujeres sienten que deberían aspirar”, dice.
García Castilla quiere dar una pincelada de optimismo. “Quiero pensar que las nuevas generaciones están más concienciadas de lo que estuvimos nosotras en los años noventa. Hay referentes, modelos 'curvy' como María Rodríguez (@prettyandole) o 'influencers' como Mara Jiménez (@croquetamente_) que visibilizan la realidad sobre los cuerpos de las mujeres y la diversidad. No deberían enfrentarse otra vez a aceptar o querer a nuestros cuerpos tal y como son. Ya toca que sea así y no se cuestione jamás”, asegura.
El aumento de los TCA
En España, los Trastornos de la Conducta Alimentaria afectan a alrededor de 400.000 personas, en su mayoría adolescentes. De hecho, actualmente uno de cada 20 adolescentes en España sufre un TCA y la tasa de riesgo aumenta entre el 15 y 20% en mujeres adolescentes.
Mireia Hurtado, psicóloga y dietista especializada en psicología de la alimentación, alimentación consciente y autocompasión, explica que las nuevas generaciones están creciendo en un entorno donde la exposición a imágenes corporales idealizadas es constante y comienza cada vez más temprano. Por supuesto, eso aumenta el riesgo de que niños, niñas y adolescentes aprendan a evaluar su valor personal a través de su apariencia física.
“La preocupación no es menor si tenemos en cuenta que los TCA constituyen uno de los problemas de salud mental más frecuentes en adolescentes y jóvenes. Se estima que alrededor de un 4-6% de los adolescentes desarrollará un TCA clínico a lo largo de su vida, aunque las conductas alimentarias de riesgo y la insatisfacción corporal afectan a un porcentaje mucho mayor. Además, aproximadamente 9 de cada 10 casos diagnosticados corresponden a mujeres, lo que pone de manifiesto el impacto que la presión estética y los ideales corporales tienen sobre ellas. A esto se suma que los profesionales estamos observando un inicio cada vez más precoz, con casos que aparecen ya en la infancia y la preadolescencia”, asegura.
Teniendo en cuenta que la insatisfacción corporal es uno de los principales factores de riesgo para el desarrollo de TCA, conductas alimentarias de riesgo, ansiedad, baja autoestima y otros problemas de salud mental, cuando la extrema delgadez vuelve a presentarse como un ideal deseable, ya no se trata de 'una tendencia estética'. “Se convierte en un mensaje que puede tener consecuencias reales sobre la salud y el bienestar de muchas personas jóvenes. Me preocupa especialmente que se vuelva a asociar la delgadez con la salud, porque son conceptos diferentes. El tamaño corporal no nos permite conocer los hábitos, el bienestar psicológico ni el estado de salud de una persona. Necesitamos ofrecer a las nuevas generaciones referentes más diversos y mensajes más amplios sobre el autocuidado, donde la salud no se reduzca al peso y donde el cuerpo deje de ser un proyecto permanente de corrección”, explica.
Ana Morales, autora de '¡Qué buena estoy!' (La esfera de los libros, 2024), advierte que en la actualidad, las redes sociales y el algoritmo conocen demasiado bien nuestras inquietudes. “Lo que más engancha no siempre es lo que más cuida. La diferencia con los noventa no es el mensaje, sino la cantidad. Kate Moss era una portada. Ahora son cientos de imágenes al día, mezcladas con tu vida. Y encima vienen de gente que parece cercana, como si no hubiera filtros ni negocio detrás”, asegura.
“Lo que me preocupa no es sólo la comida. Es que muchas chicas están creciendo con la sensación de que su cuerpo viene mal de fábrica. Y eso deja marca. De las que no se van solas”, dice. En este punto, Buenavida añade que cuando la gente crece bajo la influencia de un único modelo corporal asociado al éxito, la aceptación o la popularidad, es fácil que se generen expectativas poco realistas sobre el propio cuerpo. “Esta brecha entre ideal y realidad puede traducirse en baja autoestima, ansiedad relacionada con la imagen física y una mayor vulnerabilidad a conductas de riesgo dirigidas al control del peso. Por ello, resulta fundamental fomentar una mirada crítica hacia los contenidos que consumen, así como promover entornos —familiares, educativos y mediáticos— donde la diversidad corporal sea visible, legítima y valorada”, asegura.
Para terminar, Alberola hace una interesante reflexión tras explicar que vivir durante años con una restricción energética sostenida sin sentir señales fisiológicas básicas acarrea diversas implicaciones físicas y psicológicas. “No quieren que sintamos hambre y a veces me pregunto si lo que realmente quieren es que no sintamos nada. Y eso me recuerda a Naomi Wolf cuando hablaba de mujeres agotadas, distraídas y dormidas. Porque una mujer ocupada en controlar constantemente su cuerpo, vigilar lo que come y perseguir una versión más pequeña de sí misma tiene menos tiempo, menos energía y menos espacio para cuestionar el sistema que le enseñó a odiarse en primer lugar”, dice.
Y por eso es importante hablar de cuerpos cuando estos están desapareciendo. No se trata de 'body shaming', sino de salud.
Marita Alonso es experta en cultura pop y estilo de vida. Escribe acerca de fenómenos culturales desde una mirada feminista en la que la reflexión está siempre presente. No tiene miedo de darle una pincelada de humor a las tendencias que nos rodean e intenta que el lector ría y reflexione a partes iguales. Cuando escribe sobre relaciones, su objetivo es que la toxicidad desaparezca y que las parejas sean tan saludables como las recetas que intenta cocinar... Con dramáticos resultados, claro. Los fogones no son lo suyo.
Ha publicado dos libros ("Antimanual de autodestrucción amorosa" y "Si echas de menos el principio, vuelve a empezar") y colabora en diversos medios y programas de radio y televisión luchando por ver las cosas siempre de una manera diferente. Cree que la normalidad está sobrevalorada y por eso no teme buscar reacciones de sorpresa/shock mediante sus textos y/o declaraciones.
Licenciada en Comunicación Audiovisual por la Universidad Complutense, imparte master classes de cultura pop, estilo de vida y moda en diversas universidades. En Cosmopolitan, analiza tendencias, noticias y fenómenos desde un prisma empoderador.












