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"Los derechos alcanzados nos confirman que los reclamos sociales pueden irse consolidando si hay voluntad política, pero hay que seguir avanzando. Y es que, aunque la organización ILGA Europa nos considere el país con la legislación más avanzada en derechos LGTBIQA+, estamos lejos de alcanzar la igualdad real", explica la presidenta de la Federación Estatal LGTBI+, Paula Iglesias, al dar a conocer el lema de la marcha del Orgullo 2026: "¡A las calles con orgullo! Disidencia y resistencia".
Con el objetivo de hablar de la importancia de terminar con los discursos de odio y de los retos que el colectivo todavía tiene por delante, nos reunimos con Nerea Pérez de las Heras, Darío Gael Blanco, Sara Giménez y Sofía Bustin. Nerea es periodista y escritora, pero ante todo, es un ICONO. Así, en mayúsculas. Profundamente política e inteligente, sus discursos están siempre cargados de reivindicaciones y de bofetadas hacia los que se niegan a alzar la voz.
“Creo que las voces públicas no se pueden callar. Escucho mucho esto de ‘que no me pregunten por nada mínimamente comprometido, porque yo no soy activista’. No te estamos exigiendo ser Francesca Albanese, ni ser Malala, ni meterte en la flotilla, sino que tengas un mínimo de responsabilidad con tu discurso y no ir por el mundo como un saco de patatas cuando son cosas que te afectan directamente y que, además, van a impactar en la gente que te escucha. Creo que no hay que ser tan vaga y hay que espabilar un mínimo. No hace falta que sean Greta Thunberg, ¡pero un poquito de conciencia!”, dice.
No se queda ahí y añade que "estamos en un momento en el que no nos podemos permitir apagar, abandonar el 'scroll' cuando vemos algo que no nos gusta e ir solamente a las frivolidades. Dentro de dos, tres o cinco años, pensarán que cuando podían hacer algo o comprometerse con algo, no lo hicieron”.
A su lado tenemos a Darío Gael Blanco, periodista, traductor y escritor. Además, es 'bi', de clase obrera y tiene una lengua afilada que deja sin habla a todos los presentes en cuanto arranca su discurso. “Por el Día de la Visibilidad Trans a veces nos preguntan cosas (casi siempre las mismas, casi siempre sobre lo mismo, cada vez menos) en sitios donde nunca hablan con 'nosotres' ni por casualidad, así que yo voy a hablar sobre cualquier otra”, escribió en sus redes sociales el pasado 31 de marzo. Llega al plató con ganas de hablar, con un discurso cargado de ironía y de experiencias y con la mirada de quien sabe mucho. Muchísimo, de hecho. Explica que el verano en el que Samuel Luiz fue asesinado a golpes en una brutal agresión grupal motivada por la orientación sexual que los agresores le atribuyeron, sufrió por primera vez en mucho tiempo un intento de ataque en el Metro de Madrid. Asegura que desde ese terrible asesinato, la violencia no ha hecho más que aumentar.
“A nada que tienes pluma, ese riesgo está ahí y va en aumento”, dice. Pero ¿cómo podemos garantizar la seguridad del colectivo? Responde así: “Es una cuestión estructural. Hasta que no tengamos acceso a la vivienda, a trabajos que no sean precarios, a una mínima seguridad y estabilidad en nuestra vida (o no estabilidad, si es eso lo que queremos), realmente no puede funcionar lo demás. Necesitamos vivienda, sanidad y una familia del tipo que sea. Necesitamos gente, básicamente, un tejido colectivo social a nuestro alrededor para cuidarnos, para cuidar y desde luego, necesitamos muchos recursos materiales”.
A quienes han decidido no salir a las calles, este no duda en animarles a acercarse e implicarse en el orgullo crítico de su barrio, de su ciudad o de su pueblo. “La sensación de comodidad y de que a ti no te toca no es real. Y en el caso de que haya hartazgo, veas que no sucede nada y temas que haya grandes posibilidades de sufrir violencia si te manifiestas, lo siento, pero no te queda otra. También hay muchísimas otras maneras de luchar, no todo es manifestarse, no todo queda en una tarde de acción política”, dice.
“Mucho bollo, poco drama” es el lema de Casto, un obrador situado en el centro de Madrid en el que es complicado que no haya cola. Sus creadoras son Sara Giménez y Sofía Bustin, una pareja cuyo impresionante poder en las redes sociales ha visto su reflejo en este fructífero negocio. Ellas también nos acompañan. “¡Me encantan vuestros cruasanes!”, dice alguien del equipo en cuanto entran por la puerta, dejando claro que no es un mero negocio de 'influencer', sino uno con alma. “Al hacer tuyo el insulto, destruyes el significado de la palabra”, dice Sara Giménez haciendo referencia a ese eslogan. “Nos lo hemos quedado porque lo usamos tanto… Bollo, bollera…”, comenta Sofía Bustin entre risas.
“Cuando recibimos odio online lo habitual es que sea alguien que no tiene foto de perfil, tiene cero seguidores y se ha creado esa cuenta para generar daño. En el día a día no recibimos 'hate'; nuestra comunidad nos sigue por cómo somos y aprueba lo que somos. Es verdad que, a veces, cuando se viraliza un contenido en otros países donde no nos aceptan, la cosa se pone medio chunga”, matiza esta última.
El odio dentro de las redes y fuera de nuestras fronteras
“Nuestra responsabilidad está en ser naturales y ser lo que somos. Creo que los que estamos en redes tenemos una responsabilidad en cuanto a ser visibles. Sólo con eso, hoy en día, me parece que ya es bastante”, dice Giménez. “Yo personalmente en mis redes no hago nada extraordinario más allá de mostrarme cómo soy, mi día a día, mi pareja y lo que me hace feliz y lo que no”, asegura Bustin. “Siempre dice eso, pero a mí me parece muy valiente porque en España hace muchos años que hay mucha más visibilidad de personajes públicos, pero es verdad que en Uruguay, de donde ella es, hay muy poca gente LGTBIQA+ pública fuera del armario”, interrumpe Sara.
El maquillaje y la moda como forma de expresión
Hablamos con ellos de una herramienta cargada de simbolismo y es que el maquillaje puede ser considerado 'queer' al erigirse como un elemento de deconstrucción y resistencia frente a los estrictos roles de género. “Los colorines y las brillantinas en los ojos me parecen muy representativos como maquillajes 'queer”, comenta Sofía. “Yo creo que lo 'queer' es todo: es no tener límites. La gente 'queer' es la que hace lo que le da la gana. O sea, no hay límites. Y por ello, el maquillaje supone abrazar la fantasía”, añade Sara. “Pero, ¿qué tendencia de maquillaje en realidad no es 'queer?”, pregunta Darío. “Yo lo identifico con cosas un poquito más llamativas o estrafalarias, pero eso también es una cosa muy 'bi'. Creo que depende de la persona. En general, no tener miedo a ser demasiado serio lo consideraría 'queer', tanto en maquillaje, moda o en cualquier cosa que tenga que ver con la apariencia”, asegura.
Nerea aboga por terminar con el 'clean girl look'. “Supone llevar a las mujeres a un lugar no sexy, conservador, de perfil bajo, recatado, cursi y a una cosa superpoco travesti que es un rollo y que no deja espacio a nuestra creatividad. A mí me gusta la exageración, la experimentación, el ojo de patinadora artística… Eso del 'clean girl' con el pelito para atrás, pareciendo la vecinita mona, todo eso que les gusta a los tíos normales… ¡fuera!”, dice.
Mucho más allá de la música
Indudablemente, una parte icónica de la celebración del Orgullo es la música y por eso les preguntamos por los temas que desterrarían de las carrozas. “No sé si jubilaría el concepto de la carroza del Orgullo o le daría un cambio interesante. No sé yo si hace falta jubilar a las canciones, sino añadir nuevas de otras latitudes menos blancas. Hay algunas que a mí particularmente siempre me han dado pereza o no me han encantado por su mensaje pero, chica, que sigan sonando. Mientras todos sepamos dónde está cada uno de los artistas que cantan estas canciones y gestionemos eso cómo consideremos, 'pa'lante' con bailar lo que sea, la verdad. Yo no quitaría ninguna. En todo caso, añadiría nuevas”, asegura Darío Gael Blanco.
Nerea Pérez de las Heras no duda un segundo su respuesta. “'A quién le importa' y hay que sustituirla por 'El cielo no entiende', de OBK, inmediatamente. Hemos escuchado mucho la primera que viene de una gente que en su momento fue importante pero que ahora está un poco despistada políticamente”, dice. Por su parte, Sara Giménez nos cuenta la suya: “Hace unos años te habría dicho 'Sobreviviré', pero igual ahora la volvería a poner, porque estamos en un momento en el que hay que volver a sobrevivir”.
¿Cómo se presenta el futuro?
Aunque coinciden en tener una mirada esperanzada hacia las nuevas generaciones, Nerea hace una aclaración. “Las jóvenes son un colectivo muy heterogéneo. Hay jóvenes despistadísimas y hay jóvenes haciendo una acampada por Palestina en su universidad. Llevamos unos cuantos años hablando de ‘la juventud’ como si fueran unas descerebradas o unas fascistas cuando en realidad, hay mucho movimiento”, asegura. Y añade esta interesante reflexión: “El otro día, hablando con unas chicas del Consejo de Juventud, decían que no hay que confundir 'juventud' con 'precariedad'. Si haces cosas de joven a partir de los 30 es pobreza, no es juventud. Lo importante es no caer en el discurso de que ya no nos hacen falta las siglas ni las etiquetas. La lucha contra las etiquetas viene desde el conservadurismo, porque no les gusta que te nombres, pues en el momento en el que lo haces, reconoces a las tuyas y cuando sois más de dos, más de tres, miles, ya podéis reclamar. El decir no me gusta la palabra lesbiana es un poco como decir yo quiero derechos laborales, pero no me gusta la palabra sindicato”, explica Nerea, que en octubre publica 'Fantasma' (Alfaguara, 2026).
Por su parte, Sara añade lo siguiente: “De hecho, creo que uno de los grandes avances es la normalización de las nuevas generaciones. Precisamente, por eso quizás ya no son tan activistas, ¿no? Porque lo han vivido de una forma mucho más natural. La mayoría de niñas jóvenes son bisexuales. Creo que en el caso de los hombres todavía no estamos ahí y no pueden tener esa oportunidad de ser lo que quieren, porque se les juzga más. Pero hay un avance evidente en las nuevas generaciones”.
“En el caso de la visibilidad 'bi', noto una diferencia abismal entre cuántos hombres sí que lo dicen sin ningún tipo de problema y sin vivir un retroceso en sus relaciones. Por supuesto que sufren bifobia y homofobia, pero también las verbalizan y las muestran mucho más que en mi generación y desde luego, que en las anteriores”, asegura Darío.
El encuentro está llegando a su fin y no quiero dejar de preguntar a Darío qué opina de las feministas (o así se hacen llamar) transexcluyentes. “Al final, esas dinámicas de poder se dan en absolutamente todos los ámbitos, igual que sucede con el feminismo blanco frente a los antirracismos y al feminismo decolonial. Están cuidando de su parcelita de poder, están ejerciendo dominación ahí donde pueden hacerlo y están reforzando muchísimas nociones esencialistas que son profundamente machistas y que no les ayudan en absolutamente nada. Además, a menudo les muerden bastante el culo ellas mismas”, explica.
“No quiero dar mucho crédito ni espacio a esta gente. Creo que afortunadamente, son una especie en vías de extinción y pienso que muchas de ellas ni siquiera están convencidas. Todo el mundo puede cambiar de idea y debería poder hacerlo. ¡Bienvenidas sean de vuelta! Eso sí, que reparen las cositas que han hecho por el camino. Son pocas, hacen mucho ruido, tienen mucho poder y hacen lo que pueden por mantenerlo y sostenerlo”, asegura.
A continuación, Nerea comenta que el otro día fue insultada junto a su mujer, la doctora en Estudios Hispánicos y 'cohost' del pódcast 'Las hijas de Felipe', Ana Garriga, coautora además del libro 'Instrucción de novicias' (Blackie Books, 2026) junto a Carmen Urbita. “Nos gritaron una cosa 'vintage': ‘tortilleras’. Me pilló además en un momento en el que estaba como en un pico hormonal y estaba como con ganas de pelea. Entonces respondí: '¡Puto nazi!’. Y me quedé fenomenal. ¡Es que están envalentonados! Creo que llevan muchos años conteniéndose y ahora están en un momento en el que reclaman lo suyo. Hay una parte de la sociedad que ha aprendido mucho y una pequeña parte que no ha aprendido nada y a la que todavía le molesta nuestra vida”, explica.
“Contra eso hay que seguir respondiendo... Quien pueda, claro. Estamos viendo un repunte de las agresiones físicas que luego llegan a los tribunales y caen en el abandono y en una dejación increíble. Cuando nos dicen que somos muy pesadas y que ya hemos llegado al tope de lo que podíamos conseguir, es mentira”, asegura.
Para terminar, Sara comenta que hace poco leyó un comentario en un 'post' en el que Rosalía aparecía junto a su novia, Loli Bahía y que le hizo pensar bastante. “Una mujer dijo que hay muchos hombres que no pueden soportar que una mujer no dependa de un hombre y muchas mujeres que no pueden soportar ver a dos mujeres libres. Al final, ¡es que lo jodemos todo! No dependemos de los hombres y somos muy libres por lo que todas aquellas que igual no han sido tan libres se pueden sentir heridas. Creo que el lesbianismo lo rompe y lo atraviesa todo. Nosotras atravesamos todo lo que se espera de una mujer. Somos libres y no dependemos de hombres. Es una catástrofe”, dice. Pues bendita catástrofe.
Marita Alonso es experta en cultura pop y estilo de vida. Escribe acerca de fenómenos culturales desde una mirada feminista en la que la reflexión está siempre presente. No tiene miedo de darle una pincelada de humor a las tendencias que nos rodean e intenta que el lector ría y reflexione a partes iguales. Cuando escribe sobre relaciones, su objetivo es que la toxicidad desaparezca y que las parejas sean tan saludables como las recetas que intenta cocinar... Con dramáticos resultados, claro. Los fogones no son lo suyo.
Ha publicado dos libros ("Antimanual de autodestrucción amorosa" y "Si echas de menos el principio, vuelve a empezar") y colabora en diversos medios y programas de radio y televisión luchando por ver las cosas siempre de una manera diferente. Cree que la normalidad está sobrevalorada y por eso no teme buscar reacciones de sorpresa/shock mediante sus textos y/o declaraciones.
Licenciada en Comunicación Audiovisual por la Universidad Complutense, imparte master classes de cultura pop, estilo de vida y moda en diversas universidades. En Cosmopolitan, analiza tendencias, noticias y fenómenos desde un prisma empoderador.












