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Hace unos días, en la víspera del 24 de junio, los pueblos y las ciudades de nuestro país prendían sus hogueras para que sus vecinos pudieran saltar por encima de ellas y, siguiendo el ritual, dejar atrás todo lo bien y dar la bienvenida a la buena suerte. La noche de San Juan es una de esas fechas en las que la magia, las tradiciones y los deseos se mezclan con una atmósfera única, en la que parece que todo puede llegar a hacerse realidad.
Pero mientras algunos aprovechan esta noche para pedir nuevos comienzos, otros –como yo– encuentran en ella el escenario perfecto para una historia el misterio roba el protagonismo. Una novela con aroma mediterráneo, tensión desde la primera página y una ambientación que recuerda a los grandes ‘thrillers’ que no puedes soltar: como un libro de Javier Castillo ambientado en Alicante la noche de San Juan, así es la novela que agotan en julio los lectores de novela negra.
‘La noche de San Juan’, la primera parte de la trilogía ‘De la Noche’ escrita por Adolfo Rodríguez, se ha convertido en las últimas semanas en una de las grandes sorpresas del género negro nacional. El autor jerezano de nacimiento, pero alicantino de corazón, nos teletransporta a la tierra en la que ha crecido –a esa costa mediterránea– durante la noche más corta del año, cuando las hogueras iluminan toda la oscuridad y parece que todos tienen algo que ocultar.
La historia sigue al inspector Gabriel Somoza, que decide alejarse durante un tiempo de todos sus problemas personales y refugiarse en la antigua casa familiar junto al mar. Lo que parece ser una oportunidad para recuperar la calma en su vida cambia por completo cuando descubre que el anterior inquilino de la vivienda desapareció en extrañas circunstancias y que los vecinos de la zona guardan información que no van a compartir (o puede que sí). A partir de ese momento, lo que comienza como una simple curiosidad profesional se transforma en una investigación en la que Gabriel vuelve a conectar con un instinto que creía perdido.
‘La noche de San Juan’ destaca por la capacidad que tiene Adolfo Rodríguez para construir una historia que engancha desde la primera palabra y que logra mantener toda la tensión acumulada hasta el final, con un gran estallido de la trama. La novela avanza a buen ritmo, sin perder velocidad y sin momentos innecesarios, guiando al lector por una trama llena de incógnitas en la que cada nuevo descubrimiento te deja más sorprendido todavía.
El escritor apuesta por una narración clara y cercana, con una escritura sencilla pero a la vez efectiva que hace que la lectura fluya con facilidad y que no se quede estancada. A ello se suma la cuidada construcción de sus personajes, especialmente la figura del protagonista, de Gabriel, cuyo arco de evolución mantiene viva la curiosidad por saber qué ocurrirá a continuación.
Si te gustan esos libros que comienzan con una desaparición y terminan haciendo que desconfíes de todo el mundo, hasta de ti misma, esta historia tiene todas las razones posibles para convertirse en tu próxima obsesión. Y no, nosotras no te estamos mintiendo como los personajes de ‘La noche de San Juan’.
Lucía Núñez ha estudiado el doble grado de Periodismo y Comunicación Audiovisual en la Universidad Carlos III de Madrid, aunque probablemente su verdadera especialidad sea vivir con una banda sonora de fondo y un libro en la mano mientras va de camino al cine.
Madrileña de nacimiento y periodista en construcción, ve la vida a través de las letras. Devora libros, escribe sin parar y, cuando tiene un rato libre, se dedica a recomendar lecturas en su perfil de Instagram como si fuera una crítica literaria profesional. Aún no sabe si puede adueñarse de ese título, pero lo que sí tiene claro es que le encanta hablar de sus novelas favoritas sin parar.
Entre páginas subrayadas, listas infinitas de “libros pendientes” y visitas demasiado frecuentes a las librerías, también ha encontrado hueco para otra de sus grandes pasiones: la música. Tiene una ‘playlist’ para cada momento de su vida y la firme creencia de que cualquier situación mejora con la canción adecuada de fondo. Por eso no es raro verla hablando igual de emocionada sobre un libro que sobre una canción o un concierto.
Casualidad o destino, estas aficiones le han llevado a trabajar desde el departamento de comunicación de la editorial Planeta, pasando por las teclas de COSMOPOLITAN o la redacción de LOS40.













