Zara Larsson (28) en realidad no ha vuelto porque nunca se fue. Esto ha quedado claro después de que Ivana la entrevistara por FaceTime como si fueran amigas de toda la vida.
Zara Larsson habla por FaceTime con COSMOPOLITAN
Es la una de la tarde en Nueva York, abro FaceTime y Zara Larsson aparece en grande en mi pantalla. Para Zara, que en este momento está en Los Ángeles, son las diez de la mañana, pero su día ya está en marcha. Su teléfono está apoyado en el lavabo mientras, sin maquillaje y con una sudadera rosa, se cepilla su melena rubia.
"Perdón, hoy soy un caos total", dice. Ese caos resulta ser una mudanza. Durante las últimas semanas ha estado de alquiler en una casa en Los Ángeles y le habría encantado quedarse más tiempo. "Me encanta esta casa", suspira. Pero ya la ha reservado otra persona, así que tiene que marcharse. Y así, mientras yo estoy un poco impresionada por estar hablando con Zara Larsson un viernes cualquiera por la tarde, recuerdo de golpe que incluso las superestrellas tienen que hacer el check-out a las doce.
Mientras baja las escaleras y cuenta todo lo que aún tiene que hacer antes de la hora de salida, saca un bol de desayuno y se pone cómoda en una silla. Hablar por FaceTime con Zara tiene algo íntimo. La conversación no parece tanto a una entrevista como sí estar poniéndose al día con una amiga, una que, casualmente, tiene millones de reproducciones y está en plena gira mundial.
Aquí seguimos, dando guerra
Hace nueve años, casi exactamente por estas mismas fechas, hablé con ella durante su gira promocional en Ámsterdam. Entonces acababa de salir su segundo álbum y su primera gira mundial estaba prevista para ese mismo año. "Las dos estábamos empezando entonces", le digo. Y míranos ahora, aquí seguimos. Ella se ríe. "Todavía siento que acabo de empezar", dice mientras da un bocado a su desayuno. Y la creo al instante. No hay ni una pizca de falsa modestia en su voz. "Incluso después de nueve años, siento que todavía estoy descubriendo quién soy. Nunca he pensado: ‘Ya lo he conseguido’. Y tampoco sé si alguna vez lo sentiré así". Quizá esa sea la razón por la que ha aguantado tanto tiempo. Porque no ve el éxito como un punto final, sino como un trabajo en proceso, un punto en el horizonte que se mueve con ella mientras sigue creciendo.
La felicidad primero
Zara saltó a la fama en Escandinavia cuando tenía diez años, al ganar la versión sueca de 'Got Talent' con el éxito de Céline Dion 'My Heart Will Go On'. Después, llegaron un reality, viajes a Los Ángeles, conversaciones con Disney y con varias grandes discográficas, pero sin resultado. Era demasiado joven, confiesa ella misma sobre esa etapa.
Pero, señalando lo evidente: no se rindió. En 2012 firmó por fin con una discográfica, lanzó EP tras EP y en 2015 se convirtió en un nombre conocido con el 'megahit' 'Lush Life'. Después llegaron 'Never Forget You', 'Girls Like' y, la favorita para siempre, 'Symphony'. Aun así, nunca tuvo la sensación de estar en la cima. "Siempre he tenido sueños muy grandes", dice. Siempre hay algo nuevo que crear. "Quiero evolucionar". Utiliza varias veces la palabra 'evolve', evolucionar. Como si quedarse quieta no fuera una opción, porque nunca se siente 'finalizada' como artista. Es más bien como si cada vez descubriera una nueva capa, una nueva versión de sí misma, una nueva forma de disfrutar con lo que hace. Ese sentimiento se vio reforzado por la trayectoria geográfica de su carrera. "En Europa cantaba en estadios y en Estados Unidos en discotecas", cuenta. Sentía como si tuviera que comenzar de nuevo. No es que eso no le gustara. Más bien, lo vio como un reto para crecer.
"El éxito no te hace necesariamente más feliz", explica. "Te da más posibilidades, pero yo ya era feliz". Es una frase que se queda en el aire, y quizá también explica por qué esa identidad de superestrella que uno podría esperar de alguien con el currículum de Zara no encaja del todo con ella. "De todos modos, nunca me he sentido realmente una superestrella", se sincera. Y no es porque se quite importancia o porque no sea consciente de lo que ha logrado, sino porque esa naturalidad la mantiene alerta. Hace que siga creando, que siga probando cosas y que simplemente haga aquello que la hace feliz.
Era de crecimiento
También hablamos de la música que no alcanzó las mismas cifras que sus primeros éxitos y de la presión por mantener aquella racha ganadora después de 'Lush Life'. Le pregunto si lo pasó mal durante el periodo en el que no consiguió 'hits', aunque siguiera sacando música. Reflexiona y veo cómo vuelve mentalmente a aquella etapa. "Sí, bastante, creo", dice con cierta duda. "Al principio todo era muy fácil. Desde mi primer single, todo fue seguido. Y entonces sentí la presión de mantener esa dinámica". Entró en una fase de "yo contra mí misma". "Empecé a compararme conmigo misma", cuenta. "Con la versión que sacaba hits sin parar. Me ponía triste ver que ya no salía de forma natural". Incluso lo llama autosabotaje, porque de pronto empezó a preguntarse qué quería la gente de ella. "Al principio hacía música que a mí me gustaba. Simplemente pensaba: 'Esto es genial, lo voy a subir a internet'". Pero en cuanto tienes un historial de éxitos, aparece la presión. "De repente me comparaba con mi antigua yo. Quería volver a esa versión".
Irónicamente, encontró el camino de vuelta justo cuando dejó de intentar recrear esa versión. "Volví a hacer lo que yo quería, en lugar de hacer lo que pensaba que los demás querían". Es una lección que repite varias veces durante nuestra conversación: que los demás no deben dirigirte. La aprobación está bien, pero no puede ser el objetivo. Cuando le pregunto si ahora ve ese periodo como un bache o como un crecimiento necesario, responde con firmeza: "Fue un bajón. Pero eso no significa que fuera el final". Volvió con fuerza: primero con un vídeo viral de TikTok, del que hablaremos más adelante, y con un nuevo álbum, 'Midnight Sun'. Aunque es difícil hablar de regreso cuando tus canciones siguen sonando en todas partes.
Mientras habla, cada vez queda más claro cómo su música y su personalidad han evolucionado en los últimos años. Ambas giran en torno al color, el brillo, la felicidad y la diversión. No porque 'sea comercial', sino porque es su vibra.
El verdadero 'subidón'
Le pregunto quién es después de tantos años bajo los focos, y si la Zara de la era 'Lush Life' la reconocería. Ella se ríe. "Creo que sí lo haría", contesta segura. "Sigo siendo la misma. Quizá me he convertido aún más en quien ya era entonces". Cuenta que antes hacía música con sus amigos, y que en realidad ahora sigue haciendo lo mismo. "Escribo con mis amigos. Hablo de mi carrera con mis amigos. Estoy en el estudio con mis amigos. Eso no ha cambiado realmente". El éxito no ha creado distancia en ella, sino un espacio más grande donde mismas personas han crecido con ella.
¿Lo que sí cambió? Su vida amorosa. O, mejor dicho, el caos de su vida amorosa. "Estoy mucho menos pendiente de los chicos", dice entre risas. Lleva seis años con su novio y describe la paz que siente con él. "Es simplemente genial. El amor es fácil y ligero. Me siento segura con él". "Conectamos al hablar de cómo ambos anhelábamos esos grandes subidones de las películas, ese amor turbulento que después resultaba ser sobre todo tóxico. Yo soñaba con esos subidones", dice. "Tengo muchísimo TDAH, así que buscaba esa descarga, esa dopamina". Cuenta que antes pensaba que el amor sólo era real si era caótico, como si el drama significara automáticamente profundidad. "Pensaba que esas dos cosas iban siempre de la mano. Que era turbulento o era aburrido. Ahora sé que también puede ser de otra manera. El amor verdadero es sentir amor en los momentos de calma".
También cuenta que ese cambio no sólo tiene que ver con su relación, sino con cómo se ve a sí misma y con lo que todavía está dispuesta a aceptar. "Cosas que antes consideraba normales ahora no las aguantaría nunca. Ya no permitiría que me trataran como lo hicieron en relaciones anteriores. Ahora sé que merezco algo mejor. Merezco sentirme querida de verdad". Entonces dice algo que suena sorprendentemente abierto para alguien que lleva desde la adolescencia bajo los focos: "Creo que eso también forma parte de la razón por la que me convertí en artista. Buscaba validación, atención y amor de otras personas. Creo que siempre he estado segura de mi talento y de mis capacidades, pero cuando se trataba de autoestima y amor, lo buscaba fuera". Ahora ya no lo necesita. "El amor me ha enseñado a ser más delicada conmigo misma. Eso significa que ya no me pongo en situaciones que sólo traen caos o drama porque quiera sentir algo. Sigo amando con intensidad, pero ahora sé que no tienes que romperte para sentir que algo es real".
Arcoíris humano
A menos que hayas vivido debajo de una piedra, seguro que has visto los TikToks de 'Symphony', en los que la canción aparece de fondo de atardeceres bonitos, imágenes de delfines y 'captions' un poco existenciales. Internet rebautizó oficialmente a Zara como 'dolphin girl', chica delfín, un título que ella ya ha abrazado por completo. "Todavía no sé cómo empezó", se ríe, "Lo vi y pensé: '¿Pero qué narices?'". Lo que empezó como un meme se convirtió en su nueva estética. Aparecieron delfines en el 'merchandising', las visuales se volvieron aún más coloridas y el brillo se convirtió en una forma de vida. "Lo gracioso es que así es como soy realmente, como si el universo lo hubiera unido todo".
Señalo que puede que internet inventara los memes, pero que esa energía también la había creado ella misma. Que la gente la asocie con una explosión de felicidad le parece lógico: siempre ha proyectado hacia fuera su alegría de vivir sin filtros, por lo que el brillo, los delfines y los colores vivos casi se fundieron con ella de manera natural. A ojos de sus fans, es básicamente una especie de versión humana de un arcoíris. "La felicidad es lo más importante. Incluso cuando paso por momentos difíciles, intento no perder la sonrisa. Puedo estar llorando y de pronto pensar: Esto es una locura, y volver a reírme", confiesa.
No es alguien que se estanque en el enfado. "Me voy, me relajo y luego vuelvo alegre en plan: 'Hey, ¿qué tal?'. Me río y tomo nota mental: 'quizá debería probarlo alguna vez antes de volver a montar una escena dramática digna de un Oscar'".
Chica de internet
Aun así, Zara no es inmune al lado oscuro de internet. Está en TikTok, le gusta dejar comentarios, pero prefiere no leer todo lo que se dice sobre ella. "Por ejemplo, no tengo Twitter y tampoco leo mucho mis mensajes privados. Necesito proteger un poco mi paz, y eso significa que tengo que dejar el teléfono de lado de vez en cuando". Le cuento que desde hace poco llevo un anillo de seguimiento de salud y que durante las pausas del trabajo solía mirar TikTok, supuestamente para relajarme, hasta que el anillo me mostró que mi frecuencia cardíaca subía mientras hacía scroll. "Es una locura, ¿no? Tu cerebro se vuelve adicto a esa dopamina. Quizá el siguiente post sea más gracioso, más interesante, más divertido. Estás buscando continuamente el siguiente chute".
No suena como un discurso 'boomer' de "antes jugábamos en la calle", sino como la conclusión lógica de alguien que entiende muy bien su propio cerebro. Alguien que, en su caso, como ella misma dice, es especialmente sensible. "No es nada bueno recibir tantos estímulos constantemente. Crees que estás descansando, pero mientras tanto tu cerebro está trabajando a toda máquina".
Cuando le pregunto por su tiempo de pantalla, le da una mini crisis instantánea. "¡No quiero ni saberlo! Estoy constantemenet 'online'". Aun así desliza el dedo, abre un poco nerviosa sus estadísticas y mira sorprendida. "¡OMG, sólo seis horas! ¡Mi mejor semana de la historia!". Es porque acabo de comprarme un teléfono y estoy de mudanza. Pero eso no lo contamos", se ríe.
Cuando le pregunto cómo evita sentirse sobreestimulada por todo lo que se le exige continuamente, no necesita pensarlo mucho. "Necesito salir para ser feliz. Necesito luz solar. Movimiento. Gente a mi alrededor". Admite que, por naturaleza, es bastante perezosa y que en sus días libres preferiría pasarse todo el día en horizontal. Cuando le digo que con su agenda tiene todo el derecho del mundo, se ríe, pero reconoce que sabe que eso no siempre ayuda. "Mis amigos tienen que sacarme a rastras de casa. Y yo siempre estoy en plan: 'Ugh, no quiero'. Pero en cuanto estoy fuera, me siento increíble. Me siento inspirada. Me siento con los pies en la tierra". Lo que llama la atención es la facilidad con la que combina esas dos versiones de sí misma: puede entregarse por completo a la energía de estrella del pop, al 'glamour' y a la adrenalina, pero también sabe cuándo tiene que volver a lo básico para no sentirse del todo abrumada. Internet le dio un universo de memes y éxito global, pero encuentra su calma en las cosas cotidianas.
Lo que ves es lo que hay
Internet es el lugar donde la voz de Zara se hizo aún más viral. Con millones de seguidores en Instagram y TikTok, no se ha vuelto más callada, sino mucho más consciente de quién la escucha y de la diferencia entre decirle algo a una amiga y decirlo a decenas de millones de personas. Pero hacerse pequeñita no encaja con ella, menos aún cuando se trata de feminismo, derechos humanos o política. Para ella, posicionarse no es un movimiento calculado, sino su forma de ser. "Al final, sólo soy una chica con mucho que decir. Siempre he sido directa. Siento muy profundo y quiero de verdad a la gente". Sabe que no todo el mundo estará de acuerdo con ella ni entenderá su actitud. "A veces las cosas se sacan de contexto, la gente te entiende mal o simplemente no quiere entenderte. Pero eso no es mi problema".
Se rodea, a propósito, de un equipo que encaja con su vibra y sus valores. "No es que tenga un criterio muy estricto, pero si alguien no cree en los derechos humanos básicos, no puedo trabajar con esa persona. Para mí no es un debate, es simplemente lo básico". Su equipo es su espacio seguro: está formado por personas con las que conecta en humor, gusto y energía, pero que sobre todo están en su misma onda. Y quizá esa sea precisamente la razón por la que su activismo nunca parece forzado. Lo que ves es lo que hay: no existe un filtro entre quién es y lo que muestra al mundo.
Viviendo su sueño
Al final de la conversación le pregunto qué quiere que la gente recuerde cuando lea esta entrevista. Piensa un momento. "Suena muy cursi, pero que la felicidad es lo más importante. Y que no debes dejarte guiar por la validación externa. Al final llegas a donde tienes que estar". Todavía no piensa dejar atrás su era 'Midnight Sun'. Quiere seguir disfrutándola un poco más. Los delfines también se quedan, igual que el brillo y los colores. "Creo que cada vez soy más auténtica. La música marca el camino". ¿Qué más quiere conseguir? "Una gira de estadios —dice con una gran sonrisa—. Una producción loca de verdad. Quiero construir todo un universo". Quiere llenar estadios, hacer bailar a la gente y crear recuerdos. "Actuar es mi único amor verdadero. Cantar es quien soy, está en mi ADN". Cuando le pregunto quién es su gran referente, responde sin pensarlo: Beyoncé. Pero en realidad le encantan todas las 'pop girls'. "Kehlani, Tyla, Doja Cat… Me parece increíble ver cómo las 'pop girls' están conquistando todo. Me gustaría colaborar con todas ellas. Y quiero grabar otra canción con Sabrina Carpenter". Le pregunto qué haría si mañana despertara y toda su carrera hubiera sido un sueño. ¿Empezaría de nuevo? "Cien por cien. Solo me diría a mí misma: sé más atrevida. Preocúpate menos por lo que los demás piensen y quieran".
Nunca tuvo un plan B. Siempre supo que este era su camino y apostó por él con todo. Le digo que habría sido una terapeuta bastante buena, porque resulta muy inspirador lo consciente que es de sí misma. Tiene una especie de don especial por el que, a mitad de conversación, casi sin darte cuenta, empiezas a analizar tu propio comportamiento. Al menos eso me ha pasado a mí, porque después de una hora de FaceTime siento que se avecina un reinicio de actitud. Ella se ríe. "Ese es de verdad el cumplido más bonito que puedes hacerme porque quiero muchísimo a la gente. Espero de verdad poder unir a las personas".
Fotografía: Appelgren por Schierke. Director creativo: Guusje Verhoef. Estilismo: Lieke Broekhuizen. Maquillaje: Sophia Sinot (vía The Wall Group). Peluquería: Christine Marie Kat (vía Amoy Group). Producción: Shanya Valies. Iluminación: Joe Smith. Artistas y retoque: Romario Maheer Fotografie. Asistente de fotografía: Naida Dekker. Asistente de estilismo: Juliette van der Lee. Asistentes de producción: Mirza Ljuca y Nicky van Oosten. Agradecimientos: Allard Studios.


















