Que sí, que ahora mismo, suena raro. Agosto, con la ciudad medio vacía, el calor apretando y todo el mundo hablando de playa, piscina o helado, no parece el mes ideal para poner el foco en escritorios. Pero piénsalo dos veces: es justo el momento en el que tienes tiempo, casa para ti solo y cero prisa para hacer las cosas con calma. En septiembre todo el mundo correrá a comprar agendas, a organizarse y tú puedes ir un paso por delante.
Septiembre tiene fama de mes de los propósitos. Pero los propósitos que de verdad funcionan se preparan antes, sin agobios, sin colas en las tiendas y sin la sensación de estar apagando fuegos. Y uno de los más socorridos (año tras año) es el mismo: dejar de trabajar en la mesa del comedor entre tazas de café frías y cargadores sueltos, y tener por fin un sitio propio donde sentarte a hacer cosas. No hace falta una habitación libre. Ni un despacho. Sirve, literalmente, un rincón. Esa esquina del salón donde en julio se acumulaban bolsas de la compra, libros a medio leer y objetos sin dueño claro tiene mucho más potencial del que parece. IKEA lleva años perfeccionando soluciones para sacarle partido a espacios minúsculos, y agosto, con tiempo de sobra y sin las prisas de septiembre, es el mes perfecto para ponerlas en marcha.
Un rincón pequeño no es un rincón cualquiera
Lo importante no es el tamaño, es que el espacio tenga un propósito claro. Un escritorio a la medida, una silla que aguante horas, una lámpara que ilumine bien y algo de orden cambian completamente cómo se vive el día a día, aunque el "despacho" mida metro y medio.
El escritorio MICKE, de IKEA, es de esos muebles que entienden el problema antes de que lo expliques: cabe donde otros no caben, y con eso (el portátil, una libreta, la taza de turno) es más que suficiente para empezar a trabajar. La gracia está en encontrarle el sitio adecuado: junto a una ventana si hay suerte con la luz, contra una pared tranquila si la casa tiene tránsito, o en esa esquina que hasta ahora no sabía muy bien para qué servía. Lo que cambia las cosas no es el mueble en sí, es que ese hueco deje de ser donde se amontona todo y empiece a ser tu sitio.
El desorden también cansa, aunque no lo notes
Hay una verdad poco bonita pero muy real: cuesta el doble concentrarse cuando la mesa parece el cajón de los cables, con tickets, auriculares y bolis que ya no escriben mezclados entre el teclado y el ratón. No es solo estética, es tiempo perdido cada mañana buscando el cargador.
Una cajonera ALEX resuelve buena parte del problema: documentos, cuadernos, cargadores, todo lo que normalmente termina repartido por media casa cabe ahí dentro. Y tiene una ventaja que se valora más con el tiempo: cuando acaba la jornada, cierras el cajón y, en cierto modo, el trabajo también se cierra. Eso, viviendo con la oficina dentro del salón, no tiene precio.
La silla, ese mueble que nadie cuida hasta que es tarde
No hay mejor inversión en una casa que una buena silla (con permiso del sofá y el colchón). La silla del comedor aguanta bien el primer día de trabajo en casa. Quizá el segundo. Pero en cuanto la rutina vuelve de verdad, la espalda empieza a quejarse, y entonces sí que importa tener algo pensado de antemano.
MARKUS aporta justo ese punto de comodidad que se nota después de varias horas frente al ordenador, sin que el salón se convierta en una sala de juntas. La idea no es montar una oficina corporativa en casa, es tener una silla que aguante el tipo y cuide la espalda sin desentonar con el resto de la decoración. La realidad es que si el rincón no es cómodo, se acaba abandonando rápido y entonces vuelves al sofá, portátil sobre las rodillas, y el propósito dura menos que un bronceado de agosto.
Si no hay suelo, hay pared
Cuando el espacio en el suelo se acaba, toca mirar hacia arriba. Las paredes pueden hacer mucho más de lo que parece en una oficina pequeña.
Un estante LACK sirve para colocar libros, carpetas o una caja bonita de encima de la mesa. Un panel SKÅDIS deja a mano tijeras, notas o auriculares sin que invadan la superficie de trabajo.
Y si lo que falta es ordenar material o, simplemente, marcar visualmente dónde empieza la zona oficina dentro del salón, una estantería KALLAX cumple las dos funciones a la vez. No hace falta levantar ninguna pared: basta con trazar una frontera pequeña que te dé la sensación de que es tu lugar de concentración.
La luz que cambia el humor del rincón
La iluminación es de esas cosas que parecen un detalle menor hasta que se hacen bien. Una lámpara como NÄVLINGE dirige la luz justo donde hace falta, sin convertir el salón en una sala de hospital.
Una buena luz hace que el rincón se vea más cuidado, evita forzar la vista cuando se alarga la tarde y, sin que se note del todo, ayuda a mantener la concentración. Cambia incluso la sensación al sentarse.
Que se note que es tuyo
Una pequeña oficina en casa no tiene por qué parecer un rincón triste con un portátil encima. Necesita algo de ti: la taza que usas siempre, una planta que sobreviva al verano, una libreta que te guste de verdad, una lámina que te haga sonreír al sentarte. No se trata de decorar por decorar, sino de que el sitio dé ganas de quedarse.
Eso sí, sin pasarse. En un espacio pequeño cada objeto pesa más de lo normal, y a veces sobra más de lo que parece: mejor pocas cosas bien elegidas que una colección de frases motivacionales compitiendo por sitio con el teclado.
Al final, montar la oficina en agosto no va de empezar una vida nueva el primer día de septiembre. Va de ponérselo más fácil a la vida que ya tienes: dejar de buscar el cargador cada mañana, no encorvarte en cualquier silla, tener los papeles donde toca y sentarte en un rincón que acompañe la rutina en vez de complicarla.
Así que, mientras todo el mundo sigue de vacaciones, aprovecha y déjate caer por IKEA. Pon música, hazte algo fresco de beber y empieza por una esquina. Puede que tu rincón favorito de la casa ya estuviera ahí, esperando agosto para hacerse notar.
Piluca Santos es periodista especializada en moda y belleza, aunque lo que realmente le hubiera gustado en la vida es ser modelo. Podría haber arrancado su trayectoria profesional ganando Elite Model Look, pero nunca se presentó (por falta de centímetros, obvio) y prefirió empezar su carrera en Vocento. Primero en la revista Pantalla, especializada en cine y televisión, y, más tarde, en Mujerhoy. Y, desde entonces, aunque nunca se ha subido a una pasarela, siempre ha estado vinculada al periodismo de moda y belleza en revistas de lifestyle, como la citada Mujerhoy, InTouch, Divinity, Mujer.es, Woman, Lecturas, InStyle, Clara, El Mueble, Elle, Marie Claire..., e incluso ha pasado por las revistas de 'Gran Hermano', 'La Voz'... Ahí es nada.
Actualmente, además de teclear en Esquire y Vozpópuli, trabaja en el departamento de comunicación de una marca cosmética. Vamos, esta chica es, como diría la gran Paquita Salas, una periodista 360: lo mismo te redacta una nota de prensa, que te recomienda los mejores retinoides o te cuenta las últimas novedades en champús anticaída. No hay nada en el mundo que le guste más que probar productos de belleza. Y sí, es de esas personas que cada vez que un pintalabios cae en sus manos tiene que estrenarlo, aunque siempre acabe usando el mismo 'lip combo'. Analiza con lupa los INCIS de los cosméticos y está encantada de ayudarte si alguna vez tienes alguna duda sobre belleza. A veces siente que Sephora se está perdiendo un gran talento.
Con 8 años les dijo a sus padres aquello de "papás, quiero ser periodista". En 2006, por fin, pisó por primera vez la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense. Allí, además de catar una buena cantidad de palmeritas de chocolate de la mítica cafetería, reafirmó su vocación: quería vivir para escribir (o sobrevivir escribiendo, que es parecido, pero no es lo mismo). Sin embargo, después de licenciarse, pensó que le podía sacar más partido a su don de gentes y estudió un Máster en Dirección de Comunicación en CESMA Business School, donde le explicaron que un relaciones públicas no era una persona que repartía flyers, sino un 'guest relation'. Y, oye, sí que lo aprendió bien porque esta formación, sumada a su experiencia como periodista, le sirvió para trabajar en la agencia de Comunicación y Relaciones Públicas Omnicon, catalogada como una de las mejores del mundo. Madrugadora por convicción (y obligación, Piluca tampoco quiere engañar a nadie porque los artículos no se escriben solos), todavía no ha sacado tiempo para escribir una chick lit, su gran proyecto de futuro. Casi todos los días lo intenta. Casi el lunes, casi el martes, casi el miércoles... Pero ese mañana nunca llega ¿o sí?




















