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La piel tiene memoria... y nosotras también. Ahora que tenemos más información que nunca sobre los peligros de la exposición solar excesiva –y a pesar de ello, vemos cómo cada vez más chicas jóvenes vuelven a obsesionarse con tomar el sol–, a veces nos preguntamos si nos hemos olvidado de lo que pasaba en los años 90 y en los 2000. Fue durante esa época cuando el culto al bronceado alcanzó su máximo esplendor (y cuando muchas de nosotras cometíamos algunas locuras con tal de coger un poco de color en la piel).
En esos años surgió también el término 'tanorexia' -adicción al bronceado-, un trastorno caracterizado por un deseo compulsivo de conseguir y mantener un bronceado oscuro y que, en palabras de los profesionales, resulta más serio de lo que parece.“Las personas con tanorexia tienen una obsesión malsana con el bronceado, ya que creen que la piel bronceada es un símbolo de belleza, salud y juventud. Es un trastorno obsesivo que debe tratarse con psicoterapia", afirma Silvia Giralt, esteticista fundadora del Centro de Estética Silvia Giralt.
El caso. Cabinas de rayos UVA antes de irse de vacaciones, aceites que prometían un moreno más rápido, horas y horas al sol en las franjas de mayor radiación o remedios caseros que pasaban de generación en generación son solo algunas de las costumbres que formaban parte del ritual veraniego de muchas personas hace unos años. Hoy sabemos que todas ellas aumentan significativamente el riesgo de sufrir arrugas prematuras, manchas cutáneas y en el peor de los casos, cáncer de piel. Así que precisamente ahora, que parece que todo lo que hemos aprendido sobre protección solar se pone en entredicho, hay más desinformación que nunca y algunos quieren volver a los 90, hemos decidido echar la vista atrás para recordarlas (y analizarlas).
¿Qué locuras hacíamos antes para tomar el sol? ¿Hasta qué punto son perjudiciales? ¿Por qué deberíamos desterrar estas costumbres y prácticas para siempre (si es que alguien sigue haciéndolas)? Vuelta a los veranos de hace veinte años... Esto es todo lo que hacíamos mal, muy mal, entonces.
Los peligros de las cabinas de rayos UVA
Todas hemos tenido una amiga que iba, de vez en cuando, a darse rayos UVA (y si no la tenías, la amiga eras tú). Las cabinas de rayos UVA vivieron su mayor auge en los años 90, convirtiéndose en un fenómeno cultural y estético global, hasta el punto de que muchos centros de estética y gimnasios incorporaban camas de bronceado como un servicio habitual: con una sesión de unos 20 minutos, con ellas se podía conseguir un moreno intenso sin tener que tomar el sol.
Hoy sabemos que la radiación ultravioleta penetra muy profundamente, oscureciendo la piel, pero dañando, en el camino, las fibras de colágeno y elastina, responsables de la firmeza y elasticidad cutánea. Y no solo eso... La Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC), dependiente de la OMS, clasifica hoy en día las cabinas de bronceado como carcinógeno del grupo 1.
Aunque hoy más en desuso, las cabinas de rayos UVA siguen existiendo, con personas asiduas a realizarse este tipo de tratamientos. "Muchas personas no son conscientes de este riesgo, otras hacen oídos sordos a las advertencias que realizamos constantemente los dermatólogos, e incluso la administración no se ocupa suficientemente de controlar las cabinas de UVA", señala el doctor José Carlos Moreno, expresidente de la Academia Española de Dermatología y Venereología.
La obsesión con los aceites de zanahoria
Los aceites de zanahoria fueron uno de los grandes protagonistas de los veranos noventeros: se les atribuía la capacidad de potenciar el bronceado gracias al betacaroteno presente en esta hortaliza, y muchas personas lo aplicaban directamente sobre la piel mientras tomaban el sol.
Y sí, es cierto que el betacaroteno es un compuesto superinteresante que protege del envejecimiento prematuro y que puede favorecer un bronceado uniforme y duradero, pero en el caso de los aceites, pierde todos sus beneficios. ¿El problema? En muchas ocasiones, estos aceites ofrecen una protección solar muy baja o inexistente; por lo que, en lugar de proteger la piel, favorecen una mayor exposición a la radiación, aumentando el riesgo de quemaduras y acelerando el daño de los rayos UV.
Si quieres aprovechar los beneficios antioxidantes del betacaroteno, toma suplementos o nutricosmética solar que lo incluyan, pero nunca, nunca, te olvides de protegerte del sol correctamente. Cualquier exceso será contraproducente.
Estas gominolas de Ecran con una potente combinación de betacaroteno, luteína y zeaxantina han sido diseñadas para preparar la piel antes de la exposición solar, ayudándola a adaptarse mejor a la radiación solar y reduciendo el estrés oxidativo que puede causar el envejecimiento prematuro.
Estas cápsulas de Nutralie con betacaroteno, colágeno, cúrcuma, minerales y vitaminas ayudan a reforzar las defensas naturales de la piel, preparándola para la exposición solar.
Vuelta y vuelta en las horas centrales del día
Si había un momento 'ideal' para tumbarse en la playa en los 90, era precisamente cuando el sol más castigaba: entre el mediodía y las cuatro de la tarde. La idea era sencilla: cuanto más intenso fuera el sol, antes aparecería el bronceado.
Hoy sabemos que las horas centrales del día concentran los niveles más elevados de radiación ultravioleta, lo que incrementa el riesgo de quemaduras solares y de daños acumulativos en la piel. "Los rayos UVB aumentan su incidencia en verano y, en horas centrales del día, varían según nuestra localización, muestran daños inmediatos como la quemazón o el enrojecimiento que pueden producir alteraciones en el ADN de la piel”, señala Raquel González, cosmetóloga y creadora de Byoode.
Quemaduras: ¿el primer paso para ponerse morena?
Quizá uno de los mitos más extendidos hace décadas era asumir que broncearse, quemarse y pelarse formaba parte del proceso natural para conseguir un buen bronceado. Frases como 'primero me quemo y luego ya me pongo morena' se repetían cada verano. ¿Es esto cierto? Rotundamente, no. "Estar bronceada no significa estar protegida. La radiación sigue favoreciendo la pérdida de firmeza, las manchas, la deshidratación y el envejecimiento prematuro”, cuenta Raquel González.
La realidad es que una quemadura solar es una lesión inflamatoria de la piel, y que cada episodio de este tipo supone un daño celular que se acumula con el paso del tiempo y que aumenta el riesgo de desarrollar problemas cutáneos en el futuro. "Una quemadura solar grave en la infancia no garantiza cáncer, pero se asocia claramente a un riesgo más alto, a menudo del doble o más, de melanoma y otros cánceres cutáneos décadas después. La mayor parte del melanoma y de los cánceres de piel está ligada a radiación UV acumulada, y una fracción importante de ese daño ocurre en los primeros años de vida”, explica la Dra. Alba Català, jefa de equipo del Servicio de Dermatología y Venereología del Hospital Quirónsalud Barcelona.
El factor de protección más bajo posible
SPF 2, SPF 4 o SPF 6. Seguro que en tu neceser de hace décadas tenías aceites o cremas solares con este escaso factor de protección solar. Actualmente, los expertos recomiendan emplear un protector solar de amplio espectro con un SPF adecuado —generalmente 30 o superior para la mayoría de las personas— y reaplicarlo con frecuencia. El protector no impide broncearse; simplemente ayuda a que la piel esté más protegida frente a los efectos nocivos de la radiación. Y recuerda: un SPF 30 bloquea alrededor del 97 % de esta radiación, y un SPF 50, un 98 %.
“El SPF 50 puede ofrecer un pequeño margen extra, sobre todo si no aplicamos la cantidad recomendada, algo muy común en la vida real”, explica David Fernández Polo, Skincare Education Specialist de Paula’s Choice España. “Pero también es fundamental que el producto sea de amplio espectro, para proteger la piel de los rayos UVA, responsables del envejecimiento prematuro", explica.
Lo que hemos aprendido: la importancia del protector solar
Si algo ha cambiado en las últimas décadas es la información de la que disponemos. Hoy sabemos mucho más sobre cómo afecta el sol a nuestra piel, hemos cambiado nuestros hábitos y también contamos con protectores solares mucho más eficaces, texturas ligeras que invitan a utilizarlos a diario y una mayor conciencia sobre la importancia de cuidar la salud. Y aunque es cierto que sigue habiendo gente que sigue cometiendo auténticas locuras al sol (amplificadas por las redes sociales), nos gusta pensar que la mayoría de nosotras hemos aprendido la lección... ¡Ya nunca nos faltará un buen protector solar en el neceser!
Esta crema hidratante de día ligera combina una excelente protección UVA/UVB SPF50 con antioxidantes calmantes de origen vegetal que ayudan a combatir los signos de la edad y protegen la piel de los daños ambientales.
Este protector solar facial con SPF30 proporciona un filtro frente a los rayos UVA/UVB a lo largo de todo el día. La crema no deja acabado blanquecino y aporta antioxidantes e hidratación duradera.
Con pantenol y glicerina, vitamina C y ácido hialurónico, esta completa leche solar ayuda a equilibrar los niveles de hidratación y a reducir la pérdida de agua de la piel, mientras ofrece una alta protección UVA/UVB.
Cristina es redactora de belleza y estilo de vida en Cosmopolitan. Con más de cinco años de experiencia en revistas digitales, adora escribir tanto de tendencias de maquillaje, peinados, productos para el cuidado de la piel y ‘looks’ de celebridades como de cultura y ‘lifestyle’, en el sentido más amplio de la palabra: la verás firmando artículos sobre libros o música, pero también sobre juegos, frases para todo tipo de ocasiones o incluso sueños, un tema que capta mucho su interés desde hace tiempo.
Cristina se graduó en Periodismo y Comunicación Audiovisual por la Universidad Carlos III en el año 2017 y desde entonces no ha parado de escribir sobre todo aquello que le apasiona. Antes de aterrizar en Cosmopolitan realizó prácticas en varios medios locales y pasó por las redacciones de Enfemenino, Mia y Marie Claire, donde también ha publicado artículos y reportajes de moda, belleza y cultura.
Actualmente compagina su trabajo como redactora 'freelance' con otra de sus grandes pasiones, la fotografía musical. Si no está escribiendo frente al ordenador o buscando inspiración para sus temas, seguramente podrás encontrarla cámara en mano, en primera fila de un concierto cualquiera de Madrid.



















