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La industria musical está viviendo actualmente un cambio que no parece tan evidente, pero que está ayudando a crear una nueva generación de talentos. En una década marcada por la perfección en redes sociales, los filtros y la obsesión por proyectar vidas inalcanzables, una nueva serie de artistas está reivindicando algo mucho más sencillo y empoderador: ser uno mismo. Figuras como Chappell Roan o Addison Rae han construido sus carreras abrazando aquello que durante años se consideró demasiado raro, demasiado diferente o simplemente fuera de la norma. En lugar de esconder sus peculiaridades, las han convertido en su principal fortaleza, conectando con millones de jóvenes que ya no buscan ídolos perfectos, sino referentes con los que identificarse.
Esa autenticidad también se refleja en la estética, pues los maquillajes exagerados, estilismos teatrales, referencias 'camp', vestuarios imposibles y una clara influencia de la cultura 'queer' han dejado de ser elementos marginales para convertirse en parte central del pop contemporáneo. Más allá de una cuestión visual, estas propuestas han ayudado a crear comunidades muy unidas entre artistas y fans, abriendo por medio de su música y sus redes sociales espacios de resiliencia, libertad y autoexpresión para toda una generación. Y es que, en una sociedad cada vez más polarizada, donde el odio en Instagram, TikTok o X y la comparación constante forman parte del día a día, estos espacios se han convertido en refugios para muchos jóvenes. Prueba de ello es el estudio del 'Pew Research Center' publicado en 2025, donde se explica que el 39% de los adolescentes afirma que las redes sociales les hacen sentirse ansiosos, mientras que un 27% reconoce que estas les hacen sentirse peor con su propia vida.
Dentro de esta nueva ola de artistas, el caso de Conan Gray es especialmente interesante porque, a diferencia de otros fenómenos surgidos en la industria, su historia comenzó mucho antes de los escenarios que ahora llena. Lo hizo desde que tenía 15 años en YouTube, donde compartía canciones, reflexiones y fragmentos de su vida mientras intentaba encontrar su lugar en el mundo. Durante su infancia tuvo que enfrentarse al divorcio de sus padres, múltiples mudanzas y años de 'bullying' en distintos colegios. Su herencia multicultural (es hijo de madre japonesa y padre estadounidense, pero de ascendencia irlandesa) también le convirtió en objetivo de discriminación en algunos entornos donde nunca terminó de sentirse integrado. Él mismo ha explicado en numerosas ocasiones que aquellos años estuvieron marcados por el miedo constante a no encajar.
"Mi misión en la vida cuando era niño era simplemente salir de Texas", recordó en una entrevista con 'Uproxx' (en declaraciones compartidas por 'Seventeen'). "Sólo necesito irme. Necesito estar a salvo. Necesito ir a la universidad y conseguir un buen trabajo", se repetía durante la etapa del instituto, según comentó en dicha conversación. Aquella sensación de estar atrapado acabó transformándose en arte, a través de su música. En 2017 publicó 'Idle Town', una canción de despedida a Georgetown, la localidad donde había vivido gran parte de aquellas experiencias difíciles. Sin embargo, el éxito inicial del tema coincidió con uno de los momentos más complicados de su vida, pues apenas una semana después de subir la canción a YouTube, le echaron de su casa. Conan no ha querido contar públicamente los motivos, pero sí ha compartido que encontró refugio en sus amigos. Y precisamente esa idea de la familia elegida se ha convertido en uno de los pilares de su carrera e inspiración para canciones como 'Family Line', que nació con la intención de transmitir esperanza a aquellos que atraviesan situaciones similares.
Por eso muchas de sus canciones parecen escritas para el Conan adolescente que soñaba con escapar de Texas. Sus letras funcionan como mensajes para esa versión más joven de sí mismo, una conversación con las heridas que todavía arrastra en su día a día y con el proceso de crecimiento que le permitió sobrevivir a ellas. También son un homenaje permanente a las personas que estuvieron a su lado cuando más las necesitó, entre ellas, algunos de sus amigos más cercanos como Olivia Rodrigo. Ese crecimiento personal también ha ido acompañado de una evolución artística. Su último álbum, 'Wishbone', fue muy bien recibido por buena parte de la crítica especializada, como 'Metacritic', que le pone un 82% de aprobación y la revista 'Rolling Stone', con una puntuación de 3 estrellas y media sobre 5.
Y quizá ahí reside precisamente la clave de su éxito, pues Conan Gray sigue siendo, en esencia, ese chico 'raro' de YouTube que hablaba de sus inseguridades frente a una cámara. Lo único que cambia es que ahora lo hace ante millones de personas. Sus estilismos extravagantes, su manera de comunicarse con la Generación Z, sus estrategias de marketing alejadas de las fórmulas tradicionales y su capacidad para convertir su fragilidad en una herramienta artística le han permitido ocupar un espacio propio dentro del pop actual. En una industria que durante décadas premió la homogeneidad, Conan representa justo lo contrario: la celebración de lo diferente. Y es que, a veces, eso puede convertirse en tu mayor superpoder.
Y lo más interesante es que todavía parece que nos queda mucho por descubrir de Conan Gray y todo el imaginario colectivo que está creando. Con sólo 27 años, el cantante ha demostrado una capacidad para reinventarse sin perder esa esencia que le hizo conectar con millones de personas cuando era un chaval que subía vídeos en la plataforma que le dio la fama. Después de haberse convertido en una de las voces más reconocibles de la Generación Z, este volverá a encontrarse con sus seguidores españoles el 6 de junio en el Palacio Vistalegre de Madrid, como única fecha en España de su nueva gira, 'Wishbone World Tour'. Esta es la oportunidad perfecta para comprobar cómo ese chico que soñaba con escapar de Texas ha terminado encontrando su lugar en el mundo sin renunciar nunca a aquello que le hacía distinto al resto.
Álvaro Alonso es redactor de actualidad y ‘celebrities’ en Cosmopolitan y experto en famosas y cultura Y2K desde hace varios años. Si no está escribiendo, seguramente esté encontrando las mejores anécdotas y contenidos en redes sociales sobre los años 2000s y las tendencias de moda que vuelven a llevarse hoy en día. Es un apasionado de los realities show, por lo que conoce al detalle las vidas de las hermanas Kardashian y todas esas palabras y expresiones de la cultura pop que la Generación Z utiliza.
En su día a día en Cosmopolitan, Álvaro Alonso está enfocado a la redacción de contenidos de celebrities y actualidad, siempre con tilde ‘fashion’, pues es un apasionado de las pasarelas. No se le escapa ningún contenido que se haga viral en Instagram, Twitter y TikTok. Conoce muy bien las redes, pues compagina la redacción con la creación de contenidos, sobre todo en TikTok, donde comparte vídeos non-stop. Álvaro Alonso está graduado en Periodismo por la Universidad Rey Juan Carlos y estudia un Máster en Comunicación Audiovisual en la Nueva Era Digital por la Universidad Complutense de Madrid.
Comenzó a escribir como redactor en una agencia de comunicación sobre contenido de actualidad en la Comunidad de Madrid, pasando por varios medios digitales e impresos como Togayther, donde escribe cada vez que puede sobre moda, televisión, ‘celebrities’ y contenido enfocado desde la perspectiva LGTBI. De la misma forma, en Why Not Magazine colabora de manera frecuente, hablando sobre temas de cultura, música y televisión.

















