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“Este no es un ensayo sobre cremas ni rituales de bienestar, sino sobre lo que ocurre cuando nos miramos al espejo con una nueva arruga y un pensamiento intrusivo que también es nuevo. Sobre el gesto íntimo y cotidiano de aplicar una crema en el rostro por la mañana mientras nuestras hijas toman nota. Sobre la sospecha de que el nuevo imperativo es tener un cuerpo delgado y una piel perfecta”. Así comienza 'Dame veneno que quiero vivir' (Anagrama, 2026), un libro en el que Leticia Sala se enfrenta al conflicto que emerge entre el deseo de verse bien y el temor de estar participando en la perpetuación de un sistema que no elegimos.
En el escrito alude a un informe de la Sociedad Española de Cirugía Plástica que indica que el número total de intervenciones de cirugía estética estimado para 2021 fue de 204.510, con un incremento del 215 % con respecto a 2013. Para sorpresa de absolutamente nadie, las mujeres protagonizaron el 85% de las intervenciones. Un informe de investigación de mercado confirma que el negocio de inyectables faciales en España espera un aumento anual superior al 12 % entre 2024 y 2029. “La cultura del 'skincare' tiene su lugar en la mesa y en nuestras agendas, y nada indica que vaya a desaparecer”, indica Sala.
¿Cuándo se termina el autocuidado y comienza la autotortura?
Siento que es una línea muy fina. Sería falso pretender que tenga una respuesta absoluta porque es muy confuso, pero diría que una de las formas de llegar ahí podría ser distinguir si las decisiones que tomas vienen desde el miedo o desde el placer. Creo que se trata de volver al cuerpo e intentar tomar esa decisión desde ese lugar para determinar si algo se está haciendo porque corporalmente nos da placer o desde un lugar de miedo. Esa podría ser una buena brújula. No será la única y no servirá en todos los casos, pero al menos servirá un poco.
En los 2000 el cuerpo era el gran campo de batalla y ahora la obsesión está yendo también al rostro. ¿Acaso ahora no es el campo de batalla ‘la mujer?
Exactamente. En los 90 llegó muy fuerte la cultura de la dieta. Luego llegó el 'body positive' que ahora, con la llegada del Ozempic, se está poniendo en cuestión. Una lástima, porque parecía que íbamos hacia cierta liberación del cuerpo de la mujer. Ahora hay una absoluta obsesión con no tener arrugas.
Hay algo casi moral en la estética actual. Tenemos que dormir bien, tomar colágeno, hacer sentadillas... ¿La belleza se ha convertido en una obligación?
Me parece muy interesante lo que dices. Y puede parecer que si alguien no se somete a algún retoque estético, se le puede acusar de estar fallando a la feminidad. Y esto es apabullante. ¿Cómo estamos dejando entrar este mensaje de que para ser femenina hay que entrar en esta lucha tan agresiva hacia la paralización de la juventud?
¿Hemos normalizado prácticas que hace una década parecían extremas? Porque cada vez más mujeres de 40 años se están haciendo liftings faciales.
Absolutamente. No es que los retoques estéticos hayan llegado ahora, pero sin duda, la gente comienza a hacérselos antes y hay un perfeccionamiento mucho mayor. Al final habrá una única clase social que pueda permitirse acceder a esos tratamientos, mientras que el resto vamos a tener que estar inmersos en esa lucha. Poco después de salir mi libro, salió un artículo en 'New York Times Opinion' que decía precisamente que dentro de poco, habrá una pequeña parte de la población que estará por encima del algoritmo. Y el resto, por debajo. Como comentas, hay muchos avances y se está normalizando, por lo que vamos a entrar en una lucha que nos lo va a poner muy complicado.
Y con el Ozempic, tendremos gente que, además de no tener arrugas, estará delgadísima. Y al otro lado de la balanza -nunca mejor dicho-, estaremos el resto. La belleza y la talla como marcadores de clase.
Como se está avanzando a pasos agigantados, tampoco me parece que estemos hablando de algo hiperdistópico. Las arrugas además se reservarán a ese look francés, a una Carlota Casiraghi, a quienes estén por encima del bien y el mal; algo absolutamente inalcanzable para el 99,99% de la población.
¿Es el miedo a envejecer algo heredado? Porque, como madre, supongo que esto te preocupa especialmente.
Me apasiona lo que heredamos de nuestras madres en el sentido simbólico, invisible. Hay millones de cosas que heredamos de ellas y entre esas cosas, para mi sorpresa, está la relación con la estética, con el envejecimiento, con la delgadez… Hay mujeres para las que el rostro de su madre es el aviso de lo que tienen que evitar. Para otras, es una meta. Las madres somos las primeras 'influencers' de nuestras familias y es algo a tener en cuenta. Lejos de verlo como una culpa adicional, creo que se trata de verlo como un canal muy bonito para valorar la conciencia que le ponemos a nuestros actos, porque no solo son por nosotras, sino también por nuestras hijas.
La palabra 'antiedad' es violenta. Ojalá pudiéramos decir que somos 'proenvejecimiento', que viene a ser un aplauso a la vida.
Exacto. Proenvejecimiento es genial. ¿Te imaginas un mundo en el que todo el mundo estuviera intentando envejecer? Sería mucho más liberador. El concepto antiedad me llama muchísimo la atención. Afortunadamente, hay una asociación que está luchando para que lo retiren, por lo que ahí no estamos solas y espero que en 50 años este tipo de palabras nos parezcan aberrantes. Que aceptemos y compremos productos en los que pone 'antiedad' es algo que estamos asumiendo tácitamente.
¿Ha cambiado tu relación con el espejo después de escribir este ensayo?
Muchísimo. Empecé escribiendo para ver cómo me sentía ante un tema que me provocaba cierto conflicto. Ahora me siento más sólida en mi posición y creo que me ha sanado en determinados aspectos. También tiene que ver con el efecto de la escritura, pues le he dado a ese conflicto otra forma y respira de una manera diferente en mi interior.
¿Crees que el miedo a envejecer puede estar relacionado con el miedo a dejar de ser visibles?
Sin duda. He llegado a la misma conclusión que tú: todo esto viene por nuestro miedo a la invisibilidad. Nadie quiere desaparecer. El hombre tiene mucho más asegurado ese lugar y por eso se somete a menos retoques. Tenemos que abordar el problema por ahí y otorgarnos ese derecho a ser vistas.
Marita Alonso es experta en cultura pop y estilo de vida. Escribe acerca de fenómenos culturales desde una mirada feminista en la que la reflexión está siempre presente. No tiene miedo de darle una pincelada de humor a las tendencias que nos rodean e intenta que el lector ría y reflexione a partes iguales. Cuando escribe sobre relaciones, su objetivo es que la toxicidad desaparezca y que las parejas sean tan saludables como las recetas que intenta cocinar... Con dramáticos resultados, claro. Los fogones no son lo suyo.
Ha publicado dos libros ("Antimanual de autodestrucción amorosa" y "Si echas de menos el principio, vuelve a empezar") y colabora en diversos medios y programas de radio y televisión luchando por ver las cosas siempre de una manera diferente. Cree que la normalidad está sobrevalorada y por eso no teme buscar reacciones de sorpresa/shock mediante sus textos y/o declaraciones.
Licenciada en Comunicación Audiovisual por la Universidad Complutense, imparte master classes de cultura pop, estilo de vida y moda en diversas universidades. En Cosmopolitan, analiza tendencias, noticias y fenómenos desde un prisma empoderador.












