- Las 100 mejores películas de la historia
- Películas buenas de Netflix: 85 joyas actuales y alabadas por la crítica que quizá se te han escapado
- Las mejores películas clásicas del cine que merece la pena volver a ver (o descubrir)
Nos recibe con sus enormes ojos verdes y una amplia sonrisa en la habitación del hotel en el que quedamos. Susana Abaitua (Vitoria-Gasteiz, 1990) destila luz y tiene ese carácter franco tan del norte que le permite hablar sin tapujos. Lo comprobamos durante toda la sesión, en la que se implica al 200 %, dando su opinión y sugerencias en cuanto al estilismo y las fotos. ¿Será la genética vasca la que le dota de ese empuje? "Yo soy fuerte gracias a mi madre, que es maravillosa, y a mi padre, aunque también creo que hay algo en la cultura vasca que marca", nos dice.
Precisamente el abordaje de la problemática del País Vasco es lo que la ha llevado a conquistar a público y crítica. Lo hizo con su personaje de Nerea en la serie 'Patria' y volverá a hacerlo con la película 'Un fantasma en la batalla', de Agustín Díaz Yanes, que se estrenará este otoño. En ella interpreta a Amaia, una guardia civil que se infiltra en ETA. "Ha sido un aprendizaje para mí porque el personaje era difícil", explica. También estrenará el próximo 17 de octubre 'La deuda', de Daniel Guzmán, y ya puede verse en cines 'Todo lo que no sé', la historia de una chica de 35 años que trata de encontrar su sitio.
¿Tú has encontrado ya tu lugar en el mundo?
Creo que siempre estamos en proceso porque las necesidades van cambiando con la edad. La vida se basa en esa constante búsqueda de lo que te hace feliz y del equilibrio. En la película también se incide mucho en cómo poner límites y ser egoísta en el buen sentido. Y es que a veces tienes que pensar en ti y protegerte.
¿Practicas el egoísmo positivo en tu vida diaria?
Me cuesta porque no me gusta hacer daño. Y porque socialmente a las mujeres se nos ha educado para complacer. Lo bueno es que, gracias al feminismo, nos estamos dando cuenta de que no tenemos por qué agradar ni ser simpáticas todo el rato.
En octubre cumples 35 años. ¿Qué balance haces?
Muy positivo: tengo una familia increíble, me gusta mi vida (mi furgoneta, hacer surf…) y me dedico a lo que me apasiona. Hay cositas y personas que me habría ahorrado, pero también forman parte de lo que soy.
¿Sientes la presión social que lleva aparejada esa edad en cuanto a tener pareja estable o ser madre?
Más que la presión de la gente, es una presión que me impongo yo misma respecto a cuándo será el buen momento de ser madre, porque es algo que quiero que suceda.
A partir de los 30 se me ha despertado el reloj biológico. Pero también es cierto que, si no soy madre, siento que no voy a decepcionar a nadie de mi entorno.
Has dicho que, en el mundo del cine, cuando te ven como madre parece que has dejado de ser joven…
Cuando eres actriz genera cierta presión colocarte en un punto de madre. Eso sí que es social. Es un resquicio del machismo, quieren verte siempre joven y parece que, al tener hijos, dejas de serlo. Es la presión por la constante perfección y por no envejecer. Y ahí también meto el factor estético: no tengo nada en contra, pero veo que la gente se retoca cada vez más joven.
¿Qué papel juegan las redes en esto?
Tienen mucha responsabilidad, por los filtros que se utilizan y las vidas perfectas que se ven. Se venden cosas que quizá no son tan reales, y yo por eso cada vez me estoy desconectando más. No es culpa de la gente, porque también es víctima del sistema. No creo que la culpa la tenga la chica que se pone monísima en una foto de Instagram. A mí me pasa, yo también quiero estar guapa. Pero hay una fina línea entre querer mostrarte guapa y querer mostrarte de verdad.
¿Hay edadismo en el mundo del cine?
¡Está petado! En la sociedad en la que vivimos, cuando dejas de ser útil dejas de importar y de ser interesante. El papel de Kate Winslet, a la que amo, en la serie 'Mare of Easttown' es un referente muy inspirador para mí. Laura, su personaje, está en un momento en el que no quiere que nadie le diga lo que tiene que hacer.
¿Eres bien mandada o prefieres mandar?
A mí gusta mandar, digo lo que me apetece, pero si la otra persona quiere hacer algo diferente, también está bien. Eso sí, cuando tengo una buena directora o un buen director, disfruto muchísimo de dejarme llevar y de que me manipulen en el buen sentido.
¿Cómo llevarías tener a alguien cercano tan controlador como Irati, tu hermana en la ficción?
¡Muy mal! Es algo que reconozco porque yo he vivido un ambiente muy estricto en mi familia. Pero una cosa es que tus padres te pongan límites cuando eres pequeña, que está muy bien, y otra que con 35 años no te estén validando por quién eres y no te dejen coger tu sitio, ponerte en valor y decir: "Ya soy adulta". Todo lo que no sé también habla sobre el proceso de aprender a darse permiso para fallar e intentarlo de nuevo.
¿Tú tienes miedo al fracaso?
Yo soy muy peleona. No me imagino un fracaso sin volver a intentarlo. En esta carrera hay muchas negativas, mucho que pelear y que insistir. Si me preguntas: "¿Tienes miedo a que no te vuelvan a llamar nunca más?". No me lo planteo. Me pondré a escribir y encontraré la manera de estar ligada a esta profesión, que es mi vida. Tengo más miedo a fallar en otras cosas, como en la maternidad o en no cumplir con el ideal que tenía de mí misma cuando era niña.
¿Eres indulgente con tus errores?
Depende. En el trabajo me machaco mucho. Vengo de una carrera de danza clásica que exigía mucha disciplina. Yo he sido muy autoexigente y muy perfeccionista y lo sigo siendo, también en mi relación con las personas: intento ser buena amiga, buena hermana, buena hija, buena novia… Necesito aprender a rebajar expectativas y trabajar esas ansias de tener que ser perfecta.
¿Qué es el éxito para ti? Me da la sensación de que no pasa ni por Hollywood ni por las alfombras rojas.
Para mí, el éxito es un equilibrio de muchas cosas. En mi profesión, por ejemplo, es poder elegir personajes y ser feliz haciendo lo que hago; poder elegir compañeras y compañeros con los que trabajar y hacer cosas con alma, que es lo que me gusta. Y luego está la estabilidad emocional, mi casa, la playa… Soy vividora, disfruto de los pequeños placeres, de irme con mi furgoneta a Marruecos, de levantarme y abrirme una cerveza mientras me fumo un 'piti', de ver el atardecer…
¿Y eso cómo se conjuga con tener mucho trabajo?
Cuando curro demasiado, digo: "Estoy contando historias que no puedo vivir". Porque me paso el día rodando. No quiero que se me vaya la vida por la ambición de la profesión, también quiero vivirla. Últimamente estoy intentando no priorizar mi trabajo, que es algo que llevo haciendo desde los 17 años, y tratando de poner en valor otras cosas.
La ansiedad es algo con lo que tu personaje lucha constantemente. ¿Qué relación tienes tú con ella?
La he sufrido. A mí no me viene cuando todo está mal, yo me muevo muy bien en la mierda, llega cuando paro. Cuando pasa algo –una tragedia familiar o algo fuerte– soy muy resolutiva, y luego, después, la ansiedad me da la hostia. Hay que aprender a convivir con ella y pensar: "No pasa nada, ya la conozco, no me asusta".
¿Cómo te ayuda hacer terapia?
Me gusta cuestionarme y que alguien me muestre lo que no está bien de mí. Yo durante mucho tiempo decía: "No voy a tener una pareja que me diga que no va a terapia o que nunca ha ido o que no cree en ella". Porque considero que es un acto de humildad hacia ti y de querer evolucionar como persona.
Con tu profesión, ¿es imprescindible ir al psicólogo por la carga emocional que va en cada personaje?
Cuando interpreto, voy creando un personaje y me comporto de una manera diferente. Y muchas veces me doy cuenta de que estoy cómoda con ello. Mi cabeza es consciente de que a mí no me ha pasado lo que estoy contando, pero mi cuerpo no. Entonces sí que tengo un periodo como de 'sacar', es como un viaje de vuelta.
¿El humor y la risa lo curan todo?
(Se ríe). Son lo mejor del mundo. Te alivian y hacen que lo malo pase y que todo sea más más fácil. El otro día estaba en el cumpleaños de una amiga con ocho personas más y nos dio un ataque de risa. En ese momento, pensé: "Que se pare el mundo aquí".
En la película, la familia supone un obstáculo para que tu personaje consiga sus metas. ¿Qué papel ha jugado la tuya a la hora de lograr las tuyas?
Mi familia ha sido un gran apoyo, no estaría aquí si no fuera por ella. Siempre han estado ahí, ayudándome desde muy pequeña, mi madre con la danza clásica y mi padre con su respeto y admiración.
¿Serías capaz de luchar por lo que quieres, aunque sepas que puede ser nocivo para ti?
Sí, creo que lo que tienes que encontrar es por qué es nocivo, pero si es lo que quieres no tienes que abandonar. Haz terapia y encuentra cómo hacerlo de una manera que no sea dañina. Hay que parar, encontrar otra perspectiva y enfocar por ahí el trabajo.
Llevas una carrera brillante llena de peliculones. ¿Eres muy selectiva escogiendo tus papeles?
Ahora lo hago porque puedo, pero igual esto dura un año y ya no soy tan selectiva (se ríe). En este momento le estoy dando mucha importancia y hay barreras que no cruzo. Por ejemplo, si no estoy de acuerdo con cómo se representa a la mujer en una película, no la hago. En realidad, esto ya lo hacía cuando no tenía casi trabajo.
Has trabajado con grandes directores como Rodrigo Sorogoyen o Dani de la Orden. ¿Con cuál ha sido más fácil y cuál te ha sacado de tu zona de confort?
Dani no es que te saque de la zona de confort, es que saca lo mejor de ti, pero sin nada de sufrimiento porque lo hace desde el juego. Alberto Utrera me flipa cómo me aprieta. Pau Freixas me fascina, al igual que Félix Viscarret o Ana Lambarri. No te sabría decir una persona concreta, porque te vas adaptando a cada una en función de con quién trabajes. Adolfo Fernández, con quien he hecho teatro, es quizá uno de los directores que más me conoce y sí que me lleva muy al límite. Y con Agustín Díaz Yanes ha sido una fantasía.
¿De qué modo lidias con los momentos en los que hay sequía profesional?
Llevo cinco o seis años sin parar, sabiendo que siempre tengo algo. Es una buena pregunta: si me pasase ahora, ¿cómo lo llevaría? Porque sí que hay un punto en el que me he acostumbrado a tener trabajo. Esto es mi vida ya, entonces sería un momento raro si me ocurriese.
¿Eres hormiguita y guardas para cuando no hay?
No soy muy agarrada, vivo. Yo no me gasto mucho dinero en ropa, por ejemplo. Es raro que tenga caprichos más allá de la furgoneta o un viaje, que es un pedazo de capricho, o sea, que es la leche poder permitirme eso. No soy hormiguita en el sentido de estar pensando en el dinero todo el rato, porque para nada, pero tampoco despilfarro. Un punto medio, normal.
¿Qué es lo más raro que has hecho en tu vida?
Quedarme sola en la India dos semanas más de lo previsto, coger un autobús nocturno que me llevó a un sitio sin cobertura… Aventuras de estas tengo 17 millones, no sé si es raro, pero me han puesto al límite.
¿No te da miedo viajar sola?
Sí, claro, hay que tener cuidado. Pero hay algo ahí como de adrenalina y de sentirte muy bien cuando vuelves. Siempre que viajo sola, cuando me voy, digo: "¿Qué estás haciendo?". También es cierto que a veces me he sentido más sola cuando he viajado con alguien, porque al final, como ya estás acompañada, no conoces a gente, mientras que del otro modo te pones a hablar con todo el mundo. Obviamente, me da más miedo cuando me voy fuera de Europa porque son otras culturas y tienes que entender sus códigos.
Maquillaje y peluquería: Iván Gómez (One off artists). Asistente de fotografía: Rafa de la Hera. Producción: Marta Sánchez. Agradecimientos: hotel Almirante.
Redactora jefe de COSMOPOLITAN, Ana M. Jiménez es experta en sexo y relaciones de pareja, temas de los que lleva escribiendo desde hace dos décadas. En su agenda figuran los nombres de los sexólogos más reputados (una vez uno le dijo que su tema sobre el orgasmo femenino era digno de una tesis doctoral, ojo al dato). Y en su ‘portfolio’ abundan los artículos sobre nuevas técnicas sexuales, las posturas más placenteras o lo último en juguetes eróticos (por supuesto, los prueba antes, profesionalidad ante todo). Los entendidos piensan que se le da bastante bien, tanto que cuando trabajaba en la revista ‘Quo’ recibió el primer Premio Periodístico Daphne por un reportaje sobre anticonceptivos. Licenciada en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid, su trayectoria profesional ha estado ligada a cabeceras como ‘Elle’, ‘Ragazza’ y ‘Elle Decor’ antes de llegar a COSMOPOLITAN, donde también crea contenidos sobre viajes, gastronomía y libros. Si ya lo estabas pensando, te lo confirmamos: su especialidad son los pequeños (y grandes) placeres de la vida. Quédate con su nombre si buscas información sobre cuestiones amorosas, ideas para hacer una escapada o los nuevos restaurantes de moda.


















