Me llamo Paka Díaz y soy empática. Mucho. Quizá en exceso. Mi tendencia natural a conectar con los sentimientos de otras personas me ha proporcionado momentos mágicos, pero también algún lío. Mis amigas no suelen tener problema en convencerme para casi cualquier cosa, siempre que yo sienta que me necesitan. También he acabado llorando en alguna entrevista porque me arrollaba el dolor de la otra persona. Y a veces he dudado si me gustaba un chico de verdad o sólo por notar sus ganas. Por eso, no es de extrañar que en COSMOPOLITAN pensaran en mí para descubrir qué es la ecpatía (‘spoiler’: todo lo contrario de la empatía). Además, me propusieron un reto: pasar una semana entera siendo ecpática. Ya os digo que no lo veo...

Pensar en ti misma vs. pensar en otros

Tras hablar con mi jefa, hice lo primero que haríamos todas: ‘googlear’ ‘ecpatía’. La verdad es que no había oído esa palabra en mi vida. Al empezar a leer, descubro que es un término creado por Luis de Rivera, consultor jefe de Psiquiatría de la Fundación Jiménez Díaz y director del Instituto de Psicoterapia e Investigación Psicosomática de Madrid. Tras conseguir su correo, le solicito una entrevista. Me parece que es una persona superocupada –su currículum es impresionante–, pero bingo, me la concede. Quedamos a mediodía, me da que el doctor De Rivera hace como yo, olvida a veces almorzar de lo mucho que le gusta su trabajo. Al otro lado del teléfono, me regala la primera definición de la palabreja. "Es un término que viene del griego, se refiere a externalizar tus sentimientos. Se trata de no ponerte en el lugar del otro, sino en tu propio lugar", dice. Hacer esto es importante porque, asegura, "si no, puedes acabar sintiendo los sentimientos de otra persona como propios, con todos los riesgos que eso puede conllevar", alerta.

chica altamente empatica
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La clave es intentar no ponerte en el lugar de aquellos que te rodean, sino en tu propio lugar

Tu ansiedad es mi ansiedad también

El doctor Luis de Rivera descubrió la ecpatía al observar a una paciente de unos 30 años. "Me contaba afligida que al ir a ver a su madre se sentía muy mal, se agobiaba y no entendía por qué", comienza. Asiento, lo de ir a ver a tu ‘mamma’ a veces se hace cuesta arriba. Tú tienes tus cosas y ella las suyas. Aunque la ames más que a nada en el mundo, a veces tenéis desencuentros. El psiquiatra acabó por conocer a la madre de su paciente y le ocurrió igual: se sintió mal con ella. "Al analizar qué me había pasado, comprendí que esta señora contagiaba sus emociones. Era una mujer ansiosa, inteligente y aparentemente muy preocupada por sus hijos, pero transmitía su enorme ansiedad", explica. De Rivera comenta que en psiquiatría las emociones contagiosas, o histeria de masas, se catalogan como las que se generan entre grupos de personas. Por ejemplo, cuanto te motivas tanto en un concierto de Coldplay, que sientes la energía de todo el estadio. Al estudiarlo, se dio cuenta de que hay dos tipos de sentimientos: los que produces por ti mismo –tu propia respuesta emocional ante una circunstancia– y los que se generan cuando hay un exceso de empatía. O sea, que no son tuyos, pero se te contagian.

Personas ‘esponja’: lo absorben todo

"Hay algunas personas expertas en inducir sentimientos a los demás, como los manipuladores o los psicópatas –advierte De Rivera–. También hay otras que realmente no quieren hacerte sentir de manera especial, pero tienen una gran capacidad para contagiarte". Lo importante, señala el experto, es saber qué te está ocurriendo y por qué, y, por supuesto, ser consciente de que los sentimientos que estás experimentando no son los tuyos propios. Esto sería fundamental para quienes –¿como yo?– se ponen siempre en la piel de los demás, las llamadas personas ‘esponja’, bautizadas así por la psiquiatra norteamericana Judith Orloff. "Son aquellas con exceso de empatía, fácilmente colonizables por las emociones de otros. Son superabsobentes, como grandes lienzos en blanco que se empapan de la emocionalidad ajena", cuenta Elsa García psicóloga sanitaria del centro psicológico CEPSIM.

chica empatizando con su novio
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Conócete y define tus propios límites

Si es tu caso, la terapeuta señala que "necesitas más tiempo a solas para estar en calma, conocerte mejor y aprender a poner límites y a observar tus reacciones emocionales y modularlas". Además, García advierte de que este tipo de personas "deberían hacer de la reciprocidad su bandera en las relaciones personales". En concreto, subraya que "a las mujeres les vendría bien revisar las ideas machistas que la sociedad les ha inculcado, como el cuidado prioritario de los demás, la perfección y la sobreexigencia, etc.". Porque si tu pareja es un manipulador, amiga, te encontrarías ante un serio problema. Y tomo nota yo misma, la primera, de su otra recomendación: practicar la ecpatía para cuidar de tu salud mental. La clave, como indica,"es volver el foco sobre uno mismo y, de forma voluntaria, excluir los sentimientos que vienen de fuera para observarlos a la distancia adecuada".

Sentir lo que siente la gente es útil para ayudarla, el problema es cuando uno se ‘empapa’ de las emociones ajenas

Objetivo: encontrar el equilibrio

Para poder comprender qué es la ecpatía en toda su dimensión, toca saber qué es la empatía. A grandes rasgos, sería sentir lo que siente otra persona, una cualidad muy útil 'a priori' para ayudar a los demás. "En sí misma, no es ni buena ni mala –puntualiza el doctor De Rivera–. La usamos para saber cómo están nuestros amigos. En un duelo, incluso, decimos "te acompaño en el sentimiento" a quien ha tenido la pérdida". Sin embargo, cuando se da en exceso puede conllevar riesgos. En ese momento, la ecpatía puede resultar muy útil para compensar, pero sobre todo, para saber de verdad cuáles son tus sentimientos. A diferencia de la empatía, que es una habilidad natural con la que nacemos los seres humanos, la ecpatía "es un procedimiento mental que hay que aprender a hacer", recuerda De Rivera.

La meditación sentimental

Mientras escucho al doctor, cada vez soy más consciente de que tengo un exceso de empatía. Pero, ¿cómo saber cuándo los sentimientos son, de verdad, tuyos? Para aprender a diferenciarlos, Luis de Rivera ha desarrollado una técnica que ayuda a percibirlos correctamente y se denomina meditación sentimental. "Se trata de trabajar la capacidad de sentir y encontrarte muy cómodo con tus propios sentimientos, independientemente de que estos sean buenos o malos", apunta. Lo primero que deberías hacer sería percibirlos "sin rechazarlos ni dejarte arrastrar por ellos. Simplemente siendo consciente y sabiendo los que son", matiza el médico. El segundo paso sería percibir si estás sintiendo algo que no lo estás produciendo tú, sino que te estás contagiando de otra persona. "Tomar distancia te ayuda a verlo claro", sugiere el psiquiatra, que recuerda que "no es lo mismo experimentar tus propios sentimientos que los de otros". Por su parte, la psicóloga Elsa García sugiere "desarrollar tus habilidades de estar presente y tu ecuanimidad a través del ‘mindfulness’. También vincularse con personas positivas, maduras y estables –como deberíamos hacer todos en realidad, pero aquí con más motivo–, y pedir ayuda si es necesario".

meditación sentimental
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Hora de practicar: "¡Mami, te adoro!"

Ha llegado el momento de mi prueba de fuego. Cuando voy a casa de mi madre intento ser ecpática, ya que últimamente si ella se siente mal, en vez de ayudarla acabo yo fatal. Mientras camino, trato de recordar todo lo que me recomendó el doctor De Rivera. Un gusanillo me recorre el estómago. ¿Funcionará? Cuando mi madre abre la puerta, le doy un beso. Luego nos ponemos a charlar. Le cuento mis líos de soltera reciente, nos reímos juntas... De repente, han pasado un par de horas y 'voilà!', me siento supercómoda. Pero además me doy cuenta de que ella también lo está. Escuchar su risa es un bálsamo. Cuando nos despedimos, nos damos varios abrazos gigantes. Me da la impresión de que la ecpatía no sólo te ayuda a ti, sino que también puede hacer sentirse mejora quienes te rodean. Esto sí que no me lo esperaba. Para acabar, le pregunto a De Rivera algo que me ronda la cabeza: ¿nos puede ayudar esta actitud a la hora de ligar? "Por supuesto, sirve para decidir qué quieres de verdad. Hay seductores expertos en inducir sentimientos. Si eso te gusta, perfecto. Si no, la ecpatía ayuda a no dejarte llevar por un espejismo. Lo más importante, siempre, es saber cuándo y qué estás sintiendo por ti misma. Ser consciente de lo que sientes y deseas tú", explica. Al final, esa sería la clave para decidir, por ejemplo, si besar o no a alguien a quien acabas de conocer. Piensa: ¿te gusta él de verdad, te mola cuánto le encantas o quizá te estás dejando llevar por un exceso de empatía? ¡Ecpatía, ven a mí!

La capacidad de tomar distancia no es innata, es un procedimiento mental que hay que aprender

¿Conectas en exceso con los demás?

Para valorar si te pasas de empática, debes tener estas cosas en cuenta.

Contagio emocional

Ojo, la empatía puede ayudarte, pero has de tener cuidado de no sufrir contagio emocional, o sea, que no se te pegue lo que siente otro.

¿Es de verdad mía esta emoción?

Obsérvate. Para no caer en la manipulación, debes ver si lo que sientes es genuino o si ha sido inducido por tu empatía.

Detector de sentimientos

Para estar segura de si tú sientes algo de forma auténtica, el doctor De Rivera sugiere fijarse en si hay un componente corporal. Si notas la emoción en la tripa o el corazón, todo va bien.

Plantéate qué quieres tú

Pon encima de la mesa tus deseos. Así evitarás que te dominen las emociones ajenas.

Cómo activar tu habilidad ecpática

Esta capacidad no es natural, así que toca seguir estos tres pasos para aprender ecpatía.

Paso 1: fíjate en lo tuyo

Ser consciente de lo que tú sientes es básico para no caer en las redes de sentimientos de otras personas. Aceptar tus miedos y tu parte más vulnerable también te servirá.

Paso 2: toma distancia

Tu realidad emocional y la de otra persona son distintas, percíbelas por separado. Si eres consciente, no habrá problema en conectar con otra persona para comprenderla y ponerte en su lugar. Pero recuerda: es SU lugar.

Paso 3: cada uno con lo suyo

Puedes acompañar en la pena o la alegría a otra persona, pero luego devuélvele sus sentimientos. O sea, no te quedes con lo que no es tuyo. Además, así podrás ayudarle mejor.


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Periodista, guionista y escritora especializada en feminismo y cualquier tema que tenga que ver con los derechos humanos y la igualdad de género y el colectivo LGTB+. Además de viajar, sus otras pasiones son los libros, el cine, la música. La podéis encontrar de festivales y conciertos, dándolo todo bailando. Coautora con Mabel Lozano del libro ‘Te invito a un mojito', sobre el cáncer de mama. Le encanta entrevistar a mujeres 'power' y se motiva en 3, 2, 1...