El maquillaje es, sobre todo, diversión y experimentación, lo que explica que desde hace siglos se siga investigando en las fórmulas y que la creatividad no haya decaído ni un solo momento. En algunas épocas las tendencias han sido muy claras, como en los 70 con el maquillaje psicodélico; en los 80, donde el exceso era un ‘must’; o los 90, donde primaba un ‘look soft’ en tonos marrones. Hoy el maquillaje es tan diverso como inclusivo. Todo está bien se te gusta y te sientes a gusto, aunque las tendencias no dejan de sucederse en las redes sociales.

Una de las últimas modas en maquillaje es la llamada ‘butter skin’, una idea surgida de la Aisha Potter, que viralizó esta técnica al enseñarnos cómo aplicaba su base de maquillaje con un acabado tan cremoso que parecía mantequilla deslizándose sobre pan caliente.

Se trata de una tendencia que se propone conseguir un acabado fundendente, ultrasuave, una piel cremosa. “Este concepto va más allá del ‘glow’ tradicional: apuesta por una piel muy hidratada, elástica y con un aspecto sedoso y natural, sin exceso de grasa. Para conseguir este efecto “mantequilla”, la rutina se centra en fórmulas ricas en emolientes y activos que refuercen la barrera cutánea, como aceites nutritivos, ceramidas, manteca de karité, ácido hialurónico y antioxidantes. El objetivo es mantener una hidratación duradera y darle al rostro un aspecto liso y nutrido”, explica Pilar Pérez, farmacéutica y CEO de Albalab Bio.

Hemos asistido a muchas variedades de pieles luminosas, pero ¿qué las diferencia de la ‘butter skin’? “Mientras que tendencias como el ‘glass skin’ buscan un efecto cristalino y casi húmedo, la ‘butter skin’se centra en una nutrición intensa y un acabado más cremoso y luminoso”.

Paso a paso para hacerte la ‘butter skin’

El punto de partida suele ser común a otras tendencias: “Para tener una piel saludable y luminosa, lo importante es comenzar con una limpieza que respete el equilibrio natural de la piel, seguida de tratamientos como serums y cremas hidratantes que ayuden a retener el agua, aporten antioxidantes y refuercen la barrera cutánea. También puedes usar aceites ligeros o mantecas vegetales para sellar la hidratación y mejorar la elasticidad. Y, por supuesto, no puede faltar la protección solar diaria. Lo importante es elegir productos que se adapten a tu piel”, apunta Pilar Pérez, quien recomienda que estos cosméticos se apliquen con masajes suaves para estimular la circulación y favorecer la absorción, de manera que contribuyan a crear ese acabado jugoso y luminoso que caracteriza a la ‘butter skin’.

Si te estás preguntando si esta tendencia es apta para tu piel, respira tranquila, porque según esta especialista es una rutina que se puede adaptar a cualquier cutis y a cualquier edad, “si el objetivo es reforzar la barrera cutánea, protegerla de agresiones externas, hidratar el cutis intensamente y conseguir un aspecto sedoso y natural”.

Ahora bien, dependiendo de los años que tengas y de cómo sea tu piel tendrás que seleccionar muy bien los productos que vas a necesitar. “En general, la rutina para conseguir una piel ‘butter skin’ a los 20 y 30 debe focalizarse en una hidratación ligera con sérums de ácido hialurónico, vitamina C o niacinamida, y cremas suaves, que previenen rojeces, y aceites como el de jojoba, que equilibran la piel.

A partir de los 30, la hidratación debe ser más intensa, incorporando antioxidantes, ácidos hialurónicos de distintos pesos moleculares y aceites nutritivos para combatir los primeros signos de la edad. Y de los 40 en adelante, el foco está en nutrir y redensificar con activos como ceramidas, silicio orgánico, retinol suave o ácido glicólico, junto a cremas densas y aceites regeneradores”, aclara la farmacéutica.

¿Qué productos se necesitan para realizar la ‘butter skin’?

Pilar Pérez recomienda seguir estos protocolos en función de tu tipo de piel:

  • Piel seca. “Lo primero es nutrirla intensamente, por lo tanto, elige una leche limpiadora o un bálsamo oleoso para limpiar la piel sin arrastrar los lípidos naturales. Y después aplica una loción de tratamiento, con silicio orgánico y aloe vera. Sigue con un sérum con ceramidas naturales, como el escualeno, ácido hialurónico de alto y bajo peso molecular, y antioxidantes como la vitamina C y el ácido ferúlico. A continuación aplica una crema rica en mantecas vegetales (karité) o aceites como argán o rosa mosqueta. Pon un aceite facial para favorecer la renovación y tratar manchas y arrugas, de aceite de uva y comino negro combinado con retinol. Y termina con protección solar de textura cremosa. A modo de tip, debes priorizar las texturas cremosas o de acabado nutritivo y aplicar capas finas para no saturar la piel”.
  • Piel mixta. “El equilibrio entre nutrición e hidratación es la clave. Usa un gel suave sin sulfatos, que no reseque, como limpiador. La loción de tratamiento debe ser hidratante, preferiblemente con niacinamida para controlar el sebo y probióticos para regular el microbioma. El sérum, ligero, con ácido hialurónico, ácido lactobiónico o azeloglicina combinado con extractos antioxidantes (centella asiática) y aceites reguladores (jojoba). El aceite facial es opcional y, en todo caso, solo debe aplicarse en las zonas más secas; hay que optar por mezclas muy ligeras, de pepita de uva o jojoba. En cuanto a la protección solar, decántate por una fórmula ligera, tipo fluido o gel acuoso y acabado ‘dewy’, pero no graso. Como consejo, hidrata por capas, primero más ligeras y luego más ricas solo donde lo necesite tu piel”.
  • Piel grasa. “El foco debe estar en hidratar sin obstruir, evitando el efecto empastado. La limpieza ha de realizarse con un gel o espuma suave de pH fisiológico. La loción de tratamiento, hidratante y reguladora, con ingredientes como niacinamida y prebióticos. El sérum, extremadamente ligero, que lleve ácido hialurónico, azeloglicina y antioxidantes como vitamina C liposomada. En cuanto a la hidratante, mejor en formato gel-crema, que incorpore ingredientes como el escualeno o aceites no comedogénicos. El fotoprotector, fluido no graso o en gel acuoso. Y dos veces por semana hay que usar mascarillas exfoliantes ‘oil-free’ para evitar brotes de acné”.
  • Piel sensible. “Requiere texturas suaves, calmantes y ultranutritivas. Para limpiarte el cutis ellige un gel al agua con aloe vera y centella asiática y camomila por la mañana y un limpiador oleoso que se transforme en loción por la noche leche. La loción de tratamiento ha de llevar componentes calmantes, como agua de rosa damascena o aloe vera. Y el sérum, ingredientes que refuerzan la barrera dérmica, como el escaleno, bisabolol, niacinamida o ácido hialurónico. La crema mejor en textura cremosa con ingredientes reparadores y el aceite facial es opcional (si se pone, que sea de caléndula o borraja para reparar sin irritar). Finalmente, es importante que el fotoprotector tenga filtros físicos (óxido de zinc, dióxido de titanio) y sea una fórmula suave”.

Esta experta nos ofrece un último consejo: “Un fallo frecuente es no seguir el orden correcto de aplicación, lo que impide que los activos más ligeros se absorban bien. Además, aplicar demasiadas capas sin escuchar las necesidades reales de la piel puede generar irritación”.

La segunda parte de la ‘butter skin’ está en aplicarse sobre esta piel desnuda ultrajugosa una base de maquillaje casi imperceptible, que unifique pero que no se vea y deje traslucir esa piel de mantequilla. “Hay que elegir bases o tintes con texturas ricas y cremosas, que se fundan con la piel sin acartonar ni marcar líneas de expresión. Bases hidratantes, iluminadores líquidos, ‘blush’ en crema, bálsamos multifunción con color... todo lo que dé ese aspecto de buena cara natural y piel ultracuidada. Lo importante es evitar acabados mates y buscar fórmulas ‘glow’, que se integren bien con el ‘skincare’ previo y realcen la textura saludable de la piel”, concluye la maquilladora profesional Cristina G. Nuevo, portavoz de Planet Skin.

      Headshot of Virginia de los Ríos

      Virginia de los Ríos es experta en Belleza y Grooming, temas de los que escribe habitualmente en Cosmopolitan: cremas faciales, cosmética corporal, tratamientos capilares, protocolos en cabina, perfumes, nuevos activos… Desde Dior a Chanel, pasando por Loewe, Sephora, Augustinus Bader o Cantabria Labs, sigue al milímetro los lanzamientos de las marcas del sector beauty, desde las más prestigiosas a las firmas nicho o las marcas low cost.

      A esta periodista especializada en belleza y tratamientos –y a la que muy pocas cosas le harían renunciar a un pintalabios rojo satinado– le sigue apasionando, después de 15 años escribiendo sobre belleza, colarse en los laboratorios cosméticos para conocer cómo se desarrollan los ingredientes más punteros, destapar el frasco de las nuevas esencias y meter los dedos en los tarros de crema. Antes de que Instagram fuera un embrión, creó la plataforma The New Millesime, con el formato de tablero, para dar a conocer y analizar lo último en cosmética de lujo y lifestyle.

      Virginia de los Ríos se licenció en Filología Hispánica por la Universidad de Deusto, posteriormente se diplomó en Edición y Publicación de Libros por la misma universidad y tiene el Máster en Periodismo por la Universidad del País Vasco. Fue profesora de Lengua y Literatura españolas durante dos años en la Universidad de St. Andrews (Gran Bretaña) y cuenta con una experiencia de más de dos décadas como periodista en distintos medios de comunicación, entre los que destacan algunas de las cabeceras de HEARST, como Elle, Cosmopolitan, Harper’s Bazaar, Men’s Health o Esquire. Además, ha sido redactora jefe de Women’s Health y ha colaborado en numerosos grupos editoriales y publicaciones de relevancia, como Prisa, Unidad Editorial, El Semanal XL, MujerHoy, Yodona, Fuera de Serie, etc.