Marina Pereda (Burgos, 1989) lleva años escribiendo, según nos cuenta, "porque en todas las etapas de mi vida he estado acompañada por un cuaderno y un bolígrafo". Para ella, escribir es una forma de mirar el mundo y ahora se ha lanzado a plasmar su historia más personal en 'La Obra', un libro autobiográfico en el que relata su experiencia desde dentro del Opus Dei y su trayectoria tras salir, una dualidad que rara vez se cuenta.

Con motivo de la publicación, en nuestra sección 'Esta es mi historia' tuvimos la oportunidad de charlar con ella sobre cómo fue crecer en un contexto marcado por las normas y estructuras del Opus Dei, si existió culpa tras salir y cómo desarrolla su día a día después de abandonar ese entorno. Dale al 'play' arriba y no te pierdas la entrevista.

Aguilar La Obra: Memorias divinas y humanas de una chica en el Opus Dei (Primera persona)

La Obra: Memorias divinas y humanas de una chica en el Opus Dei (Primera persona)

Aguilar La Obra: Memorias divinas y humanas de una chica en el Opus Dei (Primera persona)

Crédito: D.R.


Creciste dentro del Opus Dei. Si tuvieras que explicarle a alguien de fuera cómo es crecer así, ¿cómo lo contarías?

Crecer dentro del Opus Dei significa muchas veces crecer en una familia numerosa, donde normalmente sois más de cuatro o cinco hermanos. Para muchas personas es lo común, y para otras puede ser muy sorprendente. Como en cualquier familia, cada uno tiene una personalidad, y esto es algo que explico al principio de mi libro cuando describo cómo ese personaje de Marina nace en esta familia y empieza a descubrir el mundo a su alrededor. Cuando una familia está atravesada por una institución como el Opus Dei, al final siempre hay una sensación de que está presente una manera específica de vivir la fe y de ir incorporando prácticas del Opus Dei en su día a día.

¿Puedes poner un ejemplo de esas prácticas?

De pequeña tenía un ángel de la guarda y, cuando iba al club del Opus Dei, donde hacía actividades con otras niñas, nos explicaban que era muy importante hablar con ese ángel como si fuera tu mejor amigo. Es una manera de entender y vivir la fe que para una niña puede ser inocente, pero que se puede convertir en algo más oscuro: hay un momento en el que ese ángel desaparece o se va transformando en una voz interior que, ya desde pequeñita, te está evaluando y relacionando con una parte de tu personalidad que es algo complejo de definir.

¿En qué momento empiezas a darte cuenta de que tu forma de ver el mundo no es la misma que la de la gente que te rodea?

En realidad, nunca sentí que viviera en dos mundos separados, sino en el mismo, pero donde convivían dos realidades. Yo iba a un colegio público y era consciente de que no todas las familias eran como la mía. Con esa mirada de niña te vas adentrando en el universo del libro y en el personaje que va tratando de desentrañar la complejidad del mundo en el que vivimos, porque el Opus Dei no está separado de la realidad: todos convivimos con esta organización.

De niña, ¿hubo alguna anécdota que te sorprendiera porque 'chocara' con tu forma de entender tu existencia?

Sí. Intentar encajar y aprender a leer las situaciones, a veces, hace que los otros niños te juzguen o que haya comentarios que te lleven a incorporar una capacidad de saber de qué no hablar y con quién. Yo no les contaba a mis compañeras de clase que tenía un ángel de la guarda o que en el club me confesaba con un sacerdote, sino que les hablaba de la parte divertida. Les decía que vinieran conmigo a hacer alguna actividad como teatro o baile y que íbamos a hacer un musical.

¿Eso te llevaba a sentir momentos de soledad?

Sí, cuando convives con todas estas complejidades, la sensación de aislamiento y tabú sucede incluso dentro de la propia familia, porque cada uno tiene una relación distinta con el Opus Dei y esto hace que en tu casa no se hablen ciertos temas. Y esa sensación de soledad acompaña durante toda la vida, hasta que eres capaz de empezar a hablar las cosas e incluso a reírte de ellas en ciertos momentos.

¿Cómo se convive con la contradicción de ser educada en el celibato y desear otras cosas?

Patra cualquiera que haya pasado por una adolescencia en la que tienes imposiciones o normas externas que vas acatando poco a poco, de manera imperceptible, pero, a la vez, tiene otras aspiraciones y modelos distintos, todo se vuelve algo más difícil. A los 14 años fui admitida en el Opus Dei; la institución confirmó que tenía vocación y eso me llevó a una vida de celibato. Era como si me hubiera enamorado totalmente de Dios, pasaba a ser su novia, para hacer un símil: todavía no estábamos "casados", pero ya tenía una relación exclusiva con él. Esto significaba que no podía salir de fiesta con mis amigas ni relacionarme con chicos como antes. De pronto, la relación con el ángel ya no era tan importante; la relación con Dios era algo mucho más serio, un compromiso de por vida.

A la vez que asumía ese gran compromiso interior –que no contaba en mi entorno porque me decían que no lo iban a entender–, seguía siendo una adolescente. En este libro se habla mucho de la supervivencia, de la autenticidad y de cómo hay partes dentro de nosotros que luchan por salir adelante para ser quienes somos. Y esa parte más auténtica la reflejo a través de un símbolo: una sudadera que compré en un mercadillo de mi pueblo. En mi historia, esa prenda se transforma en una especie de talismán que me acompaña todo el viaje y hace la narrativa más comprensible.

¿Y en ese proceso de dualidad había momentos de frustración o preguntas a las que no podías dar respuesta?

A veces pensamos que quien pertenece a un grupo, sobre todo de adulto, es como un monolito: alguien que ni siente ni padece, o que no se cuestiona nada. La realidad es que sí surgen muchas dudas, lo que pasa es que esas dudas vuelven una y otra vez al punto de partida: "Esta es tu vocación, esta es tu llamada". Se convierten en dudas circulares que nunca se resuelven. Y hay muchos momentos de crisis, pero no se trata de un sufrimiento constante; son pequeños momentos. Es como un goteo hasta que llega un día en el que algo falla (si fuera un sufrimiento continuo, nadie aguantaría ahí tanto tiempo).

Cuando algo falla, ¿cómo das el salto y cómo lo afrontas?

En el momento de mi salida hubo una persona de dentro de la organización que me ayudó. Me animó a pedir ayuda fuera, a buscar una psicóloga que no estuviera vinculada al grupo. Esto marcó una diferencia esencial. Pude acudir a una profesional que no tenía ninguna intención de que yo continuara o no; simplemente me trató como a alguien que necesitaba ayuda.

Pude acudir a una profesional que no tenía ninguna intención de que yo continuara o no; me trató como a alguien que necesitaba ayuda

Por otro lado, siempre he tenido esa red de amigas que me ha sostenido en muchos momentos. Aunque yo no me diera cuenta y aunque ellas vieran cosas que no les cuadraban o no estuvieran del todo de acuerdo conmigo, siempre mantuve esa red que me acompaña a día de hoy. Es verdad que hay personas que se quedan en el camino, y eso es muy doloroso. Pero es bonito ver quién sí está ahí, quién sabe apoyar y con quién se refuerzan esos vínculos que, al final, son los que te ayudan a salir adelante.

¿Y tu familia cómo se lo tomó?

El proceso de vinculación y desvinculación, e incluso el hecho de escribir un libro, son procesos de comunicación dentro de la familia. Hay quien habla de ello y hay quien no. Yo siempre he respetado que cada uno tenga su voz, y ellos han hecho lo mismo conmigo. Que yo saliera del Opus Dei tampoco era algo tan excepcional, porque otros miembros de mi familia lo habían hecho antes que yo y porque el hecho de nacer en una familia donde los padres son del Opus Dei no implica que todos los hermanos lo sean.

Dentro de las familias hay diversidad de opiniones desde que los niños son pequeños y no podemos pensar en estas familias como estructuras inamovibles, sino que cada uno tiene su opinión. Ahora, como adulta, tengo la suerte de que, con quien quiere y está abierto a ello, puedo hablar sobre el tema. También tengo otros miembros de mi familia, como tíos y primos, que no están vinculados a la organización, lo cual también queda reflejado en el libro, y me ayudó mucho en mi proceso de seguir reforzando mi personalidad auténtica, porque esa es la que te ayuda a que esa imposición de culpa y miedo que te han inculcado se vaya haciendo cada vez más pequeña.

¿Dirías que los sentimientos de culpa son lo más difícil de desaprender?

Más bien, que muchas veces los sentimientos de culpa son los más difíciles de identificar, porque no somos conscientes de que los tenemos. Cuando los normalizas, piensas que la culpa va ligada al amor de Dios, a la responsabilidad o a la empatía. Todo se puede disfrazar de culpa. De hecho, al hablar públicamente, he comprobado que hay gente dentro de la organización que se siente culpable, y entiendo perfectamente esa sensación. Pero lo importante es recordar que tú eres responsable de tu propia vida y de tus acciones, lo cual no implica que todo tenga que estar teñido por la culpa.

Cada uno debe entender qué está en su mano, qué es su responsabilidad y qué no. Espero que con este libro se abran estas conversaciones y nos ayude, como sociedad, a identificar estos procesos.

¿Hay algo de aquella etapa que forma parte de ti y que no quieres perder?

Si yo pudiera elegir, hubiera preferido no entrar nunca en esta organización. Y me gustaría que ningún niño o adolescente menor de edad entrara en ella, pero una vez que ha sucedido y que no puedo cambiar el pasado ni las normas de la organización, lo único que puedo hacer es aprender sobre esta experiencia.

Me quedo con la capacidad de poner límites y con las personas que, aun estando dentro –con sus miedos, sus culpas y los daños que han sufrido–, son capaces de echar una mano, escuchar y empatizar.

También me quedo con todas las personas que, como yo, han salido de esta organización y me han ayudado a ser mejor persona. Si hay algo bueno que puedo rescatar de todo esto, son las personas que me han ayudado a estar aquí y por eso este libro es un homenaje a todas ellas. No sé si existe Dios ni el ángel de la guarda, pero sí sé que existen personas valientes a las que admiro y que forman parte de esta historia.

A pesar del proceso terapéutico y la libertad que tienes hoy, ¿qué herida del pasado sientes que todavía estás trabajando?

Me gustaría romper el mito de la superación, como si superar algo significara no volver a hablar de ello o que tu vida es perfecta y ya no tiene nada que ver con la organización. Quienes hemos nacido en estos entornos tenemos vínculos muy fuertes con personas que siguen dentro o que han estado dentro. No existe un espacio en el que digas: "Esto ya está absolutamente fuera de mi vida". Exigir eso genera mucha frustración. Por eso prefiero plantearlo como que ese 'yo Opus' convive conmigo.

Me gustaría romper el mito de la superación, como si superar algo significara no volver a hablar de ello

Hay una parte que sigue ahí, pero ahora es más pequeña. Mi identidad adulta es más fuerte y puede comprender, explicar e integrar esos sentimientos de culpa, frustración o ansiedad de otra forma. No aspiro a que desaparezcan absolutamente. Es parte de mi vida y de quien soy. Eso es lo que nos hace adultos funcionales. Si después de haber sobrevivido a tantas situaciones, nos exigimos ser personas impolutas y perfectas, tendríamos un problema. Más vale convivir con nuestras cosas y reírnos de ellas, por eso el humor es tan importante para mí. Antes todo estaba oculto y llevaba al aislamiento; ahora puede ser compartido, y eso ayuda mucho.

¿Qué mensaje le mandarías a una persona que todavía está dentro de la organización y se está haciendo preguntas?

Yo evito dar consejos genéricos porque cada historia es única. Por eso, lo que me gusta es contar historias. Espero que quien lea el libro lo disfrute. Entiendo que no todo el mundo se va a sentir identificado con todas las partes de mi historia pero, si hay momentos que le ayudan a sentir esa identificación, a reflexionar o a conversar con sus amigos, para mí eso es maravilloso. Creo que el simple hecho de hablar ayuda.

Para las personas que quieran salir, sólo puedo dar el consejo que a mí me funcionó: que hablen con personas de otros entornos y que no tengan miedo de que la gente las juzgue. Si tienen un amigo o un psicólogo que entienda de estos temas y que sea independiente de la organización, creo que puede ayudar. Cada vez hay más conciencia sobre estos temas y asociaciones que ayudan a personas que están dentro de grupos, ya sean religiosos o de cualquier otro tipo.

¿Y para alguien que haya salido recientemente?

Bueno, no es tan distinto. Creo que a veces es delicado hablar de ello y puede ser muy doloroso expresarse. Yo considero que se trata de reforzar quién eres tú, centrarte en tu vida y en tu historia y salir adelante. Esa es la única responsabilidad que tenemos como seres humanos que intentamos hacer las cosas lo mejor posible.

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Silvia Lorente es experta en estilo de vida, 'celebrities' y sexualidad y especializada en cultura pop 'millennial'.

Se licenció en Periodismo en la URJC de Madrid, estudió un módulo de doblaje, un máster de DJ y tiene más de 10 años de experiencia en el manejo de plataformas digitales y redes sociales (escribió y ganó premios con su blog de moda y 'celebrities', 'La Otra Horma del Zapato', y coordinó el equipo de moda y belleza en el departamento digital de la agencia Globally durante dos años). Colaboró con InStyle, Harper's Bazaar y GQ, y genera contenido para Cosmopolitan desde 2015.

En sus ratos libres, pincha como DJ en eventos y echa las cartas del Tarot a quien tiene dudas sobre su futuro.

'Pss': Si te apetece jugar con ella al Trivial de 'Friends' o 'Sexo en Nueva York', has de saber que tienes las de perder.