Durante años, el romance juvenil ha estado dominado por una figura muy concreta: la del deportista atractivo, popular, emocionalmente inaccesible y, en muchos casos, envuelto en una actitud de superioridad que lo convertía en el objeto de deseo imposible de alcanzar. Sin embargo, en los últimos tiempos, ese arquetipo ha comenzado a transformarse. Ello lo podemos ver en las novelas de deporte y romance, las cuales han encontrado un nuevo impulso en títulos como 'Más que rivales' u 'Off Campus', donde los 'hockey boys' ya no se construyen únicamente desde la frialdad emocional, sino desde la vulnerabilidad, la escucha activa y una sensibilidad que empieza a redefinir qué entendemos por personaje masculino deseable.

En ese contexto, 'Off Campus', la adaptación de las novelas de Elle Kennedy, se ha consolidado como uno de los fenómenos más comentados del romance juvenil actual gracias a su primera temporada, protagonizada por Ella Bright y Belmont Cameli. La serie mantiene los códigos del género (el campus universitario, las dinámicas de popularidad, la tensión romántica y la idealización del amor joven), pero introduce matices que han llamado especialmente la atención del público. Sus protagonistas masculinos siguen siendo estrellas del hockey, carismáticos y socialmente deseados, pero se alejan de muchos de los estereotipos asociados tradicionalmente al chico deportista. Son personajes que hablan de emociones, que cuidan a sus amigos y que muestran inseguridades sin perder su atractivo.

logan (antonio cipriano), garrett (belmont cameli), dean (stephen thomas kalyn), and tucker (jalen thomas brooks) in off campus photo: liane hentscher/ prime© amazon content services llc
Liane Hentscher//Amazon Prime

Detrás de este fenómeno hay algo más que un romance universitario o una fantasía adolescente. La producción de Prime Video ha abierto la puerta a debates sobre consentimiento, placer femenino y nuevas formas de entender las relaciones afectivas y sexuales en la ficción juvenil. Para analizarlo en profundidad, hemos hablado con las sexólogas Claudia Lobatón y Anna Sánchez, del equipo de Platanomelón. Ambas coinciden en que el impacto de la serie no se entiende sólo desde su contenido, sino desde la forma en la que ese contenido llega al público.

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Liane Hentscher//Amazon Prime

"Las personas no consumimos ficción porque queramos educarnos, sino porque nos entretiene, nos emociona y nos permite conectar con los personajes", explica Claudia Lobatón. Desde esa lógica, el valor de 'Off Campus' no está en su dimensión formativa explícita, sino en su capacidad para introducir temas complejos dentro de una narrativa accesible. Así, Lobatón cuenta: "La fantasía universitaria y los códigos del romance hacen que el público entre en la historia. Una vez dentro, aparecen conversaciones sobre consentimiento, comunicación o placer femenino que, en otro contexto, podrían sentirse demasiado pedagógicas".

Las relaciones sanas también pueden ser profundamente románticas y deseables

Ese equilibrio se hace especialmente visible en la forma en la que la serie representa el deseo femenino sin desligarlo de la propia historia romántica. Uno de los momentos más significativos ocurre en la dinámica entre Garrett Graham y Hannah Wells, cuando ambos exploran su intimidad por primera vez a través del contacto y la exploración mutua. La escena no se construye desde la urgencia ni desde el clímax inmediato, sino desde la seguridad compartida, el consentimiento explícito y la comunicación constante. El foco no está tanto en lo que ocurre, sino en las condiciones que permiten que ocurra: el cambio de ropa a un conjunto menos incómodo para la protagonista, el ambiente más relajado con la música que Garrett escucha e incluso el pequeño baile que hace para ella.

hannah wells (ella bright) in off campusphoto credit: jeff weddell / prime© amazon content services llc
Jeff Weddell//Amazon Prime

Esa diferencia es clave en la lectura que hacen las expertas. "Durante mucho tiempo hemos planteado una falsa dicotomía: o hay pasión o hay comunicación. O hay química o hay consentimiento. Y la realidad es que las relaciones sanas también pueden ser profundamente románticas y deseables", señala Claudia Lobatón. En esa escena, el deseo no se interrumpe por la comunicación, sino que se construye a través de ella, reorganizando la tensión romántica alrededor de la confianza que ella busca en él por un trauma pasado que la frenaba hasta el momento. Asimismo, es justo en la escena comentada en la que pasamos de ver rigidez, a una relajación total, desencadenando un deseo desbordante, excitación, juego, placer y muchísima seguridad.

Históricamente, el deseo femenino ha estado mediado por la mirada masculina o castigado

El personaje de Garrett Graham encarna bien ese desplazamiento. Es el clásico chico popular del campus, pero su forma de relacionarse con Hannah no se basa en la imposición ni en la conquista agresiva, sino en la atención constante a los límites de la otra persona. Su atractivo no reside únicamente en su estatus, sino en su capacidad para adaptar el deseo al ritmo compartido. "Ver que el personaje más deseado de la historia pregunta, escucha y respeta puede ser mucho más transformador que cualquier discurso explícito sobre consentimiento", apunta Lobatón.

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Liane Hentscher//Amazon Prime

En paralelo, la serie también reconfigura la representación del deseo femenino. Hannah no es un personaje pasivo dentro del relato romántico, sino alguien que expresa curiosidad, iniciativa y deseo sin que eso tenga consecuencias negativas dentro de la narrativa, incluso cuando ello podría chocar con el trauma que vivía con ella debido a que fue víctima de una violación años atrás. "Históricamente, el deseo femenino ha estado mediado por la mirada masculina o castigado en la ficción", explica Anna Sánchez. "Aquí, en cambio, se muestra como algo natural, legítimo y no problemático dentro del relato romántico", añade.

El consentimiento deja de ser algo externo al deseo y pasa a formar parte de él

La serie también invita a matizar su propio alcance. Como recuerdan las dos sexólogas, "la representación no es educación sexual", por lo que una ficción no puede sustituir una formación afectivo-sexual completa. Sin embargo, sí puede abrir conversaciones, generar nuevos referentes y hacer visibles dinámicas que durante años han estado ausentes de los relatos adolescentes. En el caso de esta producción, hemos podido escuchar hablar de masturbación femenina, de deseo o de la voluntad de sentirse deseada.

hannah (ella bright) and garrett (belmont cameli) in off campus photo: liane hentscher/ prime © amazon content services llc
Liane Hentscher//Amazon Prime

Ese es precisamente uno de los mayores aciertos de 'Off Campus'. Como señala Claudia Lobatón, "no desmonta la fantasía romántica adolescente, pero sí desplaza algunas de sus reglas internas. El consentimiento deja de ser algo externo al deseo y pasa a formar parte de él". La serie sigue funcionando desde los códigos del romance universitario (la idealización, la atracción y la fantasía), pero introduce una nueva manera de entender qué resulta atractivo dentro de esas historias.

Por eso, el fenómeno no debe entenderse como una revolución absoluta, sino como una señal de cómo están evolucionando las ficciones juveniles. "No estamos ante una transformación total de los códigos del género, pero sí ante pequeñas modificaciones que, acumuladas, cambian la forma en la que imaginamos las relaciones", resume Lobatón. En esa evolución también se transforma la propia fantasía del 'hockey boy'. Como concluye Anna Sánchez: "Quizá lo más interesante no es que estos personajes sean más perfectos, sino que ahora el cuidado, el respeto y la comunicación también forman parte de lo que los hace deseables".

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Álvaro Alonso es redactor de actualidad y ‘celebrities’ en Cosmopolitan y experto en famosas y cultura Y2K desde hace varios años. Si no está escribiendo, seguramente esté encontrando las mejores anécdotas y contenidos en redes sociales sobre los años 2000s y las tendencias de moda que vuelven a llevarse hoy en día. Es un apasionado de los realities show, por lo que conoce al detalle las vidas de las hermanas Kardashian y todas esas palabras y expresiones de la cultura pop que la Generación Z utiliza. 

En su día a día en Cosmopolitan, Álvaro Alonso está enfocado a la redacción de contenidos de celebrities y actualidad, siempre con tilde ‘fashion’, pues es un apasionado de las pasarelas. No se le escapa ningún contenido que se haga viral en Instagram, Twitter y TikTok. Conoce muy bien las redes, pues compagina la redacción con la creación de contenidos, sobre todo en TikTok, donde comparte vídeos non-stop. Álvaro Alonso está graduado en Periodismo por la Universidad Rey Juan Carlos y estudia un Máster en Comunicación Audiovisual en la Nueva Era Digital por la Universidad Complutense de Madrid. 

Comenzó a escribir como redactor en una agencia de comunicación sobre contenido de actualidad en la Comunidad de Madrid, pasando por varios medios digitales e impresos como Togayther, donde escribe cada vez que puede sobre moda, televisión, ‘celebrities’ y contenido enfocado desde la perspectiva LGTBI. De la misma forma, en Why Not Magazine colabora de manera frecuente, hablando sobre temas de cultura, música y televisión.