Hubo un momento, ya bien entrados los años 2000, en el que las películas románticas comenzaron a cambiar casi sin que nos diéramos cuenta. Poco a poco, Hollywood empezó a romper con esa imagen tan repetida durante décadas de parejas formadas por un hombre mayor y una mujer mucho más joven, o de protagonistas cuya única meta era enamorarse y alcanzar el clásico final feliz. El romance seguía estando ahí, claro, pero ahora venía acompañado de personajes mucho más complejos, llenos de contradicciones, problemas familiares e inseguridades que los hacían sentir reales.

Una de las películas que mejor entendió esa transformación fue 'Amélie'. La cinta dirigida por Jean-Pierre Jeunet convertía a Amélie Poulain en una protagonista tan encantadora como extraña, una mujer tímida, solitaria y profundamente imaginativa que intentaba mejorar la vida de los demás mientras era incapaz de enfrentarse a la suya propia. Su historia de amor era importante, sí, pero también lo era su dificultad para conectar con el mundo y aprender a vivir más allá de la fantasía. Quizá por eso sigue siendo una de las películas románticas más queridas de las últimas décadas.

Sin embargo, incluso con todos esos cambios, hay algo que el cine romántico sigue dejando fuera demasiadas veces: las historias de amor maduras. Sigue siendo raro encontrar películas o series que hablen de personas que superan los 50 o 60 años y que todavía desean enamorarse, descubrirse o empezar de nuevo. Por suerte, existen excepciones increíbles como 'Grace y Frankie', 'Nosotros en la noche' o 'Ático sin ascensor', producciones que entienden que el amor no desaparece con la edad, simplemente cambia e incluso mejora. Es menos impulsivo y quizá más melancólico, pero también puede ser mucho más real. Y. precisamente. por eso resulta tan necesario seguir reivindicando estas historias, porque muestran una realidad que existe y que rara vez ocupa el centro de la pantalla.

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Netflix

Y ahí es donde entra 'Hola, mi nombre es Doris', una pequeña joya escondida en Netflix que me ha recordado muchísimo al espíritu de 'Amélie'. La película sigue a Doris, una mujer de más de sesenta años que, tras pasar gran parte de su vida cuidando de su madre enferma, empieza a replantearse quién es realmente cuando conoce a John, un compañero de trabajo mucho más joven que ella. Así, lo que podría haber sido una simple comedia romántica incómoda termina convirtiéndose en algo mucho más interesante y es una historia sobre la soledad, el miedo al cambio y la necesidad de sentirse vista por alguien. Frente a ella está Max Greenfield, conocido por la genial serie, 'New Girl', pero la verdadera estrella absoluta es Sally Field. Todo gira a su alrededor y funciona porque ella consigue que Doris sea divertida, torpe, vulnerable y profundamente humana al mismo tiempo.

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Seacia Pavao//Netflix

De hecho, gran parte de la fuerza de la película nace precisamente de cómo Sally Field entendía a su personaje. En una entrevista para la revista 'TIME', la actriz reflexionaba sobre cómo el amor y el deseo no desaparecen con la edad: "Con el paso del tiempo, nuestros rostros y cuerpos cambian. Sin embargo, cuando sientes esa atracción intensa y apasionada por alguien, es igual a los 70 que a los 13. Te sientes incómoda, tienes miedo de equivocarte y te expones de maneras que ni siquiera imaginas". No obstante, también quiso hablar de cómo la industria ha tratado históricamente a las mujeres mayores. "Hollywood es muy duro con las mujeres en general, así que no invierten dinero en ellas, no las promocionan, y luego, cuando no recaudan tanto como las películas para chicos jóvenes, dicen: '¿Lo ven?'. Hay muchísima gente que quiere ver historias con las que se puedan identificar, y no son hombres, ni blancos, ni jóvenes".

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Netflix


Y, en el fondo, sólo queda agradecer al cine (y especialmente a Sally Field) por dar vida a un personaje tan diferente, tan lleno de matices y tan humano, que permite que mucha más gente pueda verse reflejada en pantalla. Su interpretación fue reconocida con una nominación a los Critics Choice Awards, aunque lo cierto es que merecía muchas más, porque es, sin ninguna duda, una de las mejores películas de Netflix que he visto.

Headshot of Álvaro Alonso de la Fuente

Álvaro Alonso es redactor de actualidad y ‘celebrities’ en Cosmopolitan y experto en famosas y cultura Y2K desde hace varios años. Si no está escribiendo, seguramente esté encontrando las mejores anécdotas y contenidos en redes sociales sobre los años 2000s y las tendencias de moda que vuelven a llevarse hoy en día. Es un apasionado de los realities show, por lo que conoce al detalle las vidas de las hermanas Kardashian y todas esas palabras y expresiones de la cultura pop que la Generación Z utiliza. 

En su día a día en Cosmopolitan, Álvaro Alonso está enfocado a la redacción de contenidos de celebrities y actualidad, siempre con tilde ‘fashion’, pues es un apasionado de las pasarelas. No se le escapa ningún contenido que se haga viral en Instagram, Twitter y TikTok. Conoce muy bien las redes, pues compagina la redacción con la creación de contenidos, sobre todo en TikTok, donde comparte vídeos non-stop. Álvaro Alonso está graduado en Periodismo por la Universidad Rey Juan Carlos y estudia un Máster en Comunicación Audiovisual en la Nueva Era Digital por la Universidad Complutense de Madrid. 

Comenzó a escribir como redactor en una agencia de comunicación sobre contenido de actualidad en la Comunidad de Madrid, pasando por varios medios digitales e impresos como Togayther, donde escribe cada vez que puede sobre moda, televisión, ‘celebrities’ y contenido enfocado desde la perspectiva LGTBI. De la misma forma, en Why Not Magazine colabora de manera frecuente, hablando sobre temas de cultura, música y televisión.