No te fíes de un desodorante que promete 72 horas de protección. No te fíes de la memoria de tu ordenador si tienes que entregar una presentación el lunes que viene. No te fíes de las bolsas de hielo que quedan en tu congelador cuando organices una fiesta. No te fíes de la cámara frontal de tu móvil ni de la app que predice el tiempo. Y, sobre todo, no te fíes de tu pareja. Quizá esa jaqueca no se deba a un aumento de tus dioptrías. A lo mejor son el anuncio del nacimiento de dos pequeñas protuberancias a cada de lado de tu cabeza. De dos cuernecitos.
Mantente alerta. No confíes en él. Hazte un gorro con papel de aluminio y escóndete en el búnker de tu vecino. O invierte en un colchón que se chive cuando tu novio te sea infiel.
Tras la publicación de un informe en el que se afirmaba que los españoles son los europeos más propensos a poner los cuernos, la inspiración llegó a una empresa gallega. Idearon un colchón en cuyo interior se encuentra un total de 24 sensores destinados a detectar los patrones rítmicos propios de las relaciones sexuales. Cuando el sistema los asimila, manda una alerta al teléfono móvil de su dueño, que será informado de la intensidad y duración de la actividad en tiempo real.
Confirmar tus sospechas sentimentales y enterarte del disgusto en mitad de clase de spinning o de un funeral cuesta entre 1.500 y 2.050 euros, según el tamaño de la cama. Vivir en la ignorancia, o reunir el coraje para formularle tus dudas, continúa siendo gratis.











