Un bolso diseñado y fabricado en España, una rebeca de nuestra abuela, esa marca tan ideal que hace faldas pareo en Ibiza, ese collar de perlas que compraste en un viaje a París... Nuestro armario está lleno de historias y nos encanta coleccionarlas todas. Son esas piezas con orígenes tan variados las que dotan de personalidad nuestros ‘looks’, de las que nos cuesta un montón desprendernos y que tienen un valor incalculable para nosotras. Pero una prenda no necesita ser una herencia o ir acompañada de una anécdota emotiva para tener una historia. De hecho, toda nuestra ropa cuenta con un largo historial de procesos, desde su origen hasta que llega a nuestras manos, lo cual influye en gran medida sobre que esta sea sostenible o no. Pero, ¿cómo saber de dónde viene dicha prenda? Es aquí donde entra la trazabilidad en moda, la herramienta más importante para responder el ‘quién’, el ‘cómo’ y el ‘dónde’ han fabricado nuestra ropa.

Qué es la trazabilidad textil

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Según el movimiento activista Fashion Revolution, la trazabilidad es "el conjunto de procesos, ubicación y trayectoria de un producto a lo largo de la cadena de suministros". La cadena de producción comienza con la concepción de la idea, a la que le sigue el diseño, el corte, la confección, el embalaje y la distribución. Una serie de pasos que puede alargarse mucho en el caso de las marcas que fabrican en Asia. Como es natural, cuántos más intermediarios haya y más larga sea esta cadena, más complicado va a resultarnos saber quién ha hecho tus prendas y en qué condiciones. Información importante para verificar que esta es sostenible y respetuosa con el medioambiente.

El problema de las cadenas de producción

Como veníamos explicando, la cadena de producción es en la que radica la mayor parte de los problemas de trazabilidad. Cuando un producto se elabora en España, resulta mucho más fácil conocer en qué lugar se ha hecho, además de tener la garantía de que estás comprando a una empresa con condiciones laborales dignas, ya que la esclavitud y la explotación infantil están prohibidas. Pero lo cierto es que en el caso de la moda, los principales productores están en India, Bangladesh, China, Pakistán, Uzbekistán, Thailandia y Egipto, tal como explica El Centro de Investigación de Corporaciones Multinacionales (SOMO).

Tal y como muestra el mapa interactivo de Stop Child Labour, todavía existen varias zonas del mundo donde la explotación infantil sigue a la orden del día, por eso son importantes las ONGs y asociaciones como la Fair Labour Association, que trabaja en Ankara, Turquía, para investigar la cadena de producción en la producción de prendas. Sofía Oova, coordinadora global de Stop Child Labour explica este problema: "compañías que venden sus productos en Europa y Estados Unidos no tienen idea de dónde provienen sus textiles. Quizás conocen al proveedor inmediato que cumple todas las legalidades pero en los niveles inferiores de la cadena es más difícil entender de dónde proviene el algodón", por ejemplo. Con esto queremos decir que muchas veces, aunque la empresa se sitúe en Europa, muchas veces desconoce de dónde provienen sus materiales y materias primas.

Las condiciones de trabajo precarias

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Edward Berthelot//Getty Images

Resulta difícil entender que existan millones de personas con un trabajo tan precario, pero la verdad es que la Organización Internacional del Trabajo (OIT) estima hay unas 21 millones de personas trabajando en estas industrias en condiciones de esclavitud. Muchos son niños y mujeres en estado vulnerable que solo ganan unos pocos euros por turnos de 14 a 16 horas donde sufren de maltratos físicos, posibles problemas de salud, cansancio y malnutrición. Pero el 24 de abril de 2013 fue cuando el mundo tomó conciencia de la gravedad del asunto, cuando la fábrica Rana Plaza de Bangladesh colapsó. En este accidente murieron 1,100 personas y docenas resultaron heridas de gravedad.

El incumplimiento de normativas medioambientales

La trazabilidad nos sirve para determinar si se han llevado a cabo procesos sostenibles en cada fase, pero esto no impide que las empresas pasen de la normativa medioambiental y continúen contaminando de agua, tierras y aire. Según un estudio de la WWF, la industria textil usa 378 billones de litros de agua al año para procesar y teñir ropa. Concretamente, mil químicos sintéticos se liberan en ríos y océanos que sirven como suministro de agua para ciudades y sembradíos. Incluso el algodón, uno de los materiales menos dañinos, hace uso de pesticidas para cuidar los cultivos lo afecta directamente la biodiversidad de la zona.

Cómo mejorar la trazabilidad

Para poder afinar el tiro en lo que a moda se refiere, es importante conocer las deficiencias y puntos débiles de la industria. Una vez localizados, puedes tomar decisiones para acortar la cadena de producción o al menos poder localizar el origen de las materias primas. Este es el caso de la firma Paloma Wool, que produce de manera local, reduce los desperdicios generados en la cadena y apuesta por las telas sostenibles. Todo ello para fomentar la compra sostenible, responsable y duradera. Otro ejemplo es Maje, que en colaboración con la start up Fairly Made, lanza su proyecto de trazabilidad para su colección SS22. La firma detallará en una serie de referencias el origen y el proceso de producción, que irán aumentando hasta que en 2025 el 100% de la colección cuente con esta información.

Otro ejemplo de un caso de Fashion Revolution, es que a través del movimiento #IMadeYourClothes (Yo hice tu ropa) está dando visibilidad a las personas que trabajan en la larga y extenuante cadena de producción, llegando a los tejedores de India que elaboran las telas. También existen compañías como Clean Clothing Campaign, que ejercen de grupos de presión para compañías y gobiernos donde hay productores, para que tengan condiciones de trabajo dignas y que conozcan sus derechos.

Es decir, que en la mano de las empresas está garantizar que sus productos sigan prácticas sostenibles y respetuosas con los derechos humanos, así como llevar a cabo labores de trazabilidad que garanticen que se cumplan. Algunas empresas como Inditex acostumbran a colaborar con consultoras externas, para que o bien realicen dichas auditorías, o bien implementen sistemas informáticos que monitoricen la cadena de producción.

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Silvia Gómez
Redactora de Moda

Silvia es una periodista y estilista experta en moda y tendencias. Su trayectoria como redactora de Moda en Esquire comenzó hace tres años cuando descubrió que las zapatillas le gustaban tanto que podría escribir sobre ellas a diario. Y así lo hace: te recomienda los últimos lanzamientos (o drops, porque maneja la jerga), sabe dónde conseguir ese par agotadísimo de Nike Air Jordan 1 que tanto llevas buscando y se le da especialmente bien encontrar sneakers de moda con oferta. Si buscas un jersey nuevo sabe dónde encontrar los más bonitos y a buen precio y si no sabes cómo combinar un pantalón de pana, ella tiene la respuesta.     Entre sus temáticas favoritas están los desfiles de moda y las colaboraciones entre firmas de lujo y de streetwear, pero lo que más disfruta es escribir sobre todas las tendencias de la generación Z imposibles de pronunciar. Se maneja con TikTok con gran fluidez y es capaz de bucear hasta las profundidades de la red social para dar con las últimas tendencias en moda masculina, como el bloke core, el gorpcore o las últimas marcas urbanas que lo van a "petar". Es decir, que si lo que quieres es estar al día de lo que pasa en el mundillo de la moda y que esta no te atropelle, es tu persona de confianza. Silvia se graduó en Periodismo en la Universidade de Santiago de Compostela en 2018, estudió un año de Erasmus en la University of Tampere, en Finlandia. Completó el Máster en Comunicación de Moda y el curso de Estilismo de Moda en el Instituto Europeo di Design de Madrid en 2019. Su trayectoria profesional la ha llevado a colaborar con medios como La Voz de Galicia, DAZN o Cosmopolitan.