El pasado sábado se daban el ‘sí, quiero’ en una acaudalada mansión de Florida Brooklyn Beckham y Nicola Peltz, que lograban organizar la que ya se tilda como la ‘boda del año’ hasta la fecha. Y aunque ellos aparecían radiantes y todo lo que pudimos ver en las fotos oficiales rezumaba lujo y buen gusto —ojo con el vestido clásico de Valentino de ella—, lo cierto es que los protagonistas indiscutibles fueron de forma irremediable los padres del novio, David y Victoria Beckham. Creadores de esta familia ‘celeb’ que resiste a viento y marea a pesar de los infaustos titulares desde hace más de dos décadas. En concreto, 25 años.
La pareja se conocía en 1997 durante una fiesta organizada por el Manchester United cuando él era el jugador de fútbol de moda y ella era una Spice Girl. El idilio estaba casi asegurado y dos años más tarde, en 1999, pasaban por el altar en un castillo ubicado en Irlanda, a donde se desplazaron más de 230 invitados entre los que se encontraba lo más granado de la alta sociedad. Esa fue precisamente la primera discordancia de la boda de estos y Brooklyn con Nicola: el país. Mientras que los primeros abanderaron su nación, el hijo mayor optó por ceder y celebrar sus nupcias en el país de su actual mujer, Estados Unidos. Aunque esta diferencia es solo ‘peccata minuta’ si comparamos de una forma más general ambos enlaces.
Minimalismo vs. Barroquismo
Si algo era alabado de la reciente boda de Brooklyn y Nicola por los medios especializados era el comedido simplismo y elegancia que evocaron tanto sus ‘looks’ como la atmósfera festiva. Un estilo que contrasta sobremanera con el barroquismo que los Beckham abanderaron en su enlace. No exageramos, la boda de 1999 es recordada en Reino Unido casi como un evento de la realeza, y a las pruebas nos remitimos. El vestido de Victoria era tan extravagante como sorprendente. Se trataba de un diseño encorsetado con escote de corazón firmado por Vera Wang, que casaba a las mil maravillas con el también traje blanco de David de tres piezas que contenía un pañuelo de satén. El brillo por el brillo. Brooklyn, sin embargo, eligió un esmoquin mucho más sobrio de Dior ejecutado por Kim Jones, amigo de la familia; mientras que Peltz deslumbraba con un vestido de escote cuadrado, sin mangas, cola de catedral y velo de encaje francés con guantes a juego. El diseñador no podía ser otro que Pierpaolo Piccioli para Valentino Alta Costura. Todo genialmente aterrizado.
A diferencia de los recientes novios, los Beckham se cambiaron de atuendo en la celebración posterior y se enfundaron a juego —algo muy de ellos en aquella época— en dos ‘looks’ de color violeta que a día de hoy aún persiguen en sueños a Victoria, quien con el paso del tiempo abandonó lo estrambótico de su armario. Eso sí, la fiesta de los padres salió mucho más económica que la del hijo. La ceremonia de Brooklyn y Nicola asciende a 3,5 millones de euros, mientras que la de papá y mamá costó la nada desdeñable cantidad de 720 mil euros. El paso del tiempo y lo cara que está la vida —incluso para los más ricos— también afecta a este paralelismo.
Sea como fuere, lo cierto es que David y Victoria han sabido redimirse a la perfección de aquellos ‘looks’ tan estrafalarios y se colocaban entre los mejores vestidos de la boda de su hijo. Él optaba por un impoluto esmoquin de Dior, mientras que ella sorprendía desafiando cualquier norma de madrina antes escrita y aparecía con un vestido satinado de encaje firmado por ella misma y hecho a medida en Londres que nos dejaba boquiabiertos. Pasados 23 años, chapó.

Periodista. Sé de buena tinta que la hermana gemela de Lindsay Lohan existió. Esta es mi historia, Patricia.












