Este lunes el mundo del K-pop, género musical adolescente por antonomasia en Asia, amanecía de luto. Sulli, posiblemente la estrella más famosa de dicha corriente cultural que mueve a millones de fans, aparecía muerta en su casa de Seúl. Así lo daba a conocer la policía local tras hablar con su agente, persona que la habría encontrado sin vida en su residencia. Este acudía al domicilio de la joven de 25 años después de haber intentado contactar con ella sin éxito desde el domingo por la tarde.

Una muerte que, según la hipótesis principal, podría tratarse de un suicidio. Triste posibilidad que no sorprende a sus seguidores y allegados, que estaban al tanto de una fuerte depresión que la propia estrella había verbalizado en multitud de ocasiones. Dura enfermedad que habría sufrido, en parte, debido al extenuante acoso a través de redes sociales que la joven había denunciado abiertamente.

Su muerte vuelve a alertar acerca de la situación de los artistas K-pop

Con más de seis millones de seguidores en Instagram, Choi Jin-ir —su nombre real— saltaba a la fama muy joven, exactamente en 2005 cuando tenía 11 años, aunque su reconocimiento mundial llegaba tras la incorporación a la 'girl band' F(x) en 2011. Formación que abandonaba en 2014 para centrarse en su carrera como actriz, disciplina que nunca llegó a eclipsar su mediática faceta como cantante.

La última polémica en la que se veía envuelta tenía lugar hace apenas unas semanas, cuando por error mostraba un pecho durante un directo de Instagram. Tras dicho incidente, era ella misma la que tenía que rendir explicaciones públicamente y reconocer que “no entendía el problema, ya que eso también formaba parte de su libertad personal”.

Su muerte vuelve a convertir en debate la dudosa situación a la que se enfrentan las estrellas del K-pop, industria conocida por someter a un intenso escrutinio público y laboral a sus integrantes, además de exponerlos a una agenda profesional que podría ser tildada de poco saludable.

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Periodista. Sé de buena tinta que la hermana gemela de Lindsay Lohan existió. Esta es mi historia, Patricia.