Hay una realidad bastante poco glamurosa que compartimos muchas: vivir de alquiler obliga a desarrollar una relación muy poco especial con los muebles. Ya no se compra solo pensando en si algo queda bonito en el salón o combina con la alfombra, sino en una pregunta mucho más importante: "¿Me va a seguir sirviendo si dentro de un año me mudo?". Enamorarse de una casa está muy bien, pero hacerlo de un sofá imposible de recolocar ya no tanto. Por eso, IKEA siempre es una apuesta segura.
Ahora no compramos por comprar, se compara más y se intenta amortizar mejor. Queremos que la casa luzca bonita, por supuesto, pero también que sea práctica, flexible y capaz de acompañar los cambios: una mudanza, un piso más pequeño, una habitación que de repente también es despacho o una casa en la que cada centímetro cuenta.
Los muebles que te van a servir vivas donde vivas
Si hay una palabra clave cuando se vive de alquiler, esa es versatilidad. De ahí que los sistemas modulares tengan tantísimo sentido. BESTÅ, por ejemplo, funciona especialmente bien en el salón porque permite empezar con algo sencillo (como un mueble para la televisión) e ir ampliándolo según cambian las necesidades o el espacio. Puedes añadir módulos, incorporar puertas o reformular la composición sin tener que despedirte del conjunto entero en cuanto cambias de piso.
En esa misma línea está PLATSA, uno de esos sistemas que nos reconcilian con los rincones "raros" de casa. Porque todos hemos tenido alguna vez una pared difícil, un hueco desaprovechado o una zona donde ningún armario parecía encajar. Aquí la gracia está en poder personalizar el interior y adaptarlo al espacio disponible, algo especialmente útil cuando la casa no está hecha a tu medida, pero necesitas que funcione como si lo estuviera. Y lo mejor de todo es que lo puedes usar tanto en un dormitorio como en un salón. Totalmente versátil.
Otro comodín absoluto es KALLAX, que probablemente sea uno de los muebles más fáciles de llevarse de una casa a otra. Puede ser librería, separador de ambientes, almacenaje para el recibidor o apoyo extra en un dormitorio. En pisos pequeños, donde una misma estancia suele tener varias vidas a la vez, contar con una pieza así no solo ayuda: directamente resuelve.
Cuando un mueble hace más de una cosa
En casas de alquiler pequeñas, los muebles multifunción son prácticamente obligatorios. Y una de las mejores compras que se pueden hacer en IKEA es FRIHETEN, un sofá cama que permite tener salón y cama de invitados sin sacrificar metros de más. Es una de esas piezas que funcionan especialmente bien cuando se quiere aprovechar el espacio sin sentir que la casa está saturada.
Algo parecido ocurre con NORDEN, una mesa abatible que se adapta muy bien a ese estilo de vida en el que el comedor, el despacho y la zona de cenas con amigas conviven en los mismos pocos metros. Cerrada ocupa poco; abierta, resuelve mucho. Y eso, en una casa donde todo tiene que justificar su sitio, siempre compensa.
Y también merece la pena tener en el radar NISSAFORS, el carrito auxiliar que va encontrando su lugar allí donde haga falta. Hoy puede estar en la cocina, mañana en el baño y pasado mañana al lado del escritorio.
Las compras que miran al futuro
Entre las piezas que mejor representan esa idea de comprar con visión de futuro y ahorro está la cama nido SLÄKT, una estructura de cama almacenaje en blanco de 80 x 200 cm pensada para durar muchos años. Tiene un diseño atemporal, con cantos redondeados y una superficie resistente a los arañazos, y eso ya dice bastante de su vocación de permanencia. La cama crece al ritmo del niño gracias al diseño inteligente de sus paneles laterales, sin perder proporción visual, y además incluye las piezas necesarias para alargarla dentro de la propia estructura.
También permite cambiar su aspecto de una forma sencilla, solo eligiendo un cabecero de otro color, y puede combinarse con otros muebles de las series SLÄKT y SMÅSTAD. A eso se suma una base de láminas que ofrece buen soporte para colchones de espuma y de muelles. En otras palabras: es una de esas compras que tienen sentido no solo porque resuelven una necesidad inmediata, sino porque evitan volver a comprar demasiado pronto.
Total, bastante incierto es ya no saber cuánto tiempo vas a quedarte en un piso como para encima rodearte de muebles que caducan a la primera mudanza. Así que, puestos a invertir, mejor hacerlo en piezas de IKEA que hoy te resuelvan la vida y mañana no te den pereza. Eso sí que compensa.
Piluca Santos es periodista especializada en moda y belleza, aunque lo que realmente le hubiera gustado en la vida es ser modelo. Podría haber arrancado su trayectoria profesional ganando Elite Model Look, pero nunca se presentó (por falta de centímetros, obvio) y prefirió empezar su carrera en Vocento. Primero en la revista Pantalla, especializada en cine y televisión, y, más tarde, en Mujerhoy. Y, desde entonces, aunque nunca se ha subido a una pasarela, siempre ha estado vinculada al periodismo de moda y belleza en revistas de lifestyle, como la citada Mujerhoy, InTouch, Divinity, Mujer.es, Woman, Lecturas, InStyle, Clara, El Mueble, Elle, Marie Claire..., e incluso ha pasado por las revistas de 'Gran Hermano', 'La Voz'... Ahí es nada.
Actualmente, además de teclear en Esquire y Vozpópuli, trabaja en el departamento de comunicación de una marca cosmética. Vamos, esta chica es, como diría la gran Paquita Salas, una periodista 360: lo mismo te redacta una nota de prensa, que te recomienda los mejores retinoides o te cuenta las últimas novedades en champús anticaída. No hay nada en el mundo que le guste más que probar productos de belleza. Y sí, es de esas personas que cada vez que un pintalabios cae en sus manos tiene que estrenarlo, aunque siempre acabe usando el mismo 'lip combo'. Analiza con lupa los INCIS de los cosméticos y está encantada de ayudarte si alguna vez tienes alguna duda sobre belleza. A veces siente que Sephora se está perdiendo un gran talento.
Con 8 años les dijo a sus padres aquello de "papás, quiero ser periodista". En 2006, por fin, pisó por primera vez la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense. Allí, además de catar una buena cantidad de palmeritas de chocolate de la mítica cafetería, reafirmó su vocación: quería vivir para escribir (o sobrevivir escribiendo, que es parecido, pero no es lo mismo). Sin embargo, después de licenciarse, pensó que le podía sacar más partido a su don de gentes y estudió un Máster en Dirección de Comunicación en CESMA Business School, donde le explicaron que un relaciones públicas no era una persona que repartía flyers, sino un 'guest relation'. Y, oye, sí que lo aprendió bien porque esta formación, sumada a su experiencia como periodista, le sirvió para trabajar en la agencia de Comunicación y Relaciones Públicas Omnicon, catalogada como una de las mejores del mundo. Madrugadora por convicción (y obligación, Piluca tampoco quiere engañar a nadie porque los artículos no se escriben solos), todavía no ha sacado tiempo para escribir una chick lit, su gran proyecto de futuro. Casi todos los días lo intenta. Casi el lunes, casi el martes, casi el miércoles... Pero ese mañana nunca llega ¿o sí?









