Hay historias que llegan sin hacer demasiado ruido y, de repente, se convierten en ese pequeño vicio de nuestro día a día. De hecho, reconocemos que nos hemos enganchado cuando los cafés se convierten en un arma infalible para combatir el cansancio de habernos quedado hasta tarde leyendo. Son ese tipo de novelas que combinan intriga, emoción y una ambientación que logran que el mundo real acabe desapareciendo, al menos por unas horas.

Cuando una trama consigue transportarte a otra época y provoca una reacción o una emoción, por pequeña que sea, en tu interior, ya ha cumplido su objetivo. Nos atrapan, nos obligan a mirar el pasado con otros ojos –incluso aunque estemos ante algo irreal– y nos dejan pensando después de haber cerrado el libro. Y, precisamente, me he enganchado a esta adictiva novela por su trama histórica ambientada en España que todo el mundo va a leer esta primavera.

En ‘Los malos muertos’, que ha llegado a las librerías este pasado 8 de abril, la periodista y guionista Elisabeth Anglarill se estrena en la ficción con una propuesta que combina una buena dosis de novela negra con pizcas de histórica en una trama que se mueve entre lo inquietante y lo adictivo.

Todo arranca en 2012, cuando el hallazgo de unos restos humanos en el yacimiento de Empúries destapa una serie de muertes conectadas entre sí y ligadas a un pasado oculto. La agente Alex Sabell investiga el caso mientras descubre que los hechos tienen implicaciones personales y raíces que se remontan décadas atrás. En paralelo, en 1912, un joven arqueólogo se enfrenta a una red de saqueo y corrupción que acabará dejando huellas que perduran en el tiempo.

Uno de los puntos fuertes del libro es precisamente el cuidado con el que la autora dibuja a sus protagonistas. Alex Sabell se mueve constantemente entre su trabajo y sus propios conflictos, ¿cómo no empatizar con ella si a todos nos sucede igual? No es capaz de trazar una línea sana de equilibrio entre ambos, lo que añade una capa de vulnerabilidad a la investigación. Junto a ella, Jérôme Tolbert aporta esa parte más serena y analítica, mientras que Mateu Mercader, el personaje que encarna el pasado, es la tensión entre los ideales y una realidad marcada por intereses oscuros.

SIRUELA 'Los malos muertos', de Elisabeth Anglarill

'Los malos muertos', de Elisabeth Anglarill

Todo ello se sostiene sobre una narración que no se limita al misterio, sino que plantea preguntas incómodas sobre el poder, la memoria y la historia. El paisaje mediterráneo y el entorno arqueológico funcionan casi como un personaje más, creando una atmósfera envolvente, mientras el salto entre épocas da un ritmo en tensión, pero reflexivo. Además, la obra aporta una mirada centrada en una protagonista que lidia no sólo con un caso, sino también con estructuras de autoridad y muchos prejuicios en torno a la mujer.

Antonio Iturbe, autor de ‘La bibliotecaria de Auschwitz’, describe ‘Los malos muertos’ de la siguiente manera: "Una novela negra luminosa, muy mediterránea, donde la frescura de los personajes y la prosa envolvente van desvelando, a través de una intriga laberíntica, cómo el pasado está siempre muy presente". Esas son las claves del libro: pasado y presente. Porque puede que lo que necesitemos para avanzar y mejorar como sociedad sea eso, no olvidarnos de lo que un día nos ocurrió.