- Elvira Sastre, escritora, sobre la amistad en el siglo XXI
- Entrevista a Joana Marcús
- 40 libros baratos que enganchan y que ofrecen grandes historias a un precio accesible
“He aquí una frase extraña: supe qué es estar muriéndose”, escribe Marta Jiménez Serrano en 'Oxígeno' (Alfaguara, 2026). No se trata en absoluto de una hipérbole de tintes literarios. En el libro, que está siendo acogido con fervor por lectores y críticos literarios, cuenta cómo su pareja y ella se estaban muriendo sin saberlo. Lo descubrieron cuando la autora cayó desplomada en el baño y se golpeó la cabeza al tener la caldera de su casa una fuga.
Cinco han sido los años que ha necesitado para contar lo ocurrido, y lo hace con una sorprendente luminosidad pese a que lo que cuenta está repleto de sombras. Una no mala, sino malísima, gestión de la propietaria del piso de alquiler fue la responsable de lo ocurrido, pues no había hecho las revisiones necesarias. Es complicado leer 'Oxígeno' sin pensar en la situación actual de la vivienda en nuestro país, en los desorbitados precios de los alquileres y en lo desprotegidos que estamos en cuanto firmamos esos contratos que prometen más giros de guion desafortunados que garantías.
¿Cómo has cambiado al ser tan plenamente consciente de tu finitud?
Creo que me relaciono de una manera muy diferente con mi cuerpo y con el disfrute. En el libro cuento, en primer lugar, cómo se multiplicaron mis pánicos y luego, cómo ese pánico se convirtió de alguna manera en un asombro por estar viva y en aprender a disfrutar de eso.
Podría haber sido un escrito oscuro y lleno de rencor, pero es bastante luminoso. Podías haber situado a la gran villana, la que era vuestra casera, en un lugar muchísimo peor…
La odio, y me parece bastante decir eso. Ha sido un ejercicio consciente de no quedarme encallada en el resquemor. El otro día me preguntaron si la había perdonado. No la quiero perdonar, pero a mí no me compensa tampoco estar encallada en el resquemor. He intentado transmitir el enfado, pero la vida sigue, ¿no?
Hay un momento en el que expones las obligaciones que tenemos como inquilinos y los escasísimos derechos que tenemos al alquilar un piso. Sin duda, el libro también es una crítica acerca de lo desprotegidos que estamos como inquilinos, ¿no?
Sin duda. El libro tiene esa parte de denuncia social, que la verdad es que es una crítica que se hace sola. Mi mayor esfuerzo fue contarlo de la manera más limpia, sin añadirle explicaciones. Basta con contar las cosas tal fueron para que la denuncia social quede clarísima.
Hay mucha gente en contra de la literatura del ‘yo’. Intentaste novelar la historia pero pronto descubriste que tu voz tenía que estar hiperpresente.
Yo creo que cada historia pide un género. Cuando me preguntan si estoy a favor de la literatura del ‘yo’, siempre respondo que de la buena, sí. Cada historia pide un tono y un narrador y esta historia a mí me pedía claramente este tono.
Hablas del sentimiento del hogar. ¿Qué haces tú para construir ese hogar en tu casa?
Parte de lo que dice el libro es que lo material es importante. Creo que el modo último de configurar un hogar es poder comprar algo que sea tuyo y poder hacer lo que te dé la gana en él. El hogar también puede ser un poquito un lugar interno. Ahora estoy en plena promoción y estoy durmiendo en muchísimos hoteles, yendo de un lado para otro... A mí mantener ciertas cosas de mi rutina me ayuda a tener la sensación de que no me pierdo, de que estoy conmigo misma y de que no me abandono.
Hay un momento en el que lamentas no tener un brazo escayolado, una herida visible.
Seguimos sin considerar igual de importantes los dolores psicológicos. He dicho muchas veces que estoy segura de que si hubiera ido a rehabilitación durante cuatro años, todo el mundo me habría seguido preguntando qué tal estoy. Sin embargo, nadie me preguntó luego qué tal, cómo iba la terapia…
Has tenido que rumiar las cosas que ibas a contar para ver exactamente desde dónde las contabas. ¿Desde qué prisma crees que lo has contado?
He intentado darle una mirada hiperrealista, ¿no? Como la cubierta del libro. He intentado hacer ese juego de contar las cosas tal cual fueron, de contar en crudo lo ocurrido. Es un libro que funciona un poco como un puzzle o como un montaje cinematográfico. He intentado que simplemente el orden en el que están contados los hechos ya diga algo.
Nos hemos acostumbrado a historias llenas de giros de guion pero en este libro, sabemos que, lógica y afortunadamente, la protagonista sobrevive.
Hay muchos recursos para la sorpresa. Los giros de guión o las tramas sorprendentes son un recurso excelente, pero creo que hay otros. Si en este libro no me ha salido hacer nada más épico ni más sorprendente, yo creo que ya no me va a salir, porque tenía todos los ingredientes para eso. He intentado sostener la tensión narrativa más en el 'cómo' que en el 'qué'. El lector lo que se pregunta es cómo vas a salir de aquí en vez de qué va a pasar, porque esto ya lo sabe.
En este puzzle hay labor periodística, incluyes datos, hablas con el equipo médico que te atendió…
Fue necesario hacerlo así porque había piezas del puzzle que no tenía, que no recordaba. Y por un lado, incluirlo en el libro me ayudaba a darle esa sensación de realidad, de hiperrealismo y de objetividad. Creo que contrasta muy bien con los momentos de alta emoción del libro. Me parecía que se genera un juego muy interesante entre los momentos más emotivos los textos más técnicos.
Lo vivido te hace ver que la estabilidad es una ilusión.
El libro va sobre la toma de confianza, de esa fragilidad, de que todo puede cambiar de un momento a otro. Habla de cómo saber navegar esa falta de estabilidad y, al mismo tiempo, asumir que se pueden construir cosas a medio y a largo plazo. Si no, la vida sería imposible.
¿Qué relación tienes ahora con la muerte?
Al principio se me multiplicaron los pánicos y los miedos al respecto. Ahora tengo una relación más sosegada con la muerte, la verdad. No te voy a decir que no le tenga miedo en absoluto, pero sí creo que tengo una relación más tranquila con la muerte. Creo que el libro me obligó a ello. Vivimos muy de espaldas a la muerte, en general. Vivimos en una sociedad que además ha perdido la religión y los pocos ritos que tenía que nos conectaban con la muerte. Creo que me ha obligado a hacerme algunas preguntas y ahora puedo mirar a la muerte de frente. Como digo en el libro, se teme menos a lo que se puede mirar de frente.
¿Por qué crees que el libro ha conectado con tantísima gente?
Soy una escritora muy afortunada. Te voy a decir algo que suena a cursilada, pero yo lo escribo desde el corazón y siento que llega al corazón. Intento escribir con honestidad y con generosidad y estoy teniendo la suerte de que eso llega al otro lado de la misma manera. Me cuesta mucho hacer el autoanálisis desde dentro de por qué está llegando a tanta gente. Si lo supiera, ¡lo repetiría siempre!
¿Qué importancia le das a los premios literarios?
Los premios son un extra; un regalo o un plus que hace mucha ilusión. Sin embargo, no creo que definan ninguna carrera. También hay premios muy diferentes. A mí me interesan más los premios a obra publicada, es decir, cuando publicas un libro y luego alguien decide darle un premio, que los premios que incluyen un fichaje o cosas así que ya están mediatizados por otra serie de cosas. Yo lo diferencio mucho. Cuando publicas el libro y luego recibe premios, es una alegría pero tampoco creo que eso defina muchas veces la vida de un libro. Sin desestimarlos, hay cosas que me importan más que los premios.
¿Cómo te sitúas ante estas polémicas que a veces rodean a algunos escritores?
Me interesan más otras conversaciones literarias. Yo nunca he opinado de ninguna de estas cosas ni me he posicionado en ningún sentido, porque creo que los espacios culturales están para hablar de otras cosas. No lo digo para no mojarme, sino todo lo contrario. Mi modo de posicionarme es no dedicarles tiempo y espacio a esos discursos que me parecen totalmente extraliterarios y extraculturales.
¿A qué libro le darías un premio?
A 'Comerás Flores', de Lucía Solla Sobral.
¿Qué libros regalas o recomiendas fervientemente?
'Mis documentos' (Anagrama, 2017), de Alejandro Zambra. Es un libro que he regalado un montón y creo que siempre gusta. 'Agosto, octubre' (Anagrama, 2010), de Andrés Barba, es otro libro que he regalado mucho. A la hora de reglar pienso más en el destinatario. Otro libro que gusta mucho es 'La uruguaya' (Ediciones Destino, 2025), de Pedro Mairal. Y si tuviera que cita un libro que me haya roto los esquemas sería 'Matadero cinco' (Editorial Anagrama, 2006), de Kurt Vonnegut.
Elvira Lindo recomendó tu anterior libro. ¿Cómo te sientes cuando gente tan relevante aplaude tus escritos?
A mí me hace muchísima ilusión, sobre todo cuando es gente como Lindo, a quien tanto admiro. A Berto Romero le encantó mi último libro y Jorge Drexler también habló de él. Son personas cuyo trabajo llevo siguiendo y admirando muchísimo tiempo y por supuesto, que admiren mi obra es algo muy bonito. Es una gran satisfacción y de alguna manera, supone cerrar un círculo.
Para terminar, ¿querías mandar un mensaje concreto con el libro, siendo una experiencia propia en la que la denuncia social está presente?
La verdad es que ninguno. Me encantan los libros que cada lector se puede llevar a su terreno. Creo que este libro tiene muchas lecturas y así me lo están transmitiendo también los lectores. Habrá quien lo lea y se sienta más indignado o más conectado consigo mismo, quien lo lea y tenga más fe en la vida… Lo bonito es que a cada persona le pueda hacer sentir una cosa distinta.
Marita Alonso es experta en cultura pop y estilo de vida. Escribe acerca de fenómenos culturales desde una mirada feminista en la que la reflexión está siempre presente. No tiene miedo de darle una pincelada de humor a las tendencias que nos rodean e intenta que el lector ría y reflexione a partes iguales. Cuando escribe sobre relaciones, su objetivo es que la toxicidad desaparezca y que las parejas sean tan saludables como las recetas que intenta cocinar... Con dramáticos resultados, claro. Los fogones no son lo suyo.
Ha publicado dos libros ("Antimanual de autodestrucción amorosa" y "Si echas de menos el principio, vuelve a empezar") y colabora en diversos medios y programas de radio y televisión luchando por ver las cosas siempre de una manera diferente. Cree que la normalidad está sobrevalorada y por eso no teme buscar reacciones de sorpresa/shock mediante sus textos y/o declaraciones.
Licenciada en Comunicación Audiovisual por la Universidad Complutense, imparte master classes de cultura pop, estilo de vida y moda en diversas universidades. En Cosmopolitan, analiza tendencias, noticias y fenómenos desde un prisma empoderador.













