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La novela ‘Llévame a cualquier lugar’ marcó, en 2013, su debut como escritora. Desde entonces, la carrera de Alice Kellen ha sido imparable: en apenas doce años ha publicado ya 16 novelas y se ha convertido en una de las autoras de literatura romántica más vendidas de nuestro país. “Era muy joven cuando empecé a publicar, tenía veintipocos años, cero confianza y mucha timidez –recuerda–. La escritura me ha obligado a mirar hacia dentro, pero además, todo lo que rodea la promoción de las novelas, me ha impulsado a salir de mi zona de confort. Ha sido una evolución paulatina y muy gratificante. Me ha dado seguridad en mí misma”.
Más de tres millones de lectores se han enamorado de sus conmovedores relatos, donde las emociones siempre están a flor de piel. “Intento tratar los temas delicados con sensibilidad, a veces con más o menos acierto, porque entra en juego una percepción muy personal de cada asunto. No sé de dónde nace esa sensibilidad, pero siempre he prestado atención a lo pequeñito y me resulta interesante ponerme en otra piel”, comenta. Ahora sus fans van a tener la oportunidad de poner cara a esos personajes tan emotivos, ya que se acaba de rodar la adaptación cinematográfica de ‘Todo lo que no fuimos’, una de sus obras, y se estrenará en 2026.
Mientras la película llega a la gran pantalla, la valenciana –que se confiesa una enamorada de los gatos, el arte y las visitas interminables a librerías– ha decidido sorprendernos con una nueva novela. En ‘Sigue lloviendo’ (ed. Planeta), Kellen narra la dolorosa (pero a la vez esperanzadora) historia de Víctor y Sara, una pareja que se divorcia como consecuencia de un desgarrador suceso pero que, en el fondo, se sigue queriendo. Hablamos con ella de este último lanzamiento y de cómo es Silvia Hervás (este es su verdadero nombre), la persona que hay detrás del personaje.
¿Quién es Alice Kellen cuando no está escribiendo?
Una persona corriente con una rutina corriente. Es decir: tomo café, llevo a mis hijos al colegio, recojo la casa, trabajo e intento sacar ratos para leer. Si no tengo a los niños, aprovecho para viajar o hacer planes por la ciudad. Me gusta la soledad, pero también dedicar tiempo a la gente que quiero. Puedo pasar horas y horas en una terraza si la compañía es buena y la conversación, interesante.
En redes tienes una comunidad enorme (casi 400.000 seguidores). ¿Cómo vives esa conexión con las lectoras?
Sólo uso Instagram y lo que publico siempre es similar: pequeñas reflexiones, escritos, lecturas y todo lo relacionado con las novelas. Se ha creado una comunidad amable y tranquila. Es una suerte poder estar cerca de la gente que te lee y que la interacción sea tan directa y fácil.
¿Eres de las que planean cada novela con mapa o te dejas llevar por la intuición y los personajes?
Cuando empecé a escribir, solía tirar más de intuición; pero, con el paso de los años, me fui acercando al otro extremo. Actualmente, necesito tener claro el mapa de la novela, aunque me gusta dejar espacio para la improvisación, porque si no tengo la impresión de que todo se vuelve un poco acartonado y aburrido.
¿Qué crees que tienen en común todos tus protagonistas?
Intento que tengan matices y que no sean ‘buenos’ o ‘malos’.
¿Y qué no soportarías escribir en un personaje?
¡Nada! No espero que los personajes me caigan bien, sino que sean realistas e interesantes. La ficción es eso: ficción. Y, en cierto modo, también un juego sin reglas.
¿Cómo manejas los momentos de bloqueo creativo?
Depende del momento. En ocasiones, he abandonado proyectos porque me he bloqueado y sentía que algo fallaba. Pero lo más habitual es que el bloqueo se solucione sentándote delante del ordenador, leyendo o dedicándole tiempo a esa idea que tienes en la cabeza. No hay trucos. Es una cuestión de horas y de constancia.
‘Sigue lloviendo’, tu última novela, arranca con una ruptura. ¿Por qué has decidido contar una historia de amor desde el dolor?
Todos hemos vivido rupturas, tanto propias como en nuestro entorno, y el desamor también es una parte amplia e interesante del amor. En este caso, desde ese punto de partida, recorremos el mapa de la relación de los personajes, y el pasado se intercala con el presente. Es una historia corta, con un conflicto muy concreto que vamos desmigando página a página, y ese comienzo era perfecto para lo que quería contar.
A pesar de haberse divorciado, los protagonistas, en el fondo, quieren volver. ¿Segundas partes fueron buenas?
Depende de la situación: a veces sí, y otras veces, no. En esta novela, los personajes se separan por algo muy concreto que lo cambia todo, y quizá sí deben revisitar lo que ha pasado. Pero creo que lo más habitual es que una ruptura sea un punto y aparte.
¿Cómo decides el carácter que debe tener cada personaje?
No estoy segura, varía en función de cada novela. A veces, el carácter se acopla a la trama que tienes en la cabeza y, en otras historias, es justo al revés. En este caso, la escribí hace más de diez años, es un libro muy cortito, la idea principal apareció como un fogonazo y me dejé llevar porque tenía claro qué era lo que quería contar.
¿Qué ha sido lo más difícil de escribir ‘Sigue lloviendo’?
A principios de año, me volqué en su reescritura. Lo más difícil fue no cambiar el alma de la historia, dado que tenía que ampliarla y pulirla, porque como autora he cambiado mucho en estos diez años y en la novela tenía que verse reflejado.
¿Tienes alguna escena o frase de esta novela que te emocione especialmente?
Me gusta mucho el capítulo corto en el que se enumeran las razones por las que a Sara le gusta la lluvia y cierra con una línea de Víctor.
¿Es más fácil escribir de amor o de desamor?
Es más fácil escribir sobre desamor. En general, las historias tristes siempre me han parecido más sencillas. Ahí hay conflicto, hay aristas y hay más libertad. Escribir sobre un personaje que es feliz y está enamorado es más difícil, porque ¿qué ocurre, entonces?
Casi hasta el final del libro no desvelas el motivo por el que se rompe la pareja. ¿De dónde te surgió la idea?
Ese motivo/conflicto fue lo primero que me vino a la cabeza, ya no recuerdo muy bien por qué, puesto que ha pasado más de una década. Pero toda la novela gira en torno a ello y es una historia corta, así que tenía que revelarse al final.
¿Se puede amar y a la vez odiar a la misma persona?
No sé si en un sentido romántico. Creo que puedes odiar un error que esa persona haya cometido, pero no a ella en sí, y al mismo tiempo quererla. Las emociones tampoco se disuelven siempre de la noche a la mañana, lleva su tiempo.
¿Al final las personas se convierten en un hábito, como dices en tu novela?
Sí. Creo que muchas parejas siguen juntas porque se han habituado a estarlo, y es comprensible y cómodo. A mí me angustia la idea, pero no todo el mundo necesita los mismos requisitos para sentirse pleno y satisfecho.
También planteas esta pregunta: ¿elegimos de quién nos enamoramos o todo es fruto del azar? ¿Tú que crees?
Conforme vas madurando, quizá no eliges de quién te enamoras, pero sí vas trazando antes líneas rojas, así que, en cierto modo, impides el paso y filtras más. El resto es lanzar los dados. No hay una formula matemática para medir la química entre dos personas. En ocasiones, sobre el papel todo es perfecto, pero en la práctica no funciona. Y a la inversa.
¿Cómo afrontas la escritura de las escenas eróticas?
Como cualquier otra escena, la verdad. Más que una escena erótica, me parece una escena más entre dos personajes. Es algo tan natural y cotidiano…
En Sigue lloviendo hablas de muerte y reencarnación. ¿Tú crees que hay vida después de la muerte?
Pagaría mucho dinero por creerlo. Sería un alivio.
¿Qué te gustaría que sintieran las lectoras cuando cierren la última página del libro?
Me gustaría que se hayan emocionado siguiendo los pasos de Víctor y Sara.
Redactora jefe de COSMOPOLITAN, Ana M. Jiménez es experta en sexo y relaciones de pareja, temas de los que lleva escribiendo desde hace dos décadas. En su agenda figuran los nombres de los sexólogos más reputados (una vez uno le dijo que su tema sobre el orgasmo femenino era digno de una tesis doctoral, ojo al dato). Y en su ‘portfolio’ abundan los artículos sobre nuevas técnicas sexuales, las posturas más placenteras o lo último en juguetes eróticos (por supuesto, los prueba antes, profesionalidad ante todo). Los entendidos piensan que se le da bastante bien, tanto que cuando trabajaba en la revista ‘Quo’ recibió el primer Premio Periodístico Daphne por un reportaje sobre anticonceptivos. Licenciada en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid, su trayectoria profesional ha estado ligada a cabeceras como ‘Elle’, ‘Ragazza’ y ‘Elle Decor’ antes de llegar a COSMOPOLITAN, donde también crea contenidos sobre viajes, gastronomía y libros. Si ya lo estabas pensando, te lo confirmamos: su especialidad son los pequeños (y grandes) placeres de la vida. Quédate con su nombre si buscas información sobre cuestiones amorosas, ideas para hacer una escapada o los nuevos restaurantes de moda.













