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Estoy sentada frente a la escritora Dolores Redondo en el hotel Vincci Consulado de Bilbao. El edificio se llama así en homenaje al ‘Consulado de Bilbao’, un bonito buque que ocupaba el espacio donde nos encontramos ahora y que hacía las funciones de club social hasta que la gota fría del 26 y 27 de agosto de 1983 se lo llevó por delante. Precisamente esas lluvias torrenciales son el marco en el que se desarrolla parte de la acción de ‘Esperando al diluvio’, un ‘best-seller’ ya publicado, pero que ahora da el salto al formato de ficción sonora en Audible. También publicado con un enorme éxito está el segundo volumen, ‘Las que no duermen. NASH’. Ambos pertenecen a la tetralogía ‘Los valles tranquilos’, de la que Redondo se encuentra escribiendo el tercer libro.
La adaptación de este ‘best-seller’ al formato de ficción sonora no ha sido tarea fácil. Ha llevado nada menos que tres años de trabajo. ‘Esperando al Diluvio’ narra la historia de un asesino conocido como John Biblia, que mató a tres mujeres en Glasgow a finales de los años 60, pero cuya trama acaba recalando en Bilbao. “Quien lea la novela se va a encontrar otra historia nueva porque hemos cambiado la cronología, la hemos transformado en 13 episodios con diálogos y sonidos”, comenta Ana Ramírez, jefa de Voz y Acting de Audible, que hoy la acompaña, quien insiste además en la importancia del cásting. “Para este proyecto era muy importante la autenticidad, que los actores tuvieran acento bilbaíno. No se trata de que los proyectos sean perfectos, sino de que sean reales”, dice.
Justo al día siguiente de la entrevista con COSMOPOLITAN, el auditorio del Museo Guggenheim acogerá la presentación formal del lanzamiento. Allí, junto a Dolores Redondo estarán, además de Ana Ramírez, Mar Abad, directora de la adaptación, y Marcos Ventura, director de contenido de Audible. El diálogo fluye y la escritora confiesa estar tranquila con todo el proceso porque ya ha trabajado previamente con este equipo para la ficción dramatizada de otro de sus éxitos, ‘Todo esto te daré’. Pero sobre el escenario se produce un momento emocionante cuando Redondo comenta que es ella misma quien narra, al comienzo de la grabación, lo que vivió en carne propia aquellos días en los que, con sólo 14 años, viajaba en tren desde Galicia a su casa en San Sebastián. Al pasar por Bilbao, fue testigo de escenas dantescas: la ropa y los juguetes en los árboles, los murmullos en el tren. “Bilbao se volcó conmigo desde que empecé a escribir. Aquí he recibido todos los premios por ‘La Trilogía del Baztán’, y pensé que algún día le escribiría una novela. ‘Esperando al diluvio’ es mi homenaje a esta ciudad y a los fallecidos por las inundaciones del 83”, dice.
Tú eres la creadora del ‘mystic noir’. Se dice pronto…
Desde que yo empecé han surgido muchísimos autores que hacen esto. En este género las bases residen en que el investigador tenga que abrirse a la posibilidad de que la explicación no siempre vaya de la mano de la lógica policial, sino que le dé entrada a la mística. Entendiendo como mística la religión y todas las creencias de tradición oral heredadas –esas que creemos porque ya las creían nuestros abuelos y nuestros padres o porque son propias de nuestra zona–, que son culturales o medioambientales, que tienen que ver con el lugar en el que vives. Cuando se produjo la gran inundación en Bilbao en el 83, llevaba diez días seguidos lloviendo sin parar torrencialmente, y sin embargo la gente salía a celebrar las fiestas de Bilbao.
¿El ‘mystic noir’ es algo más tangible de lo que sugiere su nombre?
Yo escribo ‘mystic noir’ como género literario pero es que en la vida real sucede. Dentro de todas las policías hay grupos que se dedican a investigar sectas cuya motivación no es tanto cometer un delito o enriquecerse, sino que están cimentados sobre unas creencias que les permiten manejar a alguien para conseguir que haga ciertas cosas. No se trata tanto de que el investigador lo crea, sino de que le dé cabida. Es el caso de las prostitutas nigerianas que viven aterradas por el vudú, por ejemplo. Ahí el investigador no puede burlarse de ellas ni de sus creencias. Todo lo contrario: tiene que meterse e investigar para entender su punto de vista y ser capaz de encontrar soluciones. Y muchas veces la solución es que las mujeres encuentren a un ‘bokor’ o a otro grupo que invierta el hechizo que tienen, para que ellas se sientan más seguras y crean que están a salvo. No se trata de juzgar sobre si es lógico o no es lógico.
Es el agua y el aceite de la lógica y la religión...
Mucha gente vive su vida en torno a la fe, y la fe es poderosa. Todos lo sabemos, la mayoría de las veces para bien, pero también hay gente que es capaz de matar en nombre de su fe y eso es algo que también hemos experimentado.
¿Cómo vives esta segunda vida de tus libros, que saltan del papel a lo audiovisual?
Supone sentirse querida. Cada vez que uno de mis libros se adapta, de la manera que sea, ya sea por una serie o por una película o por una ficción, sientes que hay un viaje más allá, que esa historia no ha terminado. Aquí yo hago un trabajo sobre el que luego el equipo de Audible construye. En este caso, en el que ves que lo van transformando, con un guión y una producción, es maravilloso.
Hay una serie de cosas que pido al principio del proceso, unas líneas rojas que pido que no se traspasen, sobre todo cuando se tratan de historias en construcción, como es esta. Pido que no se tomen libertades que puedan dañar la consecución de lo que viene porque yo voy a seguir escribiendo mis novelas y en ellas va a ocurrir lo que tenga que ocurrir. Ahora mismo estoy escribiendo la tercera novela, que me tiene muy ocupada.
¿Trabajas en las cuatro novelas de tu tetralogía en conjunto o por silos?
En conjunto. No es lo mismo que en mis trilogías, donde la acción va unida. Aquí, aparentemente la segunda novela no tiene nada que ver con la primera. Se narra desde otro personaje y desde otro lugar, y en la tercera ocurre exactamente lo mismo. Y sin embargo sí que están conectadas. En la tercera novela se ve la conexión que tienen, aunque hay lectores que ya las están intuyendo con la segunda…
¿Cuánto tiempo le dedicas a la escritura al día?
¿Ahora? Bastante, todo. Cuando estás en un proyecto como este ya no se trata de las horas reales que pasas frente al ordenador, sino de que no te lo sacas de la cabeza. Vives con él, se convierte en tu obsesión. Incluso cuando paras y estás haciendo otras cosas, siempre giran en torno a él. Si leo un ensayo, si elijo una película, aunque sea de ocio, la música que escucho… Todo tiene que ver con las novelas.
¿Cómo es el proceso de documentación de tus libros? Parecen beber siempre mucho de sucesos reales.
No, mira, es que esto no funciona así… Hay dos clases de escritores. El que es capaz de elegir sobre qué va a escribir, y al que le nace una novela dentro. Yo los llamo autores y escritores. Porque creo que el autor sí que elige, sí que puede decir “mira, como Aramburu ha tenido mucho éxito con ‘Patria’ y hay mucha documentación sobre ETA, voy a documentarme y, como también escribo bien, voy a hacer una novela sobre ETA”. Y va para adelante. Pero a mí me consta que a Aramburu la novela le nació dentro. Él no tomó la decisión, sino que le nació de su propia experiencia, de ser donostiarra, de los años que ha vivido el dolor. Y no se ha tenido que ir a tomar nada fuera porque no hacía falta. Hay millones de realidades de las que beber, pero filtradas a través de su propia criba. Y tampoco lo lleva al plano personal, no dice yo viví. Él es un escritor.
Tú también hablas de tus vivencias en esta novela, tras las inundaciones de Bilbao...
En el inicio de esta novela cuento cómo, siendo yo una cría de 14 años, regresaba a San Sebastián en un tren desde Galicia y cómo fue el impacto para mí de ver las vías destruidas, a la gente desepesperada, la ropa colgada de los árboles. Y luego, los rumores. Porque no eran tiempos de móviles y se oía en el tren: “Que dicen que Bilbao está destruido”. Yo soy de San Sebastián, pero he vivido toda la vida en el puerto de Pasaia, un gran puerto industrial. Y yo me decía: si Bilbao está destruido, que es un mastodonte, ¿cómo estará mi casa?
Aquello quedó grabado en la memoria de todos los vascos. Entonces eran los centros regionales del Norte los que cubrían los hechos y se tardó días en saber lo que pasaba. No llegaban las cámaras y estaba todo reventado. Y la parte en la que hablo del asesino, John Biblia, no sé ni cómo llegó. Alguna vez leí sobre él y se me quedó grabado.
¿Por qué?
Me impactó que para sus crímenes eligiera a mujeres menstruando. Ahí hay algo que en la época pasó completamente inadvertido porque eran los años 60 y en la Policía ni siquiera había mujeres. Entonces los policías lo verían como un maniaco sexual, que era como llamaban a estos asesinos, pero no eran capaces de ver la pulsión, cómo las elegía y cómo podía llegar a ellas. El pensamiento de cómo podía sentir John Biblia se analizaría hoy desde la psicología. Y yo empecé haciendo precisamente lo que haría un psiquiatra de nuestros tiempos, pidiendo que me hicieran un perfil. Mostré sus crímenes, cómo los había cometido, cómo dejaba los escenarios, qué tipo de víctimas elegía…
Y entonces surge la conexión entre Escocia y Bilbao.
El canal por el que lo traigo en la novela es un barco. Yo he vivido en un puerto, mi padre es marino, yo he vivido ver salir el ferry a Escocia y a Irlanda todos los días desde el lugar donde yo vivía. Sabía que existía ese canal y sabía que había gente que lo utilizaba cuando quería salir del país de modo subrepticio. Lo habían utilizado durante la guerra, también para el estraperlo y el contrabando… Ese canal siempre ha estado ahí y supongo que a día de hoy se sigue utilizando para otras cosas. Hoy son narcosubmarinos (risas), pero sigue ahí.
Según el último ‘Barómetro de la Lectura’ del Ministerio de Cultura, las mujeres entre 14 y 24 años son las que más leen en este país. ¿Qué les recomendarías a aquellas chicas que leen y a las que, sobre todo, como tú, quieren escribir?
Que lean mucho y que lean despacio. Yo no dormía para leer y me he ido a estudiar y a trabajar sin dormir en otros tiempos por leer. Pero les diría que lean despacio, que no perdamos esa vieja narrativa, porque todo lo que absorbemos en la narrativa escrita nos ayuda a narrarnos a nosotros mismos, que es lo que hace que seamos capaz de comunicarnos. Y eso es fundamental. No para contárselo a nadie, sino para tener nuestra propia intrahistoria sabida. Para saber quién eres, qué quieres, adónde vas, de dónde vienes. Todo eso es importante en la vida.
Y más ahora, cuando el mensaje está limitado a unos cuantos caracteres…
Hay un libro que recomiendo, se llama ‘Sin relato. Atrofia de la capacidad narrativa y crisis de la subjetividad’, de Lola López Mondéjar. Ella, que es psicóloga clínica, afirma que la gente llega a su consulta y le dicen: “Me duele. Estoy mal”. Y ella les pregunta: “¿Por qué? ¿De dónde te viene ese dolor?”. Y ellos le responden: “No lo sé”. No saben describir. Y no se trata de tener un discurso para ir contándoselo a todo el mundo. Tú tienes que saber quién eres, dónde te duele, qué te pasa y por qué es. Porque si no, vas a ser incapaz de buscarte tú misma las soluciones.
Directora de COSMOPOLITAN. Lleva en esto de la comunicación un rato largo, pero le sigue divirtiendo como el primer día. O incluso más, “porque ahora el universo digital ofrece taaaantas posibilidades”. Así, a priori, le interesa (casi) TODO.













