Cuando te enfrentas como periodista a una nueva entrevista es inevitable sentir una mezcla de curiosidad y nerviosismo por conocer las palabras que encontrarás al otro lado. Con Carolina Yuste esa segunda sensación se difumina porque ya sabes que seguro la charla irá bien, pues es una actriz con discurso, sin filtros y que se extiende en unas reflexiones que siempre hacen pensar. Ella va más allá, no se queda en lo básico y esa profundidad y naturalidad se agradece. Es una de las intérpretes con más garra de su generación, tanto dentro como fuera de la pantalla, y posee un aura única que fue detectada a la primera por la directora Arantxa Echevarría, su casi descubridora en 'Carmen y Lola', cinta por la que se llevó su primer Goya. El enamoramiento fue tal que ha protagonizado casi todas sus películas posteriores: 'La familia perfecta', 'Chinas' y, por último, 'La infiltrada', por la que se ha llevado otro 'cabezón'.

Carolina Yuste volvió a arriesgar en la piel de Aranzazu, la policía nacional que se infiltró en ETA con el objetivo de desarticular el comando Donosti. Para lograrlo tuvo que renunciar a su vida, a su futuro, a su identidad... en un ejercicio casi kamikaze en el que era bastante fácil que todo saltara por lo aires. Una trama basada en hechos reales tan impactante como sobrecogedora.

¿Conocías la historia?

La verdad que no. Me sorprendió bastante porque la de el lobo la conoce mucha gente, pero la de mi personaje no. Todo surge cuando la jefa entre las jefas, Arantxa Echevarría, me llama para decirme que si quiero hacer la película y allá fuimos las dos. Confío plenamente en ella, en su manera de plasmar una realidad y más esta, de la que cuesta hablar porque todavía hiere en muchos lugares y hay que ser respetuosas y cuidadosas.

foto de la actriz
Marina Caputo

¿Te daba miedo?

Bueno, miedo no es la palabra, pero sí es verdad que este oficio genera muchísima exposición y, al final, cualquier cosa que hagas o digas va a ser mirada desde un lugar que no sabes si será bueno o malo. Entonces, no es miedo, pero si estás más alerta, quizás, o midiendo de alguna manera dónde te estás metiendo porque no es sólo hacer la película, luego tienes que enfrentarse a entrevistas, ruedas de prensa y tengo infinidad de compañeros a los que se la han liado porque les han sacado un titular que no está dicho desde el lugar en el que esa persona lo dijo, por ejemplo. Creo que todos sabemos el tema que estamos tratando y hay que tenerle amor, respeto y compasión.

¿Pudiste hablar con la protagonista real?

No, con ella no, pero sí pude hacerlo con las personas que trabajaron con ella en el operativo. Ella está fuerísima, ahora mismo estamos en un momento que no corre peligro, pero, supongo que a veces una en la vida pasa por lugares y luego pasa a otra cosa porque no quiere volver a ahí, no quiere hacerlo emocionalmente o lo que sea. Podemos especular lo que queramos porque no conocemos la realidad.

¿Serías capaz de hacer algo similar, renunciar a todo por una causa así?

No lo sé. Es una de las preguntas que me han surgido con esta película. Cuando me reunía con gente que había trabajado con ella siempre les preguntaba por ese motor que debe tener un ser humano dentro para meterse en algo así. El contexto es muy diferente ahora, pero imagino que estar dentro de la policía durante aquellos años en los que había atentados empujaba, quizás, a querer parar aquello. Lo que pasa es que esta persona estuvo ocho años de su vida metida ahí, lo cual a mí me genera infinitas dudas y preguntas. Son ocho años de tu vida, construyendo el personaje que en algún momento se tiene que agrietar, pues, al final, estás rodeada de un montón de gente que piensan radicalmente diferente a ti. No me estoy refiriendo sólo a ETA, me refiero también a que estuvo en Donosti todo ese tiempo y se relacionaría con mucha gente que no eran de la organización, y te surgen preguntas como si nunca dudó, si siempre lo tuvo todo claro, si nunca se cayó o si en algún momento pensó en irse. Siempre fue profesional y sabía su objetivo, pero yo, Carolina, estoy durante dos años conviviendo con una persona que es opuesta y creo que después de tanto tiempo habría habido un momento que hasta podría empatizar, ojo, no justificar, pero esta persona convivió durante 24 horas, durante casi dos años, con terroristas y me asaltan preguntas que no tienen respuesta. La realidad no la sabemos.

escena de la infiltrada
Mikel Blasco

Tu personaje tuvo que mentir mucho. ¿Se te da bien hacerlo?

Yo soy cristalina. Si me está pasando algo, me estoy enfadando, se me nota porque me cuesta muchísimo ocultar que te quiero arrancar la cabeza. Ahora bien, no sé si llegados a un punto, en una situación extrema, en la que actuaría por unos principios y un objetivo que considero superior a mí, sería capaz. No lo sé. Quizás sí o no.

Eres toda una experta interpretando personajes poderosos...

En general, lo que siempre me interesa es la historia más allá de que vaya a interpretar a un personaje protagonista o secundario. Lo que me llama la atención es si ese guion me emociona y atraviesa y me pongo al servicio de contar esa historia y del personaje. Es verdad que he tenido la fortuna y el privilegio de haber podido encarnar personajes muy diversos emocionalmente. Me interesa pasármelo bien y que a la hora de encarar un personaje me lo pueda gozar fuerte y aprender cosas que no están en mí. Eso es lo que me pone cachonda.

¿Qué enseñanzas te llevas de este?

Imagino que la resistencia, el aguantar, porque ella está aguantando toda la película y está completamente sola, digamos, siendo usada de alguna manera por ambas partes y está aguantando, que era una de las cosas que a mí me generaba más dudas.

¿Cómo ha sido el reencuentro con Arantxa Echevarría?

Divino porque cada vez vamos creciendo más las dos, vamos adquiriendo más herramientas, más confianza y eso ha hecho que también me atreva a proponerle y decirle. Ella me conoce más, me agarra y me lleva, y lo he gozado bastante trabajando con ella. Me he sentido tranquila, no juzgada, con lo cual es lo mejor que te puede pasar como actriz porque al final están infinitos ojos mirándote, y sentir que tienes la confianza de la persona que te está dirigiendo es estupendo. Arantxa sabe mucho de cine, me gusta cómo elige contar, cómo pone la cámara. Te deja, te da espacio para que seas libre y puedas improvisar dentro de eso.

"Me interesa pasármelo bien y que, a la hora de encarar un personaje, lo pueda gozar fuerte"

Al otro lado de la cámara te pusiste para un proyecto muy especial, 'Ciao Bambina', que relata el proceso de transición del director Afioco Gnecco...

Fue una experiencia dura, profunda y hermosa, un proyecto que nace de Gnecco, al que conocí cuando me dirigió en un corto hace un montón de tiempo. Este iba a empezar su proceso de transición y antes de irnos a la playa hablamos de grabarlo, y la idea empezó a hacerse cada vez más grande e hicimos un corto documental que ahora será largo. Está siendo muy guay porque más allá de hablar del proceso de transición de una persona, al final nos damos cuenta de que estamos hablando de la masculinidad, de lo que significa ser un hombre, de cómo nos han dicho o enseñado que nuestros cuerpos están mal. Eso creo que, independientemente de que seas trans o no, podemos recibirlo totalmente: el odio hacia uno mismo, hacia el propio cuerpo. También estamos hablando de la amistad, pues es un proceso en el que yo le acompaño y en el que hay una red de apoyo que también lo hace.

También has dirigido, recientemente, junto a Sara Sierra, la obra de teatro 'No juegues con Carrie', en la que se reflexiona sobre el acoso.

Parte de mi amigo Enrique Cervantes que, además de ser un actor increíble, escribe que flipas. Nos lo comentó a Sara y a mí, ambas sabemos y hemos padecido el acoso en las aulas, y allá fuimos. Creo que el arte y la cultura tiene la capacidad de modificarnos, lo creo firmemente, y que puedes ir a ver una obra de teatro y darte cuenta de cosas que a lo mejor no habías pensado. Aparte de que lo hemos padecido, este es un problema del mundo en el que vivimos. Me parece justo que cuando tienes la oportunidad de hablar de estas cosas lo hagas.

¿Las heridas causadas por ese maltrato se cierran?

Todo lo que te sucede en la vida te constituye de alguna manera. Todas las experiencias que una vive forman parte de una misma y es imposible quitártelas y enterrarlas. Es algo que siempre está ahí, pero creo que se puede sanar y perdonar, porque también pienso en las heridas de los violentos, pienso en qué sucede en un niño pequeño para generar violencia en otro. No puede ser un monstruo, hay algo ahí que no estamos haciendo bien como sociedad. Y además, muchas de las que hemos vivido ese acoso o agresión de alguna manera es como si nos dijeran que no tenemos derecho a ser amadas, que estamos mal y que hay algo mal en nosotras que hace que tengan que machacarnos. No es así y, de repente, pasa el tiempo y generas vínculos o relaciones y encuentras a gente con heridas parecidas a las tuyas o no, pero que te sostienen. Yo ahora tengo 33 años y me siento afortunada. Me gusta ser esperanzadora en ese sentido y decirles a los peques que es muy doloroso, pero que les aseguro que no se va a quedar aquí y hay gente hermosa deseando amar lo que son. Entras en un túnel y crees que ese sufrimiento no va a pasar, yo he sentido eso, pero hay otros lugares y gente increíble en el mundo. Lo mejor que yo he creado en mi vida es mi grupo de amigos.

foto de la actriz
Marina Caputo

¿Qué cosas te conmueven?

Todo. A veces me agoto de mí misma. La injusticia, aunque más que conmoverme me llena de rabia. Me hiere la indiferencia y el desprecio hacia la vida en general, hacia la vida del otro, la barbarie que es capaz de cometer el ser humano con otros seres humanos, que haya alguien que decida matar, acabar con la vida de otro y no suceda nada, que nada cambie, que haya gente durmiendo en las calles y que estemos acostumbradas a esto y que duela tanto que tengas que dejar de mirar porque si no la vida se hace insostenible. Luego te ves en tu casa, con tu privilegio, con tu calefacción, y piensas en lo que estás haciendo mal para no cambiar eso. A mí eso me duele profundamente, me impacta y pienso en esta sociedad que hemos construido y en la que hemos llegado al punto de permitir que en el Mediterráneo mueran infinitas personas intentando conseguir una vida mejor y nos dé igual y nada cambie. Y luego te frustras porque intentas hacer cosas, informarte, ir a manifestaciones, firmar para que regularicen esta situación y te sientes como una motita de polvo pequeña, así que te conformas con conseguir un metro cuadrado de paz. Si algo va modificándose, algo habré conseguido porque la pelota es muy grande.

¿Qué mujeres te inspiran?

Mis amigas, no tengo que irme muy lejos. Tengo conversaciones con mi amiga Esther Ortega, que es una actriz increíble y aprendo de todo, incluso de lo que soy y de los lugares a los que quiero llegar. También pienso en mi madre, en el viaje vital que ha tenido, en que ha pasado por lugares diversos, increíbles, luminosos y oscuros. También pienso en todas las mujeres que han puesto el cuerpo, a las que han machacado totalmente. Hay un montón que me parecen referentes.

Leí en una entrevista que se te encasilla en ciertos papeles por tu aspecto. ¿Qué papel te gustaría que te ofrecieran?

En realidad tampoco es tan real porque si piensas en 'La infiltrada' o 'Las noches de Tefía', los personajes son muy diferentes. Mi trabajo no representa eso, lo que sí parece representarlo hacia los demás es mi persona y ahí está la ida de olla total, porque la gente no sabe el barrio en el que he nacido, ni cómo he vivido, nada, es una etiqueta que se ha puesto sobre mí. Además, al ser más reivindicativa parece que lo asocian más. Al margen de esto, me gustaría hacer de mala, una villanita, porque sería muy divertido.

De momento la malvada tendrá que esperar porque te veremos en las tablas interpretando 'Caperucita en Manhattan'.

Tenía muchas ganas de volver a hacer teatro porque la última vez fue con 'Prostitución', uno de mis trabajos más potentes, la verdad. Hay algo en el escenario y en el ritual que me gusta muchísimo, me siento en casa. Llega la función y arranca un viaje que es espectacular hasta que se termina. Lucía Miranda, la directora, es un ser humano maravilloso y me apetecía hacer algo amoroso con gente guay que ve en el arte y la cultura esa cosa sanadora, y ella es así. Además, es una obra de Carmen Martín Gaite, una de las primeras novelas que me dio mi madre, así que cuando me lo ofrecieron me pareció hermoso y que tenía todos los ingredientes para poder hacer algo tierno. Qué contradicción la mía, te acabo de decir que quiero hacer una mala, pero ahora voy a hacer algo tierno y es que la cabra tira al monte… El ego a veces te pide cosas, pero tu realidad es otra y eso hay que asumirlo.

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Marieta Taibó es editora de actualidad y cultura en Cosmopolitan y experta cine y series de televisión desde hace más de una década. Cuando no está escribiendo, la encontrarás delante de la pantalla analizando los últimos estrenos de Netflix, Prime Video, HBO Max, Disney+ y el resto de plataformas en ‘streaming’ para recomendar aquellos títulos interesantes o que lo van a petar. Entre crítica y noticias de ficción televisiva, entrevista a actores. En su grabadora encontrarás charlas de sus entrevistas con Blanca Suárez, Mario Casas, Úrsula Corberó, Ana de Armas, Miguel Ángel Silvestre, Leonardo Sbaraglia, Lily Collins, sí, ‘Emily in Paris’ o Christina Hendricks, la pelirroja de ‘Mad Men’, por citar algunos nombres. Fuera de la pantalla, además, te recomendará los mejores planes de ocio y gastro. En otras etapas profesionales, también ha escrito de moda y belleza. De hecho, es autora del ensayo ‘La cara secreta del negocio de la belleza’, de la editorial Almuzara. Marieta Taibo es Licenciada en periodismo por la Universidad Complutense de Madrid y cuenta con el Curso Superior de Marketing y Comunicación de Moda y Lujo de la revista Elle y la Universidad Complutense. Sus primeros pasos como redactora fueron en la sección de economía de La revista de actualidad La Clave hasta que dio el salto a la de sociedad y cultura, su verdadera pasión. Posteriormente, trabajó en El Confidencial, y luego en la revista femenina AR como coordinadora de la agenda cultural y cabeza de la sección de cine. De ahí, dio el salto a las revistas Supertele y TP y en ellas estuvo diez años escribiendo de películas y series, labor que compaginaba como colaboradora de la revista Babylon Magazine haciendo reportajes en profundidad sobre cultura, hasta que llegó a Cosmopolitan hace seis años.