- Las 10 cualidades para ser una buena líder
- 100 frases feministas que cambiaron el mundo
- Cómo destacar en el trabajo
No todos los días se tiene la oportunidad de hablar con la experta más importante del mundo en liderazgo de mujeres según 'Forbes'. Autora de los mayores éxitos de venta a nivel internacional sobre el tema, como '¿Por qué no ascienden las mujeres?' o 'The Female Advantages', Sally Helgesen es miembro del Salón de la fama de Thinkers 50 y conoce a la perfección las herramientas necesarias para que las mujeres aprendan a venderse y mejoren en su trabajo. Por eso, con motivo de su presencia en Hay Festival Segovia, la entrevistamos con el fin de que nos dé todas sus claves para construir una carrera sólida.
¿Cómo podemos hacer que la voz de las mujeres sea escuchada en ambientes masculinizados?
Lo primero que tenemos que hacer para que nuestras voces sean escuchadas es no intentar adaptar nuestra voz, algo que tendemos a hacer cuando nos encontramos en un ambiente eminentemente masculinizado. Las mujeres empleamos mucha energía en gestionar de forma proactiva lo que los hombres pueden pensar de nosotras y esto no sólo consume mucha de nuestra energía, sino que, por si fuera poco, rara vez funciona.
Creo que lo que es importante entender es que, si hay una situación en la que un hombre está incómodo escuchando a una mujer hablar, podemos hacer dos cosas. En primer lugar, podemos intentar ser concisas, claras y mandar un mensaje de forma breve, porque los hombres no suelen escuchar a las mujeres. Lo que hay que hacer es contar directamente la idea que queremos proponer, sin explicar cómo se nos ocurrió. Cuando nos encontramos en un ambiente laboral, especialmente si estamos con un hombre que no está acostumbrado a tratar con mujeres, lo esencial es no quedarnos demasiado atrapadas en su respuesta.
Tengo un buen ejemplo de esto, que data de comienzos de mi carrera. Trabajaba en una empresa y me invitaron a una reunión en la que era la única mujer. Eran los años 80, por lo que en esa época lo teníamos muy difícil. Hice una sugerencia en la reunión, porque creía que era una buena idea, pero nadie dijo nada. Al irnos, el jefe de mi jefe me dijo: “Definitivamente, tú no tienes problema alguno a la hora de decir lo que piensas, ¿eh?”. Lo hizo en un tono acusador. ¿Mi respuesta? “La verdad es que no”. Pensé que me iba a despedir. Sin embargo, unas semanas después, pasé por su oficina y escuché que le estaba diciendo a un compañero: “¿Sabes lo que me gusta de Sally? No le asusta decir lo que piensa”. Es decir, se acostumbró a mí.
Tenemos que darles un tiempo, pues necesitan cierto espacio para acostumbrarse. La conclusión es que, por una parte, tenemos que ser concisas e ir al grano. Por otra parte, no tenemos que invertir demasiado esfuerzo en gestionar o valorar cómo nos perciben, porque no podemos controlar lo que piensan y porque con el tiempo, es posible que cambien de opinión.
Pero, ¿acaso no es agotador tener que no ser sólo buenas en nuestro trabajo, sino tener que esforzarnos por no incomodar y por ser escuchadas?
Sin duda. Los hombres han tenido unos 200 años como mínimo de ventaja, dependiendo del sector, para desarrollar un sistema que ha sido gestionado por ellos mayoritariamente. Nosotras sólo llevamos en esta situación unos 40 años y lleva tiempo cambiar las cosas. Por supuesto es injusto y duro, pero tenemos que enfrentarnos a esta situación de una forma que no nos genere demasiados problemas. Mi consejo es que sólo nos involucremos en cosas que podemos controlar. No tenemos que enfadarnos ni ponernos a la defensiva, porque no va a ser efectivo. Esas son las razones por las que es fundamental establecer relaciones laborales con otras mujeres. Es algo esencial.
He entrevistado a miles de mujeres que han triunfado en su carrera profesional y la mayoría me han dicho que han creado relaciones de apoyo fuertes con mujeres en sus trabajos. Cuantas más relaciones de ese tipo crees, te sentirás menos sola y tendrás más apoyo. A los hombres les preocupa cómo hablan los demás de ellos y se sienten vulnerables ante lo que las mujeres piensan. “He oído cómo mi mujer habla con sus amigas sobre algún hombre de su trabajo y espero que nadie hable de mí así”, me han dicho muchos hombres a los que he entrevistado.
Y luego dicen, por si fuera poco, que les cuesta atraer a sus empresas a mujeres talentosas…
Eso es importante. Di una charla en Las Vegas sobre liderazgo femenino y mujeres emprendedoras que se dirigía a gente de la industria de la construcción, que como sabemos, está eminentemente masculinizada. Antes de ir, pregunté a qué me iba a enfrentar y me dijeron que habría entre 80 y cien mujeres buscando formas para tener más éxito en el sector. Cuando llegué, ¡el 70% eran hombres! Nunca había estado tan en 'shock' y no estaba preparada para esa audiencia. Empecé preguntándoles por qué habían ido a esa charla. Uno me dijo algo que jamás olvidaré: “No pierdas el tiempo diciéndonos lo importante que es atraer talento femenino, porque lo sabemos. Lo que no sabemos es cómo”.
¿Y qué podemos hacer?
Lo que podemos hacer es ayudarles a entender cómo lograrlo. Tienen que escuchar a las mujeres y han de pensar en lo que les están comentando en lugar de decirles por qué están equivocadas, como suelen hacer. Han de crear oportunidades para que las mujeres creen lazos con otras mujeres, pero también con algunos hombres, para crear así oportunidades de 'mentoring'. Pueden, por ejemplo, crear duplos entre personas de diferentes niveles y géneros en proyectos especiales. Está bien saber que realmente no saben cómo hacerlo. Podemos ser explícitas y decirles que una de las cosas que pueden hacer es atraer a mujeres talentosas y prepararlas para tener puestos de poder.
Les podemos decir: “Me he dado cuenta de que cuando hay oportunidades de ascenso, entre los candidatos no hay mujeres. No necesito explicaciones de por qué es así, tan sólo quería que te dieras cuenta de que este tipo de cosas hacen a las mujeres sentir que, realmente, no tienen un futuro en esta empresa”.
En 1990 publicaste ‘The Female Advantage: Women’s Ways of Leadership’. ¿Cómo han cambiado las cosas desde entonces?
Diría que hay tres grandes cambios. Tenemos más confianza en lo que podemos aportar y comprendemos mejor la importancia de construir una red laboral con otras mujeres para darles la resiliencia para avanzar y tener éxito. Esas redes, si se centran en ayudarnos a ser exitosas en lugar de ser un espacio en el que quejarnos, pueden ser muy poderosas. En tercer lugar, nos hemos dado cuenta de lo importante que es tener a los hombres como aliados.
Aunque estas tres cosas han cambiado, creo que seguimos teniendo que progresar en términos de confianza. Muchos hombres tienen mucha confianza en sí mismos sin tener necesariamente las habilidades suficientes para hacer lo que hacen, y les da completamente igual. En América tenemos a un idiota intentando ser presidente, y es un incompetente que se cree Dios. Lo raro es que, como tantos hombres tienen tanta confianza en sí mismos, asumimos que saben hacer su trabajo, pero no siempre es así. Las mujeres raramente somos así, y quienes lo son suelen ser unas sociópatas. No creo que haya que tener esa confianza loca, pero sí hay que entender que tenemos mucho que aportar.
Creo que para desarrollar esa confianza es importante anotar nuestros logros cada día o cada semana (lo que se conoce como journaling). Solemos olvidarnos pronto de lo que hemos conseguido y nos centramos en nuestros errores. Es útil de forma táctica pero también para nosotras mismas, porque al apuntar nuestros logros y reforzar nuestra confianza, podemos luchar contra esa tendencia de rumiar que tenemos y de la que hablo en ‘How Women Rise’, una costumbre que es mucho más común entre las mujeres. Nos hundimos a nosotras mismas y nos castigamos por errores que cometemos sencillamente porque somos humanas.
¿Ejercen las mujeres el liderazgo de forma diferente a los hombres?
Habitualmente, sí. Tendemos a valorar más las relaciones personales, y eso es algo bueno. Se trata de algo que se dejaba siempre de lado antes de que formáramos parte del universo laboral. En ‘The Female Advantage’ escribo específicamente sobre el tipo de liderazgo que hacemos y creo que apostar por las relaciones humanas es algo muy positivo, pues implica además que tenemos una mayor habilidad para comunicar y para intentar conciliar la vida personal con la laboral.
Son cosas que ahora se perciben como aspectos muy positivos a la hora de ejercer el liderazgo, pero no nos aplauden por hacerlo, necesariamente. Somos también más claras y mejores motivando a los demás, al animar a los equipos y al reconocer los valores de los trabajadores diversos. Ser capaces de comprender lo valiosas que son estas cualidades es esencial para las mujeres y para ser capaces de articular nuestros fuertes como líderes. Y poder verbalizarlo es importante para reforzar nuestra confianza y dar una imagen más clara de lo que podemos aportar.
¿Por qué nos sentimos más cómodas ante la diversidad? ¿Quizás porque siempre hemos sido las 'outsiders'?
Absolutamente. Hemos sido las 'outsiders' y por eso comprendemos el comportamiento condescendiente, porque lo hemos vivido. También comprendemos el valor que puede tener disponer de una mirada diferente, nueva y fresca a la hora de resolver un problema. Las investigaciones demuestran además que los equipos diversos son más creativos y llegan a mejores soluciones, y es algo que nosotras comprendemos bien porque, como 'outsiders', podemos dar una visión nueva dentro de esa homogeneidad.
¿Cómo puede el perfeccionismo afectar a nuestras carreras?
Puede tener un efecto muy negativo, porque nos mantiene rumiando y esperamos que todo sea perfecto. Es una de las mayores causas del síndrome de la impostora, pues nos empuja a sentir que no pertenecemos a un lugar y es porque creemos que no podemos estar donde estamos si no podemos hacerlo todo perfectamente. Ser perfeccionistas puede también dinamitar nuestra carrera mientras ascendemos. Se nos hace complicado delegar, porque sentimos que no podemos confiar en los demás para que lo hagan todo perfecto. A medida que asciendes, es más importante saber delegar, pero la perfección no te lo permite. Creas un estrés enorme para ti misma y a la vez para quienes te rodean. A medida que asciendes y eres responsable de los demás, ese tipo de estrés que causas y que creas para los demás se vuelve insostenible.
He estado en muchas reuniones en las que se valora a diferentes candidatas para un puesto de liderazgo y es habitual que se hable de una mujer que es buenísima en lo que hace y que trabaja muy duro, pero por tener unos estándares tan altos de calidad y exigencia, dicen que es muy complicado trabajar para ella. Llevo 45 años en esto y nunca he oído a alguien decir “trabajo para alguien muy perfeccionista y es algo que me encanta”. Si tienes aspiraciones de llegar a un lugar de poder, ser perfeccionista es uno de los comportamientos más tóxicos que puedes tener.
¿Cuáles son los obstáculos que las mujeres se ponen a sí mismas en sus carreras?
Ese empeño de no hablar de nuestros logros, porque quizás alguna vez nos dijeron que hacerlo es de gente arrogante o porque nos han recordado constantemente que somos miembros de un equipo, por lo que hemos de alabar al equipo, no a nosotras mismas. Nos han enseñado que hablar de nuestros méritos es algo horrible si eres mujer. Como no lo hacemos, esperamos que sean los demás los que se den cuenta de nuestros logros. Lo habitual es que no se den cuenta, y entonces… ¿Cuál es tu plan B?
Tenemos que aprender a valorar nosotras mismas lo que vamos consiguiendo. Cuando hago encuestas de forma global siempre sale este tema, el de esperar que los demás, de forma espontánea, valoren lo que haces. Lo que hay que hacer es ir a un compañero o a una amiga y decirle que no sabes hablar de tus logros y que quieres aprender a hacerlo. Intenta contárselo y, de esa forma, estarás ensayando.
¿Cuáles son las trabas con las que nos topamos al construir nuestra carrera?
No tenemos aún apoyos suficientemente fuertes. Una forma de lograrlo es decirle a tu superior que quieres hablar y que te dé su opinión sobre si te vería en determinado puesto, para que te comente en qué aspectos has de trabajar. Son preguntas prácticas, no estás diciendo que en cinco años vayas a ser vicepresidenta, sino que te gustaría serlo, pero quieres saber qué hacer. Si esa persona no te ayuda, porque es algo que a veces pasa, no ocurre absolutamente nada. Pregunta a otra.
Marita Alonso es experta en cultura pop y estilo de vida. Escribe acerca de fenómenos culturales desde una mirada feminista en la que la reflexión está siempre presente. No tiene miedo de darle una pincelada de humor a las tendencias que nos rodean e intenta que el lector ría y reflexione a partes iguales. Cuando escribe sobre relaciones, su objetivo es que la toxicidad desaparezca y que las parejas sean tan saludables como las recetas que intenta cocinar... Con dramáticos resultados, claro. Los fogones no son lo suyo.
Ha publicado dos libros ("Antimanual de autodestrucción amorosa" y "Si echas de menos el principio, vuelve a empezar") y colabora en diversos medios y programas de radio y televisión luchando por ver las cosas siempre de una manera diferente. Cree que la normalidad está sobrevalorada y por eso no teme buscar reacciones de sorpresa/shock mediante sus textos y/o declaraciones.
Licenciada en Comunicación Audiovisual por la Universidad Complutense, imparte master classes de cultura pop, estilo de vida y moda en diversas universidades. En Cosmopolitan, analiza tendencias, noticias y fenómenos desde un prisma empoderador.













