Es uno de los males del siglo XXI. El estrés laboral está a la orden del día y combatirlo no siempre es fácil. Hasta la fecha, siempre se ha asociado con etapas en las que hay picos o volúmenes altos de trabajo. Esa sensación de agobio, de no llegar es, a priori, el precedente, pero hay un mundo desconocido detrás del estrés que puede que no conozcas: un descenso en tus obligaciones, una etapa con poco trabajo o unas pautas que no van contigo también pueden provocarte estrés.
Detonadores del estrés
Según la Organización Internacional de Trabajo, el estrés puede aparecer cuando las exigencias del puesto no se corresponden (o exceden) nuestra capacidades o recursos como trabajadores. El ritmo de trabajo, la falta de autonomía, un mal ambiente en el entorno profesional, cuando nuestros conocimientos no coinciden con la cultura de la empresa, un horario laboral incompatible o poco flexible o un sueldo insuficiente son los principales detonadores.
La Dra. Blanca Usoz, especialista en Medicina Laboral y Familiar de Doctoralia, nos da las principales claves sobre el estrés en el entorno profesional.
Estrés sin exceso de trabajo, ¡es común!
Aunque siempre hemos creído que el estrés laboral surge de un exceso de trabajo, no siempre es así. “Una actividad laboral poco demandante, sin contenido, en la que el trabajador no pueda desarrollar sus capacidades personales, puede ser igualmente generadora de estrés”, puntualiza la Dra. Usoz.
Cómo afecta a tu salud
Según la experta, el laboral es un tipo de estrés crónico y puede afectar a la salud con la aparición de trastornos como enfermedades cardiovasculares, trastornos musculo-esqueléticos, síndrome del “burnout” (agotamiento) y depresión. A nivel social, el estrés laboral también puede provocar aislamiento y dejadez respecto a las relaciones sociales (familia, amigos, pareja…).
Esta situación puede conducir a la adopción de un estilo de vida poco saludable: dieta pobre, trastornos del sueño e, incluso, un mayor consumo de tabaco y alcohol. Y, a nivel laboral, esta situación puede conducir al absentismo, una menor motivación, satisfacción y un rendimiento reducido, entre otros, afectando a la productividad y a la competitividad de la empresa.
¿Cómo hacerle frente?
Apúntate a la doble ‘R’: relativización y resiliencia. Para relativizar es importante que te conciencies de que nada es tan importante como para poder contigo, para afectar a tu salud y que todo depende del foco con el que lo mires. Intenta quitarle peso.
La resiliencia es un virtud que tienes que desarrollar, es la capacidad de sobreponerse a todo que tiene el ser humano. Puedes caer, pero no quedarte tendida. Levántate y anda.
La doctora aconseja realizar pausas o descansos en el trabajo y practicar técnicas de relajación. Respira hondo.











