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Cuando los datos de la última encuesta sobre calidad de la democracia del CIS revelaron que el 52,8 % de los españoles se declaraba católico, cuando hace una década el 68 % de la población se definía así, muchos se echaron las manos a la cabeza al grito de “España ha perdido la fe”.
En la cultura pop no es extraño que los momentos de exaltación religiosa hayan quedado en ocasiones relegados a los instantes previos a los conciertos de las grandes divas pop en los que rezan con sus bailarines, a declaraciones de Georgina Rodríguez destinadas a convertirse en chascarrillo o en las de algún gurú espiritual en un ‘podcast’ ‘mainstream¸. Sin embargo, parece que muchas personas se han apropiado del "Era ateo, pero ahora creo" de C.Tangana al haber abierto la puerta a la fe.
Fe en tiempos inciertos
El escritor Roy Galán comenta no sentir extrañeza al ver que la propuesta estética y conceptual del nuevo disco de Rosalía abraza la religión católica.
“En un mundo de incertidumbre vital, en el que lo político (el Padre, la Ley, el Estado) sufren una crisis de confianza, tiene sentido que el repliegue identitario (quién soy) dé su salto al repliegue espiritual (soy tuyo/tuya) para obtener un control, una guía, la paz que proporciona el saber qué he de hacer. Ese no siento nada, esa disociación, ese estar fuera del cuerpo cuando estamos en Internet, es el primer paso para “ver” a Dios, porque esto requiere de una ausencia que ya se está produciendo en nuestra realidad”, escribe Galán.
La periodista e investigadora Ana Bernal-Triviño reflexiona también sobre la cantante. “Que Rosalía hable de celibato voluntario, a estas alturas de violencia sexual hasta el gorro, no me parece un drama. Que Rosalía haya dicho que tras pasar una época chunga, con boda anulada incluida, reza a Dios... Pues no entro a decirle a nadie cómo calmar el dolor, me guste o no me guste. Mi abuela era republicana y acabó su vida rezando tras morir su hija. ¿Quién de nosotras no ha esperado a veces un milagro?", pregunta en sus redes.
“Estamos en una era que no es la de la fe, la certeza o la verdad. Con Internet, las 'fake news', la IA, etc., quizás es más necesario que nunca tener una fe”, señala Rosalía. El psicólogo Dany Blázquez reflexiona al respecto. “Desde la psicología sabemos que la fe puede ser una fuente de sentido de ética de comunidad. No estoy hablando de eso, estoy hablando de la fe convertida en producto”, comenta. “En un mundo confuso necesitamos volver a sentir estabilidad, armonía y la simbología cristiana. La fe convertida en producto es una forma de romper con lo progresista a través de lo pop. Y no estoy diciendo por supuesto que Rosalía forma parte de una especie de conspiración, sino que no es casualidad que nos resulte atractivo verla rodeada de simbología cristiana. Porque encaja en un clima de incertidumbre donde la fe es un refugio", dice en sus redes.
Asegura que aunque la incertidumbre es molesta, también es el espacio donde pensar, cuestionar, hablar con otros, contrastar y cambiar de opinión. “Cuidado con cómo se usan ciertos símbolos para tratar de solapar años de progreso, diversidad y libertad”, advierte.
Vocación 3.0
La aclamada película ‘Los Domingos’, de Alauda Ruiz de Azúa, se orquesta alrededor de una pregunta: ¿qué harías si tu hija/nieta/amiga/sobrina/ligue decidiera meterse a monja de clausura? Incluso las redes sociales sienten “la llamada” con orgullo. “Leer la Biblia con tus amigas es el nuevo ‘café y nos ponemos al día de los miércoles”, dice en su perfil de Instagram Rebeca Toribio, que este verano, tras viajar con amigos y salir de fiesta, sintió “una vocecita” que le decía que ese no era su camino.
“He encontrado en Dios un refugio y un amigo con el que hablo a diario. Lo he colocado incluso como padre. Me ha establecido en la vida límites, me ha organizado y me ha dado la fuerza para salir de un mal momento en el que estaba literalmente en la cama, tumbada por depresión. Un día, sin saber por qué, dije: ‘Jesucristo, lo dejo todo en tus manos’”, explicaba a ‘Espejo Público’. En este marco es imposible no mencionar el caso de Pablo García, el modelo e ‘influencer’ que se despidió de Instagram para entrar en el seminario. “Para mí, el verdadero éxito es vivir la vida que un día Dios pensó para mí; hacerle caso a su voz en mi corazón más profundo. Han sido casi cuatro años maravillosos en los que desde el primer día soñé con llevar el amor de Dios a través de esta pantalla”, dice en el vídeo en el que se despide de su andadura digital.
Pero, ¿a qué se debe el interés de tantas artistas, directoras e 'influencers' por la religión y lo espiritual? Responde Joan Miquel, autor de 'Cuaderno de espiritualidad pop: Reinterpreta la peli de tu vida' (Vergara, 2024): “Creo que estas artistas que juegan con símbolos religiosos no están haciendo la catequesis, sino que están ofreciendo una lectura humana de lo espiritual, usándolo como una lupa para hablar de dolor, de vulnerabilidad, de identidad, de la culpa, del deseo (recordemos el “te follaré hasta que me ames” con que se cierra Berghain, de Rosalía) y hasta de narcisismo. Son temas tan universales que da igual si eres creyente, atea o fan del horóscopo”.
“Estamos hartas de la espiritualidad que huele a vela rancia y a sermón eclesiástico. Y también estamos hartas de ver cómo la religión (y, concretamente, la iglesia católica) se ha convertido en una institución rancia. Bajo mi punto de vista, religión y espiritualidad no son lo mismo. Ni falta que hace que lo sean”. Comenta que en una sociedad eminentemente líquida, la espiritualidad se ha vuelto un espacio de exploración para algunas artistas. “No en el sentido de 'reza y ya', sino más a contrapelo, como una reapropiación de lo simbólico sin someterse a la institución. El arte puede darse permiso a experimentar con vírgenes, cruces, excesos barrocos y referencias bíblicas sin tener que seguir ninguna norma y sin pedir permiso a nadie”, comenta a COSMOPOLITAN.
Lidia Ortiz de Zárate, experta en neurociencia y 'oach' espiritual y propósito, quiere hacer una aclaración: “No es que la música se esté volviendo más espiritual, sino que las personas, especialmente las nuevas generaciones, están empezando a buscar la espiritualidad incluso en las canciones que escuchan”, explica. “Quienes crecen con la música de Rosalía, Karol G o Rauw Alejandro, también empiezan a hacerse preguntas sobre el alma, Dios o el propósito. Antiguamente, la música se usaba para sostener el miedo y el trauma ante situaciones que eran vitales e intensas en la existencia de la humanidad. Por eso, creo que no es coincidencia este creciente interés por lo espiritual en el arte”, señala. Comenta que lejos de ser mera estética, es una memoria que está volviendo, un altavoz sobre la inclinación en intereses del colectivo.
Religión y feminismo: ¿un 'match' posible?
Para finalizar, ¿puede la religión reconciliarse con la izquierda y el pensamiento progresista? Joan Miquel cree que, de hecho, ya está pasando: “Nuevas generaciones que hablan de fe desde la relación con el otro, desde la metáfora y el relato y no desde el dogma, la jerarquía o el poder. Artistas que reinterpretan lo sagrado desde lo humano, lo feminista y, depende de cómo lo mires, hasta desde lo 'queer'; narrativas espirituales centradas en el ser humano, no en el pecado mortal. En mi opinión, el futuro no es volver a misa, es comprender que lo espiritual no debería entender de derechas ni de izquierdas sino que debería entender de lo más rabiosamente humano. Y ahí todo el mundo cabe. Incluso Rosalía vestida de mártir barroca y tú, con tu chándal del domingo por la tarde”.
El apunte final es de Ana Bernal-Triviño. "Si es incompatible la religión con ser feminista, ¿qué hacemos con la sufragista Lucrecia Mott de Seneca Falls o con nuestras Concepción Arenal o Emilia Pardo Bazán? ¿Las expulsamos? Una cosa es que el feminismo sea más de brujas y rechace que la religión limite derechos, y otra es atacar a una mujer porque reza", dice.
Marita Alonso es experta en cultura pop y estilo de vida. Escribe acerca de fenómenos culturales desde una mirada feminista en la que la reflexión está siempre presente. No tiene miedo de darle una pincelada de humor a las tendencias que nos rodean e intenta que el lector ría y reflexione a partes iguales. Cuando escribe sobre relaciones, su objetivo es que la toxicidad desaparezca y que las parejas sean tan saludables como las recetas que intenta cocinar... Con dramáticos resultados, claro. Los fogones no son lo suyo.
Ha publicado dos libros ("Antimanual de autodestrucción amorosa" y "Si echas de menos el principio, vuelve a empezar") y colabora en diversos medios y programas de radio y televisión luchando por ver las cosas siempre de una manera diferente. Cree que la normalidad está sobrevalorada y por eso no teme buscar reacciones de sorpresa/shock mediante sus textos y/o declaraciones.
Licenciada en Comunicación Audiovisual por la Universidad Complutense, imparte master classes de cultura pop, estilo de vida y moda en diversas universidades. En Cosmopolitan, analiza tendencias, noticias y fenómenos desde un prisma empoderador.











