Me considero una persona intuitiva, incluso presumo de ello. Siempre he pensado que escucharme me viene genial para tomar decisiones. Así que suelo consultar con la almohada –o sea, conmigo misma– cuando estoy más relajada. De ese modo decidí dejar una relación ante la sorpresa de mi entorno y elegí entre dos tentadoras ofertas de trabajo. En ambos casos creo que acerté de pleno. Por eso, cuando me encargaron este reportaje puse cierta cara de "ah, claro, soy perfecta para esto". Lo que no imaginaba es que después de hablar con tres grandes expertas iba a comprender que aún me queda mucho por pulir y mejorar esta capacidad de la que tanto alardeo.

La inteligencia sensible

"La intuición es mucho más que un presentimiento, es la capacidad del cerebro de reconocer patrones de forma rápida y automática. Se alimenta de todo lo que has vivido y sentido", me aclara la divulgadora Elsa Punset. En su libro, 'Alas para volar' (ed. Destino) explica que hay que crear espacios de silencio donde reaprender a escucharla, ya que aunque nacemos con ella, "con el paso de los años aprendemos a dar prioridad a lo racional, a lo que esperan los demás y a la avalancha de información externa. Tu instinto se va embotando, pero recuerda que no desaparece nunca", indica Punset.

Conviene reconectar con ella porque, como destaca Vanessa Mielczareck, que imparte cursos y conferencias sobre el desarrollo de la intuición desde hace más de 20 años y es autora de 'La intuición' (ed. Amat), "la inteligencia intuitiva está conectada al hemisferio derecho de nuestro cerebro y a nuestros sentidos". Consiste en escuchar nuestras percepciones internas, descodificarlas y confiar. Pero matiza que "esta inteligencia sensible no se opone a nuestro cerebro izquierdo racional, sino que lo enriquece".

Si combinamos nuestra clarividencia con una dosis de raciocinio, la intuición nos ofrece una serie de ventajas. Por un lado, te ayuda a ver las cosas con claridad en momentos de duda y confusión y esto te permitirá que interpretes las alertas antes de que se produzca el fallo. Guiarte por tu propia guía interior hará que refuerces tu autoconfianza. Por eso, desarrollarla "te hace ser más capaz de regenerarte y recuperar tu energía. Te sientes menos atascado en tus pensamientos, tu mente se aclara y te vuelves más creativo", añade Hrund Gunnsteinsdóttir, autora de 'InnSæi, el mar interior' (ed. Diana).

El sexto sentido

'InnSæi', en islandés, significa algo así como ver el mar desde dentro. "Encierra mucha sabiduría. Señala una visión más allá de las palabras, que tiene que ver con la autoconciencia, la metacognición y nuestra capacidad de mirar dentro de nosotros mismos para alinearnos con nuestra intuición, un trabajo que todos necesitaríamos hacer", cuenta Gunnsteinsdóttir. Conectar con ella es esencial en el mundo actual porque, dice, "hay espacio para la ciencia, la espiritualidad y la inteligencia emocional, pero nuestra intuición suele estar muy limitada".

Al entrenarla, "atraviesas la vida con mayor facilidad, porque tu centro de gravedad comprende que todos estamos interconectados y somos parte de la naturaleza". En ese momento se hace más fuerte en ti lo que se conoce como tu sexto sentido. Se le llama así porque complementa a los otros cinco y nos abre a un conocimiento más amplio. "Se manifiesta como una impresión, un sentimiento o un 'flash'. A diferencia de la mente, que analiza, evalúa y compara, la intuición es fluida, espontánea, silenciosa", explica Vanessa Mielczareck.

¿Y qué pasa si falla?

Nadie duda de que puede ser muy útil pero, ¿qué ocurre cuando no funciona como debiera? Cuando trabajaba de camarera para pagarme la universidad, conocí a Óscar, el típico heavy –o eso me parecía–, en plan chico duro, que se acodaba en la barra con sus colegas. Yo intuía que era un chulito, así que le servía las cervezas con distancia. Vaya, superborde. Pero cuando mi amiga Ana le invitó a salir de fiesta descubrí que, además de ser un buenazo, era muy divertido. Hoy es uno de mis BFF. Entonces, ¿por qué mi sexto sentido me falló tanto? En realidad no fue él, fui yo. Puse mis prejuicios por encima y no supe escucharme.

La intuición es fluida, espontánea, silenciosa

"Los principales disruptores de la intuición son los sesgos. Tenemos docenas, así que es bueno ser conscientes de ello", aclara Gunnsteinsdóttir. Hay que estar alerta porque "quizá sea un prejuicio contra los hombres blancos de mediana edad o alguien de un origen cultural diferente; lo que sea", señala. Por ello, hace años la intuición tuvo mala reputación. Se pensaba que estaba marcada por sesgos y miedos. "Pero no es así. El trabajo que debemos hacer es aprender a diferenciarlos", explica Gunnsteinsdóttir.

No dejes de lado a la razón

Como en todo, también caben los errores. La experta islandesa recuerda que "la intuición es cuando sabes con seguridad, sin saberlo con certeza". Se trata de una decisión que tomas guiada por ti misma y que a veces nadie en tu entorno comprende. "Lo haces por un conocimiento interno, quienes lo han experimentado saben lo que significa. Pero claro, querrás saber si tu decisión es buena o no", comenta Gunnsteinsdóttir. Para ello recomienda hacer trabajo analítico, investigar qué te dice tu mente más lógica.

"Siempre las combinamos. No se trata de una u otra, sobre todo cuando hablamos de la vida profesional", subraya. Porque está basada en la experiencia y haber aprendido a reconocer patrones. "Pero a veces surge uno nuevo", recuerda. Para reconocer qué es lo correcto, escucha a tu cuerpo. "Te aporta claridad en un mundo lleno de ruido", asegura Elsa Punset. "La mente se enreda y se pierde porque está llena de temores y expectativas. El cuerpo, en cambio, no sabe mentir, es directo y claro si lo escuchas", afirma.

Si sientes malestar, es bandera roja siempre. "La intuición desempeña su papel de consejera y aliada y deja una sensación de tranquilidad, incluso si nos invita a salir de nuestra zona de confort, mientras que un pensamiento condicionado genera tensión o inquietud", comenta Mielczareck. Además, Punset advierte: "A veces hay señales de alerta, pero no falla: lo que falla es tu disposición a escucharla sin autoengaños".

Es hora de fluir

Por tanto, queda claro que a veces podemos venirnos arriba y pensar que somos clarividentes, y quizá no lo seamos tanto. Para entrenarnos, toca dejar volar los sentidos, con la razón cerca. Tu instinto está, sólo necesitas dejarlo fluir. "La imaginación puede ayudarte a liberarlo. Un ejercicio útil es imaginar tu día perfecto", anima Elsa Punset. No uno de película que pondrías en tus redes sociales en plan postureo, más bien tienes que pensar en cómo te gustaría que fuera un día genuinamente tuyo.

A veces hay señales de alerta, pero no falla: lo que falla es tu disposición a escucharla sin autoengaños

"Busca un momento tranquilo, cierra los ojos y repásalo con detalle: ¿qué sientes, qué ves, con quién lo compartes?", recomienda. Cuanto más lo visualices y describas, más clara surgirá tu intuición sobre lo que de verdad deseas. "No es fantasía: tu mente comienza a trabajar hacia esa realidad. En ese preciso momento, la habrás liberado. Te habrás dado alas", concluye Elsa Punset.

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"Te habrás dado alas"

10 ‘tips’ para desarrollar tu instinto

Los condicionamientos sociales nos vuelven menos intuitivas a medida que cumplimos años. Con estos consejos de expertas aprenderás a recuperar tu brújula interior y te sentirás más plena.

  1. Escribe un diario. Plasmar tus pensamientos en un papel "tiene mayor impacto en tu reflexión y tu memoria. Al escribir dejando fluir tu conciencia creas más espacio mental", dice Hrund Gunnsteinsdóttir. Eso calma y regula tu sistema nervioso, esencial para acceder a tu intuición.
  2. Recuerda el vínculo. Cuando algo te entusiasma o te hace sentir ligera, tu instinto despierta. "Te señala que vas por buen camino. Y al revés: si te apaga, entristece o incomoda tu cuerpo, probablemente te está avisando de que no es para ti", indica Elsa Punset.
  3. Crear espacios de silencios. Para domesticar tu perspicacia en el día a día, Vanessa Mielczareck propone crear pequeños espacios de silencio donde "calmar la mente y permitir así que la vocecita se pueda hacer oír".
  4. Usa la alegría como brújula. Punset advierte de que "perdemos tanto el contacto con la alegría que la idea de dejarnos guiar por ella suele descolocarnos". Sin embargo, anima a reconectar con ella sin pensar que eres frívola o superficial. "Conviértela en tu guía", anima.
  5. Equilibra pensar y actuar. Para Hrund es necesario equilibrar acción y reflexión. El objetivo es "asegurarte de estar presente en ti misma para tener acceso a tu saber, experiencia y pericia, así como a tu intuición". Y recuerda que las investigaciones demuestran que, al hacerlo, "te vuelves más amable y atractiva a ojos del resto de personas. Y te resulta más fácil asombrarte y percibir la belleza que te rodea".
  6. Quita lo que te condiciona. "Las mujeres aprendemos a condicionarnos por el bienestar y necesidades de los demás", advierte Punset. Por eso, en vez de pensar si debes hacer algo, pregúntate: "¿Me da alegría?". "Esa debe ser tu referencia para recuperar tu instinto", dice la pensadora.
  7. Escucha tu cuerpo. Si tienes dudas, Mielczareck sugiere prestar atención a tu organismo. "Es importante escuchar el lenguaje corporal, ya que la intuición pasa por él", recalca.
  8. Recupera tu sensibilidad. Para entrenar, Punset recomienda la estrategia de los pequeños detalles. "No hablo de grandes placeres, sino de disfrutar de cosas como el aroma del café o la caricia de un ser querido. Si recuperas esa sensibilidad, tu instinto empezará a hablar más alto".
  9. Aprender a decir 'no'. Elsa Punset anima a "pensar y vivir como hombres: con fiero egoísmo y confiado narcisismo". Para ello propone decir "no", sin excusas ni explicaciones. "Acabarás con siglos de programación que nos invitan a vivir pendientes de los sentimientos y necesidades de los demás. ¡Y aprenderás a usar tus alas!", sentencia.
  10. Elimina temores y sé atrevida. Mielczareck subraya, sobre todo, un mensaje: "Atrévete a seguir tu instinto. Al constatar los resultados positivos, te animarás a seguir por este camino".
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Periodista, guionista y escritora especializada en feminismo y cualquier tema que tenga que ver con los derechos humanos y la igualdad de género y el colectivo LGTB+. Además de viajar, sus otras pasiones son los libros, el cine, la música. La podéis encontrar de festivales y conciertos, dándolo todo bailando. Coautora con Mabel Lozano del libro ‘Te invito a un mojito', sobre el cáncer de mama. Le encanta entrevistar a mujeres 'power' y se motiva en 3, 2, 1...