• Te contamos por qué te has cansado de hacer videollamadas durante la cuarentena.
  • El proceso que nuestro cerebro lleva a cabo a lo largo de esta comunicación puede resultar mucho más complejo de lo pensado.

Esta semana he quedado con todo el equipo de Cosmopolitan, también con mi madre para echar un juego de mesa, he hecho una sesión de entrenamiento matinal con mi mejor amiga, he asistido al club de escritura al que estoy apuntada y, por si fuera poco, he ido de barbacoa. Antes de que llames a la policía, te aviso: todo ha sido por videollamada. Y estoy completamente exhausta. De hecho, tuve que irme de las ‘copas virtuales’ con mis amigos a las 9 de la noche, aunque ellos siguieron hasta la 1 de la mañana. Con mi madre perdí al juego ‘online’ porque estaba cansada y mira, esta no soy yo. Soy una persona social: cuando estoy afuera con mis amigos puedo estar charlando durante horas, no creo en el concepto de “solo una copa y a casa” así como tampoco me gustar estar demasiado tiempo sola.

"Estas charlas se suponen que deberían de hacerme bien, aunque en realidad han hecho todo lo contrario"

Hace semanas estaba, como muchas de nosotras, preocupada acerca de cómo me las arreglaría durante el encierro. Fue entonces cuando decidí aplazar todas mis interacciones sociales para después del estado de alarma, ¡problema resuelto! Sin embargo, unos días más tarde me veía a punto de llorar después de una videollamada. Se suponía que estas charlas debían de hacerme bien, aunque en realidad han hecho todo lo contrario. Me sentía agotada. Para más inri, todo mi entorno parecía feliz con esta dinámica y disfrutando de estos videochats. La gente incluso posteaba capturas de pantalla de sus reuniones y borracheras ‘online’ la mar de felices. Y claro, todo eso me hizo sentir que yo era la que estaba equivocada.

Pregunté en mi entorno a mis amigos y a la gente que tenía en Twitter acerca de si alguien se había sentido como yo y las respuestas me sorprendieron. Hubo quien me dijo que todo esto le resultaba “agotador”, “rarísimo”, “superintenso” e incluso se sentían “demasiado expuestos”. No, no hablaban de llamadas de trabajo, sino del contacto que estaban teniendo con la gente que más quieren en el mundo.

Entonces, ¿qué estaba pasando? Mientras el encierro continúe, ¿hay algo que podamos hacer para seguir en contacto con nuestros allegados sin tener que sentirnos así de mal en el intento?

“La gente está empezando a aprender a navegar en esta nueva ‘normalidad’ que atañe a la vida social”, nos cuenta Hilda Burke, psicoterapeuta , consejera de parejas y autora del libro ‘The Phone Addiction Workbook’. “Muchos de mis clientes se han topado con este problema, desde no saber cómo comportarse a la tesitura del compromiso en exceso”.


Resulta que intentar replicar hasta el más mínimo detalle de mi vida anterior fue mi primer error. Un error entendible, pero no deja de ser un error. “Al ser humano no le gusta el cambio”, explica Hilda. “Así que intentan imitar lo que hacían antes: el yoga, las copas con los colegas y todos esos rollos, pero por videocámara. Solo que a través de una pantalla no es lo mismo ya que tenemos que esforzarnos más. Al final acabamos tratándonos de diferente manera”. Esto se debe, en parte, a la fatiga visual: si trabajamos en oficina es posible que ahora estemos pasando mucho más tiempo enganchados a una pantalla que antes debido a estas llamadas y reuniones. Además, nuestro cerebro también está trabajando mucho más duro porque aunque sí que vemos a nuestros amigos y familiares, no obtenemos una imagen completa de estos. Y ya no hablemos de esos que solo se enfocan la frente. En la mayoría de las videollamadas solo podemos ver las caras de nuestros allegados, pero no el lenguaje corporal. No podemos ver cómo juguetean con su copa de vino o cómo se expresan con los pies (que suelen ser un indicador del estado de nervios). “Nuestro subconsciente intenta averiguar cómo se siente la otra persona”, dice Hilda. “La barrera de la pantalla provoca una tremenda desconexión... y eso es agotador”.

video call lockdown anxiety

Así que asistimos a momentos incómodos en llamadas grupales como cuando una persona se dirige en exclusiva a otra o cuando interrumpe el silencio incómodo... que todos notan. “Ay, lo siento, venga habla tú...” se ha convertido en la frase que más he repetido estas últimas semanas. “Nunca vas a ir a una fiesta en la que todos estén sentados en un círculo y charlando”, explica Hilda. “Las personas tienen distintas necesidades en distintos momentos de la cita”.

Entonces, ¿qué podemos hacer? Puede resultar tentador resolver el problema con un simple “nada” y cancelar todas las videollamadas, pero para muchos (especialmente para quienes viven solos) son más que necesarias. Nadie quiere cortar socialmente por completo. Y luego está la sensación de culpa: queremos hacer felices a nuestros amigos, especialmente en estos difíciles momentos, y no sabemos decir que no. Dar una negativa ahora mismo es mucho más difícil porque suena de forma rotunda a que “no quieres hablar con ellos”.

"A través de una pantalla no es lo mismo porque tienes que esforzarte mucho más"

“Todos necesitamos tiempo para nosotros mismos”, comenta Hilda. La clave, según ella, es descubrir nuestro propio limite personal mientras vamos comunicándonos en este nuevo mundo. Desde limitar cuánto tiempo vas a pasar en una videollamada (para mí nunca más de una hora) hasta decidir a cuántas personas verás a lo largo de la semana. También es importante darse cuenta de que tenemos más opciones: por ejemplo puedes simplemente llamar sin vídeo, algo que puedes realizar mientras haces tu ejercicio casero diario o (si tienes manos libres) durante tu rutina de limpieza.

Yo he probado a mandar más notas de voz a mis amigos y me ha unido mucho más a ellos porque oír cómo se sienten y puedo oírlo cuantas veces quiera. También me he dado cuenta de que prefiero llamadas ‘one-on-one’, o si estoy en una grupal quitar la ventanita con mi cara (que sería lo equivalente a estar sentada en frente de un espejo en un bar).

“Pregúntate a ti misma por qué estás haciendo algo”, recomienda Hilda. “Si has quedado con un grupo para hablar y no te apetece, no tienes por qué hacer la llamada si sabes que vas a acabar triste o cansada. Intenta comentárselo en privado a quien te importe y no te vayas sin dar una explicación. Si son amigos cercanos, lo entenderán”. Y quién sabe, quizás te digan que todo este tiempo se han sentido como tú, pero no lo han dicho.

Headshot of Catriona Innes
Catriona Innes es la editora encargada de múltiples premios de Cosmopolitan UK, que ha ganado varios premios BSME tanto por su extenso periodismo de investigación como por dirigir el departamento de reportajes de Cosmopolitan. Además de encargar y editar la sección de reportajes, tanto en línea como en formato impreso, Catriona escribe regularmente sus propias y contundentes investigaciones, dedicando meses a investigar algunos de los problemas más apremiantes que afectan a las mujeres jóvenes en la actualidad. Ha pasado tiempo encubierta con fuerzas policiales especializadas, trabajadores sociales en casos de abuso doméstico e incluso Playboy Bunnies para crear artículos que llevan a los lectores al meollo de la historia. Catriona también es autora publicada, poeta y es voluntaria en varias organizaciones que ayudan directamente a la comunidad de personas sin hogar de Londres. A menudo, por las calles del Soho se la encuentra poniendo a prueba sus débiles tobillos con unos tacones imponentes. Síguela en Instagram y Twitter.