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Esta es la temperatura adecuada a la que deberías limpiarte la piel (y por qué es importante)
No sólo los grados, sino también el tipo de agua que uses pueden hacer que tu piel reluzca o que se llene de granos y se reseque. Tú misma…
- Héctor Núñez, farmacéutico, sobre las toallas desmaquillantes de microfibra: "A la única persona que no se las recomendaría..."
- Antonio Ortega, dermatólogo: “Si tienes este tipo de piel, el tónico con BHA debería ser un producto indispensable para tratarla después del verano”
- El doctor Álvaro Campillo, sobre los problemas de la piel: "Tenemos que buscar la causa inicial en el intestino"
El gesto de desmaquillarse o de limpiarse la cara, aunque no nos cansaremos de decir que es obligatorio, también entendemos que da una pereza enorme. Y más cuando llega el frío, porque con las temperaturas bajas apetece todavía menos ponerse una leche limpiadora que está fría sobre la cara. La reacción, muchas veces, es optar por fórmulas que requieren enjuagarse, y así poder aplicarnos agua calentita, que da mucho gusto… pero que tiene consecuencias.
Lo cierto es que cada vez hay más productos de limpieza suaves, en forma de ‘mousse’, espuma, gel o de aceite desmaquillante que requieren ser aclarados con agua. Lo confirma Silvia Oliete, fundadora y directora de los institutos de belleza Blauceldona: “En efecto, la gran mayoría de productos para la limpieza de la piel que encontramos en el mercado son fórmulas que deben ser retiradas mediante su aclarado con agua. Aunque en cabina las profesionales de la estética siempre hemos recurrido a leche y cremas que disuelven la suciedad e impurezas y que retiramos con arrastre, ya sea con esponjas o toallas”.
También podemos optar por esta solución en casa, pero seguramente iremos a lo más rápido y placentero, que es retirar el desmaquillante con agua. Ahora bien, ¿qué temperatura es la ideal para aclarar el producto? “La temperatura ideal del agua debería ser de unos 35º aproximadamente, ya que nuestra piel suele encontrarse por lo general, entre unos 33-37º. Digamos que, sentirla tibia, ni muy fría ni muy caliente, para que la temperatura de esta no la altere”, indica la experta.
Lo curioso es que esta temperatura, los 35º, debería ser la misma independientemente de la estación en la que nos encontremos. “Esta es una premisa que no deberíamos cambiar a lo largo del año, si bien es cierto que, en verano, cuando sudamos mucho y la temperatura de la piel, especialmente si ha recibido la incidencia de la radiación UVB, la que genera calor en los tejidos, podemos disfrutar del agua fría, que además de procurarnos un frescor muy agradable, nos ayudará a bajar esos grados de más”.
En todo caso, lo que no deberíamos hacer es subir la temperatura del agua por encima de los 35 grados para limpiarnos la cara, por una sencilla razón: “Hay que evitar siempre el agua muy caliente, ya que desequilibra la barrera y el manto ácido de la piel; dilata los capilares, pudiendo incluso llegar a romperlos si lo hacemos de manera recurrente; exacerba cualquier tipo de patología, como la rosácea o el acné; y altera el microbioma, mermando la capacidad de protección natural de la piel, haciéndola más propensa a sufrir alteraciones”, añade Silvia Oliete.
Dicho esto, no te vayas al otro extremo, porque una temperatura muy fría tampoco está indicada para el cutis, y mucho menos seguir la moda de terminar la rutina de limpieza pasándonos un hielo por la cara. “El agua helada, que no fresca, es una temperatura que no es buena, ya que impacta en los receptores nerviosos de la piel como un envite o afrenta, y puede reaccionar negativamente. Aunque es cierto, que, en ciertas ocasiones y con determinadas pieles, acabar de enjuagarnos con un par de ‘splashes’ muy fríos, tonifica y calma”.
Quédate con esto: no importa la época del año ni tu tipo de piel (y esto sirve para rostro y cuerpo), la temperatura ideal del agua para limpiarte la piel es 35º. “El agua debe estar templada, agradable en la piel, pero que no la sintamos ni muy fría ni muy caliente y que al mirarnos en el espejo, no la veamos palidecer, ni tampoco enrojecer. Si tienes la piel grasa, puedes creer erróneamente que el agua muy fría te refresca y te ayuda a aplacar ese calor que suelen sentir estas pieles, pero en realidad puede ser interpretado por los receptores dérmicos como una señal de que debe producir más sebo para contrarrestar esa agresión. A las pieles con acné, que sufren ese hormigueo debido a la actividad bacteriana, si les ponemos agua muy caliente y fragilizamos más aún su manto ácido protector, les pasarás que los granos proliferan aún más”.
Por último, convendría que tuvieras en cuenta con qué tipo de agua te estás enjuagando la cara, pues si usas la del grifo, todas no son iguales. “Dependiendo de la ciudad encontraremos aguas más duras o blandas. Por supuesto, lo ideal será poder lavarnos siempre con agua mineral, de manantial o filtrada o purificada, ya que estas, tienen una mineralización muy débil, y no tienen cloro ni cal, estos compuestos que pueden resecar mucho la piel. En España, parece ser que Burgos, San Sebastián, Las Palmas, Madrid y Vigo tienen las aguas del grifo más blandas y bajas en cal”, concluye la directora de Blauceldona.
Y estos son algunos de los desmaquillantes que se retiran con agua y que mejor dejan la piel: limpia y suave.
Virginia de los Ríos es experta en Belleza y Grooming, temas de los que escribe habitualmente en Cosmopolitan: cremas faciales, cosmética corporal, tratamientos capilares, protocolos en cabina, perfumes, nuevos activos… Desde Dior a Chanel, pasando por Loewe, Sephora, Augustinus Bader o Cantabria Labs, sigue al milímetro los lanzamientos de las marcas del sector beauty, desde las más prestigiosas a las firmas nicho o las marcas low cost.
A esta periodista especializada en belleza y tratamientos –y a la que muy pocas cosas le harían renunciar a un pintalabios rojo satinado– le sigue apasionando, después de 15 años escribiendo sobre belleza, colarse en los laboratorios cosméticos para conocer cómo se desarrollan los ingredientes más punteros, destapar el frasco de las nuevas esencias y meter los dedos en los tarros de crema. Antes de que Instagram fuera un embrión, creó la plataforma The New Millesime, con el formato de tablero, para dar a conocer y analizar lo último en cosmética de lujo y lifestyle.
Virginia de los Ríos se licenció en Filología Hispánica por la Universidad de Deusto, posteriormente se diplomó en Edición y Publicación de Libros por la misma universidad y tiene el Máster en Periodismo por la Universidad del País Vasco. Fue profesora de Lengua y Literatura españolas durante dos años en la Universidad de St. Andrews (Gran Bretaña) y cuenta con una experiencia de más de dos décadas como periodista en distintos medios de comunicación, entre los que destacan algunas de las cabeceras de HEARST, como Elle, Cosmopolitan, Harper’s Bazaar, Men’s Health o Esquire. Además, ha sido redactora jefe de Women’s Health y ha colaborado en numerosos grupos editoriales y publicaciones de relevancia, como Prisa, Unidad Editorial, El Semanal XL, MujerHoy, Yodona, Fuera de Serie, etc.

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