¿Cuántas veces alguien te ha dicho que tienes mala cara? La piel puede ser un gran chivato de lo que te pasa por dentro, porque las emociones, ya sea que estés deprimida, enfadada o feliz, tienen su reflejo en la piel, aunque te parezca raro.

Las emociones tienen tanto que ver con la piel que hay signos muy claros que todos podemos identificar claramente cuando hablamos u observamos a otra persona, como explica el dermatólogo Antonio Ortega, de Clínica Menorca: “La piel reacciona ante estímulos emocionales de forma visible, como enrojecimiento (rubor o ‘flushing’), palidez, sudoración excesiva (hiperhidrosis) o incluso picazón sin causa dermatológica clara son respuestas del sistema nervioso autónomo. Son señales físicas externas que reflejan cómo se siente una persona por dentro, aunque no siempre sea consciente de ello”.

Y es que detrás de esto hay una explicación puramente biológica: “Las emociones influyen en la piel porque existe una conexión directa con el sistema nervioso, conocida como el eje cerebro-piel. Durante situaciones de estrés o tristeza, el cuerpo libera hormonas como el cortisol y la adrenalina, que pueden alterar el equilibrio cutáneo. La piel, al ser el órgano más extenso y muy vascularizado, es especialmente sensible a estos cambios internos”.

Con razón al cortisol se le conoce como la hormona del estrés. “Ante una emoción fuerte, esta hormona viaja por el cuerpo y afecta directamente a la piel, debilitando su barrera protectora, aumentando la inflamación y haciendo que reaccione más fácilmente. Las emociones negativas activan ciertas hormonas y sustancias en el cuerpo que alteran el equilibrio natural de la piel, lo que puede provocar acné (el estrés aumenta la producción de grasa en la piel y favorece la inflamación, lo que puede generar o empeorar brotes), caída capilar (el ciclo de crecimiento del pelo puede verse alterado y causar una caída excesiva), brotes de enfermedades crónicas, que suelen empeorar en momentos de alto estrés, urticaria, ya que el sistema nervioso puede liberar sustancias como la histamina, provocando ronchas o sensación de picor sin una causa alérgica clara”, apunta el doctor Manuel Ballesteros, de IMR.

Las emociones tienen tanto que ver con la piel que en estados emocionales alterados pueden desencadenar o empeorar afecciones cutáneas. “El aumento del cortisol puede favorecer la inflamación, empeorando problemas como la rosácea. En enfermedades inflamatorias crónicas como la psoriasis o la dermatitis atópica, el estrés puede actuar como un desencadenante o agravante, porque altera la respuesta inmune, aumentando los brotes o la intensidad de los síntomas. Es más, existe el llamado eje neuroinmunoendocrino, un sistema de comunicación entre el cerebro, el sistema inmunológico y la piel. Cuando atravesamos situaciones emocionales se activan una serie de procesos fisiológicos que afectan directamente a la piel”, puntualiza el doctor Antonio Ortega.

Este experto resume los efectos más visibles de algunas de las emociones negativa más frecuentes:

  • Estrés. “Incrementa de la producción de sebo, lo que puede empeorar el acné; descompone el colágeno, favoreciendo la aparición de arrugas; disminuye la capacidad de la piel para retener agua, causando sequedad y debilitamiento de la barrera cutánea; y retrasa la cicatrización”.
  • Ansiedad. “Puede manifestarse en la piel como sudoración excesiva, palidez, rojeces o urticaria. Además la ansiedad puede contribuir al envejecimiento prematuro”.
  • Tristeza. “Cuando la tristeza es profunda y sostenida puede reducir la regeneración celular y afectar la función barrera de la piel. Esto se traduce en una piel más apagada o deshidratada, y más propensa a infecciones o irritaciones”.
  • Miedo. “Activa una descarga de adrenalina y noradrenalina, lo que puede provocar palidez súbita, sudoración excesiva o incluso prurito nervioso. En personas con predisposición, puede desencadenar crisis de psoriasis o dermatitis atópica y agravar patologías como el vitíligo, al influir en el sistema inmunológico”.
  • Enfado. “Emociones como la ira o la frustración producen una respuesta inflamatoria que puede manifestarse como enrojecimiento facial, brotes de rosácea o sensación de ardor en la piel. También aumenta la susceptibilidad a infecciones o eccemas, especialmente si hay rascado compulsivo”.

Por el contrario, “La felicidad se refleja en el rostro con una piel más luminosa, con mejor color, serena y saludable. La felicidad estimula la liberación de neurotransmisores como la dopamina y la oxitocina, que favorecen una mejor circulación sanguínea. Esto se traduce en una piel con un tono más uniforme, mejor oxigenada y con ese aspecto que solemos describir como buena cara o piel radiante. Cuando estamos felices, los niveles de cortisol disminuyen. Esto ayuda a reducir la inflamación cutánea y mejora afecciones como el acné, la rosácea o la dermatitis. Además, favorece la reparación celular y ralentiza el envejecimiento prematuro. Por otra parte, la alegría relaja los músculos del rostro, lo que reduce la tensión acumulada en zonas como la frente o el entrecejo. Además, las líneas de expresión que se forman al sonreír son diferentes a las causadas por el estrés: son más suaves y reflejan un rostro vital, no fatigado. Todo ello mejora la barrera cutánea y la hidratación natural. Sin olvidar que el bienestar emocional también influye en el equilibrio hormonal y, consecuentemente, en la producción de sebo y sudor, lo que puede contribuir a una piel más hidratada, elástica y menos reactiva”, subraya el dermatólogo Ortega.

En definitiva, según los expertos, mantener una mentalidad positiva favorece la regeneración celular, mejora la cicatrización y reduce la inflamación, así que procura estar de buen humor si quieres lucir una piel sana y bonita. Algunos consejos para conseguirlo: “En cuanto al cuidado tópico de la piel, hay que hidratarla para reparar la barrera cutánea debilitada. Cremas, lociones que contengan antioxidantes como la vitamina C y E combaten el estrés oxidativo. Para reducir la inflamación, productos calmantes, como el aloe vera. Para gestionar el estrés, ayudan mucho las técnicas de relajación como yoga, meditación, ‘mindfulness’ y respiración profunda, sin olvidar dormir siete u ocho horas diarias. Hacer ejercicio de forma regular libera endorfinas que contrarrestan los efectos negativos del estrés. Una dieta saludable rica en antioxidantes y omega-3 para proteger la piel desde dentro y beber mucha agua, caldos e infusiones. Y, por último, tratamientos médico-estéticos: la terapia con láser ayuda a reducir el enrojecimiento asociado con rosácea o inflamación. La radiofrecuencia y PRP (plasma rico en plaquetas) estimulan la regeneración y combatir el envejecimiento prematuro, y las terapias relajantes, como masajes faciales o sesiones de spa, alivian tensiones y mejoran la circulación cutánea”, enumera el médico de Clínica Menorca.

En conclusión, “las emociones positivas pueden regalarnos una piel más luminosa y saludable gracias a las endorfinas y la serotonina, que ayudan a mantener una buena circulación sanguínea y oxigenación en la piel. También estar relajado y emocionalmente estable hace que durmamos mejor, que tengamos un sistema inmunológico más equilibrado y mejoren nuestros sistemas de reparación”, sintetiza el doctor Ballesteros, especialista en Dermatología Médico-Quirúrgica.

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Virginia de los Ríos es experta en Belleza y Grooming, temas de los que escribe habitualmente en Cosmopolitan: cremas faciales, cosmética corporal, tratamientos capilares, protocolos en cabina, perfumes, nuevos activos… Desde Dior a Chanel, pasando por Loewe, Sephora, Augustinus Bader o Cantabria Labs, sigue al milímetro los lanzamientos de las marcas del sector beauty, desde las más prestigiosas a las firmas nicho o las marcas low cost.

A esta periodista especializada en belleza y tratamientos –y a la que muy pocas cosas le harían renunciar a un pintalabios rojo satinado– le sigue apasionando, después de 15 años escribiendo sobre belleza, colarse en los laboratorios cosméticos para conocer cómo se desarrollan los ingredientes más punteros, destapar el frasco de las nuevas esencias y meter los dedos en los tarros de crema. Antes de que Instagram fuera un embrión, creó la plataforma The New Millesime, con el formato de tablero, para dar a conocer y analizar lo último en cosmética de lujo y lifestyle.

Virginia de los Ríos se licenció en Filología Hispánica por la Universidad de Deusto, posteriormente se diplomó en Edición y Publicación de Libros por la misma universidad y tiene el Máster en Periodismo por la Universidad del País Vasco. Fue profesora de Lengua y Literatura españolas durante dos años en la Universidad de St. Andrews (Gran Bretaña) y cuenta con una experiencia de más de dos décadas como periodista en distintos medios de comunicación, entre los que destacan algunas de las cabeceras de HEARST, como Elle, Cosmopolitan, Harper’s Bazaar, Men’s Health o Esquire. Además, ha sido redactora jefe de Women’s Health y ha colaborado en numerosos grupos editoriales y publicaciones de relevancia, como Prisa, Unidad Editorial, El Semanal XL, MujerHoy, Yodona, Fuera de Serie, etc.