Los protocolos de color suponen el 44% de los trabajos más demandados en las peluquerías españolas; un servicio por el que los españoles suelen invertir de media entre 16 y 45 euros cada vez que se lo realizan, según datos de Stanpa (Asociación Nacional de Perfumería y Cosmética). Reflejos, ‘balayage’, baño de color, decoloración… Las opciones de coloración capilar son casi infinitas, pero Mia Casal, del equipo de educación y marketing global de Montibello Haircare, te ayuda a identificarlas fácilmente, clasificándolas de menor a mayor compromiso de mantenimiento:

  • Barros. Suele mezclar extractos de plantas con agua caliente para poder trabajar sobre el cabello y que aporte color. No modifica el tono natural, sino que lo pigmenta, por lo que se evita el efecto raíz. Aporta tonos cálidos (rojizos y cobrizos) a las canas, se va perdiendo con los lavados y se suele repetir cada 3 o 4 meses.
  • Tono sobre tono, baño de color o coloración semipermanente. Estas coloraciones se suelen usar cuando queremos una suave modificación del color, ya sea por la aparición de las primeras canas o para cambiar ligeramente el reflejo (léase convertir tu castaño aburrido en un tono chocolate o en un burdeos). Pueden aclarar el color ligeramente o actuar como un embellecedor, dependiendo del tipo que se escoja, pero todas ellas aportan mucho brillo y tienen un mantenimiento bajo: 2-3 meses.
  • Coloración directa de fantasía. Es intensa y se aplica sobre melenas rubio claro o previamente decoloradas, creando tonalidades muy vivas. La intensidad del color suele irse con los lavados, por lo que toca reaplicarla cada 6-8 semanas.
  • Coloración permanente. Es la más utilizada, ya que se usa tanto para aclarar el cabello de 2 a 3 tonos, como para cubrir canas. Existen varios tipos que van de las coloraciones que crean tonalidades vibrantes e intensas hasta las que cubren las canas de una manera muy natural para que la gente no sospeche que algún día aparecieron. Requiere de un mantenimiento mensual para retocar la raíz.

Dicho esto, antes de aventurarte con cualquier tinte -este filtro de Instagram te enseña cómo te queda cada color–, deberías consultar al colorista de tu peluquería, ya que “es importante que tengas en cuenta el tipo de cabello, la textura y la condición del mismo para decantarte por la coloración que mejor le vaya a tu pelo y tu estilo de vida”, advierte Santiago Rodríguez, formador de Kevin Murphy. Recuerda que es horrible pasearse por el mundo luciendo un color de pelo con raíz si no es intencionada, ajado y sin brillo.

Amoniaco, ¿sí o no?

“Las coloraciones permanentes deben tener un componente alcalino para poder modificar el tono natural del cabello y conseguir así el máximo cambio (aclaración, intensidad, durabilidad del color y cobertura). Las hay que contienen amoníaco y las hay que utilizan un derivado”, explica Casal. En la actualidad el público demanda las coloraciones sin olor, con texturas más fluidas y con componentes tratantes; de ahí que muchas firmas capilares hayan sustituido al amoniaco por otros derivados, como el monoethanolamine (MEA), menos agresivo.

Cuando se va a colorear el pelo se necesita de un activo que ayude con la oxidación, la penetración del color y el depósito de los pigmentos. Pero para alterar el pH ya no es necesario hacerlo con ayuda de amoniaco, sino que “el MEA dilata la cutícula del cabello suavemente sin estresarlo, consiguiendo que la retención de los pigmentos sea mayor y de larga duración. Además, este activo no tiene un olor desagradable, algo que agradece tanto el cliente como el colorista”, aclara Rodríguez.

Atenta al pH (ácido) de tu pelo

Al igual que ocurre con la piel, el pelo también tiene que tener el pH equilibrado para estar sano, lo que se traduce en flexibilidad, suavidad y brillo. “Ambos son ácidos, siendo el pH natural del cabello 5,5. De este modo su estructura está sana y no hay inflamación, por lo que los mechones están sedosos, las escamas de la cutícula planas y la melena está brillante, fuerte y resistente”, desvela Marta Luna, directora del equipo de educación de Redken España. Cuando se alcaliniza –físicamente significa alterar su estructura debido, sobre todo, al abuso de trabajos químicos–, “se abren las escamas de la cutícula y se pierden los componente esenciales, haciendo que el cabello esté áspero, se enrede más, se parta con facilidad y pierda su brillo”, añade la formadora.

Por eso “es importante aportar proteína y glicerina, ya que se pierden tras los procesos químicos; así como equilibrar el pH para devolver a la melena su aspecto natural y fijar este para que dure varios lavados”, asegura Luna. ¿Cómo? La próxima vez que vayas a la peluquería pide que te hagan el tratamiento ABC (Acidid Bonging Concentrate), que hidrata y repara el cabello dañado, seco y/o químicamente tratado, acondiciona intensamente y protege ante la pérdida de color. Este fortalece los puentes debilitados del pelo después de los servicios de decoloración y color, aportando resistencia y fuerza con ayuda del ácido cítrico que contiene su fórmula, y suavidad y acondicionamiento de la cutícula gracias a los aminoiones.

Lávate la cabeza adecuadamente

“Para que el color (tipo coloración tinte) dure más, es preciso que no te laves el pelo todos los días y que lo hidrates adecuadamente; no solo después de lavarte el pelo, sino que también puedes aplicarte la mascarilla sobre él seco, de medios a punta, dejarla actuar toda la noche y por la mañana proceder al champú y al acondicionador”, sugiere Sandra Sadler, copropietaria del salón Coolday.

También es importante que escojas el champú más adecuado para ti: “Si tu coloración es tipo tinte o ‘henna’, escoge uno específico de color que aporte hidratación a la vez que realce el brillo de los pigmentos artificiales; en caso de lleves ‘balayage’ o ‘babylight’, puedes optar por otro tipo de champú”, aconseja la peluquera. Pero, independientemente de la opción que elijas, debe ir seguida siempre de acondicionador y, una vez a la semana de mascarilla, para aportar nutrición a la fibra capilar y brillo.

Y, aunque no lo creas, también es muy importante que estés atenta a la temperatura del agua, ya que si está demasiado caliente arrastrará los pigmentos más vivos. Mejor que la utilices tibia, “para permitir que los residuos se vayan eliminando correctamente, y termines con agua más fresquita, para cerrar la cutícula capilar con el fin de mantener los pigmentos artificiales en el interior”, concluye la experta.

Productos con pigmentos aliados

Si llevas el cabello coloreado necesitas hidratarlo, mantenerlo sano y conservar la intensidad del tono entre visita y visita al salón. Los acondicionadores o mascarillas matizadores serán tus aliados en este menester. “Contienen pigmentos directos potentes que proporcionan unos matices bonitos e intensos, con una durabilidad de hasta 10 lavados y que actúan en pocos minutos de exposición”, expone Sergio Carrascal, director técnico de Indola para España y Portugal.

Usarlos es muy sencillo: “Después de lavarte la cabeza aplica el producto sobre el cabello húmedo, pero secado con toalla, para facilitar su impregnación y homogeneización en la aplicación. Déjalo actuar de 5 a 10 minutos y espera hasta los 20 minutos si el tono que quieres es muy intenso. Aclara con abundante agua tibia”, describe Alberto Arévalo, responsable de la academia de Madrid de Henkel Beauty Care Professional. El experto también sostiene que “la mascarilla se puede aplicar en cabello seco y limpio, pero para ello tienes que ser muy minuciosa y extender el producto de manera homogénea para evitar diferentes grados o intensidades de color en la melena”.

Protege tu pelo del sol

La fotoprotección capilar también es importante (y no solo en verano), ya que “la radiación UV altera los pigmentos de color del pelo, reseca mucho y fragiliza la queratina, además de robar a las melenas todo su brillo. Por eso es imprescindible el uso de protectores solares que salvaguarden el cabello del sol y otras agresiones, pero también protegerlo bajo gorras, sombreros o pañuelos que supongan un escudo físico”, advierte Eduardo Sánchez, director de la Maison homónima.

Además, tienes que tener especial cuidado si tu melena está teñida de color rubio o rojizo. “El primero se oxidan mucho y los tonos rojos y cobrizos son los más sensibles a la pérdida de tono”, apunta el peluquero. Esto se debe a que son los más porosos y, por tanto, más sensibles a las agresiones externas cuando se exponen de manera continua a los rayos del sol, el cloro o la sal.