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La belleza no tiene edad. De hecho, la industria del maquillaje cada vez se decanta más por las necesidades de la piel, sin tener en cuenta etiquetas de ningún tipo. Cada persona debe llevar lo que le haga sentir cómoda y segura de sí misma. No hay más. Y es que cada vez tenemos más claro que el maquillaje ya no va de cubrir imperfecciones, sino de acompañar la personalidad de cada una.
Eso está claro, pero seamos sinceras, el maquillaje que llevamos a los 20 no es el mismo que con 60. ¿Por qué? Porque sencillamente la piel no es la misma, el efecto que da tampoco y porque básicamente nuestro 'mood' y preferencias estéticas suelen ser diferentes. ¿Hay excepciones? Por supuesto, en cuanto a gustos no hay nada escrito y ser fiel a ti misma siempre será la mejor tendencia.
"Igual que cambia nuestra forma de vestir o de cuidar la piel, también evoluciona la manera en la que entendemos el maquillaje. Lejos de las reglas rígidas de 'lo que sí y lo que no', hablamos de adaptar, de entender qué necesita la piel en cada etapa y de elegir productos que potencien los cambios de cada momento", sostiene Raquel Linde, experta en maquillaje y Marketing Manager de You Are The Princess y MET.
La experta explica que aunque la edad no limita sí orienta: nos ayuda a elegir mejor texturas, acabados y colores que realmente favorecen. "El objetivo no es parecer otra persona, sino sacar la mejor versión de una misma en cada momento. Y ahí es donde el maquillaje, bien entendido, se convierte en una herramienta poderosa", señala.
Colores y texturas de maquillaje más favorecedoras en cada década
Acompañar a la piel, a los rasgos y también al momento vital en el que estamos, implica tener en cuenta ciertas necesidades, que no son las mismas dependiendo de la década en la que nos encontramos. Y es que ya no se trata de colores ni de años, sino de cómo luce un maquillaje en una piel con necesidades concretas. Por ejemplo las bases muy mates en una piel con arrugas, puede marcarlas más; sin embargo, en una piel más grasa ayudará a evitar que salgan brillos indeseados. Además utilizar las brochas adecuadas según la textura del producto de maquillaje utilizado también marcará la diferencia.
A los 20: frescura, piel real y color sin miedo
Es la etapa perfecta para experimentar. La piel suele estar en su mejor momento, por lo que no necesita exceso de cobertura. "Funcionan muy bien las bases de maquillaje ligeras o directamente los tintes, los 'blush' en tonos rosados o corales y los labios jugosos. Aquí el maquillaje debe ser casi una extensión natural de la piel: 'glow, brillo' y texturas frescas", señala Linde.
La experta destaca que también es el momento ideal de jugar con el color en ojos o máscaras, porque todo se ve ligero y favorecedor.
A los 30: perfeccionar sin perder naturalidad
Empieza a haber una búsqueda más clara de equilibrio. La piel sigue teniendo buena calidad, pero ya se valora más la duración y el acabado. Además, es importante tener en cuenta que cuando usamos productos en crema y, luego, en polvo, preparar bien la piel será fundamental (no importa la edad) si queremos que no se formen parches.
"Las bases ligeras pero perfeccionadoras, los iluminadores en crema y los tonos tierra o melocotón funcionan especialmente bien. La clave está en pulir el maquillaje sin recargarlo. Es la década en la que el maquillaje se vuelve más estratégico porque ya nos sentimos más adultas y más prácticas: menos cantidad, mejor aplicado", señala.
A los 40: luminosidad y efecto buena cara
La experta explica que aquí el maquillaje empieza a trabajar más a favor de la piel. Las texturas ligeras y luminosas son esenciales, evitando productos demasiado mates o pesados.
"Los tonos cálidos como rosas suaves, tierras o dorados aportan vida al rostro, mientras que los productos en crema ayudan a mantener un acabado jugoso y natural. El objetivo ya no es cubrir, sino devolver frescura y luz", destaca.
A los 50: suavizar, hidratar y redefinir
La piel necesita confort y flexibilidad, por lo que, como asegura Linde, "las fórmulas hidratantes, los acabados satinados y los productos que no marquen textura son clave".
Los labiales cremosos, los 'blush' en crema y las sombras suaves favorecen mucho más que los acabados secos. Es importante redefinir sin endurecer: trabajar cejas de forma sutil, contorno de ojos y labios con delicadeza marca la diferencia.
A partir de los 60, en adelante: elegancia, luz y ligereza
"Menos es más, pero mejor elegido. El maquillaje debe acompañar la piel, no imponerse sobre ella. Las texturas ligeras, los productos que aportan luz y los tonos suaves (rosas, melocotones, neutros) son los grandes aliados", responde.
El foco está en iluminar estratégicamente, unificar el tono y aportar un aspecto descansado y saludable. De todas las décadas, la conclusión es la misma: no es la edad, es cómo lo aplicas. Hay una idea que lo cambia todo: no se trata de usar más o menos maquillaje, sino de usarlo mejor.
Elegir bien las texturas, adaptar los tonos y trabajar la piel previamente es lo que realmente transforma el resultado. "Yo siempre digo que el mejor maquillaje no es el que más cubre, sino el que mejor se integra y hace que te veas y te sientas tú misma en cualquier etapa", exclama.
Principales errores a la hora de maquillarnos
¿Maquillarse demasiado puede envejecer? "El maquillaje en sí no envejece, lo que envejece es cómo lo usamos. Cuando aplicamos demasiado producto o no respetamos la textura natural de la piel, lo que hacemos es endurecer los rasgos. Para mí, el maquillaje debería acompañar y hacerte sentir más tú. Cuanto más natural y bien trabajado esté, más rejuvenece", sostiene Tamara Cruz, Beauty Guide Independiente de LimeLife y experta en belleza.
Al final, no es cuestión de edad, es cuestión de técnica y equilibrio. De aplicar los productos adecuadamente —y con las herramientas correctas— y darle a la cara lo que necesita. ¿Cuáles son los principales errores que envejecen?
- Bases muy pesadas que marcan líneas.
- Exceso de polvo, que apaga la piel.
- No adaptar el maquillaje a la textura actual de la piel.
- Colores muy oscuros o duros en ojos y labios.
- No difuminar bien.
Además, ya hemos hablado en muchas ocasiones que las cejas tienen un papel muy importante en el maquillaje. Enmarcan la mirada, aportan expresividad y simetría facial, y pueden ayudarnos a potenciar o minimizar ciertas facciones de nuestros rostro. Sin embargo, si no las diseñamos correctamente podemos endurecer los rasgos. "Las cejas pueden cambiar completamente la expresión. Envejecen cuando están demasiado marcadas, muy oscuras, con formas muy rígidas o artificiales. Una ceja bien trabajada es aquella que respeta tu forma natural, rellena sin endurecer y aporta armonía al rostro", añade Cruz.
A la hora de elegir las texturas más adecuadas, la experta sostiene que más que en la edad, ella se fija en la piel. Pero en general, nos da algunos consejos.
- Fórmulas hidratantes siempre suman.
- Texturas ligeras que no marquen.
- Productos con tratamiento (vitamina C, antioxidantes…)
- La piel cambia y el maquillaje debería cuidarla, no solo cubrirla.
Con el paso de los años hay algo clave en cuanto a técnica: menos cantidad, más intención. Hay que trabajar mejor la piel antes, usar menos producto pero mejor colocado, buscar luz en el rostro y difuminar más. El maquillaje deja de cubrir y pasa a realzar.
¿Hacemos un resumen? Con el paso de los años funcionan mejor las pieles jugosas, los acabados naturales y texturas de maquillaje que dejan ver la piel. Es mejor evitar excesos de producto, contornos muy marcados y tendencias que no respetan tu rostro. "No todo lo que está de moda favorece a todo el mundo", asegura.
- A los 20: es el momento de probar, jugar y descubrir. Piel ligera, frescura y diversión. Déjate llevar y encuentra tu estilo.
- A los 30: empiezas a conocer lo que te favorece. Más equilibrio, piel cuidada y productos que suman.
- A los 40: menos es más. Texturas ligeras, luz en la piel y definición sin endurecer.
- A los 50: el maquillaje debe aportar vida. Hidratación, luminosidad y suavidad en todos los acabados.
- A los 60+ el objetivo es sentirse bien y cómoda. Piel jugosa, productos fáciles y preferiblemente texturas en crema con tratamiento.
Conclusión: el maquillaje siempre se entiende desde la libertad, no desde la norma. Debe acompañar, no que te transforme en quien no eres. "El maquillaje no tiene edad. Y cuando entiendes cómo usarlo a tu favor, no solo cambia tu imagen, cambia cómo te sientes contigo misma. Y eso es lo único que importa", sentencia.
Isa Espín es periodista especializada en moda, belleza y estilo de vida. Escribir es su profesión y usarse como conejillo de indias, para probar todas las tendencias cosméticas, su pasión. Tiene una manía: no puede llevar más de seis meses el mismo corte de pelo y ya no recuerda cómo son sus uñas sin pintar. Le encanta probar diferentes tipos de maquillaje, coleccionar perfumes y las cremas naturales. A lo mejor se olvida las llaves en casa, pero un buen iluminador facial, un eyeliner y una máscara de pestañas son obligatorias en su bolso. Estudió el Grado en Documentación y el Grado en Periodismo en la Universidad de Murcia. Además, cuenta con el posgrado de Locución y Presentación de Televisión, de RTVE, y el de Marketing Digital de Moda, de la UCJC, de Madrid. Tuvo un blog de moda y belleza que terminó derivando en su propia newsletter personal y ha trabajado en varios medios como redactora y Social Media.
Lleva una década escribiendo en medios digitales. Ha trabajado para La Verdad, XLSemanal (ABC) y 20minutos, entre otros. Actualmente, colabora en Cosmopolitan y Mujer.es. Es adicta a las gangas, enamorada del café y la gastronomía, y -en su tiempo libre- practica ballet. Experimentar es lo suyo, a veces las cosas le salen bien y otras veces, se ríe y nos las cuenta.



























