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Si vives tu amor en plan Heathcliff y Catherine en 'Cumbres Borrascosas', como una tormenta de arrebatos emocionales y montándote una película mental 24/7 y conviertes un 'crush' platónico en 'ups & downs' anímicos para que tu objeto de deseo te corresponda, toca pararse a reflexionar sobre dónde está la línea entre una relación sana y una obsesiva. Porque, como escribe la psicóloga María Esclapez en 'Me quiero, te quiero' (ed. Bruguera), te mereces vínculos sentimentales donde prevalezca una sensación de calma constante, la elección mutua y libre, y donde nadie sienta que la relación es una atadura o una obligación.
Limerencia: ¿eso qué es?
En nuestra sociedad, ponemos etiquetas a cualquier experiencia vital. Y la obsesión amorosa también tiene su nombre: limerencia. Según Raquel González Martínez, psicóloga especialista en terapia de pareja, "este término define un estado de atracción romántica y emocional que incluye pensamientos intrusivos relacionados con la persona de la que te sientes enamorada y con cómo complacer sus deseos de forma continua. Así, tiendes a idealizar a la persona que crees amar, a veces casi sin conocerla, valorándola como excepcional". "El foco no es tanto el vínculo en sí, sino la necesidad emocional que ese vínculo parece cubrir, más relacionada con la activación del sistema de apego y con el miedo a la pérdida que con el propio amor", explica Cristina Romero, psicóloga experta en reconstrucción.
Alerta, amante enganchado
Muchas dinámicas de limerencia no tienen que ver con nuestra pareja actual, sino con nuestra mochila emocional. Para Cristina Romero, "el amor activa heridas y miedos previos, así como patrones aprendidos. Conviene mirar hacia dentro y comprender nuestra forma de vincularnos". Raquel González asegura que "una de las señales más alarmantes para identificar si tú o tu amante sois obsesivos sería una alta frecuencia de pensamientos intrusivos (pensar continuamente en la persona amada en detrimento de otras actividades o relaciones). También la idealización, basada en el deseo y no en la realidad. Con ambas premisas, aparece la necesidad de ser correspondidos, buscando constantes signos para ver si es así, lo que genera altibajos emocionales de euforia o desesperación, dependiendo de la respuesta que recibas sobre la intensidad de atención o afecto".
Las mujeres, ¿más invasivas?
¡Claro que no! "La personalidad, los rasgos de ansiedad, las experiencias previas y la idea de lo que es respeto o libertad influyen en cómo se comporta alguien en una relación, con independencia del género. Y siempre hay que tener presente la situación sobre las necesidades afectivas (con ella misma y con su círculo social o familiar) en la que se halla la persona obsesionada", afirma Raquel González. Eso sí, los patrones sexistas de nuestra sociedad no se lo ponen fácil a las mujeres. "A las mujeres nos han educado en la dependencia emocional, en que el amor es centro de nuestra identidad y los celos son prueba de cariño o que la fusión total es deseable. El ideal romántico contribuye a equivocar intensidad con profundidad; eso puede generar vínculos donde necesidad y miedo se confunden con amor", añade la psicóloga Cristina Romero.
Perder los papeles
Recordando de nuevo 'Cumbres Borrascosas', no cabe duda de que el amor intenso y obsesivo de Heathcliff y Catherine puede interpretarse más como una relación tóxica y destructiva que causa violencia emocional y dolor, que como un romance saludable. "El amor sano se construye entre dos personas completas que eligen compartir su vida, no entre dos mitades que se necesitan para sostenerse", matiza Cristina Romero. "Hay interdependencia, apoyo mutuo y vínculo emocional, pero manteniendo cada uno su autonomía. En la limerencia, la identidad puede girar alrededor de la relación. El estado de ánimo depende de cómo esté el vínculo: si la otra persona se distancia, el mundo parece tambalearse". Y de ese miedo a la pérdida nace el control y la exigencia de supervisar al otro o de requerir disponibilidad constante.
Esos arrebatos sin control
Cuando, compulsivamente, tu vida gira en torno a tu objeto de deseo, llantos, gritos, idas y venidas están a la orden del día. "Las discrepancias son normales, pero hay que manejar los desacuerdos de forma constructiva: negociar y aceptar", asegura Raquel González. "El amor posesivo tiende a ignorar los límites individuales, lo que lleva a una sensación de asfixia en la relación. Ahí se genera una dinámica donde la pareja puede ser idealizada en un momento y luego desvalorizada, creando inestabilidad emocional. No es raro que surjan tácticas de manipulación (culpa o chantaje emocional) para mantener el control".
Ahora bien, no recriminemos sin más esos comportamientos tormentosos: muchos amantes obsesivos no sufren porque quieran, sino porque no saben gestionar sus emociones. Si te reconoces como amante obsesiva, "no te culpes, porque la obsesión no habla de cuánto amas, sino de cuánto temes perder. Tras ella puede haber miedo al abandono o baja autoestima", afirma la psicóloga Cristina Romero. "Te ayudará recuperar espacios propios, reducir la vigilancia y exposición digital, trabajar la tolerancia a la incertidumbre y fortalecer la identidad más allá del vínculo". Raquel González aconseja tener un diario "porque escribir puede ayudarnos a reflexionar sobre nuestros patrones de comportamiento obsesivo. También es recomendable practicar la comunicación y la escucha activa con tu pareja, así como la atención plena para centrarte en el presente y reducir la ansiedad". Y si la rumiación es constante y te genera sufrimiento, la terapia con un profesional es muy útil para aprender nuevas formas de relacionarte con el otro.
¿Y si le pasa a tu pareja?
Manejar una relación con una pareja que sufre limerencia puede desgastar emocionalmente. "Primero, identifica esas actitudes obsesivas y pregúntate cómo te hacen sentir", recomienda la psicóloga Raquel González. "Luego, habla con tu pareja sobre tus preocupaciones y permite que también exprese sus sentimientos. Eso sí, mantén el enfoque en tus necesidades y límites, sé firme y no renuncies a tus líneas rojas. Anímale a tener intereses y actividades propias. Mantén relaciones con amigos y familiares que te apoyen. Y si la situación se vuelve abrumadora o peligrosa, por mucho que quieras a esa persona, prioriza siempre tu seguridad. Ten un plan de acción por si necesitas salir de la relación rápidamente. Lidiar con una pareja obsesiva puede ser difícil, pero es importante anteponer tu bienestar".
De la vida real a la ficción
La literatura y el cine han encontrado en la obsesión amorosa un campo de inspiración incuestionable. Estas propuestas te atraparán.
- 'El coleccionista' de John Fowles: un hombre solitario admira en la distancia a una niña bien de Londres… hasta que la secuestra. Un 'thriller' que engancha.
- 'Lolita' de Vladimir Nabokov (Anagrama): La historia de la obsesión de un profesor por la adolescente Lolita, quien, además, es su hijastra. Un clásico.
- 'You' de Caroline Kepnes: Enganche amoroso, acoso digital. La trama de un librero perturbado y una de sus clientas convertida en serie de éxito en Netflix.
Amor con conciencia
Como apunta la psicóloga Ciara Molina en 'Amar sin cicatrices' (ed. Kitaeru), sin responsabilidad afectiva, tu relación será una experiencia menos saludable.
Tú y yo sentimos
Comprometeos a cuidar vuestras emociones recíprocamente. "Cread un espacio donde ambos os sintáis valorados, escuchados y comprendidos".
Exprésate
Utiliza esa responsabilidad afectiva para hacerlo con sinceridad y sin 'sincericidios'. "Esfuérzate por comunicarte de manera honesta y empática".
Castillos de arena
"No ilusiones a la persona que te ama con la idea de un futuro compartido que, en realidad, no quieres tener". Es decir, no des falsas esperanzas a nadie con quien no desees compartir tu vida, alimentando su sufrimiento (y posible obsesión).
Si no funciona…
En ese caso, hay que ser honestos el uno con el otro. Si lo vuestro no avanza, quizá haya que dejar estar la relación "buscando vuestro equilibrio y bienestar emocional".












