Aunque las rubias no siempre lo han tenido fácil (los historiadores coinciden en que fue en 1775, de la mano de la obra de un solo acto 'Les Curiosités de la Foire', cuando se instauró el mito de la rubia como mujer promiscua y bobalicona), en tiempos de conservadurismo, los rasgos que se relacionan con las mujeres rubias y, cómo no, con la tez blanca, se aplauden. Gracias a las mujeres que se han 'bimboficado', es decir, que se han apropiado del estereotipo de la rubia tonta (la 'bimbo', en inglés), ahora las rubias presumen de una inteligencia que no está reñida con el color oxigenado de sus melenas.

La gente afirmaba recibir un mejor trato una vez que se volvía rubia

“Las mujeres asocian el ser rubia con la juventud y el atractivo, pero ¿por qué se percibe así? Algunas de ellas fueron rubias cuando eran jóvenes. También hubo niñas de cabello oscuro en su infancia, pero nadie recurre a eso como señal de juventud”, explica la ensayista Claudia Rankine. “En general, durante las entrevistas, daba la impresión de que la gente afirmaba recibir un mejor trato una vez que se volvía rubia. Para muchas de ellas, especialmente las mujeres blancas, existía la percepción real de que tanto los hombres como las mujeres las trataban mejor”, asegura.

Se estima que sólo entre el 2 % y el 3 % de la población mundial es rubia

Se estima que sólo entre el 2 % y el 3 % de la población mundial es rubia, y lo cierto es que mantener un rubio perfecto, además de exigir tiempo y cuidados, también implica tener dinero. “Existen juicios y diferencias de clase entre ser una rubia teñida en casa con un kit comprado en la tienda y tener un rubio de calidad profesional hecho en un salón. Así que no se trata sólo de conseguir que el cabello alcance ese tono amarillo o más claro, también importa la calidad del cabello y el trabajo que hay detrás. Y hay ciertas señales que indican si el trabajo de color probablemente ha sido caro”, asegura la analista de internet Tiffany Ferguson.

“El estudio del visagismo es vital y nos permite ajustar el nuevo color a cada persona. Porque el rubio perfecto no es el más claro, sino el que mejor se adapta al tono de piel, facciones, gustos y estilo”, señala Sergio Carrascal, Director Técnico de Educación de Indola. “Cuando el rubio tiene matices equilibrados, profundidad y un acabado cuidado, se ve sofisticado. Ahí es donde el color profesional marca la diferencia: conseguir luminosidad sin que el cabello se vea plano, opaco o artificial”, añade. Este verano, entre los tonos más destacados están el rubio “beige lujo”, el “ceniza natural” y el “perlado suave”. Cristina Berenguer Delgado, del departamento de I+D de Arian, asegura que es fundamental utilizar productos específicamente diseñados para el cabello teñido, ya que el proceso de coloración puede debilitar las fibras capilares, disminuyendo la hidratación natural del cabello.

El rubio es mucho más que un simple color de cabello; transmite toda una cultura de deseabilidad

Porque lo difícil de los rubios es mantener su calidad, matizarlo o preservarlo tras salir de la peluquería. Y si hay tal empeño en mantener un color tan complicado de preservar, es porque se habla incluso del privilegio rubio. “Pronto comprendí que el rubio era mucho más que un simple color de cabello; transmitía toda una cultura de deseabilidad en la que la cercanía a la blancura constituía un valioso capital en términos de belleza”, comenta en su Substack Zeynab Mohamed.

En América, el canal de noticias conservador Fox News y Donald Trump han hecho que el rubio sea el color de la derecha, para la cual la blancura se ha convertido en un rasgo distintivo. “Ese cabello rubio amarillento y meticulosamente cuidado es un mensaje cifrado que evoca la blancura, una declaración tácita de valores y un guiño cómplice al poder del privilegio racial y a la estética de los años 80”, dice Larocca.

“El estilo de rubia habitual en Fox News responde a una estética concreta: cabello a capas, de un tono amarillento y nunca demasiado largo; un peinado controlado, pulcro y siempre impecable”, asegura. “Reportajes alarmistas sobre inmigrantes peligrosos y sobre el presidente Obama, cuyo segundo nombre era Hussein, eran presentados por mujeres blancas de nariz respingona, piel bronceada y cabello rubio, vestidas con ropa ajustada. La rubia de Fox resulta, a fin de cuentas, llamativamente artificial. Su rubio no evoca tanta sensualidad como seguridad: se trata de un rubio de aire maternal, el de la típica madre de los suburbios que se asegura de que todos lleven el cinturón abrochado en los asientos traseros del monovolumen. Quizás este tipo de rubia encarne aquello que muchos estadounidenses perciben como lo que está realmente en juego en un mundo cada vez más globalizado”, dice la periodista.

El rubio conlleva cierto grado de poder y estatus

Por su parte, Ferguson se pregunta por qué las personas rubias sienten una conexión tan profunda con su color de cabello, emergiendo entonces el rubio como símbolo de estatus. “En última instancia, el rubio conlleva cierto grado de poder y estatus. Parte de esto se debe a que el cabello rubio natural es bastante raro. Debido a la rareza y al atractivo que genera, muchas personas han estado dispuestas a esforzarse mucho para aclararse el cabello”, asegura. “Ser rubia natural debe conferir honor, estima y poder a quienes pueden reclamar legítimamente tal condición. ¿Adivina cómo definimos el estatus social? Como un rol o identidad que confiere honor, estima y poder a quienes lo ostentan legítimamente”, dice por su parte la socióloga Tressie McMillan Cottom en 'The New York Times'.

Y es así como ser rubia deja de ser, simplemente, “ser rubia”. El texto lo firma una rubia que no es especialmente brillante, pero que sin duda se lo pasa bien, aunque no creo que necesariamente mejor que las morenas, las castañas o las pelirroja.

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Marita Alonso es experta en cultura pop y estilo de vida. Escribe acerca de fenómenos culturales desde una mirada feminista en la que la reflexión está siempre presente. No tiene miedo de darle una pincelada de humor a las tendencias que nos rodean e intenta que el lector ría y reflexione a partes iguales. Cuando escribe sobre relaciones, su objetivo es que la toxicidad desaparezca y que las parejas sean tan saludables como las recetas que intenta cocinar... Con dramáticos resultados, claro. Los fogones no son lo suyo.

Ha publicado dos libros ("Antimanual de autodestrucción amorosa" y "Si echas de menos el principio, vuelve a empezar") y colabora en diversos medios y programas de radio y televisión luchando por ver las cosas siempre de una manera diferente. Cree que la normalidad está sobrevalorada y por eso no teme buscar reacciones de sorpresa/shock mediante sus textos y/o declaraciones.

Licenciada en Comunicación Audiovisual por la Universidad Complutense, imparte master classes de cultura pop, estilo de vida y moda en diversas universidades. En Cosmopolitan, analiza tendencias, noticias y fenómenos desde un prisma empoderador.