- Alerta: ¿Por qué están aumentando las violaciones en las citas 'online'?
- ¿Qué es la violencia de género y cómo detectarla?
- ¡Alerta!: violencia sexual en los campus universitarios
Hay ocasiones en que los delitos están claros. Si alguien clava un cuchillo a otra persona, todo el mundo sabe que está mal. Da igual si le ha insultado, pegado o empujado. Clavar un cuchillo, eso es grave. Sin embargo, ¿qué pasa si te toca una teta o el culo sin permiso? ¿O si, una vez enrollados, decide por su cuenta meterte los dedos por todos sus agujeros? ¿O practicar sexo anal, escupirte o darte un guantazo sin preguntar antes si te pone el tema? ¿Qué pasaría? ¿Quién mide los límites y la gravedad de los hechos? Pues la respuesta está clara: la ley, que incluye como delitos más de lo que quizá pienses.
Sacarse el condón en el último momento y sin que tu pareja lo sepa, ¿es abuso sexual? En esta última cuestión se detuvo la directora de cine y guionista María Herrera en el recomendable cortometraje 'Cuento de verano'. Decidió hacerlo porque "hay muchas violencias sexuales, sutiles e invisibles, que son difíciles de detectar. En muchos casos, incluso las tenemos normalizadas". Se trata de un tema complejo donde siempre está implicado el consentimiento. Porque tu cuerpo y tu sexo son tuyos, y de nadie más. Y, por tanto, sólo tú puedes dar permiso –claro y sin ambigüedades– para que alguien más lo disfrute.
La mayoría de agresores son conocidos
La respuesta rápida sería de nadie ya que el 80 % de las agresiones sexuales se producen por conocidos de la víctima. Aunque no se trata de demonizar a los hombres –no olvidemos que la gran mayoría jamás ha cometido ni va a cometer ningún acto de violencia sexual–, el caso es que casi el 90 % de las víctimas de delitos sexuales contra la libertad sexual son mujeres y niñas, y el 95 % de los responsables son hombres. Amnistía Internacional alerta que en España, en el primer semestre de 2024, se tramitaron 2.465 denuncias por violación. Estas aumentaron un 6,9 % respecto a 2023. Las 'red flags' del maltrato y las violencias sexuales a veces son difíciles de detectar.
La Dra. Noemí Pereda, profesora titular de victimología de la Universidad de Barcelona, explica por qué el hecho de que entre la víctima y su agresor exista una relación previa –ya sea de amistad, de pareja, familiar o de trabajo– agrava los hechos. "Hace que la víctima dude más de lo ocurrido, sienta vergüenza y se culpabilice por no haberlo podido evitar. A su vez, para el agresor es mucho más fácil decir que lo que ocurrió fue consentido, que la otra persona también lo deseaba o que no supo interpretar que estaba sintiéndose incómoda porque seguía a su lado". Para evitar dudas, la experta recomienda que "ante estas justificaciones, es necesario volver siempre al punto inicial. ¿La otra persona te dio su consentimiento válido para la relación sexual que querías mantener? Si la respuesta es no, o que se mantuvo en silencio, no uses más excusas porque lo que has hecho es un acto de violencia sexual".
¿Por qué nos cuesta denunciar?
Pese a que en nuestro país cada día se denuncian 14 violaciones y 55 agresiones sexuales, la Fundación Anar advierte que el 70,3 % de víctimas adolescentes de violencia de género no denuncia ni tiene intención de hacerlo. La mayoría de las víctimas no denuncia por miedo. Pero no necesariamente del agresor, sino de la sociedad.
Los miedos por los que no denunciamos son diversos. A que no las crean, al qué dirán en su entorno, y, también, al sistema y a la revictimización que sufren las víctimas tantas veces. Se duda de ellas. Como decía Henar Álvarez en un monólogo que se viralizó, "siento que tiene más credibilidad el horóscopo de la 'Súper Pop' que una mujer". No es de extrañar, con interrogatorios como el del juez Carretero –el magistrado que instruye el 'caso Errejón'– a Elisa Mouliáa. Pero, además, hay otro motivo por el que no denunciamos y es que no tenemos claro si fue una agresión sexual. O sea, no tenemos claros los límites del consentimiento.
Qué es el consentimiento
El consentimiento consiste en asegurarse de que todas las actividades sexuales que se realicen sean de mutuo acuerdo. No hace falta firmar ningún contrato, sino simplemente hablar de ello o manifestarlo con una conducta activa y participativa clara, de forma no verbal. Igual que no te beberías la copa de otra persona sin permiso, tampoco disfrutas de su cuerpo sin esa llave imprescindible: su consentimiento.
Ya hay 13 países europeos –de 31– donde la ley define la agresión sexual en base a la falta de consentimiento, entre ellos, España. Ese es el límite claro. Pero como señala la Dra. Noemí Pereda, "uno de los principales problemas que tenemos en España respecto a este tema es la falta de educación afectivo sexual". También destaca que la pornografía se ha convertido en el principal educador sexual para los y las jóvenes españoles porque no disponen de recursos educativos accesibles que les informen.
Porno y consentimiento
La experta señala que la pornografía muestra una forma de sexualidad muy específica, con muchos estereotipos respecto a la penetración, la erección, el orgasmo o los cuerpos normativos. "No muestra la sexualidad que quizás tú preferirías descubrir y practicar de otro modo", apunta. Por eso, recibir educación afectivo sexual "es fundamental si queremos que los y las jóvenes eroticen el consentimiento, la reciprocidad, el respeto, el descubrimiento paulatino del propio cuerpo y del cuerpo del otro, de lo que les gusta y les da placer". Llega a tal extremo que los vídeos de Nacho Vidal te pueden servir para saber qué no quieres en tus relaciones sexuales.
La opción actual, donde en la mayoría de los casos apenas se hace alguna charla puntual sobre el tema, no sirve para cimentar el consentimiento. "La educación afectivo sexual debe ser universal, con directrices desde el Ministerio de Educación; manualizada, con profesorado preparado y siempre basada en la evidencia científica. Tenemos que asumir como sociedad que se trata de educación, no de sexo, y esa es la clave para entender el riesgo al que estamos exponiendo a nuestros hijos e hijas si les privamos de ella", advierte Pereda.
Mitos sobre el consentimiento: no es no
De ahí, la falta de educación sexo afectiva. Hay muchos mitos en torno a qué es el consentimiento y cómo influye en nuestra relaciones. El principal es que el consentimiento que das ante una determinada relación afectiva o sexual supone que accedes a todo lo que venga después. Aunque no se te haya consultado y, por lo tanto, no hayas consentido. "El consentimiento sólo es válido para la actividad que se propone en ese momento, no para cualquier otra a partir de ese primer 'sí'", aclara Pereda. Además que puedes decir que 'sí' y luego cambiar de idea y convertirlo en un 'no'. "Y no pasa nada, eres libre de hacerlo y la otra persona siempre debe respetarlo", recuerda.
También indica otro gran mito, muy reforzado por la pornografía: que el 'no' significa 'sí' si insistes lo suficiente. Esto ocurre mucho en parejas. Ellos piensan que si insisten, ellas cederán. Pero hay que tener en cuenta que ceder a presiones no es dar un consentimiento claro y libre. Por eso Pereda señala que que ante un 'no', nunca hay que insistir: "El 'no' es 'no'. Y puede cambiar a un 'sí' pero siempre, de nuevo, debe ser sin presiones, sin engaños, sin manipulaciones, sin violencia y sin amenazas. Si una persona te ha dicho 'no', debes respetarlo ¡siempre!".
Otra falsa creencia que apunta la experta es pensar que el silencio es un 'sí'. "El que calla otorga es una frase que ha hecho mucho daño al consentimiento sexual. El silencio debe interpretarse también como un 'no'. Si quieres estar seguro o segura del consentimiento de la otra persona, tienes que escuchar un 'sí' válido", comenta. Por eso hay una herramienta que siempre va a funcionar si tienes dudas sobre si tu pareja ha consentido: preguntarle.
Abusos que tenemos normalizados
¿Te suena? Ese amigo que te da un lametón en el hombro cuando habéis bebido. O ese compañero del trabajo que te acaricia sin permiso. E, incluso, tu pareja, que insiste en tener sexo cuando le habías dicho que no. También el padre de tu amiga, ese baboso que te mira el pecho cuando vas a buscarla. En la mayoría de los casos, parece que no existe el uso de violencia. La realidad es que, en realidad, siempre que no hay consentimiento explícito, es violencia sexual.
Antes de la Ley del Solo sí es sí, la Ley Orgánica 10/2022 de garantía integral de la libertad sexual, se hablaba de abuso sexual cuando no había un uso de la violencia o la intimidación. Por eso, si estabas borracha, inconsciente, dormida o accedías a lo que te pedía el agresor sin que éste usara la violencia, no era violación. A raíz del caso de 'La Manada' en Pamplona en 2016, cuando un grupo de cinco hombres violó a una joven de dieciocho años en un portal, se modificó la ley. "Se pasó a hablar de violencia sexual en todos los casos en los que la víctima no ha dado su consentimiento y la otra persona ha seguido manteniendo con ella una conducta sexual en la que no ha aceptado participar", recuerda Pereda.
Por eso ahora, indica la experta, "ese beso que no quieres dar y alguien 'te roba', esos comentarios sexuales sobre tu cuerpo que no deseas escuchar o los tocamientos indeseados en el transporte público —es decir, todas aquellas conductas sexuales para las que no has dado tu consentimiento—, son conductas de violencia sexual y nunca deben normalizarse". Para establecer el baremo, es importante recordar que tu cuerpo y tu sexo son tuyos y de nadie más. "Sólo tú puedes decidir si deseas o no mantener esa conducta sexual. El sexo debe ser libre, consentido y partir del deseo, nunca de la violencia, la manipulación, el engaño o las amenazas", concluye la profesora.
'Stealthing', cuando él se quita el condón
La joven cineasta y productora española María Herrera observó que había un tipo de violencia sexual no contada por ser más sutil, más invisible y estar normalizada.“Eso nos impide identificar violencias y agresiones sexuales, cuando sí lo son”, afirma. Mostrarlas es el germen del que nace su cortometraje 'Cuento de verano', sobre una agresión sexual que puedes sufrir sin apenas darte cuenta. Filmada con una gran belleza y con un encuentro sexual largo, hermoso y lleno de alegría como telón de fondo, el corto muestra una mañana de placer y lo erótico que puede ser el consentimiento entre una joven con un chico, a priori, ideal.
“Él es supermajo, supermono, no parece un tío chungo ni machista y seguramente no es consciente de lo que está haciendo, aunque eso no le justifique”, señala Herrera. Porque la protagonista establece un límite, usar preservativo. Pero cuando realizan el coito, él sin decirle nada, se lo quita. En inglés, eso se llama 'stealthing' [sigilosamente] y es un delito. También lo es en España, donde el Tribunal Supremo, por unanimidad, declaró que quitarse el condón sin consentimiento durante una relación sexual pasa a ser una práctica delictiva penada con de entre cuatro a doce años de prisión.
Las mujeres, educadas en agradar
Al descubrir que su pareja sexual se quitó el condón, la protagonista de Cuento de verano se siente muy mal y se marcha. Pero cuando enseñó su guión a profesores y amigos cineastas varones, María Herrera comprobó que todos le decían que no entendían por qué ella actuaba así. Sin embargó, todas las cineastas que lo leyeron lo entendían. “Eso me hizo ver que todas hemos llegado a hacer prácticas sexuales que no nos apetecían, que no incluían nuestro placer. Lo hacemos porque hemos sido muy educadas en agradar, en desear que nuestro propio deseo esté al deseo de la mirada masculina”, cuenta la directora, y reflexiona: “Si todas mis amigas hemos sufrido algún tipo de violencia sexual, igual también entre mis amigos hay algún tipo de agresor”.
Ella reconoce que, como "nadie quiere ser una víctima, a veces como mecanismo de supervivencia siento que las mujeres normalizamos determinados tipos de violencia". Para salir de ese perverso círculo, considera que es muy importante "la conversación pública y los referentes. O sea, que haya un montón más de pelis, de series, de obras de teatro, de ficciones o documentales, de cultura. Hay que sacar a la luz este tema de una forma en la que no sólo estemos las mujeres implicadas, aunque obviamente esté contada desde la perspectiva de la mujer porque es la que ha sido infrarrepresentada, pero que también interpelemos a los hombres. Porque si estamos solas en la conversación, nada va a cambiar".
Cómo actuar si no estás segura
Si crees que has vivido una situación de violencia sexual, puedes hablar con tus amigas o con alguna persona adulta en la que confíes y con quien tenga confianza. Pero también puedes buscar ayuda profesional. Llama al 016 o escribe un whatsapp al 600 000 016, allí te escucharán y te indicarán los pasos que debes seguir. Recuerda, puedes pedir ayuda en caso de sufrir violencias o acoso.
Como destaca Pereda, siempre es agresión sexual si no consentiste. O si consentiste, pero luego cambiaste de opinión. También si no estabas en tus plenas capacidades y no recuerdas si diste o no tu consentimiento. “Si, a pesar de todo esto, la conducta sexual se produjo igualmente, tienes que saber que has sido víctima de violencia sexual y tienes derecho a denunciarlo y a pedir ayuda. Nunca es tu culpa y no debes sentir vergüenza porque tú no has hecho nada malo”, destaca la experta.
Las 3 fases del consentimiento sexual
El consentimiento sexual tiene diversas fases o etapas que todas y todos debemos conocer. Como subraya la Dra. Noemí Pereda, lo primero que debemos de tener claro es que "sólo puedes consentir si estás en tus plenas facultades para entender lo que te están ofreciendo". Por tanto, recalca que si has bebido o tomado drogas, no puedes consentir. Si estás dormida o inconsciente, tampoco.
Tampoco si tienes menos de 16 años. "Antes de esa edad, el consentimiento no es real, aunque digan 'sí', ya que no son suficientemente maduros o no tienen la suficiente experiencia como para comprender aquello a lo que están accediendo".
Comprensión: en esa primera fase tienes que ser capaz de comprender la actividad a la que alguien te está invitando a participar. ¿Entiendes a lo que se refiere la otra persona, lo que implica? ¿Conoces las posibles consecuencias? "Todo ello debes poder valorarlo antes de consentir. En caso contrario, tu consentimiento no es válido aunque hayas dicho 'sí'", matiza Noemí Pereda.
Decisión: la segunda fase es tomar la decisión de participar en esa actividad sexual o no. Pero esta decisión debe tomarse sin presiones, sin engaños, sin manipulaciones, sin violencia y sin amenazas. "Es una decisión que se toma libremente a partir del análisis que has hecho en la fase anterior. Aquí es cuando debes decir 'sí' y cuando la otra persona debe escuchar un 'sí'. Se da un acuerdo claro y explícito entre ambas partes", afirma la profesora de victimología.
Participación: y la tercera fase es acceder a ello, pero sólo porque realmente quieres hacerlo y entiendes lo que implica. "Es decir, has valorado la decisión y has decidido participar desde tu comprensión y libertad", aclara la Dra. Pereda.
Periodista, guionista y escritora especializada en feminismo y cualquier tema que tenga que ver con los derechos humanos y la igualdad de género y el colectivo LGTB+. Además de viajar, sus otras pasiones son los libros, el cine, la música. La podéis encontrar de festivales y conciertos, dándolo todo bailando. Coautora con Mabel Lozano del libro ‘Te invito a un mojito', sobre el cáncer de mama. Le encanta entrevistar a mujeres 'power' y se motiva en 3, 2, 1...

















