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No hay nada malo en reconocer que, cada vez que aparece por nuestro ‘scroll’ diario en redes sociales la típica encuesta de ‘¿cuánto sexo es habitual mantener en pareja?’, nos paramos a comprobar si estamos o no dentro de los parámetros considerados como ‘‘normales’’ (nótense las comillas), llegando a veces a decepcionarnos si pensamos que mantenemos pocas relaciones sexuales. Al final, si estás leyendo esto, probablemente pertenezcas a la generación millennial, aquellas personas nacidas entre principios de los ochenta y mediados de los noventa, y tu educación sexual recibida sea prácticamente nula. Quizá a través de charlas en las que se aprendía a poner preservativos a un plátano, dando por hecho la heterosexualidad y previniendo el embarazo como único riesgo en una relación íntima.
En este sentido, la generación Z (nacidos desde finales de los 90 a 2010) cuenta con algo de ventaja. Quizá no tanto en referencia a la educación sexual recibida en centros educativos o en hogares, ya que los últimos datos recogidos por el Ministerio de Igualdad, en su informe ‘Vamos a hablar de pornografía’ de 2024, destacan que el 30 % de los y las adolescentes tienen el material pornográfico como única fuente de información sobre sexualidad (con todas las consecuencias negativas que esto conlleva). Pero sí de cara a la importancia que le dan al sexo. Mientras que, generalmente, la sociedad millennial y anteriores le dan muchísima importancia dentro de las relaciones de pareja —prueba de ello son la cantidad de producciones audiovisuales donde el momento coito es el culmen de la relación—; los adolescentes de la generación Z consideran que el 47,5 % del sexo que ven en la televisión no es necesario (estudio ‘Teens & Screens’ de octubre de 2023, realizado por la Universidad de California).
Esto nos da esperanzas con vistas a normalizar cualquier número válido de relaciones sexuales en una pareja bajo previo consenso, restar estigma social y, por tanto, presión sobre la cantidad de encuentros a mantener; y, sobre todo, desterrar la idea de que el sexo es lo más importante en un vínculo sentimental, y un posible caso de ruptura si hay ausencia del mismo. Aunque para ello, debemos empezar por el principio: por definir, de manera psicológica, qué componentes se tienen que dar para que una relación amorosa funcione.
Las relaciones amorosas y sus componentes psicológicos
Pedro Sánchez, psicólogo sanitario y ‘coach’, destaca que hay ‘‘tres pilares fundamentales y necesarios para que una relación funcione: intimidad, deseo y compromiso. En cada uno de ellos, entran diferentes variables. Dentro de intimidad, nos encontramos con aspectos como sentirse comprendido y comprender, apoyado y apoyar, compartir, tener confianza, el conocimiento mutuo, la cohesión... Destacando la comunicación como un instrumento muy importante en este pilar. Por otro lado, dentro del deseo nos encontramos con la sensación intensa de estar con la otra persona, la pasión, el anhelo, el deseo sexual, la satisfacción... Y dentro del compromiso, nos encontramos con el grado en que uno está dispuesto a acoplarse al otro y viceversa, los acuerdos, las alianzas, la lealtad, la honestidad, el sentirse seguro, libre...’’.
Como seguramente hayas podido observar, las relaciones sexuales con tu pareja ‘‘entran dentro de la columna del deseo y, al verse este fortalecido, permite fortalecer la intimidad y el compromiso’’, destaca Sánchez. Es decir, que los tres pilares deben darse e interrelacionarse para que el vínculo se mantenga y fortalezca. Aunque siempre teniendo en cuenta que ‘‘la intensidad de cada componente depende de cada persona, y, por tanto, de cada relación. Sin embargo, nuestra pareja tiene que cubrir lo mínimo que esperamos en cada uno de ellos según el concepto que tengamos—ojo aquí con las expectativas sociales—. Si eso no ocurre, es muy probable que, si siempre hay algo que reste a la relación, afecte al pilar que afecte, al final vaya restando a los demás componentes’’, advierte.
Por tanto, esto denota que ‘‘en sexología y, en general, en la psicología humana, no hay respuestas absolutas que valgan exactamente igual para todo el mundo. Y que, generalmente, la respuesta habitual a cómo de importante es el factor sexo en una relación de pareja es 'depende'’’, destaca Cecilia Bizzotto entrando en la conversación. Ella es socióloga y portavoz de Joy Club, una red social erótica y liberal de referencia en Europa, que centra al ámbito del sexo lo que comentaba el psicólogo sanitario: ‘‘Dependiendo de la importancia que le den al sexo ambos miembros de la pareja, las expectativas asociadas a la erótica e incluso la presión social que sintamos para responder sexualmente como se espera, será más o menos importante este factor’’.
Los factores que no se están teniendo en cuenta
Estas especificaciones dan automáticamente luz a la imperiosa necesidad que tenemos de valorar otros aspectos de la relación, como la intimidad, la confianza o la diversión. ‘‘En una pareja donde ambos miembros no le dan demasiada importancia al sexo y valoran otras facetas como las comentadas, el hecho de que haya pocos encuentros sexuales o estos sean insatisfactorios será irrelevante’’, explica Bizzotto. De la misma manera, amplía el concepto de qué es una relación sexual: ‘‘Todo aquello que a los propios miembros de la pareja les otorgue intimidad, conexión y placer. Podemos excitarnos y disfrutar muchísimo sin que haya orgasmo o estimulación genital’’.
‘‘Para valorar el deseo, donde entra la variable del sexo en una relación de pareja, la comunicación y la asertividad sexual son fundamentales —cuenta la socióloga—. Que haya un espacio seguro e íntimo, sin reproches ni insatisfacciones no resueltas. Que podamos hablar de sexo, de nuestras fantasías, de nuestras experiencias pasadas y de nuestros anhelos en un espacio seguro, es el mayor indicador de intimidad en una pareja. Al igual que también es fundamental el trabajo en la erótica general. No solo en que haya sexo genital, sino que nos acariciemos, nos abracemos y nos besemos. El contacto físico es muy importante para muchas personas y, a menudo, le damos protagonismo solo cuando esperamos que haya sexo’’.
Cuando una parte quiere más que la otra
Pero, ¿qué se sucede si, aun analizados todos los factores importantes en una relación, una parte sigue demandando más relaciones sexuales que la otra? Se debe tener comunicación, aunque primero analizar el contexto actual y pasado de cada miembro de la pareja.
‘‘Aspectos como la inestabilidad laboral, los problemas económicos o la falta de acceso a un espacio íntimo hacen que la atracción y las ganas de tener sexo disminuyan. En el plano más relacional, la rutina, las responsabilidades laborales, el cuidado de los hijos u otros compromisos pueden limitar el tiempo y la energía para la intimidad. Por otro lado, es común que se sumen factores relacionados con la dinámica de pareja, como conflictos no resueltos, falta de comunicación o desconexión emocional. Al igual que, si ya entramos en un plano psicológico, el estrés, la ansiedad, la depresión o problemas de autoestima pueden disminuir nuestro deseo y hacer que tengamos menos relaciones’’, explica la socióloga. En la misma línea, Pedro Sánchez añade que ‘‘el no querer o no mantener relaciones sexuales también puede estar asociado a que hemos acumulado muchas experiencias dónde las hemos tenido, pero realmente sin querer tenerlas, lo que genera una asociación negativa con respecto a las mismas’’.
Sin embargo, una vez analizado esto, hablar con tu pareja es la solución. ‘‘Elegir un momento tranquilo y relajado para hablar sobre sexo es importante, nunca desde el reproche o el ataque: “Tú nunca me haces esto, no te preocupas por mí, nunca quieres’’. Mejor iniciar la conversación desde una perspectiva positiva, mencionando lo que te gusta y aprecias de vuestra sexualidad, para luego abrir espacio a compartir fantasías, deseos o preocupaciones. La empatía y la curiosidad son claves’’, expresa Cecilia Bizzotto.
Además, es absolutamente normal que nos cueste mantener este tipo de conversaciones, ya que ‘‘no hemos recibido prácticamente ninguna educación sexual que nos enseñe a comunicarnos. Entre las películas románticas que nos muestran relaciones sexuales en las que el deseo brota mágicamente sin que nadie se comunique y el porno que nos ejemplifica que el sexo no requiere preparación ni acuerdos previos, tenemos una incapacidad muy grande para hablar sobre el tema. Si a eso le sumas la expectativa inadecuada de que el sexo tiene que surgir sin planificar, como una chispa que se prende sola y que hasta hay personas que creen que hablar demasiado quita excitación, ¡mal vamos! Tenemos un montón de tabúes, porque el marco cultural en el que nos hemos educado es muy restrictivo y creemos que nuestras fantasías están mal o que pueden hacer sentir mal a nuestras parejas. En ese contexto, es muy difícil que vivamos una sexualidad plena y libre’’, sentencia.
‘‘Y en absoluto tener pocas relaciones sexuales con mi pareja es sinónimo de ruptura’’, responde la experta a la pregunta principal. Es más, destaca que ‘‘si hay disminución en la frecuencia sexual, puede ser un síntoma de que algo requiere atención, ya que quizá no estamos trabajando bien el generar espacios de intimidad o el mantenimiento del deseo’’, lo que en realidad se convierte en el momento perfecto para reflexionar sobre que ‘‘el sexo (entendido como coito y estimulación genital) no es la única manera de que haya una intimidad erótica. En los besos con lengua, los abrazos duraderos y las caricias puede haber muchísimo más placer y deseo. Lo más importante es que ambos miembros de la pareja coincidan en lo que consideran significativo en su sexualidad’’ y lleguen a un acuerdo ‘‘con empatía y afecto, buscando una comunicación abierta, comprensión mutua y disposición para trabajar en la conexión’’ compuesta por los tres pilares fundamentales.
Nerea Panicello es experta en música, series y redes sociales. No hay canción pop que no haya pasado por los auriculares que siempre lleva puestos, entrega de premios Grammy o MTV VMA’s que no haya cubierto en directo o festival al que se haya quedado con ganas de ir. Tampoco ficción (serie o película) de Netflix o HBO Max de la que no se obsesione con el reparto y busque todas las teorías de los fans. Ni reel de Instagram o vídeo de TikTok viral que no haya recibido su ‘iike’. Su carpeta de guardados en IG está repleta de ideas para crear contenido.
Su momento favorito de la jornada laboral es cuando se sienta frente al artista o intérprete de turno para someterle a sus preguntas o a unos de los retos en vídeo de COSMOPOLITAN. Ha entrevistado a cantantes como Lola Índigo, Rauw Alejandro, Camilo o la banda Morat. También a actrices como Claudia Jessie (‘Bridgerton’), Kristen Stewart o Maisie Williams. Aunque siempre recordará sus cinco minutos de gloria con los Jonas Brothers.
Nerea se graduó en Periodismo por la Universidad Rey Juan Carlos en 2018. Antes de colocarse el birrete, realizó prácticas durante 2017 en la Revista de Ana Rosa Quintana. Lleva formando parte de Cosmopolitan desde 2018. Actualmente está terminando un Máster de Periodismo Digital y Nuevos Perfiles en la Universidad Rey Juan Carlos. En sus ratos libre, recibe clases de lengua musical y batería para seguir mostrando lo que no se ve las canciones.
Acumula seis años de experiencia, en los que ha elaborado temas para sus versiones ’print’, diariamente en digital y ejercido de Community Manager en cuantiosas ocasiones.











