Los Juegos Olímpicos no sólo dan titulares deportivos, sino también otros destinados a poner sobre la mesa todo tipo de debates sobre temas que son extrapolables al mundo ajeno al de los reyes y reinas del deporte. En Los Juegos de Tokio, uno de los asuntos más comentados fue el de la construcción de las denominadas “camas anti sexo”. Se trata de una estructura hecha de cartón reciclado que cuenta con tres piezas que pueden adaptarse al peso y a la altura de cada uno, al ser intercambiables. En la edición parisina, las camas regresarán a la Villa Olímpica, aunque se van a repartir 300.000 preservativos para deportistas, entrenadores y acompañantes de la delegación.

Aproximadamente el 75% de los deportistas tiene algún encuentro sexual en la Villa Olímpica

Como explicó en 2012 Ryan Lochte, medallista olímpico que participó en Atenas 2004, aproximadamente el 75% de los deportistas que reside en este enclave deportivo durante la competición tiene algún encuentro sexual, motivo por el cual el Comité Olímpico Internacional reparte de forma masiva en cada edición miles de condones a sus atletas.

El discurso de que la actividad sexual puede ser perjudicial para el rendimiento deportivo viene de la Antigua Grecia, pues se comentaba que para rendir en cualquier evento vinculado con el deporte era fundamental no haber mantenido relaciones. En la cultura audiovisual encontramos ejemplos como el de la película ‘Rocky’, en la que el entrenador del personaje al que da vida Robert De Niro le dice que “las mujeres debilitan las piernas”, por lo que De Niro mete cubos de hielo en sus pantalones antes de salir al ring.

Fuera de la gran pantalla, el mito ha sido alimentado por nombres como Boris Becker, que se enfrentó a un entrenador que le dijo que tenía que prescindir de cualquier actividad sexual, mientras que el boxeador Carl Froch aseguró haber abandonado el sexo durante tres meses para enfrentarse a George Groves. Por cierto: venció.

"El sexo y el deporte se retroalimentan positivamente"

Sin embargo, como asegura Esperanza Gil, sexóloga clínica y encargada de amantis Russafa, el sexo y el deporte se retroalimentan positivamente, pues una vida sexual plena puede mejorar el rendimiento deportivo, de la misma forma que practicar deporte puede hacer que una persona sea mejor amante y aumente su placer.

"Si practicas sexo regularmente, puede mejorar tu capacidad aeróbica y tu resistencia deportiva"

“La actividad sexual, a no ser que hagamos “la estrellita de mar”, supone una gran cantidad de ejercicio cardiovascular. Por ello, si se practica regularmente, puede mejorar tu capacidad aeróbica y tu resistencia deportiva. Además, durante el sexo, movilizamos cada uno de los músculos, fascias y ligamentos de nuestro cuerpo. Esta variedad de movimientos y de posturas eróticas nos puede ayudar a estirar, mejorar nuestra coordinación y nuestra flexibilidad”, explica. Asegura además que durante la excitación, se produce un gran incremento del flujo sanguíneo, lo que puede promover una mejor oxigenación y nutrición de los tejidos, favoreciendo con ello una rápida recuperación muscular.

"Hasta entre 24 horas y 30 minutos antes de las competiciones, el sexo no influye en la performance"

Monica Branni, psicóloga y sexóloga de Platanomelón, explica que según las investigaciones más recientes, hasta entre 24 horas y 30 minutos antes de las competiciones, el sexo no influye en la performance deportiva. Es más: en todo caso, podría beneficiarla. “Aun así, a menos margen, más probabilidades de que este pueda tener un impacto en el rendimiento. De hecho, tanto el cansancio muscular como la relajación mental podrían jugar una mala pasada en deportes que requieren de alta concentración y fuerza física. Desde Platanomelón recomendamos tener buenos hábitos de autocuidado a diario e intentar mantener el equilibrio psicofísico, especialmente durante momentos de fuerte estrés y exigencia como lo es un evento deportivo”, indica.

Pero en el caso de que el estrés generado por la competición interfiera en el sexo, con problemas de erección o ausencia de libido, ¿qué es lo recomendable? Branni señala que sin duda alguna, el estrés es el factor que más afecta a la salud sexual, pues cuando los niveles de estrés son altos, apenas somos capaces de sentir deseo erótico y alcanzar el orgasmo pueden llegar a ser una meta inalcanzable.

“Nuestras experiencias tienen un impacto directo en nuestras relaciones sexuales, y en lugar de forzarnos para tener la mejor performance, deberíamos frenar y escucharnos hasta llegar a entender cuáles podrían ser las razones que nos están desconectando de nuestra sexualidad. Paralelamente, es recomendable comunicar con la pareja sexual cómo nos está afectando esa situación y analizar qué necesitamos para gestionarla de forma más sostenible. Por supuesto, si todas estas preguntas resultan difíciles de resolver, sugerimos acudir a especialistas de la salud sexual para tener un mejor acompañamiento y construir herramientas valiosas para nuestra felicidad y salud”, indica.

Pero echar por tierra un mito tan consolidado no es fácil, y prueba de ello es que Tiger Woods, según explicó un amigo del golfista a ‘New York Post’, se preparó para el Masters yendo al gimnasio, comiendo de forma adecuada y prescindiendo del sexo. “Es lo que hace cuando se prepara: no practica sexo hasta que termina de competir. No quiere que nada le distraiga”, explicó. Teniendo en cuenta lo mal que le fue, quizás en el siguiente torneo, deje de eliminar el sexo de su vida pre competición… ¿no?

Esperanza Gil comenta que como podemos ver, mientras que hay personas que declaran tener relaciones sexuales antes de una competición porque les hace sentirse más enfocadas y con mayor autoconfianza, otras aseguran que prefieren no tenerlas, porque sienten que les supone un gran esfuerzo y que les resta energía.

“Animo a las personas a que se observen a ellas mismas y respondan a cuestiones como las siguientes: ¿cómo me siento físicamente después de tener relaciones sexuales? ¿Me noto con más energía o más cansado después del sexo? ¿Cómo es mi concentración durante el entrenamiento o la competencia? ¿Y mis niveles de motivación? ¿Hay diferencias en mi rendimiento dependiendo si el sexo es por la mañana, tarde o noche? ¿Hay un patrón que pueda observar sobre cuándo me afecta más?”, dice a ‘Cosmopolitan’.

Para finalizar, Monica Branni recuerda que la actividad sexual es reconocida como un importante indicador de la calidad de vida, por lo que considera que privar a los deportistas de actividades como el placer sexual puede causar cambios en sus rutinas habituales, generando desequilibrio, perdida de concentración e incremento de los niveles de estrés.

"Tener una vida sexual satisfactoria tiene un impacto en nuestra felicidad y autoestima, proporcionándonos equilibrio y bienestar, especialmente emocional. Es por eso que, si practicamos alguna actividad física, ya sea por afición o profesionalmente, el sexo acompañará nuestra salud psico física, rebajando los niveles de estrés, devolviéndonos estabilidad y generando una cascada de beneficios físicos, propicios para una mejor prestación deportiva", explica.

Los organizadores calculan que cada competidor recibirá, de promedio, 30 preservativos, y teniendo en cuenta que los juegos duran tres semanas, y que algunos de los atletas estarán ahí un máximo de cinco días, teniendo que abandonar la Villa Olímpica tras finalizar sus pruebas, han sido bastante optimistas generosos con la entrega.

Con o sin camas anti sexo, en realidad, los atletas pueden hacer lo mismo que Laurent Michaud, director de la Villa Olímpica, explicó a ‘Sky News’ que podrían hacer los deportistas con el champán. “En la Villa no habrá, pero pueden tomar el champán que quieran en cualquier otro lugar de París”.

La ciudad del amor puede entonces, por qué no, ser también la del sexo durante las Olimpiadas, aunque lejos de la Villa Olímpica, a poder ser.

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Marita Alonso es experta en cultura pop y estilo de vida. Escribe acerca de fenómenos culturales desde una mirada feminista en la que la reflexión está siempre presente. No tiene miedo de darle una pincelada de humor a las tendencias que nos rodean e intenta que el lector ría y reflexione a partes iguales. Cuando escribe sobre relaciones, su objetivo es que la toxicidad desaparezca y que las parejas sean tan saludables como las recetas que intenta cocinar... Con dramáticos resultados, claro. Los fogones no son lo suyo.

Ha publicado dos libros ("Antimanual de autodestrucción amorosa" y "Si echas de menos el principio, vuelve a empezar") y colabora en diversos medios y programas de radio y televisión luchando por ver las cosas siempre de una manera diferente. Cree que la normalidad está sobrevalorada y por eso no teme buscar reacciones de sorpresa/shock mediante sus textos y/o declaraciones.

Licenciada en Comunicación Audiovisual por la Universidad Complutense, imparte master classes de cultura pop, estilo de vida y moda en diversas universidades. En Cosmopolitan, analiza tendencias, noticias y fenómenos desde un prisma empoderador.