- Los 110 mejores libros de amor que te van a enganchar
- Los 5 mejores libros para leer esta primavera
- Los 50 mejores libros eróticos parecidos a '50 Sombras de Grey'
Estamos todas de acuerdo en que el primer año de universidad siempre es igual a desenfreno y esto lo vive en sus propias carnes Sky, la protagonista de 'Ash y Sky. Corazón de ceniza', un fenómeno de ventas en Francia, con más de 200.000 ejemplares, que empezó en Wattpad, ha triunfado en TikTok y acaba de llegar a las librerías de nuestro país.
La novela, escrita por Nine Gorman –una reconocida autora juvenil que tuvo sus inicios con 'Le Pacte d'Emma'– y Mathieu Guibé, un apasionado de la escritura, narra el romance entre dos jóvenes universitarios.
A Sky le cuesta concentrarse en las clases, y más cuando aparece en su vida Ash, el típico malote, atractivo e insoportable, que hará que pierda el norte y que se sumerja en el mundo de la seducción y la pasión. Y es que, aunque los dos tienen aspiraciones muy diferentes, desde el momento en el que sus caminos se cruzan, ya no se pueden separar.
Las heridas del pasado de Ash hacen que esa parte oscura que refleja haga entender a Sky todo lo que el joven lleva a cuestas. Del mismo modo que el 'ying' y el 'yang', la pareja encaja a la perfección, complementando su relación con ese fuego y ese deseo sexual que tanto les une.
Como adelanto de esta tórrida aventura, los autores han escrito para COSMOPOLITAN un relato donde Ash y Sky mantienen una ardiente conversación telelefónica para pasar después a la acción. Una historia erótica que subirá la temperatura del ambiente. Ahora, sólo toca disfrutar (y mucho).
Relato erótico: 'Una conversación subida de tono'
La música retumba y hace temblar las paredes de la fraternidad, pero todos actúan como si fuera lo normal. Levantamos la voz, nos acercamos los unos a los otros, nos hablamos al oído, y todo ello alimenta la intimidad que nos une, mientras los corazones vibran al compás de los tonos graves. Estoy aquí, sentada en un sofá, perdida en este caos bien organizado, mientras hablo con Stan, cuyo timbre grave se destaca entre el bullicio reinante, y con Veronica, que está medio acostada a mi lado.
–¿Crees que Parker piensa en mí? –pregunta mi amiga, arrastrando las palabras con esa lentitud típica de las borracheras.
–Evidentemente –respondo yo, acariciándole el pelo–. Solo ha ido a un partido, Vero.
Ella me mira, no muy convencida, antes de estirar las piernas. Al hacerlo, vuelca la lámpara colocada sobre un armarito que hay al lado del reposabrazos. Stan, sin que el alcohol haya hecho mella en sus reflejos, evita el drama y la caza al vuelo justo a tiempo.
–Empiezas a ser un peligro con patas –le suelta él, riéndose, mientras arregla la pantalla de la lámpara.
–Qué va. Es ella la que me ha atacado.
–Seguro –responde él, partiéndose de risa, antes de coger su cerveza y tomar otro trago.
Stan Gardner es el típico chaval enrollado que crees conocer sin conocerlo de verdad. Va a clases de Historia del Arte con Veronica y a menudo me lo cruzo por el campus, aunque nunca me he parado a hablar con él en serio. Pero, bueno, se nos ha enganchado hace una hora y, entre carcajadas y anécdotas de las clases, he notado que me dirige unas miraditas no del todo inocentes. Obviamente, no se ha sentado con nosotras a hablar de los profes y del tiempo, pero no me parece que vaya a ser un problema.
–Estás en la fraternidad, ¿no? –le pregunto a Stan para retomar la conversación donde la habíamos dejado.
–Así es –confirma él sin despegar los ojos de mí–. ¿Y tú? ¿Estás en una sororidad?
–No, no me van esas cosas.
–Pues me encantaría saber qué cosas te van… –dice con segundas, mientras deja caer su mirada sobre mis labios.
Aunque no esté muy segura de cómo responderle, sonrío al ver que Stan ya ni se esfuerza en ser discreto.
–Bah, Stan, cúrratelo un poco… –le suelta Veronica, hablando por mí.
Stan se atraganta con la cerveza y se echa a reír. Lejos de picarse por el comentario de Vero, lo recibe encantado y empieza a recitar sus mejores frases para ligar. Las más disparatadas nos hacen desternillarnos, pero la conversación deriva enseguida hacia las cosas delirantes que les pasan en clase y al cabo de un rato paso de prestar atención. Veronica salta por encima del hombro de Stan, esquiva una partida de beer-pong y aterriza en brazos de Ash Walker.
Ahí está él, apoyado en la barra de la cocina americana, con una botella en una mano, la otra en el bolsillo. No está solo. A su lado, una morena guapa, con coleta alta y sonrisita irónica, intenta captar su atención. Ella habla –vaya si lo hace– una catarata de palabras que no oigo, pero Ash es el silencio personificado. La escucha y asiente con la cabeza de manera casi imperceptible para darle a entender que le presta atención. Con eso le basta a la chica. Se inclina hacia él como una flor que busca el sol, encandilada por el mutismo misterioso de Ash. La entiendo perfectamente, porque a mí también me ha atraído esa gravedad, esa presencia que lo dice todo sin articular palabra. Entonces, de golpe, Ash levanta la cabeza y me mira. Nuestras miradas se enganchan, saltan chispas y toda la sala queda borrosa. Una sonrisa discreta tensa de golpe las comisuras de sus labios y yo se la devuelvo.
–Sky, ¿crees que Parker ya me ha engañado en sueños?
Veronica me tira del brazo, obligándome a romper el contacto visual con Ash.
–Yo… Eh… —balbuceo, desconcertada por la pregunta.
Stan se ríe y vuelve a llevarse la cerveza a los labios.
–Cuidado, Sky, que te va a ahogar con sus preguntas inexistenciales.
De pronto el móvil empieza a vibrarme en el muslo. Instintivamente, sé que es Ash. De todos modos, aunque el remitente no me sorprenda, no puedo decir lo mismo del mensaje:
Ash: Me parece que ese chico tiene ganas de probar la gimnástica horizontal contigo esta noche. ¿Crees que le sentará mal si me presento con mi bloc de notas para aprender qué es lo que no debe hacerse jamás con una chica en la cama?
Me quedo sin aliento. Reprimo una carcajada y se convierte en ataque de tos. Giro sin querer la botella de cerveza y me la tiro encima de los vaqueros.
–¡Mierda!
Sigo tosiendo. Todavía no me he recuperado de la insolencia de Ash.
–Chicas, sois tal para cual –se burla Stan–. Voy a buscar algo para que puedas secarte.
–No, quédate. No pasa nada. Se secará solo… –le digo, intentando retenerlo, pero él ya ha desaparecido.
Superado el ataque de tos, vuelvo a levantar la vista buscando a Ash. Veo que finge escuchar todo oídos a la morena guapa. Pero advierto esa mueca divertida que se le escapa cuando nuestras miradas se encuentran brevemente. Sonriendo, me apresuro a escribirle una respuesta.
Sky: Ten cuidado no vayas a atragantarte con tu ego.
Ash me responde enseguida con otro mensaje, mientras asiente con la cabeza mirando a la chica como si se bebiera sus palabras.
Ash: «Murió porque se asfixió con su ego» sería un epitafio genial. P.D.: Preferiría asfixiarme con otra cosa.
Sky: ¿Qué?
Ash: Podrías sentarte en mi cara, por ejemplo.
Me quedo colgada delante de la pantalla y el calor que me sube a las mejillas no tiene nada que ver con el alcohol que he bebido. Se dibujan imágenes en mi mente y… Ay, no, más me vale no pensar en estas cosas aquí y ahora.
–¿Qué te pasa? –me pregunta Vero, desde una posición perfecta para ver cómo me derrito delante de mi móvil.
–Nada, solo… Una cosa divertida… Algo que acabo de leer.
Algo a lo que respondo precipitadamente… Me sorprendería que Vero esté tan borracha como para tragárselo, pero aun así no puedo contenerme y decido seguirle el juego a Ash.
Sky: «Murió ahogado por el trasero de Sky Powell. Maldita sea, el cielo le cayó sobre la cabeza». Te juro que, como epitafio, tiene más clase.
Ash: Te estás soltando. Igual tendría que escribirte uno a ti… ¿Qué te parece «Murió ahogada por Ash Walker: la tenía demasiado grande»?
Me atraganto. Ash no es un creído. Todo lo contrario. Lo único que quiere es desestabilizarme. Es su objetivo, desde el primer día. Sabe que soy incapaz de reprimir las caras que pongo y le encanta jugármela. Incluso aprovecha la ocasión para doblar la apuesta.
Ash: Pero no te me mueras ahora atragantada con tu propia saliva. Quiero continuar con nuestros epitafios maravillosos.
Sky: ¿Sabes qué? Lo que creo es que me moriré ahogada por esta conversación.
Espero a ver su reacción a la lectura del mensaje, pero la chica que está a su lado no para de distraerle y lo mantiene ocupado. No puede coger el móvil.
Sky: Me pregunto cómo consigues estar tan impasible y concentrado mientras me escribes estas cosas.
Lee discretamente el mensaje sin abandonar la conversación con la chica, que parece ir viento en popa, y sus labios esbozan una sonrisa. Le veo teclear una respuesta, con el móvil escondido debajo de la barra.
Ash: ¿Impasible? Tengo un principio de erección desde que te he visto beber a morro la cerveza. Espero que tu colega no haya ido a buscarte otra, porque, sino, me quedaré sin espacio en los bóxeres.
No sé hasta qué punto exagera esta vez, ni si hay algo de cierto en sus palabras, pero su mensaje no me deja indiferente. Todo lo contrario. Siento el fuego que me sube a las mejillas.
Sky: Te lo juro: Si esta noche muero ahogada, volveré de los muertos para atormentarte.
Ash: ¿Me prometes que me atormentarás vestida con lencería 'sexy'?
Sky: ¿Tu fantasía es que te persiga una muerta en lencería 'sexy'? Tienes unos gustos rarísimos.
Ash: Mi fantasía es una morenita que se me puso pesada en el curro y me pidió que la invitara a tortitas porque no quise acostarme con ella en la fiesta de principio de curso.
Al evocar estos recuerdos, la conversación toma un nuevo rumbo.
Sky: Como te ganó, te acostaste con ella.
Ash: Sí, varias veces incluso.
Sky: Es como una droga, ¿no?
Ash: Es posible. He empezado a tener taquicardias por la abstinencia.
Sky: ¿Es grave?
Ash: Sí. Eso me temo…
Sky: ¿Y cómo lo arreglamos?
Stan regresa finalmente, con un rollo de papel higiénico en las manos. Arranca unas cuantas hojas y me las da justo cuando veo que Ash se encamina hacia nosotros.
–¿Puedo birlaros a Sky un ratito? ¿Digamos un cuarto de hora? –les suelta a Stan y Veronica cuando llega.
Su voz me envuelve como el agua, suave y decidida, casi como si me desafiara.
Stan, sorprendido por la pregunta, asiente porque no le queda otra, mientras que Veronica levanta la ceja con gesto escéptico, antes de decirle a Ash:
–Quince minutos… Y una mierda.
Luego, se echa en el sofá como si fuera una cama, ocupando todo el espacio que acabo de dejar libre. Ash me coge de la mano y penetra entre la multitud agitada, arrastrándome a su espalda. Me lleva a un rincón apartado de la fraternidad y, en cuanto nos quedamos solos, me empuja contra una pared y aprieta sus caderas contra las mías. Acerca la cara e inspira el perfume en el hueco de mi cuello. La punta de su nariz roza mi piel mientras va subiendo lentamente hasta mi oreja.
–¿Un cuarto de hora y ya está? –le digo para provocarle.
Se ríe y siento su aliento sobre mi piel.
–No quería hundirle la moral al chico diciéndole que no te volvería a ver el pelo en toda la noche.
Dicho esto, me besa con impaciencia. Y cuando su lengua se reúne con la mía, me pregunto de pronto si Ash solo quería esto, desde el primer momento de la noche. Me sorprende pensar que, en el fondo, espero que sí.












