Lipoescultura, labioplastia, toxina botulínica… Si te suenan estos términos es probable que los asocies a tratamientos de cirugía estética, y estarás en lo cierto, pero son tratamientos que se aplican por igual en el rostro, en el cuerpo y en la zona genital.

El culto al cuerpo y la presión por adaptarnos a unos determinados cánones estéticos -probablemente relacionados con el aumento del consumo de pornografía en la red, con unos cuerpos irreales y modificados-, lleva a muchas mujeres a someterse a tratamientos estéticos en la zona genital, algunos temporales y poco invasivos, pero otros dirigidos a reconfigurar totalmente una parte del cuerpo que habitualmente no está expuesta al ojo ajeno. ¿Es entonces una moda o una forma más de presión social?

¿ES QUE AHORA TODO EL MUNDO SE DEPILA EL PUBIS?
Hace no muchos años, la depilación de la zona genital solo se realizaba en pocos centros, unos especializados en tratamientos con láser y otros específicamente dedicados a ello. Hoy en día la mayoría de centros de estética realizan este servicio, y el láser ya no es patrimonio exclusivo de las clínicas de estética. La demanda ha aumentado exponencialmente. Según una encuesta realizada por Corporación Capilar en el año 2015 entre sus pacientes, el 70% de estos solicitaba una depilación láser genital integral, frente al 10% de años anteriores.

A día de hoy, en la mayoría de estos centros los servicios más solicitados son la depilación a la cera, tanto de la zona del pubis como la anal, y el cliente que demanda este servicio es tanto hombre como mujer -mayoritariamente joven y de mediana edad-, aunque es más frecuente que la soliciten mujeres, nos explica la especialista Chío Torres Bendala, del Centro Estético Bendala (Sevilla). "El blanqueamiento anal y la utilización de mascarillas o cremas regeneradoras, aún sigue siendo un producto minoritario, y no es un servicio que nos pidan", concede.

CON NOMBRE Y APELLIDOS
Tratamientos especializados, cómo se denominan y para qué sirven.

  • Lipoescultura del pubis. La grasa tiende a acumularse o desaparecer de determinadas zonas con los años. Al igual que en otras zonas del cuerpo, la lipoescultura “quita” de donde sobra y “rellena” donde es necesario.
  • Himenoplastia. La reconstrucción del himen. Suele deberse a causas religiosas y/o culturales.
  • Clitoriplastia. Consiste en una reducción del clítoris. El clítoris aumenta de tamaño con la edad (no es solo lo que se ve exteriormente, por el interior puede medir entre 8 y 12 centímetros de largo y 6 cms de ancho), llegando a ser siete veces mayor después de la menopausia que al nacer.
  • Labioplastia. Cuando el crecimiento desmesurado de los labios menores dificulta las relaciones sexuales o una micción correcta, puede solucionarse pasando por el quirófano.
  • Aumento del volumen de los labios mayores. Al igual que con el pubis, con los años puede presentarse una reducción de la grasa en esta zona. El relleno lo soluciona.
  • Láser para la eliminación de verrugas y lesiones en el área genital, causadas por el virus como el HPV y similares.
  • Reconstrucción perineal. Un parto difícil o algún tipo de traumatismo pueden causar una elongación o contracción de la zona perineal (la situada entre el ano y el inicio de la vulva).
  • Estrechamiento vaginal sin cirugía. Como en la zona perineal, el canal vaginal puede verse ensanchado a causa del parto. Para evitar entrar el quirófano, puede estrecharse este canal mediante rellenos bio absorbibles.
  • Toxina botulínica en el tratamiento del vaginismo. Los músculos perivaginales durante la penetración pueden contraerse de manera involuntaria -lo que denominamos vaginismo. La toxina botulínica actúa como un relajante muscular en la zona.
  • Implante de vello púbico. La caída del pelo con la madurez o arrepentirse de una depilación demasiado agresiva se solucionan con el implante de bulbos pilosos extraídos de la misma persona.

¿NO SE NOS ESTARÁ YENDO DE LAS MANOS LA PRESIÓN SOCIAL?
María Victoria Ramírez Crespo, Sexóloga y psicóloga de la Asociación Lasexología.com, y responsable y profesora del Máster en Sexología de la UCJC, nos apunta algunos datos desde el punto de vista psicológico:

Como terapeuta ¿te has enfrentado alguna vez a traumas relacionados con el aspecto de la vulva, como un clítoris o vaginas desmesurados o con variaciones debidas a partos o incluso la menopausia?
Lo que he encontrado con más frecuencia en la consulta de sexología, son mujeres que desconocen el aspecto de sus genitales (y el aspecto de los genitales de otras mujeres), que apenas los han mirado, que no saben las partes que lo componen, ni como estimularlos. Añadido a lo anterior, y aún sin haber mirado con detenimiento dichos genitales, muchas mujeres los rechazan, afirman que “son feos” o consideran que los labios menores son “demasiado grandes”. Sin embargo, en la inmensa mayoría de los casos se trata de mujeres con genitales absolutamente normales y sin ningún tipo de anomalía, simplemente, carecen de modelos adecuados para comparar su vulva con otras vulvas, o bien no las han mirado con detenimiento.

Sin haber sufrido algún trauma específico en relación a los genitales, la educación que recibimos no facilita que la mujer conozca y acepte su vulva. Muchas mujeres no saben por dónde orinan, no saben localizar la entrada de la vagina, ni la posición de clítoris o la función de dicho clítoris en el orgasmo femenino.

A las niñas, desde que son muy pequeñas, se les transmite el mensaje (de forma más o menos directa), de que “no miren, no toquen, no exploren, no estimulen” su vulva. Se les enseña a llevar falda y sentarse con las piernas bien juntas. A veces ni siquiera se les enseña un nombre adecuado para designar esta zona, y las partes que la componen. Se les transmite la idea de que es una parte del cuerpo extraña y desconocida que hay que limpiar y limpiar (como si fuera algo sucio o su olor tuviera algo desagradable).

Son muy raras las familias que enseñan a las niñas, desde que son bebés, a conocer y apreciar esta zona del cuerpo, a nombrarla adecuadamente, como una parte más, y a integrarla en el cuerpo como algo bello, fuente de placer, y a veces también de fecundidad.

¿Cómo se afronta un problema de este tipo? ¿Consideras conveniente que se realicen intervenciones quirúrgicas? ¿En qué casos?
En mi experiencia en la consulta de sexología, las mujeres necesitan principalmente información y educación sexual. La inmensa mayoría de las mujeres que he tenido en consulta y que afirman que sus genitales son feos, o que alguna parte de los mismos tiene una forma inadecuada, tras unas semanas de acudir a consulta (y trabajar en casa con distinto tipo de ejercicios), comienzan a conocerlos y apreciarlos. Cuando se les muestra el aspecto de los genitales de otras mujeres, se les habla de las partes que los componen, se les anima a mirarlos y explorarlos también táctilmente, y a acercarse a ellos “con otros ojos” y otra actitud, lo más frecuente es que indiquen que sus genitales no tienen ninguna parte deforme o extraña, comiencen a encontrarlos hermosos o al menos los miren con cierto cariño, y en consecuencia, aumenten también sus posibilidades para disfrutar de su sexualidad, a solas y en compañía.

Creo que en la actualidad, muchas mujeres acuden a la cirugía porque desconocen el aspecto de unos genitales normales. Por ejemplo, muchas de las mujeres que yo veo en consulta no han visto otros genitales femeninos, excepto los presentes en las películas porno, genitales sin vello, genitales a veces a su vez operados, con labios internos muy pequeños... donde pareciera que todo el genital femenino se redujera a un orificio (la vagina) presente en una superficie lisa.

Los genitales femeninos no son así, tienen pliegues, vello, distinta coloración de una zona a otra, rugosidades... a veces uno de los labios menores es mayor que el otro. En la ausencia de referentes o modelos adecuados, muchas mujeres miran su vulva y piensan que hay algo deforme o anormal, cuando no es cierto.

Me apena que mujeres con genitales perfectamente normales se somentan a una intervención quirúrgica por la carencia que tenemos en nuestra sociedad de una educación sexual adecuada, y por las dificultades que tenemos para animar a las mujeres a descubrir y adueñarse de su propia sexualidad.

Los tratamientos en esta zona (clínicas de cirugía estética especializadas y centros de belleza) han aumentado exponencialmente en los últimos años. Cada vez es más frecuente que toda la zona carezca de vello, por lo que se ve más expuesta y sujeta a todo tipo de valoraciones externas. En tu opinión ¿es posible que exista una mayor presión social por conseguir cumplir unos estándares estéticos?
Sin duda. Como he comentado más arriba, muchas veces las mujeres carecen del referente, la imagen, de otros genitales de otras mujeres para poder conocer y amar los suyos propios. En los libros de texto de las escuelas se nos muestran los genitales internos, la parte reproductiva. Rara es la niña que no sabe dibujar un útero, los ovarios, las Trompas de Falopio... sin embargo, esas mismas niñas, o las chicas o las mujeres, tienen dificultades para dibujar una vulva, la parte externa del genital femenino, la parte no reproductiva (pero más relacionada con el placer).

Es cierto que está aumentando la presión social por un determinado modelo estético, también en lo relativo al aspecto de los genitales. Por ejemplo, muchas chicas (y mujeres) te dicen que no les gustan sus genitales, “porque sus labios menores cuelgan”. Pues claro que cuelgan. Son así. Ellas esperan encontrar sólo la vagina, el agujero, con apenas unos leves pliegues alrededor. Como he comentado antes, faltan modelos, referentes realistas del genital femenino.

Es cierto también que en Internet, y a través de las redes sociales, muchas mujeres jóvenes comienzan a cuestionar el secretismo y el rechazo que rodea a los genitales femeninos, a difundir memes, imágenes, poemas, reflexiones... en torno a la vulva que contienen una nueva actitud y una nueva mirada. Una aceptación de la vulva tal y como es, y una celebración de la misma. Eso me gusta mucho y me da cierta esperanza.

Hasta hace bien poco no se hablaba de estos temas más que en privado o en consulta médica, ¿es posible que alguno de estos “traumas” comiencen porque no conozcamos bien cómo funciona nuestro sexo, ni el aspecto que tiene, ni su evolución con el tiempo?”
Pues pienso que sí. De hecho, ese rechazo a los genitales presente en muchas mujeres tiene su origen en la educación sexual que recibieron, los mensajes sobre la zona genital, su aspecto, su olor, su función... y la forma en que debían relacionarse con esa parte.