- Carta abierta a la soltería
- Día del Soltero: por qué da miedo dejar la soltería
- Vida de soltera: las mayores ventajas son estas
Cuando todavía tenemos los malditos villancicos resonando en la cabeza y las luces navideñas siguen por algún motivo colgadas en las calles, comienzan a aparecer los MALDITOS anuncios de San Valentín. Siendo una Grinch confesa y una soltera 'cum laude', el comienzo de cada año se convierte en la amalgama de todas esas cosas que me dan escalofríos y que me hacen querer refugiarme en mi propio Whoville emocional.
Se ha escrito muchísimo acerca de si tener novio es motivo de bochorno, y no me cansaré de repetir que lo que creo que es vergonzoso es aceptar según qué vínculos con tal de poder pagar el alquiler. Pero querer tener pareja no puede ser motivo de escarnio. Llevamos toda la vida luchando contra el estigma de la soltería, ese que por cierto se vuelve más despiadado cuando es la mujer la que no tiene pareja, sobre todo, a partir de cierta edad. Porque como señala en sus redes sociales la psicóloga Rosa Malospelos, cuando entras en una aplicación de citas, te encuentras con hombres de tu edad que buscan novias de 24 años, solteros que superan los 40 y “no saben lo que buscan” u hombres por los que sencillamente, no te sientes atraída.
“Las oportunidades para tener una cita con alguien afín, para mujeres entre 35-45 años, son objetivamente pocas. No es solo tu percepción. Tampoco es por tu energía o porque tu autoestima esté dañada”, advierte la psicóloga experta en relaciones. “Los hombres heterosexuales de tu edad tienen ‘acceso’ a un rango de edad mucho más amplio socialmente aceptado… Un hombre de 45 con una mujer de 30 no genera comentarios. Al revés, sí”, añade. Otro minipunto para el edadismo... El caso es que cuando por fin parecía que estar soltera era 'cool', desear no estarlo es motivo de burla.
Dicen que ya no es 'guay' tener pareja, pero no veo a quienes la tienen rompiendo y presumiendo de sus separaciones. Sigo siendo la eterna soltera del grupo, la que llega contando sus desventuras y la que a veces funciona como mascota de los enamorados. Lo que ha generado esta oleada de comentarios acerca de lo supuestamente bochornoso que es tener pareja es que quienes queremos tenerla nos sintamos mal. Y esta sí que es nueva, porque este San Valentín no solo nos azota la tristeza, sino que además, nos sentimos ¿culpables? por querer tener un +1.
Llamadme loca, pero me encantaría poder pagar a medias el alquiler y las vacaciones. Me gustaría poder pedir una paella sin que me digan que es como mínimo para dos. Me apasionaría que cada vez que voy al cine y pido una entrada, la de la taquilla no me mire con lástima. Y me encantaría estar segura de que lo hace y así saber que no soy yo quien se está empeñando en que me mira con pena cuando en realidad, soy yo la que me doy algo de penita. Porque no me puedo quejar de que no me toque la lotería por el mero hecho de que jamás juego a la lotería, pero creedme: he intentado tener parejas.
Y siempre, SIEMPRE, desaparecen. La combustión espontánea sentimental. El Mago Pop de las desapariciones relacionales. Del mensaje diario a LA NADA. Otro punto en mi contra es que escribo tanto sobre relaciones que hay quien al tener citas conmigo, cree que escribo sobre nuestra "relación" en mis artículos, por lo que considera que para mí es 1. Una cobaya 2. Material de estudio 3. Una historia que contar. O peor: vincula todo lo que escribo a "lo nuestro", por lo que sale corriendo si en un tema abordo las relaciones serias, ya que cree que estoy pintando castillitos en el aire cuando en realidad, querido señor mío, ESTOY TRABAJANDO. Me ponen nerviosa esas personas que actúan como si hubieras entrado en una multinacional al grito de "¡No quiero ser CEO de la empresa!". Cariño, nadie te ha ofrecido el puesto. Calma. ¡Que solo nos estábamos tomando una triste caña!
Incluso tras haber estado toda la vida leyendo acerca del poder de la soltería, cuando llega San Valentín, se me encoge el estómago. ¿Por qué? Teresa Herrero, 'coach' de gestión emocional, dice que se debe a que aunque el discurso social ha cambiado y ahora se habla de la soltería como libertad o elección, seguimos viviendo en una cultura que coloca la pareja como símbolo de éxito personal. “Los cambios sociales avanzan rápido, pero interiorizarlos a nivel emocional cuesta mucho más tiempo. Y esto se nota especialmente entre generaciones: para muchas personas —sobre todo de generaciones anteriores— sigue siendo difícil adaptarse a estos nuevos modelos de vida, porque crecieron con la idea de que estar en pareja era lo normal, lo deseable y lo correcto. Ese choque entre lo nuevo y lo aprendido no se resuelve de un día para otro, y lo heredamos todos, incluso quienes creemos tenerlo muy trabajado”, explica.
Comenta que San Valentín, lejos de celebrar el amor en general, festeja un tipo muy concreto de amor, y eso activa comparaciones casi automáticas. “Miramos hacia fuera, vemos parejas, cenas, regalos, gestos públicos… Y aunque sepamos que eso no es toda la realidad, algo dentro se remueve. Aparece la sensación de ir a destiempo, de no encajar del todo en lo que todavía se espera, aunque el discurso diga otra cosa”, asegura. Indica que la clave radica en no negar lo que sentimos y en aprender a gestionar la comparación. “No todo lo que nos pasa es una verdad absoluta; muchas veces es una historia que nos contamos en momentos muy concretos. Cuando aparece el 'los demás sí y yo no', conviene parar y preguntarse qué expectativas se están activando y desde dónde nos estamos midiendo. Compararnos con una foto fija, con un resultado externo, suele ser profundamente injusto con nuestro propio proceso. Cuidar lo que consumimos, bajar el ruido externo y volver un poco hacia dentro es una forma muy sana de protegernos emocionalmente en fechas que aprietan más de lo que parece”, asegura.
El término heteropesimismo fue acuñado en el año 2019 por la columnista Asa Seresin y consiste en rechazar la heterosexualidad cuanto menos, a nivel discursivo. El concepto ha resurgido ahora a causa del artículo viral de 'Vogue' en el que la periodista Chanté Joseph se preguntaba si realmente era vergonzoso tener pareja o al menos, presumir de ello en redes. Lo cierto es que cada vez más personas están dejando de compartir su intimidad en sus perfiles sociales y por si fuera poco, las aplicaciones de citas perdieron 7 millones de suscriptores durante el segundo semestre de 2024.
En un mundo donde estar soltero se ha convertido en símbolo de empoderamiento y confianza, admitir que la soltería no es suficiente para ti puede parecer un fracaso personal. Sin embargo, Herrero recalca que querer tener pareja es normal, sano y lógico. “El problema empieza cuando ese deseo se convierte en una exigencia interna, en una especie de 'hasta que no llegue alguien, mi vida no está del todo bien'. Ahí es cuando dejamos de disfrutar de lo que sí tenemos y empezamos a mirarnos con lupa, como si estuviéramos fallando en algo. Sentirse bien en la soltería no significa renunciar a buscar pareja ni hacerse la fuerte, sino dejar de vivir con la autoestima bajita”, comenta a COSMOPOLITAN.
Hace ya tres años -y por ende, mucho antes de que tener novio fuese bochornoso- la periodista Lauren Geall comentaba en 'Stylist' que aunque la reformulación de la soltería es positiva, sobre todo si tenemos en cuenta que la vergüenza que la rodea se ha utilizado históricamente para menospreciar y aislar a las mujeres, presentar la soltería como la opción empoderada y de moda también tiene sus desventajas. “Al fin y al cabo, es completamente natural desear amor y conexión, así como está bien que la gente quiera estar sola”, comentaba.
¿Me siento mal por estar soltera? Reconozco que es mi estado habitual, porque no soy de las que acostumbran a tener pareja ni mucho menos, de las que enlazan relaciones. He aprendido a apreciar mi espacio, mi tiempo y a mí misma, pero confieso que tengo miedo de haberme habituado tanto a mis costumbres y rarezas que sea incapaz de encontrar a alguien. Como ahora da vergüenza reconocer querer pareja y este San Valentín me siento especialmente mal por no tenerla al estar convencida de estar preparada, me está entrando el hastío existencial amoroso. Desde mi ruptura, he conocido a un par de personas con las que he estado sorprendente y milagrosamente cómoda, pero tenían otros planes en los que por descontado, yo no estaba.
Y es entonces cuando crecen las inseguridades y esos pensamientos intrusivos que cualquier psicóloga castigaría pero que 'sorry, not sorry', están ahí. No es raro pensar que el problemita soy yo o que el problemón lo tengo yo. En definitiva, ¿se puede vivir la soltería como algo no transitorio? Teresa Herrero considera que esa es precisamente una de las grandes claves para vivir la soltería mejor. El problema aparece cuando la entendemos como una sala de espera, como un 'mientras tanto' que hay que aguantar hasta que la vida empiece de verdad.
“Cuando conseguimos ver la soltería como una etapa con sentido propio, algo se recoloca por dentro. Deja de ser un error que hay que corregir y empieza a convertirse en un espacio muy valioso de autoconocimiento, de revisar patrones, de entender qué queremos y qué no, y de construir una vida que no dependa de que llegue alguien para tener sentido. Empiezas a tomar decisiones como si esta etapa importara —porque importa— y no como si fuera provisional. Y eso suele traer una sensación muy potente de coherencia, calma y libertad”, explica.
Como señala que, paradójicamente, cuando la soltería deja de vivirse como una carrera contrarreloj es cuando muchas personas se abren a relaciones más sanas, elegidas y más conscientes, voy a ver si interiorizo sus palabras y así consigo por fin tener una relación que no me traiga por el camino de la amargura. Mientras tanto, cruzo los dedos para que todas esas personas con las que he intentado construir algo y han desaparecido del mapa no reaparezcan, porque a mí me dan muchísimo más miedo los espíritus que la soltería. El poeta brasileño Vinicius de Moraes dijo que el amor es eterno mientras dura. Yo no sé ya si mi soltería es eterna, pero quiero que lo sea esa sensación de placer que me arropa al saber que he logrado construir un lugar seguro estando conmigo misma. Un sitio que no permite disfrutar de los 2x1, que hace que pagar el alquiler sea complicadísimo y que escaseen los abrazos, pero al menos, un rinconcito propio en el que estar en calma. Me daba vergüenza reconocer que quiero pareja y lo acabo de dejar por escrito. San Valentín no voy a celebrarlo pero esto, sí.
Marita Alonso es experta en cultura pop y estilo de vida. Escribe acerca de fenómenos culturales desde una mirada feminista en la que la reflexión está siempre presente. No tiene miedo de darle una pincelada de humor a las tendencias que nos rodean e intenta que el lector ría y reflexione a partes iguales. Cuando escribe sobre relaciones, su objetivo es que la toxicidad desaparezca y que las parejas sean tan saludables como las recetas que intenta cocinar... Con dramáticos resultados, claro. Los fogones no son lo suyo.
Ha publicado dos libros ("Antimanual de autodestrucción amorosa" y "Si echas de menos el principio, vuelve a empezar") y colabora en diversos medios y programas de radio y televisión luchando por ver las cosas siempre de una manera diferente. Cree que la normalidad está sobrevalorada y por eso no teme buscar reacciones de sorpresa/shock mediante sus textos y/o declaraciones.
Licenciada en Comunicación Audiovisual por la Universidad Complutense, imparte master classes de cultura pop, estilo de vida y moda en diversas universidades. En Cosmopolitan, analiza tendencias, noticias y fenómenos desde un prisma empoderador.












