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El 1 de agosto tuvo lugar en Seattle un concurso para encontrar al mejor “hombre performativo”. Lanna Rain, una de las organizadoras del certamen, explicó qué define a este tipo de hombre. “Finge ser feminsita, delicado y escuchar cierta música para seducir a las mujeres sin tener ni idea de lo que está representando o de lo que habla. Para hacerlo, algunos de los hombres performativos más convincentes del concurso fingían leer libros que llevaban boca abajo”. El encuentro fue, como asegura en 'Washington Post' el columnista Michael Andor Brodeur, “una astuta captura del aparentemente interminable salón de espejos de la masculinidad”.
“Me niego a creer que tu bebida favorita es un 'matcha' con fresas. No creo que el tipo que bebe eso mientras lleva sus auriculares con cable y escucha a Mitski sea honesto”, dice un furioso tiktoker que asegura que este tipo de hombre es “una epidemia”.
Mientras que la estudiosa del género Judith Butler aseguraba que todo género es performativo, el término tomó un nuevo significado cuando ante el movimiento Black Lives Matter, muchas personas mostraban su apoyo a la causa sin en realidad estar preocupadas por ella. Google Trends indica ahora que la búsqueda del término 'performative men' se ha disparado un 600% en todo el mundo. Para identificar a estos hombres hay que atender tanto al exterior como a su comportamiento.
Cómo identificar al hombre performativo
El editor de moda y especialista en marketing Kevin Cortés explica por qué es importante hablar de su estética. “La moda y la estética son el lenguaje a través del cual ese hombre performativo se manifiesta. La ropa, el corte de pelo, los accesorios, incluso la manera en que se muestra en redes sociales, se convierten en símbolos que hablan por él. Al final, la 'performance' no se sostiene sólo en el discurso -“soy sensible”, “soy progresista”-, sino en cómo se traduce visualmente”, asegura.
Indica que es la moda la que hace visible esa narrativa y el escenario donde se representa, donde lo aspiracional se codifica en estética. “Por eso hablar del hombre performativo sin hablar de moda sería como hablar del Zorro sin la capa y el antifaz: lo esencial es cómo se ve, cómo se presenta y cómo ese look genera reconocimiento o validación social. Y aquí aparece el concepto del 'poser': aquel que adopta los códigos estéticos sin necesariamente vivir la transformación que representan. Como el que se pone una camiseta de Metallica sin haber escuchado nunca un disco”, asegura a COSMOPOLITAN.
Blanca Zorrilla Pantoja, Directora del Centro de Psicoterapia Integral, subraya la importancia de analizar si existe coherencia entre el discurso y la manera cotidiana de funcionar de un hombre para identificar al performativo. “Hay que atender, por ejemplo, a su manera de hablar. Cuando intenta utilizar un lenguaje construido pero luego sus actitudes y sus comportamientos son los mismos, tiene afán de protagonismo, no deja espacio a las mujeres, centra la conversación en sí mismo e instrumentaliza la emocionalidad, la delicadeza o la vulnerabilidad como una forma de seducción, no es una actitud genuina”, señala.
La psicóloga, experta en mujer y violencia de género, añade que el hombre performativo es peligroso porque convierte la vulnerabilidad en un arma. “Es una vulnerabilidad que no es tal, sino que se trata de una estrategia, de control emocional, de una máscara que oculta lo que se esconde debajo. Es una forma de poder y podemos llegar a hablar incluso de violencia simbólica, porque si tú estás reproduciendo todos los estereotipos patriarcales, pero lo haces de forma encubierta, si estás ejerciendo violencia de manera más perversa, va a ser muy difícil que como pareja lo puedas ver, lo puedas detectar, lo puedas identificar, lo puedas nombrar y por lo tanto, le puedas poner freno”, advierte.
La psicóloga clínica y mediadora social e intercultural Grela Bravo advierte que cuando la vulnerabilidad se instrumentaliza, la otra persona percibe manipulación, y la base de intimidad se resquebraja. “Esta dinámica convierte la relación en un vínculo desigual. Se crea un juego de poder disfrazado de sensibilidad. La pareja queda atrapada en una rutina confusa donde lo emocional se vuelve herramienta de control”, dice la autora de 'Toda la vida es hoy' (Grijalbo, 2024). “Se normaliza un abuso sutil. No hay golpes ni insultos, pero sí un uso perverso de la confianza, que puede ser tan dañino como el maltrato evidente. Es una violencia psicológica pasivo-agresiva”, añade.
Cortés señala cuál es el 'starter pack' de este hombre. “Un look 'genderless' y a menudo minimalista. Siempre acompañado por una 'tote bag' grande, no muy llamativa, que complementa con el muñeco de moda (Labubu) o cualquier otro 'charm' coleccionable. La ropa: pantalones anchos, suéteres de punto, camisetas 'boxy' o incluso 'cropped', idealmente acompañadas de una chaqueta 'oversize' vaquera o sobrecamisa. En los pies, alterna entre mocasines con calcetines blancos altos o unas Adidas”, asegura.
“El kit opcional incluye manicura sobria, auriculares con cable (porque hay que verse nostálgico), un té matcha en vaso reutilizable y un libro “aprobado” por TikTok y el público femenino. Todo se completa con la 'selfie' en espejo o la foto casualmente espontánea en cafetería 'hipster', porque la estética no termina en el 'outfit': se proyecta en cada detalle de la puesta en escena”, dice.
Desde Tinder aseguran que la Generación Z valora ante todo la autenticidad a la hora de tener citas y el informe de la FAD 'La caja de la masculinidad' indica que el 68,4% de mujeres y un 46,7% de hombres cree que los hombres deben aprender a mostrar su vulnerabilidad. Lamentablemente, los hombres performativos representan precisamente lo contrario: el engaño y la falta de vulnerabilidad real. “Puede llevar a que algunas mujeres se protejan más y eviten abrirse, lo cual impacta en la posibilidad de vínculos sanos y libres. De algún modo refuerza la brecha afectiva de género. Mientras la mayoría de mujeres buscan ser cada vez más auténticas y se 'esfuerzan' en trabajar su crecimiento, la distancia en estos aspectos con los hombres de su misma generación se hace cada vez mayor, generándose una gran frustración”, advierte Bravo.
“Lo que está en juego no es sólo el ligue o la conquista, sino la credibilidad del propio discurso igualitario y, sobre todo, la posibilidad de construir intimidad real sin miedo a ser utilizada. En definitiva, la autenticidad y la confianza. La principal consecuencia es el desgaste emocional y el descrédito en las relaciones sexoafectivas, íntimas o de pareja”, asegura.
Pero Zorrilla Pantoja no cree que esté todo perdido. “Podemos combatir la desesperanza resultante teniendo relaciones positivas con hombres que sí tienen un comportamiento igualitario y aprendiendo a reconocer los indicadores que nos pueden poner en alerta para reconocer que estamos ante un hombre performativo. No se trata de que beba matchas o lea a Joan Didion, sino que sea una persona que realmente se cuestiona y renuncia a sus privilegios, lucha por los obstáculos que impiden la igualdad, no participa ni comparte comportamientos machistas y es capaz de mojarse, implicarse y sostener esos vínculos de manera recíproca, de manera horizontal y no bajo una máscara”, dice.
Marita Alonso es experta en cultura pop y estilo de vida. Escribe acerca de fenómenos culturales desde una mirada feminista en la que la reflexión está siempre presente. No tiene miedo de darle una pincelada de humor a las tendencias que nos rodean e intenta que el lector ría y reflexione a partes iguales. Cuando escribe sobre relaciones, su objetivo es que la toxicidad desaparezca y que las parejas sean tan saludables como las recetas que intenta cocinar... Con dramáticos resultados, claro. Los fogones no son lo suyo.
Ha publicado dos libros ("Antimanual de autodestrucción amorosa" y "Si echas de menos el principio, vuelve a empezar") y colabora en diversos medios y programas de radio y televisión luchando por ver las cosas siempre de una manera diferente. Cree que la normalidad está sobrevalorada y por eso no teme buscar reacciones de sorpresa/shock mediante sus textos y/o declaraciones.
Licenciada en Comunicación Audiovisual por la Universidad Complutense, imparte master classes de cultura pop, estilo de vida y moda en diversas universidades. En Cosmopolitan, analiza tendencias, noticias y fenómenos desde un prisma empoderador.












